Propiedad privada

Posted: 29 Juliol, 2010 in Política
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No voy a extenderme acerca del significado y la historia del concepto de propiedad privada. Aquí podréis encontrar algunos detalles sobre el tema.

Lo que sí me gustaría indicar desde buen principio es mi inclinación a pensar que justamente este concepto es la piedra angular sobre la que se asienta nuestra sociedad. La posibilidad de poseer a título personal bienes, tierras, y títulos o promesas de estos bienes y servicios es lo que mueve la economía del mundo. Bueno, quizás no toda, puesto que no siempre ha sido así. En algunas sociedades y en otras épocas la propiedad privada no tuvo exactamente las mismas características que conocemos. En algunos casos ni siquiera existió, como en algunas tribus primitivas donde se entendía que todo era comunitario, y acaso los enseres personales una especie de uso particular.

¿Por qué he escogido este tema en primer lugar? Pues porque entiendo que nuestro concepto de propiedad privada es nocivo. Las circunstancias de nuestro mundo han variado drásticamente desde el momento en que se pusieron en marcha las primeras máquinas cuya energía no provenía del esfuerzo humano o animal. Y la actual sociedad necesita desesperadamente cambiar algunas reglas si no queremos vernos abocados a un periodo de tinieblas. Permitidme que justifique este punto más adelante.

Haciendo simplemente un repaso a los últimos treinta años veremos que efectivamente la humanidad ha desarrollado vigorosamente su actividad, espoleada por el deseo de poseer. Esto es, de retener como propiedad privada la mayor cantidad de esos bienes a los que he aludido antes. Pero lo cierto es que en este momento ya se hace patente que por mucho que se intente, nadie puede poseer todo lo que quiera. Independientemente de la fuerza de su deseo o del esfuerzo aplicado en verlo cumplido.

Y las razones son dos. Una, la propia limitación de esos bienes. La Tierra es finita, y por tanto no alberga una infinidad de bienes de ningún tipo, acaso, como dijo Einstein, sí podríamos acordar que lo único ilimitado es la estupidez humana. A lo que yo añadiría que infinita también es su codicia. Solamente así se explica la creciente disparidad entre los que poseen mucho y los que nada tienen.

Cualquiera podría indicar que esto es así en virtud del inalienable derecho a la propiedad privada. Pero yo me pregunto si esa propiedad está por encima de algo como una vida humana. De una forma u otra, siempre terminaremos en este punto. Puesto que esa distribución heterogénea de bienes finitos significa invariablemente que unos tienen que vivir privados de casi todo para que otros naden en la opulencia.

En la historia moderna Marx y Engels fueron algunos de los que cuestionaron este derecho al observar las relaciones que se establecían entre unos y otros. Tampoco voy a ahondar en sus tesis, pero más o menos deberíamos tener claro que debe de ser un tema importante, ya que ocupó buena parte de la vida de estos dos hombres cultivados e informados.

Lo cierto es que todos los intentos para tratar de cambiar nuestra norma sobre la propiedad privada han fracasado. Aquí debo incidir en que en el momento de poner en práctica todas esas nuevas ideas el procesó se pervirtió. Y mi conclusión es porque nunca se pudo eludir algo que de sobras deberíamos conocer en nuestros días: la codicia humana no tiene límites.

Cuando se instauraron regímenes en los que la propiedad privada quedó prácticamente abolida, esta en realidad no se “repartió” equitativamente entre todos los miembros de la sociedad. En lugar de esto, los mecanismos de poder en dichos regímenes quedaron en manos de unos pocos, de manera que a efectos prácticos los bienes eran más suyos que de nadie más. Es más, ante la perspectiva de no poder nunca disponer que esos apetecibles bienes, muchas personas que no pertenecían a esa elite de dirigentes se sintieron desmotivadas para trabajar más y mejor. Una buena referencia a este proceso la encontramos en “Rebelión en la Granja” de George Orwell.

Entonces ¿hay que dar rienda suelta a nuestros instintos codiciosos? Para la oleada de teóricos conocidos como neocon, sí, ya que cualquiera de ellos lo señalará como el motor que mueve el mundo. Pero precisamente, en este momento triunfante, en el que suenan las trompetas loando la victoria de “yo quiero, yo tengo” nos sobreviene una crisis de espanto. ¿Qué ha sucedido?

Pues hablando claro, hemos tenido un empacho de codicia. Hemos querido comer más de lo que había en el plato. Al prestarse dinero indiscriminadamente unas instituciones a otras y estas a los ciudadanos, hemos asistido a un festín que no resultó ser tal, salvo para algunos afortunados.

Por esta razón y visto ya con un poco de perspectiva, parece ser que este rasgo tan humano como es la codicia acaba con desestabilizar cualquier sistema político o económico, por muy bien teorizado que este esté. Marx y Engels no tuvieron en cuenta que aunque elevado a la cumbre desde la base más humilde y proletaria, un tal Stalin ejercería como un tirano despótico más, la naturaleza humana es así. Y los paladines del libre mercado hicieron oídos sordos a los inquietantes sonidos que emanaban de la burbuja que estalló apenas hace dos años… quizás la consigna para estos asuntos es: coge el dinero y corre.

Humildemente, creo que así no se llega a ninguna parte.

Y ahora viene el momento de una sesuda teoría acerca de como evitar estos males. En realidad, la única manera cien por cien efectiva que se me ocurre para limitar los efectos económicos, sociales y ecológicos de la codicia humana, es que la humanidad no existiera. Pero como seguramente llevar eso a término levantaría alguna protesta habrá que pensar en otra solución. Lo cierto es que opino que es necesario encontrar o inventar algún mecanismo, algún límite, que impida la concentración de capital, de tierras, de poder político o de cualquier otra cosa que permita a unos cuantos decidir, disfrutar y hasta perpetuar este estado de cosas.

Clausewitz dijo que la guerra es un instrumento de la política. Muy acertadamente alguien dijo que hoy día, la política es un instrumento de la economía. Una cosa está íntimamente ligada a la otra.

Y esta es la pregunta que lanzo al aire. ¿Se debe limitar la propiedad privada? Y de ella se derivan no pocas. ¿Se debe abolir totalmente o parcialmente?  ¿En que forma y en que cuantía?  ¿Se debe reformar la representación política de los ciudadanos? ¿O es mejor abolirla? ¿Hay que democratizar las empresas? ¿Se debe repartir la riqueza? ¿En base a qué criterios?

Su turno…

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