Dinero = Deuda

Posted: 30 Juliol, 2010 in General
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Este título no es original mío, procede de un estupendo documental norteamericano titulado Money as debt.  Que en cualquier caso recomiendo visionar.

La reciente crisis financiera ha puesto en el punto de mira a cómo se trabajar en el sector, y horrorizados hemos descubierto que sus abultados honorarios no se han correspondido con un responsable ejercicio de las finanzas.  Es más, parece ser que o ha fallado estrepitosamente al analizar la realidad o bien algunos han sido capaces de engañar al resto. Sinceramente, no sé que es peor.

Lo cierto es, que tras esta borrachera crediticia nos hemos despertado y nos hemos encontrado con la casa patas arriba, con los muebles estropeados y con la furia de tener que pasar todo el día sudando para devolverle una cierta normalidad. Aunque aquí hay una salvedad, en lugar de un día de arduo trabajo se nos vaticinan años de arduo trabajo. Y en lugar de muebles estropeados tenemos empresas hundidas y cientos de miles de personas sin empleo.

Normalmente se achaca a los gobiernos la responsabilidad de que las cosas marchen bien, o marchen mal. Y en cierta forma es cierto que tienen una responsabilidad para con sus ciudadanos. Aunque el hecho de que los mimos gobiernos dependan del sector financiero para obtener dinero ya debería ponernos en guardia. En España tenemos el ya permanente problema de la financiación de los partidos políticos. Da igual cual sea su postura oficial, lo cierto es que están atados como cualquier otro mortal a esta cadena de usura llamada deuda. Es más, en más ocasiones de lo que creemos se vulneran las leyes con el propósito de obtener tal financiación.

El dinero se inventó como un medio para facilitar las transacciones comerciales. Pero parece ser que hoy día se ha revestido de un aura casi divina. Para mí resulta muy similar a aquel becerro de oro que Yahvé prohibió adorar en tiempos de Moisés. Y en efecto creo que se están cometiendo auténticas atrocidades en pos de este ídolo, considerándolo por encima de todas las cosas, exactamente lo que el dios de los israelitas reclama para sí.

De todos los oficios el que quizás mas se acerca al sacerdocio de esta nueva fe es el que representa el mundo financiero. Una fe que solamente tiene dos mandamientos: 1.- reducir costes 2.- aumentar beneficios.

Con estos mandamientos que están por encima de todo, incluso de la vida y de la muerte, no es de extrañar mi aversión por este becerro a causa del cual tenemos la casa patas arriba. En este post comento como son codicia y sed de poder las que en realidad han arruinado todos los proyectos de una sociedad moderna y justa. Esa codicia ha encontrado en el mercado financiero un buen lugar para medrar, donde en ocasiones un individuo puede ganar una gran cantidad de dinero sin apenas esfuerzo y por descontado, sin merecerlo.

¿Qué debemos hacer? ¿Cercenamos de raíz el sistema financiero? ¿O hay que regular ciertos aspectos de su funcionamiento? Quizás la solución estribe en cambiar la naturaleza del dinero. Aunque en estos momentos, una de mis preocupaciones es que el hecho de que vivamos en una economía globalizada, precise de acciones globales.

Lo que sí resulta patente es que la apuesta de los gobiernos, tanto democráticos como los que no lo son, parece indicar una continuidad del conjunto, sin apenas cambios substanciales. Se han escuchado voces pidiendo más transparencia y regulación. Pero después de dos años de estallar la burbuja crediticia no se observan signos evidentes de cambio alguno. En este excelente artículo se explica de manera brillante como hemos llegado a este lamentable estado de cosas.

Mi teoría es que se ama y se teme a los sacerdotes del becerro. Porque so pena de romper la baraja de juego, hasta los mismos gobiernos se ven obligados a claudicar ante las exigencias financieras. Pero permitidme que ponga aquí una cuña, con unas reglas sobre las que no se ha consultado a los ciudadanos. Es más, alguno se sorprenderá al conocer que lo que hoy es culto oficial, en el medioevo estaba proscrito. La usura, cuyos beneficios no provenían de trabajo alguno, si no de cobrar intereses deudores estaba taxativamente prohibida. Alguien podrá podrá argumentar que usura en realidad es cobrar por encima de los intereses establecidos por el mercado. Pero el origen de esta acepción excluye cualquier tipo de interés.

Durante el renacimiento, que es el periodo en el que vemos nacer la moderna banca, se produjo una gran expansión de las naciones europeas. Esto, no fue desde luego una coincidencia. La inversión para las nuevas rutas comerciales, los esclavos, las riquezas por hallar en otros continentes fueron el catalizador que permitió olvidar la prohibición de la usura. En cierta manera esto se parece bastante a la expansión globalizante de las últimas décadas. Pero hay algunas diferencias cualitativas y cuantitativas. Mientras que en aquella época fueron apareciendo nuevas tierras ignotas en los mapas de los navegantes, hoy día conocemos bien los límites de nuestro planeta. Los conocemos lo suficientemente bien como para aseverar cuantas reservas nos quedan de este o aquél bien deseado, como el petróleo, que merece por su importancia un post aparte. Para un comerciante del siglo XVI el mundo era amplio y prometía nuevas e inesperadas riquezas. Hoy empezamos a caer en la cuenta que esas riquezas son finitas como finita es la Tierra. Pero también nosotros hemos cambiado. Ahora somos algunos más, en el momento de escribir estas líneas somos aproximadamente 6.842.377.856 millones de personas. Dudo que en su máximo esplendor los dinosaurios fueran tantos y tuviesen tanta hambre de tierras, de automóviles y vacaciones a todo tren.

He aquí que estas diferencias entre aquellos tiempos y la actualidad me hacen dudar de que las deudas contraídas irresponsablemente por nosotros, por nuestros gobiernos y aún por los expertos sacerdotes del becerro se puedan pagar. Algunos datos son escalofriantes, la deuda total de los EEUU alcanza la friolera del 500% de su PIB, y creciendo. Es más, como quiera que el proceso de expansión de la humanidad parece ser incontrolable, mucho me temo que van a ser los propios límites físicos del planeta los que nos pondrán en nuestro lugar.

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