La riqueza y su reparto (III)

Posted: 9 febrer, 2011 in Política

Como señalaba al principio del primero de esta serie de posts quisiera advertir de la insostenibilidad del actual sistema económico, y sobre todo de su profunda injusticia. Y lo haré empleando argumentativamente al máximo exponente del actual neoliberalismo, Friedrich Hayek de quién ya hablé en este post.

Para empezar podemos leer en la Wikipedia sobre Hayek que “Defendió la tesis según la cual un cálculo planificador era imposible sin un mercado (que asigne los precios) y que un sistema económico que no se fundamente en el mercado libre y en la libre concurrencia nunca será óptimo desde el punto de vista de la distribución de recursos.

Vaya, primera contradicción, hechos son amores y no buenas razones. Justamente en el actual circuito económico en el que usted mismo puede invertir su dinero en una hipoteca calculada en yenes, resulta que es justamente cuando las disparidades de renta resultan más evidentes, insultantemente evidentes.

Seguimos leyendo y en el apartado sobre la teoría del ciclo económico podemos leer que algo que explica la actual crisis: “La expansión del crédito debido a los bajos intereses hace que los empresarios inviertan en proyectos muy arriesgados y en los que nunca hubieran invertido con unos tipos más altos, y provocan una mala coordinación entre producción y consumo e inflación. Primero hay una gran expansión, pero después una gran recesión hasta que vuelve a ajustarse la economía.”

Efectivamente colegio con que el mantenimiento artificialmente bajo de los tipos de interés en plena burbuja crediticia no hizo más que añadir leña al incendio. Por tanto ya sabemos que hay que ser cautelosos con la gobernanza económica.

Ahora bien, cuando se extiende más allá la necesidad de no interferir en los mercados, es cuando aparece su crítica al socialismo: “Von Hayek argumenta que en una economía planificada no puede ser ni el pueblo ni sus representantes (el parlamento) los que lleven a cabo la planificación, localización y distribución tanto de recursos como de bienes producidos, sino que esa tarea recae sobre un grupo pequeño de “planificadores”, (técnicos o economistas) grupo que, bienintencionado o no, será incapaz de obtener y procesar toda la información necesaria para llevar a cabo la tarea como se espera o en forma eficiente. (ver “Debate sobre el cálculo económico en el socialismo“).”

Si usted ha leído el resto de posts, o siquiera las noticias de la política económica europea, seguramente este argumento le parecerá que sería perfectamente aplicable a la actualidad. Por si acaso, repito algunas observaciones:

Los bancos centrales siguen actuando como supervisores económicos, pero en absoluto neutrales. Durante los meses previos al estallido de la crisis hicieron oídos sordos a las señales de inminente desplome. Pero no solamente los bancos centrales, si no todo el entramado de entidades de inversión miraron hacia otro lugar, cuando no colaboraban en el maquillaje de la realidad como Goldman&Sachs en Grecia. En este sentido, un liberal pro Hayek debería estar pidiendo la cabeza de banqueros, de gobernadores centrales, de las agencias de riesgo y de los gobernantes… todos ellos cómplices en su empeño de hacernos más pobres. Pero no, los culpables son los socialismos.

En otro punto leemos: “Hayek argumentaba que sin propiedad privada, se crea una dependencia tan grande del Estado que nos convierte prácticamente en esclavos. El estado debería tener tantos poderes que necesariamente tendría que repercutir en la sociedad. En una sociedad planificada, debe haber alguien que ejerza el poder, que controle el estado. Para imponer unos objetivos comunes a una sociedad, aunque se quiera hacer de manera bienintencionada, es necesario imponer estos objetivos a las personas que no estarán de acuerdo.”.

Vaya, si no fuese por que este señor ya no está entre nosotros diría que leyó los diarios españoles de los últimos meses. Solo que hay un matiz. Los estados no planifican ya de motu propio las políticas que les convienen a los ciudadanos. Han sido las élites económicas las que han marcado las directrices. Sí, las mismas de quién yo reclamo la cabeza en nombre de la libertad de mercados propugnada por Hayek. Que me aspen si soy capaz ahora de distinguir entre una dictadura marxista y esta gran libertad que respiramos. Adicionalmente argumentaría que aunque la decisión de una inversión es algo que pertenece al arbitrio del comprador, las circunstancias en un mercado “trucado” han convertido en esclavos de sus compras a millones de inversionistas que no sabían dónde se metían, empujados por los mismos que han amañado el juego.

Leemos más: “Dicho de otro modo, Hayek concluirá que el surgimiento y desarrollo de las normas morales que permitieron el surgimiento y crecimiento de sociedades extensas fue producto de un azar evolutivo aún en curso, considerando entonces al orden espontáneo que permite tales sociedades inabarcable para la razón humana, no en el sentido de comprender su funcionamiento, sino en el controlar su dirección, por lo que rechazará todo racionalismo constructivista que pretenda guiar o rehacer racional y completamente tal evolución natural del orden social.”

Bien, según estas afirmaciones, no nos hemos de creer todas las verdades que emanan desde las cúpulas del poder establecido. En realidad las pretensiones de los oligopolios económicos no buscan la desregulación para nuestra libertad. Buscan la libertad para ellos. En este sentido me pregunto si se ha de dar el mismo trato a una entidad financiera que a un ciudadano corriente. La respuesta es no. Y es no porque aplicando la idea de que el individuo debe gozar de su libertad, de pensamiento y de acción no puede verse condicionado por unas decisiones que escapan a su ámbito de actuación, que es lo público.

En lo privado, a menos que estemos hablando de ejecutivo de altos vuelos se presupone que su capacidad es nula. En el argot económico actual se nos describe como “unidades de consumo”, eso es lo que somos, ni más, ni menos.

Seguimos en nuestras pesquisas: “Sobre este tema podríamos destacar los libros El orden sensorial de 1952, libro psicológico donde defiende que la mente humana, igual que el mercado o la sociedad eran fenómenos tan complejos que no se pueden explicar o predecir su funcionamiento”.

Hasta cierto punto es verdad, pero de lo que no cabe duda es que hay algunas constantes en la actividad política y económica humanas. La búsqueda del bienestar y el ejercicio del poder, tal como señaló Eric Fromm. En este sentido es del todo previsible que una multinacional buscará el beneficio, al igual que una empresa mediana o un autónomo. Sólo que si hablamos de 200 empresas para decidir sobre el 26% de la economía se entenderá que esto de la libertad es papel mojado. El peso específico de un actor tiene efectos en el conjunto, como la masa sobre la fuerza gravitacional.

El pavor al control político por otra parte está justificado. Cuando el estado es un intruso en la vida de sus ciudadanos estos suelen estar descontentos. Lo que ocurre es que en nuestro caso se da la paradoja de que los liberales conservadores de la nueva hornada ensalzan los valores de la libertad, para la economía, y obvian descaradamente las otras libertades que deben adornar una “sociedad abierta”, tal como la describió Hayek.

Efectivamente hasta el propio Hayek parece que se dió cuenta que no se puede dejar a los actores económicos actuar a sus anchas: “Es importante no confundir la oposición contra este tipo de planificación con una actitud dogmática a favor del laissez-faire” pero tal oposición debe ser, en su opinión, dentro de un marco estricto: “Obviamente, el funcionamiento de la competencia requiere, y depende, de condiciones que nunca pueden ser totalmente garantizadas por la empresa privada. La intervención estatal siempre es necesaria, pero la planificación y la competencia sólo pueden combinarse cuando se planifica para la competencia, no en contra de ella”.”

Efectivamente el problema como he señalado es que al no haber límites a la concentración de poder en su forma económica asistimos a una paulatina degradación de nuestras democracias. Ikea es estupenda, pero no deja de ser preocupante que con las actuales reglas esta cada vez está más cerca del monopolio. El estado, que debería ser el marco que garantice un juego transparente y democrático apenas aprueba en este cometido. Fallando estrepitosamente en la garantía de unos servicios, aún los básicos, sujetos a una teórica libertad de la competencia, como por ejemplo las operadoras de telecomunicaciones en España. Y en caso de existir, la colisión entre los intereses del cliente y de la empresa, como el ejemplo de la privatización de la sanidad en E.E.U.U.

Adicionalmente indicaré que ya conocemos que la actividad económica no es políticamente neutra, y que al no favorecer la igualdad de condiciones para los ciudadanos en el mundo, si no que mas bien se aprovecha de las desigualdades, en realidad actúa como un agente reaccionario y liberticida. Los medios de comunicación están en su mayoría controlados por lobbys cercanos a estos entes de poder, y mayormente sirven como canales de publicitación y de contención a los argumentos críticos que desde la óptica liberal o socialista se les pueda hacer. La política está condicionada por estos mismos lobbys, que al detentar el poder económico condicionan la actividad de los partidos. Por tanto no puedo creer que esta negación al reparto de la riqueza se corresponda con una postura liberal. Si no que más bien se corresponde con la parte fea del intervencionismo, ya sea en forma de estado represor como Túnez o Egipto, o de una manera más sutil y silenciosa, como Alemania o España.

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