Once upon a time in Europe

Posted: 2 Març, 2011 in Política

En los años 80 se nos vendió un Europa. Una Europa de progreso económico, sí, pero también de civilización. Ser más Europa equivalía a mayores garantías para el ciudadano. Garantías de democracia, de libertades, pero también de oportunidades. Veinticinco años después parece que ese hermoso retrato tiene grietas por doquier. Los propios ciudadanos andan desilusionados, parece que esa idea de Europa, después de todo no es un escudo anti-misiles contra el paro, el hambre… Esas cosas feas que sólo pasan en el tercer mundo.

Sin ir más lejos, de los miembros más ricos de esta vieja Europa, Islandia, Noruega, Suiza, dicen “no” a esa Europa. Entre otras cosas porque estar dentro de la UE significa pagar. Pero sobretodo porque a la hora de la verdad, en el seno de la UE los que mandan son Berlín y París, con el beneplácito de Londres. Y claro está, cosas como la política agrícola común, el BCE o el límite del déficit asustan a cualquiera, sobretodo a los pequeños. Aunque nunca han dejado de existir elecciones dentro de la UE, lo cierto es que a medida que su cuerpo aumenta de tamaño con la entrada de nuevos miembros, la voz del ciudadano va empequeñeciéndose ante el gigante.

Pero es un gigante que apenas sabe andar. Pues lo que hemos visto estos últimos años es que Europa no es un continuum, Si no más bien una adición sincrética de naciones y nacionalidades. Con la funesta crisis capitalista se ha puesto de relieve que a la hora de la verdad, los que mandan responden a sus electorales locales. Buen ejemplo de ello son las acciones de Merkel frente a España, y que se han de entender en clave interna. Pero sería injusto acusar a la canciller de la deriva de los acontecimientos. De hecho en ocasiones plantea soluciones que yo comparto plenamente. Como por ejemplo la creación de un organismo de supervisión financiera internacional. A lo que añadiría un modelo de tributación transnacional. Europa está en crisis porque los europeos han perdido el norte.

El modelo de una Europa económica, sin el sustento de unos valores reales ha sido parte de su fracaso. La facilidad con la que se han adoptado medidas económicas contrasta con la lentitud en la concreción política. Europa, también España, necesita relanzar un horizonte que los ciudadanos deseen. Pero parece que mis palabras se las lleva el viento.

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Comentaris
  1. Gabi ha dit:

    4 observaciones:

    – Frente a Merkel también me posiciono con cierta ambivalencia. Y remito a EL PAIS 27.02.11, Negocios, p. 27, Niall Ferguson: “El problema de Europa no son las cajas, sino la banca alemana.”
    – Para mi, Europa está en crisis, no porque los europeos hayamos perdido el norte, sino porque cada país miembro pretende ir “a su bola”; la unión todavía no ha cuajado. Y parece que las cosas se vienen complicando aún más desde que somos 27 y nos enfrentamos a esta megacrisis.
    – Urge una fiscalidad común, pero …
    Me he considerado europea desde que tengo uso de la razón, pero ultimamente me noto cierto euroescepticismo. Nos falta una visión común y una gran dosis de solidaridad, europea y mundial.

    • gekokujo ha dit:

      La unión no creo que cuaje a menos que adquiera la temperatura suficiente. Esto es, sin el convencimiento firme de sus ciudadanos de que una mayor integración es positiva. En este sentido es en el que adscribo la afirmación de que se ha perdido el norte. Por que parece que sólo hay dos escenarios viables. Una Europa unida, también en lo político, pero con reformas importantes. O un Europa de naciones, en la que cada estado tenga plena libertad de acción, lo que incluye una moneda propia. Éste es el modelo que apoyan los citados Escandinavos, Suiza o Reino Unido.

      Es cierto que falta solidaridad internacional. Lo hemos visto en cada capítulo de la crisis. O en el papel de Europa con terceros. Pero donde más se ha acusado es en el doble rasero con el que han actuado gobiernos e instituciones financieras ante los ciudadanos. Ya que por una parte se han adoptado medidas de protección de empresas al borde de la quiebra, contraviniendo los principios liberales que dicen defender, y por otra condenando a millones de personas a la pobreza. Es en este contexto en el que enmarco la pérdida de credibilidad de los poderes públicos y de cierta manera de entender los negocios financieros. Dos mundos profunda y perjudicialmente imbricados entre sí.

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