Cop de puny a sa taula, o de cómo la ultraderecha va a ganar protagonismo en Europa.

Posted: 30 Abril, 2012 in Política

Con un espectacular 18%, conseguido el la primera vuelta de las presidenciales galas, Marine le Pen ha logrado no solamente batir el récord establecido por su papá, además ha puesto encima de la mesa una cuestión a la cual, quizás, no se le ha prestado demasiado atención hasta hoy: el ascenso de la ultraderecha.

El análisis es bastante simple, en épocas de crisis económica aguda, los sectores extremos del arco político suelen tener un auge, en detrimento de los “fallidos” intentos de los moderados. En el momento actual esto no es muy diferente. Quizás sí lo es el hecho de que muchas personas son conscientes del porqué y el para qué de esta deriva. Básicamente se trata de la búsqueda de seguridad del ciudadano, que ante la crueldad de la realidad económica demanda amparo ante quién se preste a proporcionárselo. Así fue, por ejemplo, el modelo feudal, en virtud del cual la plebe se sometía al gobierno despótico de un señor a cambio de protección en caso de peligro. Otra cosa es que esta protección fuese efectiva, pero dejaremos este tema para más adelante.

Como decía, la sensación de inseguridad y de desamparo es lo que empuja a muchos ciudadanos a manifestar su apoyo a partidos extremos como el FN de le Pen. Inseguridad y desamparo porque la globalización económica ha abierto la caja de pandora, escorando a favor de los mercados el equilibrio de poderes, entre ciudadanos, gobiernos y empresas a favor de estas últimas. Ni que decir tiene que la lógica de mercados no tiene nada de democrático, ni si quiera de justo, de manera que resulta totalmente lógico que un votante se decida por opciones de extrema derecha que reequilibren esos poderes para garantizarse un futuro, E igual que en el caso feudal, puede darse el caso que este se preste a renunciar a ciertas libertades si a cambio se le garantiza el pan.

El discurso del FN ataca habilmente por ahí. Es decir, presenta como los problemas del ciudadano la inmigración (libertad de movimientos de las personas), la UE (libertad de movimiento de capitales) y en general los problemas derivados de esa globalización. No es casualidad que gran parte de los partidos ultras europeos sean contrarios a la UE y aboguen por un cierre de fronteras. Y aunque acordemos que gran parte de ese discurso es demagógico y facilón no deja de ser en el fondo cierto.

Desde el punto de vista de un español quizás resulte un poco difícil de entender, ya que en España se asocia ultraderechismo con iglesia y burguesía. Pero hay que recordar que los fascismos del siglo XX tomaron del socialismo aspectos de igualdad social. No por casualidad el NSDAP, siglas del Partido Nacional Socialista Alemán, garantizara como buen partido socialista el trabajo a un alemán, por el mero hecho de serlo. Ahí está el peligro, la tibieza de la socialdemocracia y de los neoliberales ante el fenomenal desaguisado que el capitalismo ha fomentado con inventos como la globalización. Va a servir de espolón a la nave de la ultraderecha que vamos a ver hasta dónde llega.

Dicho de otro modo, si las democracias occidentales no hacen nada apreciable para mejorar las perspectivas para sus ciudadanos están poniéndole la alfombra roja a partidos como el de Marie le Pen. La lista de damnificados va aumentando, pues con el modelo actual sólo ganan las grandes empresas y fortunas, en virtud de su facilidad para jugar con las diferencias legislativas entre naciones y también por su capacidad de presión como lobby allá dónde lo precisan. En resumen, el ciudadano, ante la ausencia de una política de izquierdas operativa va a decantarse por el último refugio, esto es el nacionalismo intransigente, con la esperanza de les proteja de ese mundo que no pueden controlar.

Como comento, la lista de damnificados aumenta. Y hoy ya son muchos pequeños empresarios que ven en los políticos buenas palabras y malas acciones. La clase media está sintiendo en sus riñones los efectos de la crisis y, tal como analizó Eric Fromm para el caso alemán de 1933, podría ser esa clase media la que finalmente aupe a los ultras hasta el poder.

Y ya que hoy me siento atrevido pronosticando. Creo que la ultraderecha va a cumplir algunas de las espectativas de su votante. La principal va a ser cortar de raíz el flujo migratorio hacia Europa. Desde luego para un liberal establecer políticas claramente racistas no es de recibo, pero de la necesidad se hace virtud y el trabajador que no tiene empleo ve con claridad que eso es totalmente imprescindible. Otra va a ser la potenciación del orden público, terminando con algunas de las libertades tradicionales de las democracias maduras. Esta política desde luego va íntimamente enlazada en el discurso con la anterior.

Ahora bien, ¿y que hay de los mercados? Este es quizás el principal escollo y, posiblemente, el talón de aquiles de la ultraderecha, ya que pesar de garantizar un reequilibrio de poder para proporcionar unas garantías mínimas al ciudadano, lo cierto es que es tan corrompible como la socialdemocracia o el comunismo. En este sentido, si no se debate la naturaleza misma de la propiedad, pienso que cualquier fórmula política fallará en garantizar una economía estable y sostenible en el tiempo.

Pero precisamente tiempo es de lo que no disponemos. Con una mezcla de curiosidad y aprehensión espero lo que va a acontecer en este siglo XXI, en el que la humanidad va a tener que cambiar, sí o sí, los patrones que la han regido los últimos siglos, amén.

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