Archive for the ‘Economía’ Category

Extraído del original en el blog La Libertad y la Ley.

Gekokujo:
Me gustaría matizar que yo creo que el razonamiento de muchos que somos de izquierdas es éste: Si el estado no nos sirve, ¿para qué queremos un estado?

A los que simpatizamos con el liberalismo de izquierdas nos molesta especialmente un estado que no cumple las funciones que dice acometer, entre otras trabajar para que los derechos recogidos en la constitución se materialicen y no sean papel mojado.

Por supuesto hay que ser realistas y no se puede esperar todas las ventajas de un estado paternal. Pero es que esto no es lo que actualmente tenemos encima de la mesa. Lo que tenemos es un estado anquilosado y secuestrado por unas personas que dicen servir al ciudadano, pero que sólo se sirven a si mismas. Lo que tenemos es un estado cuya política económica es arbitraria favoreciendo a ciertos individuos y empresas, de manera que eso del libre mercado es otra idea que ustedes pueden considerar papel mojado. Tenemos un estado que permite la manipulación informativa, sin sancionarla. Tenemos un estado que permite prácticas fraudulentas de mercado, como el pacto de los precios en detrimento del consumidor… Señores, la lista es interminable.

Aunque la juventud engloba toda esto bajo el término “sistema”, creo que muchos tenemos claro que ese sistema se concreta en muchas personas cuyo sentido de la equidad brilla por su ausencia. Algunos ineptos en lo político, sí de izquierdas, se han atrevido a comparar la situación actual con la crisis que desembocó en II República. Pero yo plantearía que la situación se parece bastante más a la de la Francia de 1789. Que índices como el de la canasta básica bajen sólo puede significar que hay gente que lo está pasando muy mal. Mientras los gobiernos se dedican a inventar rescates a una banca que ha demostrado una incompetencia supina, además de mala fe con sus clientes.

En resumen, se trata de que los políticos de facto son una casta de privilegiados, el castigo en las urnas al PSOE es un aviso de que los ciudadanos percibimos a los políticos cada vez más como enemigos del pueblo. Victoria del PP el 22M, sí, pero más bien habría que hablar de derrota del PSOE. En las circunscripciones donde el PP quería revalidar ha sido frecuente la bajada de votos. En concreto en Madrid y Valencia. Lo que para mí es señal inequívoca de desafección, que de no tomarse medidas efectivas castigará a cualquiera que asuma el poder de espaldas a las circunstancias del ciudadano. Éste, y no otro, es el espíritu de muchos que apoyamos el 15-M.

Les voy a poner un ejemplo de una medida propuesta por los indignados, de corte socialista, que perfectamente podría funcionar en una economía de mercado: la renta de subsistencia. ¿La conocen verdad? Por otro lado la patronal pide que se elimine el suelo de los sueldos, de manera que cada empresario pague lo que crea conveniente.

Bien, independientemente de que estemos debatiendo acerca de la incongruencia entre un estado presuntamente democrático y una economía que no lo es, ¿no es cierto que la introducción de la renta de subsistencia permitiría a su vez implementar la libertad en los salarios sin miedo a provocar bolsas de miseria? Es una pregunta que tiene muchas implicaciones que espero sepan valorar.

Pienso que hechos son amores y no buenas razones. El ciudadano ya no quiere razones, ni modelos perfectos. Quiere resultados. ¿Se los va a proporcionar alguno de los partidos mayoritarios?

Saludos

Bastiat:
Gekokujo, cuando oigo o leo a alguien definirse como liberal de izquierdas…. me pongo a temblar. Renta de subsistencia. ¿Qué tiene eso de liberal? Lo tiene de izquierdas, de socialista, pero de liberal no tiene nada. Y no lo tiene, mas allá del hecho de que dicha renta alguien la tiene que imponer, alguien la tiene que pagar, estriba en que habría que definir la cuantía y el cómo se calcula eso es ya de por sí toda una declaración de intenciones sobre lo que tiene de razonable.

Una renta de subsistencia establecida es una insensatez por eso y por el mero echo de que hay gentes que tienen con un poco suficiente, y ese mismo poco a otros les parece insuficiente.

Por otro lado el contratar de manera libre sólo tiene un problema, el miedo. El miedo a que mucha gente, sin preparación, sin capacidad, sin ganas de trabajar tendría que acabar aceptando cualquier salario que se le ofrezca por debajo de lo que hoy se considera “renta de subsistencia” que yo no sé si es el SMI o la paga de 400€ de la que hablan en Sol. Pero lo cierto y verdad es que los salarios, en un mercado libre, sin rentas de subsistencia ni trabas legales, se ajustarán a lo que es la ley básica de la economía, una ley indestructible e inmodificable por muy liberal de izquierdas que se quiera ser, la ley de la oferta y la demanda.

En sociedades libres la renta está en función de la productividad, y el éxito empresarial se basa en saber gestionar los recursos propios, de forma que se obtengan los beneficios esperados, y en ello se incluye el tener a los trabajadores mejor cualificados y más motivados para el buen funcionamiento de la empresa. Eso no lo va a cambiar una renta básica, si a caso, lo empeoraría.

Gekokujo:
Al eliminar el factor hambre en la sociedad se sientan las bases para que los individuos escojan su trayectoria vital. Creo que es algo tan elemental que no cabe discutirlo y me extraña. La ley de la oferta y la demanda se debe aplicar a un mercado libre, pero de ninguna manera debería incluirse en él la mano de obra, sin que haya unas mínimas garantías de subsistencia. Porque de lo contrario se llega a la esclavitud, que es lo que tenemos en las naciones menos desarrolladas sin los sistemas de compensación occidentales. Unos sistemas de compensación que a mí no me convencen mucho.

Piensen que una renta básica permitiría flexibilizar totalmente el mercado laboral. También permitiría que muchas personas se atrevieran a emprender sin miedo a morir en el intento. Y me refiero a las personas que no disponen de ventajas tan antiliberales como la herencia.

En ese sentido, esa medida socialista sí que tiene una aceptabilidad desde mi óptica.

Usted dice: “Pero lo cierto y verdad es que los salarios, en un mercado libre, sin rentas de subsistencia ni trabas legales, se ajustarán a lo que es la ley básica de la economía, una ley indestructible e inmodificable por muy liberal de izquierdas que se quiera ser, la ley de la oferta y la demanda.”

Discúlpeme, pero las únicas leyes que acepto son las naturales. Si lee usted a autores liberales como Popper, verá que eso a lo que usted llama leyes no son más que convenciones sociales, que en cualquier momento pueden y deben ser modificadas a conveniencia de la humanidad. Otra cosa es que se esté usted refiriendo al sesgo darwiniano del comportamiento humano que explica en buena parte el funcionamiento de la economía. Pero vuelvo a repetirle que creo que con las necesidades básicas no se juega y el egoísmo propio del ser humano justifica plenamente la introdución de la renta básica. A partir de ahí se puede discutir totalmente que modelo económico y político se desea, pero desde la posición de seguridad que ahora sólo disfrutan funcionarios y otros privilegiados.

Además, permitiría que el ciudadano tomase la iniciativa en asuntos políticos, permitiría eliminar en buena parte la necesidad de sindicatos y de muchos servicios sociales. Un dinero que pasaría directamente al bolsillo de los ciudadanos para que hiciesen de él el uso que crean conveniente, sin la ineficiente mediación de estado, ONGs, etc. Eliminaría de un plumazo el sistema de pensiones, separando totalmente rentas de extras de jubilación. Permitiría además una flexibilidad total en el trato empresa-individuo. Por ejemplo, una empresa prestigiosa podría permitirse el lujo de no pagar a sus empleados, o de hacerlo comparativamente menos por lo solicitado que estaría su ingreso. En cambio, otros trabajos hoy en día mal remunerados mejorarían sus condiciones gracias a que ya no serían caladero de los desfavorecidos. Muchas personas que no deseen trabajar no importunarían al resto metiéndose a funcionarios o practicando mobbing en empresas.

Por supuesto que no es la panacea. Pero creo que es hora de flexibilizar perspectivas y darse cuenta de que lo que hoy se tienen como verdades no lo son en absoluto.

Por supuesto que eso requeriría una reforma fiscal. Pero es que de todas maneras me temo que es necesaria, pues las medidas de recorte actuales no están funcionando en ningún país europeo, salvo en Alemania que gozaba de una amplia ventaja respecto de los PIIGS. Y sobretodo es necesario racionalizar el entramado estatal. España por ejemplo no es comparativamente un estado omnipresente, comparado con la misma Alemania. El problema, pues, no es del estado en sí mismo, si no de cómo trabaja. Adicionalmente le indicaré que el gasto social español es también bastante menor. Lo que indica que hay un problema de recaudación y de gestión. Y sobretodo hay un problema de ética por parte de políticos e instituciones económicas que impide que genuinas iniciativas privadas tengan muchas probabilidades de salir adelante. Eso es jugar a ser liberal con las cartas trucadas, y eso no lo acepto. Ni yo ni muchos de los que se sientan en las plazas de España.

Yosoyhayek:
Piensa un poco en lo que dices: ¿La ley de la oferta y la demanda es una “convención” que el hombre puede alterar según le convenga? ¿Popper?!
¿El derecho de herencia es “antiliberal”? ¿Crees que sería posible un orden social de individuos libres sin propiedad privada? ¿Puede haber propiedad privada sin sucesión motis causa?
Dices que los trabajadores de los países pobres son “esclavos”, básicamente porque no disponen de otra fuente de renta que su trabajo. Y quieres que los países ricos de imponga una renta social que proporcione independencia económica a sus ciudadanos. Sin entrar en consideraciones que no sean estrictamente morales y políticas, para que no creas que pretendo distorsionar mi argumento con falsas teorías que no son sino simples e interesadas convenciones, dime: ¿De dónde procedería la renta, quién pagaría esos impuestos? ¿Los trabajadores, empresarios y capitalistas que superaran dicho nivel de renta, por qué deberían cobrarla sin necesitarla? ¿No crees que preferirían restarla de sus impuestos? En ese supuesto, ¿Quién cobraría dicha renta sino aquellos que no tuvieran ninguna fuente de ingresos? ¿No entiendes que existe un fuerte riesgo moral de que esos rentistas preferirían trabajar poco o no trabajar antes que tener que renunciar a una fuente de ingresos que no le representa ningún esfuerzo? Es decir, se formaría una casta de pedigüeños mantenidos por el resto, ¿Te suena? Tu renta social básica termina donde empieza, no seas ingenuo. Peor, porque si llegara a implantarse mañana, por ejemplo, contribuiría a que fueran más los que la utilizasen para vivir sin trabajar que como algo provisional y de mera subsistencia. ¿Nunca has oído que el subsidio de desempleo crea paro?
Pero las consecuencias no se quedan ahí: habría barrios pagadores, y barrios rentistas, regiones pagadoras y regiones rentistas, amigos pagadores y amigos rentistas. ¿No ves la violencia que esto genera?
Los subsidios no crean riqueza, solo la redistribuyen desde aquellos que si la producen hasta quienes la devoran. Esto empobrece a todos y consolida un tipo de sociedad basada en la lucha por el poder político, la inmoralidad en la consideración del otro, en el oportunismo y la conveniencia…

Gekokujo:
Claro que he tenido en consideración el hecho de que mucha gente dejaría de trabajar. Especialmente en España cuya tradición rentista se remonta a los tiempos de Cervantes, con los hidalgos como ejemplo más claro. O en la España de la crisis de 1898, cuyo ejército estaba compuesto en un tercio de oficiales rentistas. Sé muy bien de lo que hablo. Lo que ocurre es que la tecnología poco a poco va a ir implantando esa casta ociosa. Es algo que ya vio Stanislaw Lem en los 60. Y hay dos maneras de enfrentar la situación con las actuales reglas políticas y económicas. O se adoptan mecanismos de redistribución o nos sumergiremos en una sociedad ciberpunk, con los desagradables problemas que conllevaría.

Me gustaría plantearle que emplea usted otro concepto como una ley, que es el de la propiedad privada, que es otra convención si nos atenemos a la perspectiva antropológica. A mí en este caso me da igual si las rentas las genera una propiedad que se alquila o emanan directamente del estado. Para mí no hay gran diferencia, pues hablo del usufructo de bienes y no del inalienable concepto que tienen los liberales conservadores, que es precisamente fuente de constantes conflictos de toda clase y en todo el planeta. Puesto que si usted mantiene que la propiedad está por encima de todo lo demás, yo le diré que con las leyes de la física en la mano esto no es así, pues mañana le monto una revuelta y se queda usted sin nada.

Además absolutiza el caracter malvado del empobrecimiento. Quiero señalarle que espero que en un futuro no muy lejano la fiscalidad se atenga al concepto de huella ecológica. Penalizando a los que más tienen y contaminan por su abuso sobre el medio ambiente. Eso sí que es para mí un concepto racional y lógico (que no ley).

Por supuesto que los subsidios no crean riqueza, pero al menos no matan como la especulación y creo yo que muy al contrario, serían fuente de paz social. Han de entenderse como la base que permite a las personas escoger libremente. En este sentido nos acercamos a las aspiraciones del individualismo anarquista. No se me asusten, liberalismo y anarquismo tienen mucho en común. Aunque para ello defienda una medida tan poco liberal como la renta. Por cierto, la herencia es otro concepto pre-liberal, adoptado convenientemente por los conservadores.

Si aceptan ustedes los postulados de muchos autores que indican la tendencia humana a buscar mejoras para su vida, no creo que la implantación de la renta significase el fin de las iniciativas particulares. En absoluto.

Espero que no me tomen por un adolescente enfervorecido, he necesitado años de reflexión. De lectura de diferentes puntos de vista, incluyendo filosofía oriental, para llegar a mi posicionamiento actual. Aunque por supuesto puedo estar equivocado y, en cualquier momento, puedo cambiar mi postura, si entiendo que es errónea. Algo que ya nos enseñaron los presocráticos.

Anuncis

Marea azul en España

“Y murieron con las botas puestas”. Así termina la historia del general Custer y su fiel 7º de Caballería. Y así termina la cabalgata al desastre del PSOE, que se ha consumado en la semifinal, antes de la gran final de las elecciones generales del 2012 que nadie pone en duda que ya son de Rajoy.

Fuente: La Ser

Lo que resulta más dudoso es que efectivamente esas elecciones se celebren en las fechas previstas. La marea azul ha sido lo bastante fuerte como para arrebatarle a socialistas prácticamente todo. Cuando finalmente pierdan la Moncloa, me pregunto que quedará del partido, que como poco se dirige hacia una refundación total.

Ahora queda saber cuan impacientes estarán Rajoy y su equipo de llegar al poder. Si la respuesta es que mucho, entonces proseguirán con la estrategia de los últimos meses, de campaña constante de desgaste. Una campaña que parece que ya se ha vuelto a poner en marcha en boca de la flamante nueva lideresa de Castilla-La Mancha, Mª Dolores de Cospedal, la Bienpagá. Ha exigido elecciones cuanto antes, y quizás, observando el azul casi total de España sería deseable que así fuese. Lo contrario augura el peligro de una batalla estéril, tediosa, destructiva, que en poco o nada puede ayudar a España.

O quizás no sea el caso. Con un PSOE mas muerto que vivo, quizas el PP preferirá presentar lo que ahora llaman “un perfil bajo”. Esto es, dejar que Zapatero continue con sus recortes, sin sufrir el desgaste de asumir las riendas antes de hora. Pero me inclino a pensar que la gula podrá más que el cáculo político.

Fuente: La Ser

Pero ¿Realmente tenía otra opción Zapatero? Evidentemente que sí. Para empezar dimitir si era inevitable el programa de recortes, orquestado desde las altas esferas económicas de Europa. Habló de responsabilidad y de viabilidad. Pero ni sus medidas han logrado gran cosa, ni la traición a sus princios ha sido aceptada por el electorado. De hecho, el socialismo español se vendió hace mucho, cuando aceptó las reglas de mercado actuales, que hacen prácticamente imposible las políticas de cohesión social. Especialmente en tiempos de crisis.

Dos años no son nada, dos años de crisis han bastado para dinamitar a un Zapatero difícilmente batible por una oposición torpe y filibustera. Por un adversario tan poco carismático y oportuno como Rajoy. Pero ahí están los datos, marea azul en España. Otra cosa es pensar qué puede pasar los próximos años, si el PP no es capaz de enderezar un poco la situación, sobretodo para los 5 millones de parados (6 según el cómputo) que empañan cualquier valoración positiva sobre la marcha del país. Dos años no son nada, y creo adivinar que el PP puede encontrarse en la misma situación antes de los esperado.

Esta es la razón por la que entiendo que los populares pueden morir de éxito, especialmente si Zapatero decide tirar ya la toalla y pasarle la pelota a Rajoy. La crisis es un monstruo que aún puede fagocitar al próximo gobierno. Y no hay duda de que en ambos casos sería total y absolutamente merecido.

El polémico papel del 15-M

El dichoso 15-M, ese movmiento de perroflautas, que no ha hecho más que molestar con su inoportuna irrupción pidiendo la luna. El 15-M ha venido a ser el dedo acusador a toda la clase política de que está haciendo dejación de sus funciones. Cosa que comparto totalmente. Pero esta protesta de “indignados” a quién ha hecho daño es especialmente al PSOE, porque es el electorado de izquierda quién ha estado receptivo al mensaje: “El PSOE ha traicionado sus principios, ha traicionado a sus votantes”. Y claro está, las traiciones se pagan. Rizando el rizo, José María Barreda, el Ávax de la Mancha, que creyó que traicionando al traidor de su amo iba a ser recompensado, ha visto como Labienpagá le ha pasado por delante.

¿Quién es Enrique Dans?

Pero resulta que van apareciendo en la red análisis que señalan que, después de todo, el 15M pudiera ser no tan fresco, juvenil y espontáneo. Para empezar porque como bien sabe Enrique Dans, uno de sus impulsores, con buen marketing viral se puede vender cualquier cosa. Y quizás la idea que mejor se ha vendido es que la izquierda ya no está con el PSOE, o viceversa que vale igual, precipitando su caída de manera rotunda y anticipada. ¿Y que mejor manera de venderlo que empleando la inocencia, frescura y espontaneidad de la juventud? De ser cierto que son precisamente esos poderes económicos quienes en la sombra  han orquestado y canalizado, con suma delicadeza eso sí, esta pequeña deflagración de descontento popular, me quito el sombrero y le digo a los españoles -macho, la lleváis clara-. Imagino los pensamientos de impotencia de Rubalcaba, quién en ningún momento tuvo oportunidad real de disolver las manifestaciones.

Pero como todas las buenas teorías conspirativas, resulta difícil de demostrar. En todo caso habrá que estar atentos a la evolución de la movida. Después de todo ha sido un fogonazo que quizás ha prendido una mecha de algo mucho más grande. Eso es lo que esperan y desean muchas de las personas que simpatizan con la izquierda y la democracia. Parece una obviedad, pero a veces hay que recordar lo que es una democracia y lo que significa.

El votante “indigno”

Y esta es la interpretación de los socialistas. No puede ser de otra manera, ya que los votantes le han hecho la cama a un partido que los intentó engañar en 2004, y que desde entonces ha enmarañado, judicializado y en definitiva convertido en una pelea de girls en el barro la política nacional. Empleando cualquier cosa que fuese susceptible de agitar a su electorado y desalentar al del adversario, ya fuera los muertos de ETA, las peras y las manzanas o el atentado al espíritu de la transición perpetrado por Garzón. Y los españoles parece que finalmente les han perdonado sus corruptelas, sus mentiras, su chapapote. Por esto y no sin cierta razón, los socialistas se quejan de un electorado “indigno”, muy especialmente el desastroso líder del PSPV Jorge Alarte, que no ha acertado a darle otra explicación a sus mediocres resultados en Valencia.

Pero el votante español hace tiempo que perdió la dignidad. Ahora muchos se conforman con pan y circo, aunque sea del malo, aunque sea Hacendado. Y si es posible, volver a revivir aquellos maravillosos años en los que el verano español era azul, con una legión de obreros construyendo por doquier, para que los nuevos pijos dispusiesen de vistas al mar y aparcamiento para su nuevo 4×4. Esa es la verdad. Y esta utopía es la que ya no puede vender Zapatero, cuya gestión de la crisis ha sido, como poco, desastrosa. El dinero, si es que lo hay, sólo lo puede traer el PP, esa es la idea que ha calado profundamente en el imaginario del pueblo llano.

Pero me temo que por mucho que se lama las nalgas a los triunfadores del 22M, esos buenos tiempos no volverán, al menos no para la gran mayoría. Y quizás me equivoque, pero llegará un dia en que volverán a ser los españoles más progresistas los que tendrán que, una vez más, salir a la calle para propiciar un cambio, que se hace más perentorio que nunca. La democracia española ha envejecido muy rápido y muy mal, tiene las venas esclerotizadas y necesita cambios profundos. Tiempo al tiempo.

Por lo pronto decir que hay muchas ideas de Popper que me gustan, especialmente su gusto por la posibilidad de cuestionar lo que sea, muy especialmente los sistemas políticos y filosóficos. Y aunque puedo entender que se pueden trasladar algunas al ámbito económico lo cierto es que a día de hoy no he visto ninguna relación consecuente entre los enunciados de este liberal, y lo que se describe como una economía liberal, añadámosle de corte occidental.

Y no lo veo porque efectivamente tal como se ha señalado no estamos en una economía realmente liberal. Pero no es esto lo que me preocupa. Me preocupa más bien que todavía no se señale al establishment financiero-político como un enemigo más de la sociedad abierta, parafraseando el título de la obra de Popper. Entre otras cosas porque presenta una visión de la sociedad y condición humanas en general plagadas de dogmas tipo “el beneficio es bueno”. Cosas así me provocan una furibunda irritación, pues no consiguen otra cosa que confundir al público y tergiversar palabras bien intencionadas para arrimar el ascua a los advenedizos.

El problema de fondo, creo que esto también se ha señalado en algún foro de esta casa, es que el concepto de liberalismo, en concreto en lo que se refiere a las libertades intelectuales topa con un muro. Que es el de la naturaleza humana, o si se quiere, del papel del individuo ante la disyuntiva de bien individual y bien común. El “liberalismo” actual se salta a la torera el “harm principle” de Stuart Mill, convirtiéndose de facto en una excusa meramente argumetativa para promover actitudes antisociales. Y no es difícil relacionar esta perversión de valores con los problemas de convivencia en nuestra sociedad actual, muy especialmente con los jóvenes.

En realidad el liberalismo, como camino al anarquismo opuesto al socialismo, se queda encallado en el camino. Y aquí sí que hay que echar mano de Marx para entender que la historia es la pugna entre los que tienen y los que no tienen, ya sean tierras, oro o privilegios. A lo que añadiré que con esta crisis se me revela que además esa pugna es bidireccional. Es decir, que los que tienen además pugnan para aumentar distancias o como mínimo para mantener posiciones. Así es, ni más ni menos.

De ello se deriva que aún desconfiando de los modelos “perfectos” que pretenden ideas como las de Marx o Platón, no es menos cierto que dada la experiencia de siglos acerca de cómo se comporta el ser humano, es necesario revisar constantemente el estado de las cosas e implementar las correcciones necesarias. Coartando si es necesario, que lo es, el acceso ilimitado a los bienes por parte de los individuos. Hasta la fecha son muy pocos los ejemplos en los que la acumulación de dichos bienes, y de los privilegios que en una sociedad como la nuestra conllevan inherentemente, provienen o derivan en un comportamiento razonable o si quiera aceptable. Especialmente en una sociedad que valora la independencia, y por tanto responsabilidad, individual.

Por tanto, mi conclusión es que no se dan las condiciones objetivas para implementar un sistema verdaderamente liberal. Ya que éste se ve inmediatamente secuestrado por intereses particulares, impidiendo el desarrollo de una sociedad abierta, tal como pedía Popper. Resulta tristemente gracioso que estas son exactamente las mismas causas que impidieron el desarrollo real de una sociedad socialista. O dicho de otro modo, por encima de los conceptos ideológicos, sociales y económicos se impone la realidad del yo contra el prójimo. Una realidad que ni siquiera nuestras democracias han sabido franquear. He ahí el drama de la izquierda hegeliana y de los liberales honestos, que se levantan cada día leyendo en titulares las miserias de quienes deberían ser ejemplo.

La pulsión nacionalista de Catalunya siempre ha estado ahí. Aunque en el resto de la península, en general, se da por sentado que el proceso asimilador es inevitable y que toda resistencia es fútil.

Pero la realidad se muestra algo terca. Así que en periodos de agitación esta pulsión vuelve a aparecer en la superficie. Y en esta ocasión no es diferente. Razones para ello no faltan:

Una balanza fiscal deficitaria en por lo menos 18.000 millones de euros.

El proceso fallido del Estatut, que se saldó con una sentencia del Tribunal Constitucional que fue percibida como una agresión identitaria.

La política de infraestructuras del Estado, que prima sin tapujos a la capital frente a la periferia.

La negativa del Gobierno central a cumplir algunos de sus compromisos con Catalunya.

Las declaraciones de políticos españoles, que señalan a Catalunya como un problema.

Las declaraciones de periodistas españoles, que señalan a Catalunya como un problema.

Las declaraciones de españoles, que señalan a Catalunya como un problema.

Y claro, resulta normal que muchos catalanes, a su vez, vean a España como un problema.

Esto ha sido hábilmente canalizado por quienes denuncian el trato desigual para con respecto a otras CCAAs. De hecho hay cálculos de que la diferencia entre el PIB producido/dispuesto es de un 11%. Lo que la convierte en una paria entre las ricas.
Desde luego Catalunya tiene ese problema, y muchos más. Pero en lo que concierne estrictamente al apartado económico resulta sonoro que muchos empresarios hoy día se manifiesten abiertamente a favor de la secesión. Alguien podría pensar que tienen el cerebro bien lavado. Pero hablar de empresarios catalanes, si hacemos caso al tópico, significa preocupación por el bolsillo. Y lo cierto es que a estas horas queda claro que estar en España no renta. Y sólo esta razón ya es una explicación a que la presión independentista se incremente.

Otro problema añadido es el de la calidad de los sucesivos gobiernos de la Generalitat. Básicamente han seguido el modelo de despilfarro típico ibérico, sólo que a base de endeudarse, ya que ya sabemos que el dinero invertido per cápita es inferior a la de la mayoría de CCAA.

Así que llegados a este punto se entiende el problema que supone para Mas y su gobierno “del millors” el ver limitado su techo de endeudamiento, mientras se le niegan 1.400 millones de del fondo de compensación. Y ante este drama Mas corta por lo sano, es decir, empezando por la sanidad. Eso sí, clamando con que en Madrid no se les trata bien.

A buenas horas mangas verdes, puesto que resulta paradójico que en tiempos de bonanza no se hiciesen las inversiones necesarias para preparar a la economía catalana, y por extensión española, para los desafíos que suponen no sólo las naciones emergentes como China o la India, si no también en el aspecto tecnológico, en el que Alemania, Japón o EEUU se presentan intratables.

Claro, estas inversiones se deberían haber detraído del ladrillo y de fastos varios, que indistintamente del color del gobierno de turno, se han prodigado sin control alguno. Ejemplos notables los hay por toda España, como el AVE Madrid-Sevilla, La Ciudad de las Artes y las Ciencia de Valencia, El Palma Arena en Mallorca, los aeropuertos de Ciudad Real y Castellón. Pero seguro que usted conoce más ejemplos de estas tendencias faraónicas, de gran presupuesto y nulo impacto económico.

No es difícil imaginar cómo son los sueños húmedos de los políticos, inaugurando a todo trapo y sin que falte de nada:

Así que después de tanta fiesta, resulta que la resaca la estamos pagando los que no estuvimos presentes.

Finalmente indicar que indistintamente de los políticos y de cómo va la economía, en la Catalunya rural hace tiempo que las posiciones soberanistas son mayoritarias.

En estos mapas se aprecia la rápida evolución del independentismo.

Así que en realidad esto es como un detonador, que hace tic-tac, sólo es cuestión de tiempo para que el asunto alcance la masa crítica necesaria para convertirse en ineludible.

¿Y mientras tanto que se hace en Madrid? De momento negar el problema. Por que aceptar que este proceso existe, significaría reconocer también que hay que hacer algo. Y el gobierno central no está para fiestas. Veremos sin embargo que es lo que acontece en las elecciones de 2012.

Aún no ha terminado el suplicio para los japoneses. Además de seguir aumentando la cifra oficial de víctimas del terremoto y posterior tsunami, viven momentos dramáticos, pendientes de lo que sucede en los reactores de Fukushima.

Ya hay gente con calculadora en mano estimando los costes de la tragedia nuclear, un coste que recaerá directamente a los bolsillos de los japoneses. Por no hablar de los daños a la salud de la población, a la agricultura, a la pesca… Este magnífico artículo publicado en La Vanguardia, nos abre los ojos acerca de quién maneja la industria nuclear, y por qué hemos de temer que las cosas son peores de como nos las cuentan.

Curiosamente, y a pesar de las llamadas a la serenidad que nuestros ilustres nos dirigen, tenemos ya sobre la mesa un efecto Fukushima. En Alemania parece que han entendido las señales de peligro y eso le puede costar la cancillería a frau Merkel. Veremos que pasa en Francia, sede de gran parte de las centrales europeas. Respecto a España, ya sabemos que Zapatero caminará en la dirección que sople el viento.

Sin tener todos los datos en la mano, a un servidor ya le queda claro que esto de las nucleares es inviable, indeseable y ante todo sumamente peligroso. Así es que espero que pronto sean también historia.

Nucleares, no gracias.

Como habrán leído, uno de los temas estrella de este blog es la crisis, su orígen, sus interpretaciones… Pero poco se ha hablado de soluciones. Precisamente soluciones es lo que espera la gente. Pero parece que es algo complicado, farragoso e incluso ilegible. Me atreveré a hacer de caja de resonancia de algunas que me han gustado.

Para empezar hay que hacerlo por el principio. Vaya, por las premisas. Una de las premisas que flotan en el aire es que los de abajo irán bien cuando los de arriba vayan no bien, muy bien. Un ejemplo es el de hablar positivamente de la economía cuando las grandes empresas van bien, aunque eso sea a costa de despedir a un número escandaloso de personas. En todo caso, se crearán esos empleos el día en que las cifras de esas grandes empresas lleguen al rango de astronómicas.

En clave española, se puede decir que la mayoría de expertos, si es que eso significa algo para usted, dicen que el PIB nacional ha de situarse, por lo menos, en un crecimiento anual del 3% para empezar a ver nuevos empleos. Claro, tal como están las cosas no se esperan tasas de crecimiento a ese ritmo hasta dentro de algunos años. Lo que equivale a decir que no veremos creación neta de empleo ni este año, ni el que viene…

Y todo esto, a pesar de que los grandes bancos exhiben beneficios y el sector exportador, según declara el gobierno, ha aumentado en un 25% su actividad en un año.

Reparto del trabajo

Siendo el principal escollo para entender que efectivamente la crisis cede, es importante hacer algo para reducir la escandalosa cifra de parados española. El gobierno parece que por fin ha propuesto algo inteligible como es el apoyo a la contratación a tiempo parcial. Hay muchas empresas que por los horarios de su actividad necesitan disponer de turnos en los que los empleados se alternan para un puesto. Ni que decir tiene que en muchos casos la reducción de las horas de trabajo continuo puede ser un beneficio al rendimiento. Cosa que contrasta con la política empresarial española, que prima justo lo contrario, pocos contratos y larguísimas jornadas.

Echando una mirada a nuestros vecinos europeos se observa que justamente los más productivos tienen horarios bastante decentes. Incluyendo algo como la conciliación laboral. Algo que a muchos de nuestros empresarios les parece un lujo y derroche irracionales.

Moderación salarial y competitividad

Otra cuestión importante es la de la competitvidad. Se ha señalado que los sueldos deben moderarse, aún más, para permitir mejorar la competitividad de lo que se produce en España. Pero esas medidas se entiende se aplican a los asalariados con menores rentas. Cuando uno de los problemas más graves es precisamente la excesiva estratificación de salarios. Es más, la propuesta que desde Alemania hizo frau Merkel a los españoles respecto a la competitividad, ligando sueldos a beneficios, parece que también sólo afecta a las rentas más bajas. Por supuesto no a los funcionarios y mucho menos a los políticos y altos ejecutivos.

Por tanto, se puede aceptar introducir medidas de esta índole, pero empezando por arriba. Por ejemplo, castigando a los gestores de entidades bancarias que causen pérdidas a sus clientes, todo lo contrario de lo que hemos visto. Asimismo, limitando por ley las diferencias entre sueldos, ajustando a la alza o a la baja de manera proporcional, de acuerdo con los criterios de competitividad.

Claro, en este punto los liberales protestarán indicando que sin estímulos económicos, los empresarios y altos cargos no están motivados, además de sentir esto como una injerencia en sus asuntos. Lo que no es del todo incierto. Sucede pero, que ya hemos visto que sin normas y sin control, el beneficio que aspiran, cual cocainómano, estos altos cargos, acaban por destrozar el poder adquisitivo de las familias, y por tanto, la economía. Por esta razón es necesario implementar de alguna manera una redistribución equitativa de beneficios para hacer creíble cualquier medida de esta índole.

Persecución de la economía sumergida y la evasión de capitales

La competitividad regulada por ley, tiene un talón de Aquiles. Y éste es la economía sumergida. Ya que siempre resulta más rentable, desde el punto de vista del beneficio inmediato, evitar al fisco que aplicar sus normas, por blandas que estas sean. En esta picaresca los españoles son unos campeones, se calcula que al menos el 20% de nuestra economía está sumergida. A lo que habría que sumar los capitales que nuestros responsables empresarios hacen desaparecer del mapa español para reaparecer en islas muy lejanas.

Claro, con esta realidad se hace muy difícil llamar a la responsabilidad fiscal. Como difícil se hace el desarrollar políticas verdaderamente sociales desde el punto de vista fiscal, ante el riesgo de una estampida de capitales. Lo que en en algunos casos yo equipararía a una verdadera extorsión al Estado. Un problema que parece es común a todas las economías desarrolladas, pero que atenaza especialmente a las más liberales, y que se materializa en forma de lobbys de presión, como es el caso de FEDEA. Lo peor de todo es que estas actitudes han tenido el apoyo implícito de organismos como el Banco de España, cuyo papel como defensor de la economía de todos resulta más que discutible, así lo indica  clarísimamente el economista Juan Torres.

Estando así las cosas, con la sospecha de deslealtad desde el propio Estado, la presión política de los lobbys, así como la propensión evasora del tejido empresarial, no debe de extrañar que un servidor pida como mínimo algo de orden y seriedad antes de aplicar medidas sobre la competitividad.

Reducción del déficit del Estado

Se habla mucho acerca de reducir el peso del estado, con la finalidad de que este no incurra en déficit. Lo que ocurre es que las medidas que se proponen perjudican directamente, otra vez vaya casualidad, a las rentas más bajas. Por ejemplo y como caso más flagrante, el de las pensiones.

Nadie ha planteado seriamente que quizás la reducción del número de consistorios, que no de los servicios que prestan. O la supresión de las inútiles diputaciones, caladero de políticos sin ocupación. Pueden ser eficaces medidas que ahorren al contribuyente millones de euros, sin que lo note en los servicios que recibe.

Otro aspecto a estudiar es el de las subvenciones. Por poner un ejemplo, el de las subvenciones más o menos encubiertas a medios de comunicación afines. Hay muchos medios de comunicación que prácticamente subsisten gracias a la generosa publicidad institucional que reciben. Normalmente, no hace falta decirlo, son medios afines al partido en el poder. Un caso flagrante es el de Valencia en dónde este análisis revela hasta dónde pueden llegar las consecuencias de esta política.

Claro está que si empezamos a hacer un repaso de subvenciones que conocemos, y le añadimos las que sospechamos que existen, uno entiende que el gasto del Estado en cosas perfectamente prescindibles es enorme. ¿Por qué nuestros políticos nos recortan las pensiones y no se cortan en ayudar a los amiguetes? Es una vergüenza, enmascarada con malas artes.

Por no hablar de la corrupción. Ese pozo sin fondo en el confluyen los peores aspectos de la mala praxis expuesta en los puntos anteriores. Políticos con dos rostros, empresarios sin escrúpulos y una población desinformada se combinan para generar relaciones económicas y de poder fuera de la ley, y que van a cargo del contribuyente. Parece que algo se ha hecho, a tenor de los numerosos escándalos que animan nuestras tertulias, pero la sensación que uno tiene es que sólo vemos la punta del iceberg de lo que se cuece entre bambalinas.

Gasto energético

¿Es normal que el 80% de las mercancías españolas se muevan por carretera? Desde luego que no. Es una aberración heredera de la infame política del ladrillo, que incluyó una expansión de la red de carreteras en detrimento de otros transportes más económicos como el ferrocarril. Un ferrocarril que en lugar de ampliar su cobertura, lo único que aporta es la centralización de las comunicaciones gracias a las conexiones del AVE con Madrid. ¿Pero qué clase de estrategia es esta?

La implementación de un buen transporte público mejoraría sensiblemente el consumo energético de hidrocarburos. No medidas tan absurdas y poco efectivas como la reducción a 110 Km/h en algunos de los pocos tramos dónde es aplicable.

Las tarifas deberían incidir más en penalizar el despilfarro. Atendiendo a criterios como sectores económicos o el número de inquilinos en un inmueble. De esta manera se introduciría un criterio social y se impulsaría la reconversión de las industrias más despilfarradoras.

Crisis recientes como la de Fukushima, en lo que respecta a la nuclear, o la de Libia, en lo que son hidrocarburos, debería provocar una toma de conciencia de que la eficiencia energética es, y va a ser cada vez más, un elemento clave en el éxito económico. El problema es que al privatizarse el sector asistimos a una política pobre en innovaciones, a causa de la lógica de beneficio empresarial, cosa que probablemente está perjudicando a España frente a la competencia.

No he mencionado a las renovables, puesto que en este caso, su implementación vendrá de la mano de su factibilidad económica. Es decir, que a medida que van mejorando sus ratios de productividad energética irán adquiriendo mayor presencia en el panorama español.

Leyes antitrust

Parece que ni a los gigantes informáticos, ni a los bancos, ni a las empresas energéticas, ni a las de telecomunicaciones, ni a las aerolíneas, entre otras, les preocupe mucho esto de la libre competencia. Resulta risible que mientras apoyan la liberalización de la economía, practiquen políticas contrarias a ella mediante métodos de mercado discutibles, cuando no totalmente ilegales como el pacto de los precios o cláusulas abusivas.

Quizás para ellas sea un beneficio extra. Pero a un servidor sólo le sirven para corroborar de que esto de la libertad de mercados es algo relativo, y en todo caso explica en parte por qué la crisis la padecen en menor medida que los ciudadanos de a pie.

Si se quiere libertad de competencia, el Estado, en este caso como representante de la UE, debería tomar cartas en el asunto y hacer algo más que multar a dichas corporaciones. Pero en virtud de todo lo expuesto anteriormente pongo muy en duda de la voluntad real de poner coto a estos abusos.

Conclusión

Por tanto, se concluye que quizás si los protagonistas de esta opereta, especialmente el sector financiero y los políticos, no hubiesen barrido tanto para casa, quizás ni siquiera estaríamos en crisis. Y como telón de fondo, la percepción de que hay mucha demagogia pero poco sacrificio. Se me hace indigerible que se pida a los ciudadanos sacrificios, cuando quienes tienen que ser modelo para la sociedad se dedican a reírse ante sus mismísimas.

Espero por su bien que en España se empiecen a hacer las cosas bien. Puesto que ahora mismo entiendo que se ha ganado muy merecidamente estar en la lista de los PIIGS.

Haciendo un repaso de la historia española del último siglo podemos entender cuan complicado es esto de las intervenciones armadas. El último capítulo, Libia, nos coloca en una situación en la que posiblemente veremos un enquistamiento de posiciones. Aunque no descarto que ahora se esté negociando a marchas forzadas una salida para Gaddafi y detener el baño de sangre.

Sobre la honestidad de las intenciones de los aliados ya expuse mis dudas en el post anterior. Pienso que cualquier sospecha acerca de intereses debería ser escrupulosamente examinado. Por ejemplo, mencionar que Libia posee cerca de la mitad de las reservas probadas de crudo en África, tal y como se detalla en el gráfico.

Por tanto, se puede concluir que desde este punto de vista lo que suceda en Libia sí tiene implicaciones estratégicas. Pues aunque estemos hablando de poco más del 3% de las reservas mundiales, estas están muy cerca de Europa, con las ventajas derivadas.

Además, Francia o España, como protagonistas de la carrera por los derechos humanos, también aparecen como unos de los principales interesados en los asuntos libios:

Así que, después de todo esta puede ser la razón del ímpetu con el que se ha tomado la cuestión Libia. Por establecer una comparación sangrante, uno podría preguntarse por qué no se hizo exactamente lo mismo en cuanto se tuvo noticias de la represión marroquí contra los saharauis. Teniendo en cuenta la cercanía geográfica y las evidentes conexiones entre el reino magrebí y sus antiguos señores coloniales. Quizás es que los saharauis no importan tanto, al no poseer nada de interés. Lo cierto es que en este caso, Francia, sí hizo uso de su derecho de veto en el Consejo de seguridad de la ONU, para impedir cualquier intervención. Si esto no es doble rasero…

Pero dicho esto, ¿se debe inhibir la ONU del asunto? No, la ONU, con sus enormes defectos, como un Consejo de seguridad que es garantía de control de las grandes potencias, debe reforzar su papel como respaldo a decisiones tan delicadas como la de Libia. Es más, cada una de estas crisis debería servir para ir perfilando y mejorando su estructura y funcionamiento. Puesto que ya que vamos hacia un mundo totalmente interconectado, hace falta un foro global y representativo para consensuar las políticas hacia terceros.

En Roma, el poder político estaba asociado a la casta de los patricios. Que en el proceso de devenir un imperio, entró en el negocio del comercio internacional.

En la Edad Media el poder político llevaba aparejado un control de las tierras de cultivo, por tanto económico también. Y en aquellas área más burguesas, por un consejo de notables, que normalmente eran los más pudientes.

En el absolutismo, las grandes empresas solían ser patronazgo real. Precisamente en esta época vemos lo que la empresa es capaz de hacer sin regulaciones, como el tráfico de esclavos.

En el colonialismo más de lo mismo, creando normas ex profeso para mantener privilegios a una parte de la sociedad, incluyendo las compañías comerciales amparadas por la corona.

Nunca, nunca, el poder político ha estado desligado del económico. Ni siquiera cuando la usura estaba prohibida.

Se podrá discutir la idoneidad de un modelo u otro. Pero de entrada hay que tener claro que cualquier diferencia de rentas que exceda cierta proporción (en Suecia suele ser de 1 a 7, en España de 1 a 200), tiene como consecuencia un poder político, aunque este no esté respaldado por cargo público alguno. Y a la inversa, un poder político siempre tiene su traducción económica. Y esto es especialmente cierto en nuestros días, en los que la monetización de la economía permite hacer muchas más cosas con dinero que, pongamos por ejemplo, en tiempos de los mayas, con todo su oro.

Colegio con que la aplicación de “eso” que llaman socialismo no ha servido para demostrar nada más que hay que andar con cuidado con las atribuciones que se arroga el aparato estatal. Pero eso no debe hacernos perder de vista que la finalidad última de la vida no es crear riqueza, si no vivirla. Del mismo modo el estado no ha de ser entendido como un agente económico cuya perentoria necesidad de superávit lo equipare a cualquier empresa privada. Como tampoco hay que creerse que la libre concurrencia da como resultado el mejor servicio al consumidor. Un ejemplo, la sanidad yanqui, en la que colisionan los intereses encontrados de empresas y consumidores.

Es difícil encontrar una ecuación que favorezca el desarrollo de iniciativas individuales y colectivas, al tiempo que se garantizan unos derechos mínimos. Un ejemplo de las contradicciones de nuestro sistema capitalista es el energúmeno legal llamado ACTA (http://es.wikipedia.org/wiki/Anti-Counterfeiting_Trade_Agreement). Puesto que desde una óptica liberal es una herramienta intrusiva en la vida privada de las personas y un intento de proteger intereses corporativos.

Resumiendo, el problema no es tanto ideológico como el de la realidad factual. El socialismo ha llegado a nuestros días como una sombra de lo que pudo haber sido. Se puede discutir acerca de si tratar de establecer un modelo de sociedad es perjudicial, tal como intentaron las izquierdas hegelianas. Pero no se puede pretender quitarle una pata a una mesa sin proponer otro sustento. De lo que estoy convencido es de que cualquier propósito para mejorar la vida del ciudadano es una cuestión política. En este sentido, sería deseable que las empresas se implicaran a fondo ampliado su cómputo de inputs al mero ejercicio contable. Incluyendo el bienestar de sus miembros así como los efectos de su actividad en el medio ambiente. Esto supondría una revolución no sólo económica, también social. Pero como de momento esto no tiene visos de suceder, es necesario establecer un marco legal, a veces coercitivo, que impida que se oprima a los individuos.

Es aquí dónde el socialismo hace acto de presencia, aunque haya fracasado estrepitosamente. El ejemplo más esperpéntico es China, que suma lo peor del capitalismo feroz y de la dictadura política. ¿Es éste el modelo a seguir? No, y mil veces no. En todo caso, es en el campo de la política, del estado, dónde se ha de empezar a hacer limpieza. Un estado corrupto como España no garantiza esa ecuanimidad, ni si quiera la libre competencia. Es una cuestión de madurez ética, de principios. Sin ellos no hay fórmula que valga y alguien ha de asumir ese rol. Si no lo hace la empresa, lo tendrá que hacer el estado, y si el estado tampoco lo hace… entonces pasa lo que pasa en Túnez.

Se lo voy a decir claro, sin preámbulos. Si usted es uno de los que está comprando yenes, es un hijo de puta sin paliativos. Se me podrá acusar de emprender cada nuevo post con una idea preformada. Pero los hechos tienen una tendencia contumaz a demostrar que es cierto, que los que manejan capitales tienen mucho dinero pero sus escrúpulos en muchos casos se acercan al cero absoluto.

Por si no tenían bastantes problemas los nipones, tras los terremotos, el tsunami y las centrales nucleares al rojo vivo, ahora resulta que los misteriosos mercados han encontrado una manera de rentabilizar el desastre, que no es otro que comprando masivamente yenes para forzar su alza, a pesar de que el índice de referencia de la bolsa japonesa, el Nikkei, no hace más que bajar y de que el gobierno ha inyectado al mercado más de 20.000 millones de euros en moneda para evitar precisamente estos problemas.

Recordemos que la economía japonesa se asemeja a la alemana, en la que el sector exportador es crucial. Luego no es difícil llegar a la conclusión de que la especulación con yenes no hace más que agravar sus problemas económicos. Por ejemplo, las pérdidas a causa del seísmo y sus réplicas, además del tsunami se cifra en el 2% del PIB japonés.

Está todo dicho, mientras la gente de la calle se dedica a ayudar con sus donativos a los damnificados, otros se dedican a ver que tajada se puede sacar. Si esto no es un retrato de lo “mal” que se portan los mercados, que alguien se atreva a rebatírmelo.

El gobernador de Wisconsin, Scott Walker

En Estados Unidos parece que algo se mueve y desde hace cuatro semanas han empezado unas protestas en el estado de Wisconsin a raíz de los planes del gobernador, Scott Walker, de eliminar en la práctica el poder de los sindicatos de empleados públicos. Entre otras medidas propone la supresión de la negociación colectiva o ciertas ventajas como seguros médicos. Un relato de lo acaecido aquí.

En estas semanas, las protestas han ido in crescendo, y ahora mismo han centrado la atención de los medios norteamericanos, polarizándose las posiciones básicamente entre los pro-Walker y los anti-Walker. Las medidas que promueve el gobernador van encaminadas a reducir el déficit del estado, afectado por la crisis económica. Pero estas medidas contrastan con otras que reducen notablemente los ingresos al condonar pagos a grandes empresas tal y como apunta este excelente análisis.

Así, republicanos y conservadores del Tea Party apoyan al gobernador, advirtiendo de la importancia de esta batalla en la que se materializa la tesis neoliberal de que hay que reducir el peso del estado. Mientras que los demócratas apoyan las protestas arguyendo que hay otras maneras de reducir el déficit. En el fondo, me parece a mí, que se ejemplifica como nunca la pugna de clases por mantener su statu quo. Ríanse si quieren, pero estas protestas ya se están contagiando a otros estados. Así que en realidad esto no acaba más que empezar.

Mi crítica a proyectos de ley como este es que no van acompañados de sincera preocupación por el bienestar de los ciudadanos. Efectivamente hay alternativas, que no son fáciles, pero que tarde o temprano habrá que tomar, si de verdad se quiere una democracia saneada. Aumentar la carga impositiva sobre las rentas más bajas, recortarles servicios tan vitales como la sanidad o la educación, son retrocesos de la civilización sin apelación posible. En este sentido el programa liberal convierte al mundo en poco más que un negocio, chantajeando por doquier con deslocalizaciones, empleando el dinero para financiar voces sin autoridad moral, tratando de eliminar resistencias como el sindicalismo. Es la mejor receta para conducirnos a una desestabilización como la que se vive en las naciones árabes.

Por supuesto que no me gusta el hecho de que un empleado público disfrute de privilegios que el empleado en el sector privado no tiene. Pero esta lógica de las tijeras nos lleva al paradigma chino. En el que la falta de libertad, así como una política económica liberal, combinadas, han permitido que los grandes negocios prosperen en detrimento de sus feudos en las naciones occidentales. Así que en realidad ese es el futuro que nos espera, si se permite que personas como el gobernador Walker dobleguen las voces que no están contentas con el cambio.

Lo cierto es que el PIB mundial está en estos momentos creciendo. Eso quiere decir que en realidad hay más riqueza hoy que ayer. Pero hay una obstinada resolución por parte de los reaccionarios de hacernos pagar a los ciudadanos por los errores que cometieron algunos. Una cerrazón a admitir que el liberalismo ha fracasado en sus intentos de mostrar como benigno el laissez faire en los aspectos más importantes de los servicios a los ciudadanos: sanidad, educación, vivienda, información, energía. Por que la consecuencia final de facto es la concentración empresarial en oligopolios, que son el talón de Aquiles de nuestras democracias, a las que socavan constantemente con sus insidias. Ayudadas por administraciones corruptas, que en el caso español, no dudan en contravenir a sus ciudadanos con el fin de mantener privilegios y de obtener beneficios a cambio.

No me parece mal que se apele a un consumo responsable. Pero sí que me parece irresponsable pedir que los ciudadanos se aprieten más el cinturón mientras unos cuantos viven a cuerpo de rey gracias a ello. Así se harán negocios, se sanearán cuentas, pero así también se plantan las semillas para un cambio en nuestras democracias.