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Extraído del original en el blog La Libertad y la Ley.

Gekokujo:
Me gustaría matizar que yo creo que el razonamiento de muchos que somos de izquierdas es éste: Si el estado no nos sirve, ¿para qué queremos un estado?

A los que simpatizamos con el liberalismo de izquierdas nos molesta especialmente un estado que no cumple las funciones que dice acometer, entre otras trabajar para que los derechos recogidos en la constitución se materialicen y no sean papel mojado.

Por supuesto hay que ser realistas y no se puede esperar todas las ventajas de un estado paternal. Pero es que esto no es lo que actualmente tenemos encima de la mesa. Lo que tenemos es un estado anquilosado y secuestrado por unas personas que dicen servir al ciudadano, pero que sólo se sirven a si mismas. Lo que tenemos es un estado cuya política económica es arbitraria favoreciendo a ciertos individuos y empresas, de manera que eso del libre mercado es otra idea que ustedes pueden considerar papel mojado. Tenemos un estado que permite la manipulación informativa, sin sancionarla. Tenemos un estado que permite prácticas fraudulentas de mercado, como el pacto de los precios en detrimento del consumidor… Señores, la lista es interminable.

Aunque la juventud engloba toda esto bajo el término “sistema”, creo que muchos tenemos claro que ese sistema se concreta en muchas personas cuyo sentido de la equidad brilla por su ausencia. Algunos ineptos en lo político, sí de izquierdas, se han atrevido a comparar la situación actual con la crisis que desembocó en II República. Pero yo plantearía que la situación se parece bastante más a la de la Francia de 1789. Que índices como el de la canasta básica bajen sólo puede significar que hay gente que lo está pasando muy mal. Mientras los gobiernos se dedican a inventar rescates a una banca que ha demostrado una incompetencia supina, además de mala fe con sus clientes.

En resumen, se trata de que los políticos de facto son una casta de privilegiados, el castigo en las urnas al PSOE es un aviso de que los ciudadanos percibimos a los políticos cada vez más como enemigos del pueblo. Victoria del PP el 22M, sí, pero más bien habría que hablar de derrota del PSOE. En las circunscripciones donde el PP quería revalidar ha sido frecuente la bajada de votos. En concreto en Madrid y Valencia. Lo que para mí es señal inequívoca de desafección, que de no tomarse medidas efectivas castigará a cualquiera que asuma el poder de espaldas a las circunstancias del ciudadano. Éste, y no otro, es el espíritu de muchos que apoyamos el 15-M.

Les voy a poner un ejemplo de una medida propuesta por los indignados, de corte socialista, que perfectamente podría funcionar en una economía de mercado: la renta de subsistencia. ¿La conocen verdad? Por otro lado la patronal pide que se elimine el suelo de los sueldos, de manera que cada empresario pague lo que crea conveniente.

Bien, independientemente de que estemos debatiendo acerca de la incongruencia entre un estado presuntamente democrático y una economía que no lo es, ¿no es cierto que la introducción de la renta de subsistencia permitiría a su vez implementar la libertad en los salarios sin miedo a provocar bolsas de miseria? Es una pregunta que tiene muchas implicaciones que espero sepan valorar.

Pienso que hechos son amores y no buenas razones. El ciudadano ya no quiere razones, ni modelos perfectos. Quiere resultados. ¿Se los va a proporcionar alguno de los partidos mayoritarios?

Saludos

Bastiat:
Gekokujo, cuando oigo o leo a alguien definirse como liberal de izquierdas…. me pongo a temblar. Renta de subsistencia. ¿Qué tiene eso de liberal? Lo tiene de izquierdas, de socialista, pero de liberal no tiene nada. Y no lo tiene, mas allá del hecho de que dicha renta alguien la tiene que imponer, alguien la tiene que pagar, estriba en que habría que definir la cuantía y el cómo se calcula eso es ya de por sí toda una declaración de intenciones sobre lo que tiene de razonable.

Una renta de subsistencia establecida es una insensatez por eso y por el mero echo de que hay gentes que tienen con un poco suficiente, y ese mismo poco a otros les parece insuficiente.

Por otro lado el contratar de manera libre sólo tiene un problema, el miedo. El miedo a que mucha gente, sin preparación, sin capacidad, sin ganas de trabajar tendría que acabar aceptando cualquier salario que se le ofrezca por debajo de lo que hoy se considera “renta de subsistencia” que yo no sé si es el SMI o la paga de 400€ de la que hablan en Sol. Pero lo cierto y verdad es que los salarios, en un mercado libre, sin rentas de subsistencia ni trabas legales, se ajustarán a lo que es la ley básica de la economía, una ley indestructible e inmodificable por muy liberal de izquierdas que se quiera ser, la ley de la oferta y la demanda.

En sociedades libres la renta está en función de la productividad, y el éxito empresarial se basa en saber gestionar los recursos propios, de forma que se obtengan los beneficios esperados, y en ello se incluye el tener a los trabajadores mejor cualificados y más motivados para el buen funcionamiento de la empresa. Eso no lo va a cambiar una renta básica, si a caso, lo empeoraría.

Gekokujo:
Al eliminar el factor hambre en la sociedad se sientan las bases para que los individuos escojan su trayectoria vital. Creo que es algo tan elemental que no cabe discutirlo y me extraña. La ley de la oferta y la demanda se debe aplicar a un mercado libre, pero de ninguna manera debería incluirse en él la mano de obra, sin que haya unas mínimas garantías de subsistencia. Porque de lo contrario se llega a la esclavitud, que es lo que tenemos en las naciones menos desarrolladas sin los sistemas de compensación occidentales. Unos sistemas de compensación que a mí no me convencen mucho.

Piensen que una renta básica permitiría flexibilizar totalmente el mercado laboral. También permitiría que muchas personas se atrevieran a emprender sin miedo a morir en el intento. Y me refiero a las personas que no disponen de ventajas tan antiliberales como la herencia.

En ese sentido, esa medida socialista sí que tiene una aceptabilidad desde mi óptica.

Usted dice: “Pero lo cierto y verdad es que los salarios, en un mercado libre, sin rentas de subsistencia ni trabas legales, se ajustarán a lo que es la ley básica de la economía, una ley indestructible e inmodificable por muy liberal de izquierdas que se quiera ser, la ley de la oferta y la demanda.”

Discúlpeme, pero las únicas leyes que acepto son las naturales. Si lee usted a autores liberales como Popper, verá que eso a lo que usted llama leyes no son más que convenciones sociales, que en cualquier momento pueden y deben ser modificadas a conveniencia de la humanidad. Otra cosa es que se esté usted refiriendo al sesgo darwiniano del comportamiento humano que explica en buena parte el funcionamiento de la economía. Pero vuelvo a repetirle que creo que con las necesidades básicas no se juega y el egoísmo propio del ser humano justifica plenamente la introdución de la renta básica. A partir de ahí se puede discutir totalmente que modelo económico y político se desea, pero desde la posición de seguridad que ahora sólo disfrutan funcionarios y otros privilegiados.

Además, permitiría que el ciudadano tomase la iniciativa en asuntos políticos, permitiría eliminar en buena parte la necesidad de sindicatos y de muchos servicios sociales. Un dinero que pasaría directamente al bolsillo de los ciudadanos para que hiciesen de él el uso que crean conveniente, sin la ineficiente mediación de estado, ONGs, etc. Eliminaría de un plumazo el sistema de pensiones, separando totalmente rentas de extras de jubilación. Permitiría además una flexibilidad total en el trato empresa-individuo. Por ejemplo, una empresa prestigiosa podría permitirse el lujo de no pagar a sus empleados, o de hacerlo comparativamente menos por lo solicitado que estaría su ingreso. En cambio, otros trabajos hoy en día mal remunerados mejorarían sus condiciones gracias a que ya no serían caladero de los desfavorecidos. Muchas personas que no deseen trabajar no importunarían al resto metiéndose a funcionarios o practicando mobbing en empresas.

Por supuesto que no es la panacea. Pero creo que es hora de flexibilizar perspectivas y darse cuenta de que lo que hoy se tienen como verdades no lo son en absoluto.

Por supuesto que eso requeriría una reforma fiscal. Pero es que de todas maneras me temo que es necesaria, pues las medidas de recorte actuales no están funcionando en ningún país europeo, salvo en Alemania que gozaba de una amplia ventaja respecto de los PIIGS. Y sobretodo es necesario racionalizar el entramado estatal. España por ejemplo no es comparativamente un estado omnipresente, comparado con la misma Alemania. El problema, pues, no es del estado en sí mismo, si no de cómo trabaja. Adicionalmente le indicaré que el gasto social español es también bastante menor. Lo que indica que hay un problema de recaudación y de gestión. Y sobretodo hay un problema de ética por parte de políticos e instituciones económicas que impide que genuinas iniciativas privadas tengan muchas probabilidades de salir adelante. Eso es jugar a ser liberal con las cartas trucadas, y eso no lo acepto. Ni yo ni muchos de los que se sientan en las plazas de España.

Yosoyhayek:
Piensa un poco en lo que dices: ¿La ley de la oferta y la demanda es una “convención” que el hombre puede alterar según le convenga? ¿Popper?!
¿El derecho de herencia es “antiliberal”? ¿Crees que sería posible un orden social de individuos libres sin propiedad privada? ¿Puede haber propiedad privada sin sucesión motis causa?
Dices que los trabajadores de los países pobres son “esclavos”, básicamente porque no disponen de otra fuente de renta que su trabajo. Y quieres que los países ricos de imponga una renta social que proporcione independencia económica a sus ciudadanos. Sin entrar en consideraciones que no sean estrictamente morales y políticas, para que no creas que pretendo distorsionar mi argumento con falsas teorías que no son sino simples e interesadas convenciones, dime: ¿De dónde procedería la renta, quién pagaría esos impuestos? ¿Los trabajadores, empresarios y capitalistas que superaran dicho nivel de renta, por qué deberían cobrarla sin necesitarla? ¿No crees que preferirían restarla de sus impuestos? En ese supuesto, ¿Quién cobraría dicha renta sino aquellos que no tuvieran ninguna fuente de ingresos? ¿No entiendes que existe un fuerte riesgo moral de que esos rentistas preferirían trabajar poco o no trabajar antes que tener que renunciar a una fuente de ingresos que no le representa ningún esfuerzo? Es decir, se formaría una casta de pedigüeños mantenidos por el resto, ¿Te suena? Tu renta social básica termina donde empieza, no seas ingenuo. Peor, porque si llegara a implantarse mañana, por ejemplo, contribuiría a que fueran más los que la utilizasen para vivir sin trabajar que como algo provisional y de mera subsistencia. ¿Nunca has oído que el subsidio de desempleo crea paro?
Pero las consecuencias no se quedan ahí: habría barrios pagadores, y barrios rentistas, regiones pagadoras y regiones rentistas, amigos pagadores y amigos rentistas. ¿No ves la violencia que esto genera?
Los subsidios no crean riqueza, solo la redistribuyen desde aquellos que si la producen hasta quienes la devoran. Esto empobrece a todos y consolida un tipo de sociedad basada en la lucha por el poder político, la inmoralidad en la consideración del otro, en el oportunismo y la conveniencia…

Gekokujo:
Claro que he tenido en consideración el hecho de que mucha gente dejaría de trabajar. Especialmente en España cuya tradición rentista se remonta a los tiempos de Cervantes, con los hidalgos como ejemplo más claro. O en la España de la crisis de 1898, cuyo ejército estaba compuesto en un tercio de oficiales rentistas. Sé muy bien de lo que hablo. Lo que ocurre es que la tecnología poco a poco va a ir implantando esa casta ociosa. Es algo que ya vio Stanislaw Lem en los 60. Y hay dos maneras de enfrentar la situación con las actuales reglas políticas y económicas. O se adoptan mecanismos de redistribución o nos sumergiremos en una sociedad ciberpunk, con los desagradables problemas que conllevaría.

Me gustaría plantearle que emplea usted otro concepto como una ley, que es el de la propiedad privada, que es otra convención si nos atenemos a la perspectiva antropológica. A mí en este caso me da igual si las rentas las genera una propiedad que se alquila o emanan directamente del estado. Para mí no hay gran diferencia, pues hablo del usufructo de bienes y no del inalienable concepto que tienen los liberales conservadores, que es precisamente fuente de constantes conflictos de toda clase y en todo el planeta. Puesto que si usted mantiene que la propiedad está por encima de todo lo demás, yo le diré que con las leyes de la física en la mano esto no es así, pues mañana le monto una revuelta y se queda usted sin nada.

Además absolutiza el caracter malvado del empobrecimiento. Quiero señalarle que espero que en un futuro no muy lejano la fiscalidad se atenga al concepto de huella ecológica. Penalizando a los que más tienen y contaminan por su abuso sobre el medio ambiente. Eso sí que es para mí un concepto racional y lógico (que no ley).

Por supuesto que los subsidios no crean riqueza, pero al menos no matan como la especulación y creo yo que muy al contrario, serían fuente de paz social. Han de entenderse como la base que permite a las personas escoger libremente. En este sentido nos acercamos a las aspiraciones del individualismo anarquista. No se me asusten, liberalismo y anarquismo tienen mucho en común. Aunque para ello defienda una medida tan poco liberal como la renta. Por cierto, la herencia es otro concepto pre-liberal, adoptado convenientemente por los conservadores.

Si aceptan ustedes los postulados de muchos autores que indican la tendencia humana a buscar mejoras para su vida, no creo que la implantación de la renta significase el fin de las iniciativas particulares. En absoluto.

Espero que no me tomen por un adolescente enfervorecido, he necesitado años de reflexión. De lectura de diferentes puntos de vista, incluyendo filosofía oriental, para llegar a mi posicionamiento actual. Aunque por supuesto puedo estar equivocado y, en cualquier momento, puedo cambiar mi postura, si entiendo que es errónea. Algo que ya nos enseñaron los presocráticos.

Por lo pronto decir que hay muchas ideas de Popper que me gustan, especialmente su gusto por la posibilidad de cuestionar lo que sea, muy especialmente los sistemas políticos y filosóficos. Y aunque puedo entender que se pueden trasladar algunas al ámbito económico lo cierto es que a día de hoy no he visto ninguna relación consecuente entre los enunciados de este liberal, y lo que se describe como una economía liberal, añadámosle de corte occidental.

Y no lo veo porque efectivamente tal como se ha señalado no estamos en una economía realmente liberal. Pero no es esto lo que me preocupa. Me preocupa más bien que todavía no se señale al establishment financiero-político como un enemigo más de la sociedad abierta, parafraseando el título de la obra de Popper. Entre otras cosas porque presenta una visión de la sociedad y condición humanas en general plagadas de dogmas tipo “el beneficio es bueno”. Cosas así me provocan una furibunda irritación, pues no consiguen otra cosa que confundir al público y tergiversar palabras bien intencionadas para arrimar el ascua a los advenedizos.

El problema de fondo, creo que esto también se ha señalado en algún foro de esta casa, es que el concepto de liberalismo, en concreto en lo que se refiere a las libertades intelectuales topa con un muro. Que es el de la naturaleza humana, o si se quiere, del papel del individuo ante la disyuntiva de bien individual y bien común. El “liberalismo” actual se salta a la torera el “harm principle” de Stuart Mill, convirtiéndose de facto en una excusa meramente argumetativa para promover actitudes antisociales. Y no es difícil relacionar esta perversión de valores con los problemas de convivencia en nuestra sociedad actual, muy especialmente con los jóvenes.

En realidad el liberalismo, como camino al anarquismo opuesto al socialismo, se queda encallado en el camino. Y aquí sí que hay que echar mano de Marx para entender que la historia es la pugna entre los que tienen y los que no tienen, ya sean tierras, oro o privilegios. A lo que añadiré que con esta crisis se me revela que además esa pugna es bidireccional. Es decir, que los que tienen además pugnan para aumentar distancias o como mínimo para mantener posiciones. Así es, ni más ni menos.

De ello se deriva que aún desconfiando de los modelos “perfectos” que pretenden ideas como las de Marx o Platón, no es menos cierto que dada la experiencia de siglos acerca de cómo se comporta el ser humano, es necesario revisar constantemente el estado de las cosas e implementar las correcciones necesarias. Coartando si es necesario, que lo es, el acceso ilimitado a los bienes por parte de los individuos. Hasta la fecha son muy pocos los ejemplos en los que la acumulación de dichos bienes, y de los privilegios que en una sociedad como la nuestra conllevan inherentemente, provienen o derivan en un comportamiento razonable o si quiera aceptable. Especialmente en una sociedad que valora la independencia, y por tanto responsabilidad, individual.

Por tanto, mi conclusión es que no se dan las condiciones objetivas para implementar un sistema verdaderamente liberal. Ya que éste se ve inmediatamente secuestrado por intereses particulares, impidiendo el desarrollo de una sociedad abierta, tal como pedía Popper. Resulta tristemente gracioso que estas son exactamente las mismas causas que impidieron el desarrollo real de una sociedad socialista. O dicho de otro modo, por encima de los conceptos ideológicos, sociales y económicos se impone la realidad del yo contra el prójimo. Una realidad que ni siquiera nuestras democracias han sabido franquear. He ahí el drama de la izquierda hegeliana y de los liberales honestos, que se levantan cada día leyendo en titulares las miserias de quienes deberían ser ejemplo.

En Roma, el poder político estaba asociado a la casta de los patricios. Que en el proceso de devenir un imperio, entró en el negocio del comercio internacional.

En la Edad Media el poder político llevaba aparejado un control de las tierras de cultivo, por tanto económico también. Y en aquellas área más burguesas, por un consejo de notables, que normalmente eran los más pudientes.

En el absolutismo, las grandes empresas solían ser patronazgo real. Precisamente en esta época vemos lo que la empresa es capaz de hacer sin regulaciones, como el tráfico de esclavos.

En el colonialismo más de lo mismo, creando normas ex profeso para mantener privilegios a una parte de la sociedad, incluyendo las compañías comerciales amparadas por la corona.

Nunca, nunca, el poder político ha estado desligado del económico. Ni siquiera cuando la usura estaba prohibida.

Se podrá discutir la idoneidad de un modelo u otro. Pero de entrada hay que tener claro que cualquier diferencia de rentas que exceda cierta proporción (en Suecia suele ser de 1 a 7, en España de 1 a 200), tiene como consecuencia un poder político, aunque este no esté respaldado por cargo público alguno. Y a la inversa, un poder político siempre tiene su traducción económica. Y esto es especialmente cierto en nuestros días, en los que la monetización de la economía permite hacer muchas más cosas con dinero que, pongamos por ejemplo, en tiempos de los mayas, con todo su oro.

Colegio con que la aplicación de “eso” que llaman socialismo no ha servido para demostrar nada más que hay que andar con cuidado con las atribuciones que se arroga el aparato estatal. Pero eso no debe hacernos perder de vista que la finalidad última de la vida no es crear riqueza, si no vivirla. Del mismo modo el estado no ha de ser entendido como un agente económico cuya perentoria necesidad de superávit lo equipare a cualquier empresa privada. Como tampoco hay que creerse que la libre concurrencia da como resultado el mejor servicio al consumidor. Un ejemplo, la sanidad yanqui, en la que colisionan los intereses encontrados de empresas y consumidores.

Es difícil encontrar una ecuación que favorezca el desarrollo de iniciativas individuales y colectivas, al tiempo que se garantizan unos derechos mínimos. Un ejemplo de las contradicciones de nuestro sistema capitalista es el energúmeno legal llamado ACTA (http://es.wikipedia.org/wiki/Anti-Counterfeiting_Trade_Agreement). Puesto que desde una óptica liberal es una herramienta intrusiva en la vida privada de las personas y un intento de proteger intereses corporativos.

Resumiendo, el problema no es tanto ideológico como el de la realidad factual. El socialismo ha llegado a nuestros días como una sombra de lo que pudo haber sido. Se puede discutir acerca de si tratar de establecer un modelo de sociedad es perjudicial, tal como intentaron las izquierdas hegelianas. Pero no se puede pretender quitarle una pata a una mesa sin proponer otro sustento. De lo que estoy convencido es de que cualquier propósito para mejorar la vida del ciudadano es una cuestión política. En este sentido, sería deseable que las empresas se implicaran a fondo ampliado su cómputo de inputs al mero ejercicio contable. Incluyendo el bienestar de sus miembros así como los efectos de su actividad en el medio ambiente. Esto supondría una revolución no sólo económica, también social. Pero como de momento esto no tiene visos de suceder, es necesario establecer un marco legal, a veces coercitivo, que impida que se oprima a los individuos.

Es aquí dónde el socialismo hace acto de presencia, aunque haya fracasado estrepitosamente. El ejemplo más esperpéntico es China, que suma lo peor del capitalismo feroz y de la dictadura política. ¿Es éste el modelo a seguir? No, y mil veces no. En todo caso, es en el campo de la política, del estado, dónde se ha de empezar a hacer limpieza. Un estado corrupto como España no garantiza esa ecuanimidad, ni si quiera la libre competencia. Es una cuestión de madurez ética, de principios. Sin ellos no hay fórmula que valga y alguien ha de asumir ese rol. Si no lo hace la empresa, lo tendrá que hacer el estado, y si el estado tampoco lo hace… entonces pasa lo que pasa en Túnez.

Calonne, un dels ministres de finances de Lluís XVI

Article original

“Justament i recordant especialment els problemes fiscals a la França del XVIII m’ha semblat trobar un paral·lelisme amb la situació actual, en el que alguns discuteixen el model impositiu. És curiós com es reprodueixen les sospites de corrupció i mala administració. Així con el fet que els privilegiats tenen maneres d’eludir les obligacions fiscals.”

Precisament el regnat de Lluís XVI és quan es fa més evident aquest conflicte entre la defensa dels privilegis d’un grup determinat de persones i dels interessos generals. I que que va tenir com a culminació la Revolució del 1789.

Avui, encara que la situació no és exactament la mateixa, resulta notable que malgrat que algunes empreses ja estan sortint de la crisi, en canvi el panorama per als ciutadans amb menys ingressos sigui tan desolador. S’han proposat reformes per a evitar les receptes neoliberals, però sembla que estem davant una contrarreforma que ja veurem on aboca.