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La pulsión nacionalista de Catalunya siempre ha estado ahí. Aunque en el resto de la península, en general, se da por sentado que el proceso asimilador es inevitable y que toda resistencia es fútil.

Pero la realidad se muestra algo terca. Así que en periodos de agitación esta pulsión vuelve a aparecer en la superficie. Y en esta ocasión no es diferente. Razones para ello no faltan:

Una balanza fiscal deficitaria en por lo menos 18.000 millones de euros.

El proceso fallido del Estatut, que se saldó con una sentencia del Tribunal Constitucional que fue percibida como una agresión identitaria.

La política de infraestructuras del Estado, que prima sin tapujos a la capital frente a la periferia.

La negativa del Gobierno central a cumplir algunos de sus compromisos con Catalunya.

Las declaraciones de políticos españoles, que señalan a Catalunya como un problema.

Las declaraciones de periodistas españoles, que señalan a Catalunya como un problema.

Las declaraciones de españoles, que señalan a Catalunya como un problema.

Y claro, resulta normal que muchos catalanes, a su vez, vean a España como un problema.

Esto ha sido hábilmente canalizado por quienes denuncian el trato desigual para con respecto a otras CCAAs. De hecho hay cálculos de que la diferencia entre el PIB producido/dispuesto es de un 11%. Lo que la convierte en una paria entre las ricas.
Desde luego Catalunya tiene ese problema, y muchos más. Pero en lo que concierne estrictamente al apartado económico resulta sonoro que muchos empresarios hoy día se manifiesten abiertamente a favor de la secesión. Alguien podría pensar que tienen el cerebro bien lavado. Pero hablar de empresarios catalanes, si hacemos caso al tópico, significa preocupación por el bolsillo. Y lo cierto es que a estas horas queda claro que estar en España no renta. Y sólo esta razón ya es una explicación a que la presión independentista se incremente.

Otro problema añadido es el de la calidad de los sucesivos gobiernos de la Generalitat. Básicamente han seguido el modelo de despilfarro típico ibérico, sólo que a base de endeudarse, ya que ya sabemos que el dinero invertido per cápita es inferior a la de la mayoría de CCAA.

Así que llegados a este punto se entiende el problema que supone para Mas y su gobierno “del millors” el ver limitado su techo de endeudamiento, mientras se le niegan 1.400 millones de del fondo de compensación. Y ante este drama Mas corta por lo sano, es decir, empezando por la sanidad. Eso sí, clamando con que en Madrid no se les trata bien.

A buenas horas mangas verdes, puesto que resulta paradójico que en tiempos de bonanza no se hiciesen las inversiones necesarias para preparar a la economía catalana, y por extensión española, para los desafíos que suponen no sólo las naciones emergentes como China o la India, si no también en el aspecto tecnológico, en el que Alemania, Japón o EEUU se presentan intratables.

Claro, estas inversiones se deberían haber detraído del ladrillo y de fastos varios, que indistintamente del color del gobierno de turno, se han prodigado sin control alguno. Ejemplos notables los hay por toda España, como el AVE Madrid-Sevilla, La Ciudad de las Artes y las Ciencia de Valencia, El Palma Arena en Mallorca, los aeropuertos de Ciudad Real y Castellón. Pero seguro que usted conoce más ejemplos de estas tendencias faraónicas, de gran presupuesto y nulo impacto económico.

No es difícil imaginar cómo son los sueños húmedos de los políticos, inaugurando a todo trapo y sin que falte de nada:

Así que después de tanta fiesta, resulta que la resaca la estamos pagando los que no estuvimos presentes.

Finalmente indicar que indistintamente de los políticos y de cómo va la economía, en la Catalunya rural hace tiempo que las posiciones soberanistas son mayoritarias.

En estos mapas se aprecia la rápida evolución del independentismo.

Así que en realidad esto es como un detonador, que hace tic-tac, sólo es cuestión de tiempo para que el asunto alcance la masa crítica necesaria para convertirse en ineludible.

¿Y mientras tanto que se hace en Madrid? De momento negar el problema. Por que aceptar que este proceso existe, significaría reconocer también que hay que hacer algo. Y el gobierno central no está para fiestas. Veremos sin embargo que es lo que acontece en las elecciones de 2012.

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