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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 29 de junio de 2011

Este artículo señala que la excesiva influencia del capital financiero en la estructuración de la UE y de la Eurozona ha configurado unas reglas de comportamiento que dificultan enormemente la recuperación económica de Grecia (y de España). Las medidas de austeridad son contraproducentes e imposibilitan el crecimiento económico y creación de empleo, condiciones para que se salga de la crisis. El artículo subraya que el hecho de que sean los países PIGS los que se encuentren en mayores dificultades se debe al dominio de las derechas en la vida política de estos países que han determinado unos estados muy pobres (que se han tenido que endeudar) como consecuencia ce unas políticas fiscales regresivas. La salida de la crisis requiere una profunda reforma fiscal que de pie a unas políticas expansivas de estímulo económico.
El mayor problema que tiene la economía griega no es primordialmente de carácter económico o financiero. Es un problema político. Tiene que ver con el enorme poder que la banca ha tenido, y continúa teniendo, en la estructuración de la Unión Europea y de la Eurozona, así como en la génesis de la deuda pública de los países llamados despectivamente PIGS, cerdos en inglés, (Portugal, Irlanda, Grecia y España). Ahora bien, este poder de la banca ha contado con un gran aliado y cómplice: las clases más adineradas de los países de la Eurozona, incluyendo las de los países PIGS.

Veamos los datos, comenzando por las reglas que los bancos escribieron sobre las cuales se establecería la Eurozona. Estas reglas son las responsables de que Grecia nunca podrá (ni tampoco España) salir de la recesión a través de las políticas que se están siguiendo. Una fue que los Estados, al incorporarse al euro, perdieron el control sobre su propia moneda. Es decir, que en momentos de recesión (cuando la economía está estancada), el estado griego no puede devaluar la moneda y con ello poder abaratar sus productos y venderlos más fácilmente al exterior, recuperándose a base de ello. Suecia y Noruega, por cierto, se han recuperado de la recesión mucho mejor y más rápido que Finlandia,  como consecuencia de que los dos primeros pudieron devaluar su moneda, lo cual no pudo hacer Finlandia al pertenecer al euro.

Otra regla es que, al integrarse al euro, los Estados dejaron de tener la potestad de imprimir dinero y establecer el precio del mismo. Cuando un país está en recesión, su Banco Central imprime dinero y/o abarata el precio del dinero, disminuyendo así los intereses bancarios, facilitando que tanto los ciudadanos como los empresarios puedan conseguir préstamos con los cuales consumir bienes y servicios e invertir, y así producir empleo y estimular la economía. Negarle al estado que tenga control sobre el crédito es imposibilitarle el poder estimular la economía. Una función de un Banco Central es, precisamente, la de garantizar el crédito, lo cual funcionó bien en la mayoría de países europeos hasta que llegó la moda neoliberal con el Presidente Reagan de EEUU y la Sra. Thatcher de Gran Bretaña, que hicieron creer a muchos gobiernos europeos que desregular el crédito era bueno para un país. El último caso que vimos fue Islandia, que  conllevó un enorme problema, como también lo creó en los otros países que desregularon el crédito (que fueron la mayoría).

Y, por si fuera poco, la tercera regla era que un país no podía seguir políticas expansivas de gasto público. Es decir, un estado no podría gastar mucho para estimular la economía, pues el estado, según el criterio de Maastricht, no podía tener un déficit estatal mayor del 3% del PIB y una deuda publica mayor del 60% del PIB. Claro que el criterio no decía cómo debía bajarse el déficit para alcanzar el número mágico del 3%. Pero insistieron en que los estados bajaran los impuestos como manera de estimular la economía, considerando erróneamente que los ricos, que eran los máximos beneficiarios de los recortes de impuestos, consumirían más que ahorrarían (de hecho, invirtieron en sectores especulativos). Esta insistencia en que el estado bajara los impuestos no dejaba al estado otra alternativa que la de recortar el gasto público. Esto eliminó la posibilidad de que el estado pueda estimular la economía mediante, por ejemplo, inversiones en áreas de creación de empleo.

Estas tres reglas hacen muy difícil, casi imposible, para Grecia  (y para España), salir de la crisis. En realidad, estas reglas fueron muy importantes para que la crisis se presentara en Grecia con la gravedad con laque se ha presentado.
¿QUÉ PASA EN GRECIA? LA ALIANZA DE LA BANCA CON LOS RICOS

Una característica de Grecia, que comparte con España, es que ha estado gobernada por la ultraderecha por muchos años. La dictadura de los coroneles fue (como lo fue también la dictadura de los generales en España) una dictadura de los ricos en contra de las clases populares. Ello ha determinado que los ricos no tienen la costumbre de pagar impuestos. El fraude fiscal ha sido enorme, consecuencia de la laxitud del estado, que ha continuado controlado por los ricos durante la democracia que siguió a la dictadura. En 2010 sólo 15.000 griegos, de un total de once millones de ciudadanos, declararon al estado ingresos superiores a 100.000 euros al año, lo cual contrasta con la existente concentración de la riqueza y de las rentas, visible en los suburbios de las ciudades griegas. Se considera que casi la tercera parte de la renta nacional (la poseída por los ricos en su mayoría) no se declara.

Ello ha forzado al estado griego a endeudarse hasta la médula para pagar los gastos del estado (en infraestructura y en servicios públicos, así como en gastos militares que significan una carga muy importante en el presupuesto nacional). Esta deuda recoge también la deuda incurrida por los gobiernos militares, no elegidos democráticamente, y cuyo gasto militar lo tiene que pagar ahora el estado democrático. Éstas son las causas de que el estado griego tenga un problema de déficit del estado (12% del PIB) y de deuda pública, todavía mayor (150% del PIB). Pero esta realidad quedó, en parte, ocultada por el estado con la ayuda del banco Goldman Sachs. El diario alemán Der Spiegel descubrió las ocultaciones de las cuentas nacionales que el estado griego (gobernado por las derechas) había realizado con la complicidad de aquel banco estadounidense (que recibió un pago por ello de 800 millones de euros). Es imposible que la Comisión Europea (cuya mayoría son de partidos de derechas), no lo supiera. Por cierto, el que era Vicepresidente para Europa del banco Goldman Sachs, que realizó operaciones financieras con el gobierno conservador griego para ocultar la situación real del déficit público del estado griego, el Sr. Mario Draghi será el nuevo Presidente del Banco Central Europeo, poniendo a la cabeza de este Banco (que es un lobby de la banca, en lugar de ser un Banco Central) a la persona que ayudó más al desfalco de las cuentas públicas del estado griego.

Cuando el gobierno socialista salió elegido descubrió estos problemas, indicando que el déficit y la deuda eran mucho mayores de lo que el gobierno conservador había indicado. El estado está enormemente endeudado. Los bancos alemanes y franceses, pero también los bancos griegos (donde los ricos griegos depositan su dinero) han comprado la deuda pública a unos intereses abusivos. Por cierto, la mal llamada ayuda a Grecia es para asegurarse que el estado griego pagará a tales bancos. Y la enorme austeridad impuesta a la población griega por parte del estado (77.000 millones de euros, de los cuales 28.000 millones serán en recortes de gasto público y 50.000 millones en privatizaciones del patrimonio nacional) es para poder pagar a los bancos.

EL EURO Y LA CRISIS

Este endeudamiento del estado griego es beneficioso para los bancos y también para los ricos que no pagan impuestos, forzando al estado a endeudarse aún más. Pero es también beneficioso para los ricos y para los bancos extranjeros, pues el estado se siente en la necesidad de privatizar sus propiedades (a unos precios irrisorios) con lo cual vemos una enorme demanda de euros por parte de bancos de inversión para comprar tales propiedades. En realidad, en contra de lo que constantemente se dice y se alarma, el euro está en muy buena salud (demasiado buena para los empresarios españoles que tienen problemas para exportar), y ello se debe a la enorme demanda de euros con los cuales se compra la privatización de los bienes públicos de Grecia (y de España). Véase el caso de las cajas de ahorros españolas, que se están vendiendo a unos precios muy bajos. Y todo ello con la ayuda del Estado. De ahí que las privatizaciones sean una estrategia impuesta por la banca a los países del euro como manera de conseguir la venta del patrimonio y servicios muy rentables de los países periféricos.

Vemos así como el enorme dominio de la banca explica que los estados periféricos estén estancados en su deuda sin poder salir de ella, lo cual no ocurre por incompetencia, sino por diseño, pues así consigue introducirse y conseguir mayor rentabilidad al comprar a precios muy bajos lo que antes era público. Cualquier lector de este artículo debiera indignarse. Por cierto, este artículo fue enviado a algunos de los medios de mayor difusión del país, ninguno de los cuales consideró oportuno publicarlo. Agradecería al lector que lo distribuyera lo más ampliamente posible.

En Roma, el poder político estaba asociado a la casta de los patricios. Que en el proceso de devenir un imperio, entró en el negocio del comercio internacional.

En la Edad Media el poder político llevaba aparejado un control de las tierras de cultivo, por tanto económico también. Y en aquellas área más burguesas, por un consejo de notables, que normalmente eran los más pudientes.

En el absolutismo, las grandes empresas solían ser patronazgo real. Precisamente en esta época vemos lo que la empresa es capaz de hacer sin regulaciones, como el tráfico de esclavos.

En el colonialismo más de lo mismo, creando normas ex profeso para mantener privilegios a una parte de la sociedad, incluyendo las compañías comerciales amparadas por la corona.

Nunca, nunca, el poder político ha estado desligado del económico. Ni siquiera cuando la usura estaba prohibida.

Se podrá discutir la idoneidad de un modelo u otro. Pero de entrada hay que tener claro que cualquier diferencia de rentas que exceda cierta proporción (en Suecia suele ser de 1 a 7, en España de 1 a 200), tiene como consecuencia un poder político, aunque este no esté respaldado por cargo público alguno. Y a la inversa, un poder político siempre tiene su traducción económica. Y esto es especialmente cierto en nuestros días, en los que la monetización de la economía permite hacer muchas más cosas con dinero que, pongamos por ejemplo, en tiempos de los mayas, con todo su oro.

Colegio con que la aplicación de “eso” que llaman socialismo no ha servido para demostrar nada más que hay que andar con cuidado con las atribuciones que se arroga el aparato estatal. Pero eso no debe hacernos perder de vista que la finalidad última de la vida no es crear riqueza, si no vivirla. Del mismo modo el estado no ha de ser entendido como un agente económico cuya perentoria necesidad de superávit lo equipare a cualquier empresa privada. Como tampoco hay que creerse que la libre concurrencia da como resultado el mejor servicio al consumidor. Un ejemplo, la sanidad yanqui, en la que colisionan los intereses encontrados de empresas y consumidores.

Es difícil encontrar una ecuación que favorezca el desarrollo de iniciativas individuales y colectivas, al tiempo que se garantizan unos derechos mínimos. Un ejemplo de las contradicciones de nuestro sistema capitalista es el energúmeno legal llamado ACTA (http://es.wikipedia.org/wiki/Anti-Counterfeiting_Trade_Agreement). Puesto que desde una óptica liberal es una herramienta intrusiva en la vida privada de las personas y un intento de proteger intereses corporativos.

Resumiendo, el problema no es tanto ideológico como el de la realidad factual. El socialismo ha llegado a nuestros días como una sombra de lo que pudo haber sido. Se puede discutir acerca de si tratar de establecer un modelo de sociedad es perjudicial, tal como intentaron las izquierdas hegelianas. Pero no se puede pretender quitarle una pata a una mesa sin proponer otro sustento. De lo que estoy convencido es de que cualquier propósito para mejorar la vida del ciudadano es una cuestión política. En este sentido, sería deseable que las empresas se implicaran a fondo ampliado su cómputo de inputs al mero ejercicio contable. Incluyendo el bienestar de sus miembros así como los efectos de su actividad en el medio ambiente. Esto supondría una revolución no sólo económica, también social. Pero como de momento esto no tiene visos de suceder, es necesario establecer un marco legal, a veces coercitivo, que impida que se oprima a los individuos.

Es aquí dónde el socialismo hace acto de presencia, aunque haya fracasado estrepitosamente. El ejemplo más esperpéntico es China, que suma lo peor del capitalismo feroz y de la dictadura política. ¿Es éste el modelo a seguir? No, y mil veces no. En todo caso, es en el campo de la política, del estado, dónde se ha de empezar a hacer limpieza. Un estado corrupto como España no garantiza esa ecuanimidad, ni si quiera la libre competencia. Es una cuestión de madurez ética, de principios. Sin ellos no hay fórmula que valga y alguien ha de asumir ese rol. Si no lo hace la empresa, lo tendrá que hacer el estado, y si el estado tampoco lo hace… entonces pasa lo que pasa en Túnez.

Se lo voy a decir claro, sin preámbulos. Si usted es uno de los que está comprando yenes, es un hijo de puta sin paliativos. Se me podrá acusar de emprender cada nuevo post con una idea preformada. Pero los hechos tienen una tendencia contumaz a demostrar que es cierto, que los que manejan capitales tienen mucho dinero pero sus escrúpulos en muchos casos se acercan al cero absoluto.

Por si no tenían bastantes problemas los nipones, tras los terremotos, el tsunami y las centrales nucleares al rojo vivo, ahora resulta que los misteriosos mercados han encontrado una manera de rentabilizar el desastre, que no es otro que comprando masivamente yenes para forzar su alza, a pesar de que el índice de referencia de la bolsa japonesa, el Nikkei, no hace más que bajar y de que el gobierno ha inyectado al mercado más de 20.000 millones de euros en moneda para evitar precisamente estos problemas.

Recordemos que la economía japonesa se asemeja a la alemana, en la que el sector exportador es crucial. Luego no es difícil llegar a la conclusión de que la especulación con yenes no hace más que agravar sus problemas económicos. Por ejemplo, las pérdidas a causa del seísmo y sus réplicas, además del tsunami se cifra en el 2% del PIB japonés.

Está todo dicho, mientras la gente de la calle se dedica a ayudar con sus donativos a los damnificados, otros se dedican a ver que tajada se puede sacar. Si esto no es un retrato de lo “mal” que se portan los mercados, que alguien se atreva a rebatírmelo.

El gobernador de Wisconsin, Scott Walker

En Estados Unidos parece que algo se mueve y desde hace cuatro semanas han empezado unas protestas en el estado de Wisconsin a raíz de los planes del gobernador, Scott Walker, de eliminar en la práctica el poder de los sindicatos de empleados públicos. Entre otras medidas propone la supresión de la negociación colectiva o ciertas ventajas como seguros médicos. Un relato de lo acaecido aquí.

En estas semanas, las protestas han ido in crescendo, y ahora mismo han centrado la atención de los medios norteamericanos, polarizándose las posiciones básicamente entre los pro-Walker y los anti-Walker. Las medidas que promueve el gobernador van encaminadas a reducir el déficit del estado, afectado por la crisis económica. Pero estas medidas contrastan con otras que reducen notablemente los ingresos al condonar pagos a grandes empresas tal y como apunta este excelente análisis.

Así, republicanos y conservadores del Tea Party apoyan al gobernador, advirtiendo de la importancia de esta batalla en la que se materializa la tesis neoliberal de que hay que reducir el peso del estado. Mientras que los demócratas apoyan las protestas arguyendo que hay otras maneras de reducir el déficit. En el fondo, me parece a mí, que se ejemplifica como nunca la pugna de clases por mantener su statu quo. Ríanse si quieren, pero estas protestas ya se están contagiando a otros estados. Así que en realidad esto no acaba más que empezar.

Mi crítica a proyectos de ley como este es que no van acompañados de sincera preocupación por el bienestar de los ciudadanos. Efectivamente hay alternativas, que no son fáciles, pero que tarde o temprano habrá que tomar, si de verdad se quiere una democracia saneada. Aumentar la carga impositiva sobre las rentas más bajas, recortarles servicios tan vitales como la sanidad o la educación, son retrocesos de la civilización sin apelación posible. En este sentido el programa liberal convierte al mundo en poco más que un negocio, chantajeando por doquier con deslocalizaciones, empleando el dinero para financiar voces sin autoridad moral, tratando de eliminar resistencias como el sindicalismo. Es la mejor receta para conducirnos a una desestabilización como la que se vive en las naciones árabes.

Por supuesto que no me gusta el hecho de que un empleado público disfrute de privilegios que el empleado en el sector privado no tiene. Pero esta lógica de las tijeras nos lleva al paradigma chino. En el que la falta de libertad, así como una política económica liberal, combinadas, han permitido que los grandes negocios prosperen en detrimento de sus feudos en las naciones occidentales. Así que en realidad ese es el futuro que nos espera, si se permite que personas como el gobernador Walker dobleguen las voces que no están contentas con el cambio.

Lo cierto es que el PIB mundial está en estos momentos creciendo. Eso quiere decir que en realidad hay más riqueza hoy que ayer. Pero hay una obstinada resolución por parte de los reaccionarios de hacernos pagar a los ciudadanos por los errores que cometieron algunos. Una cerrazón a admitir que el liberalismo ha fracasado en sus intentos de mostrar como benigno el laissez faire en los aspectos más importantes de los servicios a los ciudadanos: sanidad, educación, vivienda, información, energía. Por que la consecuencia final de facto es la concentración empresarial en oligopolios, que son el talón de Aquiles de nuestras democracias, a las que socavan constantemente con sus insidias. Ayudadas por administraciones corruptas, que en el caso español, no dudan en contravenir a sus ciudadanos con el fin de mantener privilegios y de obtener beneficios a cambio.

No me parece mal que se apele a un consumo responsable. Pero sí que me parece irresponsable pedir que los ciudadanos se aprieten más el cinturón mientras unos cuantos viven a cuerpo de rey gracias a ello. Así se harán negocios, se sanearán cuentas, pero así también se plantan las semillas para un cambio en nuestras democracias.

España sigue batiendo récords de paro en Europa. 4,3 millones de desempleados arroja el mes de febrero. Una cifra que dice el gobierno que crece más despacio, pero que sin embargo no deja de crecer.

Por más que se reducen prestaciones sociales y derechos las cifras presentan una resistencia contumaz a los positivos. Los únicos que parecen disfrutar de esos positivos son grandes empresas, como las entidades bancarias, que presentan espléndidos números de beneficios y de dividendos para sus cúpulas. Aunque yo pongo en duda esas cifras, que como en tiempos pasados, puede que no sea más que maquillaje para ocultar la sífilis.

Llega un punto en el que uno ya no sabe si merece la pena seguir el rastro de este via crucis de la política económica, vaya, la política, que parece que es incapaz de enderezar la situación. Las contradicciones entre la teoría y la praxis en el campo específico de la macroeconomía, pero también en nuestro día a día ponen en entredicho, al menos para mí, la autoridad del poder público y de los poderes económicos.

El ejemplo más patente es que los economistas andan a la greña acerca de si es conveniente la política de recortes. En un grupo podríamos encuadrar a los neokeynesianos. Piden manga ancha para endeudarse para engrasar la economía. Aquí el estado tiene un papel importante, de manera que con un Plan E, pero en mayúsculas, se podría poner en marcha la adormecida economía española. En otro están los monetaristas neoliberales, que siguen los postulados de Milton Friedman. Piden precisamente lo contrario. El estado debe menguar su papel, especialmente como regulador del interés del dinero mediante los bancos centrales. También abogan por las medidas de austeridad que estamos padeciendo actualmente.

Las preguntas que me asaltan son para cada una de las partes. A los keynesianos les preguntaría si se puede permitir un endeudamiento ilimitado. España no tiene una deuda pública muy abultada. Pero a la vista de las maniobras del sector privado, especialmente del financiero, me pregunto como de fea debe de ser la deuda privada que con planes como el reflote de las cajas se ponga en duda la capacidad de absorber esa deuda. Y no hablemos de los EEUU, dónde parece que le han pillado el gusto a eso de endeudarse hasta las cejas. Da igual que manden republicanos o demócratas. Un repaso a los años recientes convence a cualquiera que en realidad allí se ha hecho cualquier cosa menos contención o racionalización.

A los monetaristas les preguntaría cómo se puede esperar a la creación de empleo si con sus medidas lo primero que pasa es que se deprime aún más la economía. Especialmente ante un panorama de estaflación como el actual. Dónde estaban cuando se rescató a los bancos. Cuando es bien sabido que una de las reglas del liberalismo es no ayudar a los procesos ineficientes. Vaya, si evaporar los ahorros de millones de inversionistas no es ineficiente, que venga el santo que usted prefiera y lo vea.

Entre unos y otros, y la casa sin barrer. Alguien ha escrito en la red (siento no tener el link) que lo de crear un banco malo con los valores tóxicos de la banca estaría bien, a condición de que se enviase allí también a los directivos tóxicos. En fin, ese banco tendría más directivos que soldados rasos. Siento la conspiranoia en la nuca. Me da la impresión de que en realidad lo que hay es miedo a los cambios drásticos. A una desestabilización social. Y muy especialmente, hay miedo de perder prerrogativas para quienes ahora mismo las detentan. Como en el Titanic, los de primera clase han ocupado las chalupas, y desde esa seguridad dan instrucciones a los de tercera, nosotros, sobre como gobernar la nave mientras se hunde.

Las medidas neoliberales quizás sí que salven a algunas empresas. Pero si examinamos el conjunto de la sociedad vemos que esas bondades no llegarán necesariamente a la tercera clase. Es decir, que los buenos datos macroeconómicos no tienen por qué reflejarse en una mejoría de las economías domésticas.

En este estupendo artículo Paul Krugman entre otras cosas dice esto: En la reseña de 1965 sobre Monetary history, de Friedman y Schwartz, el fallecido premio Nobel James Tobin acusaba levemente a los autores de ir demasiado lejos. “Considérense las siguientes tres proposiciones”, escribía. “El dinero no importa. Sí que importa. El dinero es lo único que importa. Es demasiado fácil deslizarse de la segunda proposición a la tercera”. Y añadía que “en su celo y euforia”, eso es lo que muy a menudo hacían Friedman y sus seguidores.

Efectivamente, si el dinero es lo único que importa yo no me haría muchas ilusiones si usted es un parado de veinte o de cincuenta años. Por que en realidad para los abanderados del neoliberalismo usted no importa. La cosa cambiaría, claro está, si tuviese dinero. Pero por el dinero en sí, no por usted como persona, esta es la cruda realidad.

Las pretendidas bondades de la empresa privada ya las he cuestionado en posts anteriores, poniendo como ejemplo más flagrantes la desastrosa sanidad estadounidense, que sin ser la mejor es exponencialmente la más cara. O el corporativismo de ciertos estratégicos, como la energía o las telecomunicaciones, pactando precios en detrimento del consumidor. Precisamente empresas que no hace mucho eran públicas y que ahora, en plena crisis, colaboran aumentando aún más la presión sobre nuestros bolsillos.

Claro está, que la gestión pública no se queda a la zaga. Promoviendo incentivos a empresas privadas que no benefician a nadie, más que los empresarios agraciados. Encuadrando en puestos privilegiados a los allegados del administrador de turno. Pero el pato lo terminan pagando funcionarios, autónomos, PYMES y asalariados… vaya, la tercera clase.

Cuantas veces hemos oído esta frase, muchas veces en boca de personas experimentadas, especialmente en las estrecheces de la posguerra.

Pues para que no se diga que no colaboro con la causa común, aquí os dejo una oferta laboral. Especialmente dedicada a los recién licenciados en ciencias de la información.

Si no se ha acobardado, aquí el link.

La economía es un circo, que pide contorsionistas con mucha flexibilidad… En Wall Street o en Frankfurt, pero también en Madrid, el contorsionismo asiático hace furor. La flexibilidad de los empleados orientales es prodigiosa, tiene a nuestros inversores totalmente hipnotizados. Son capaces de trabajar doce horas sin apenas descanso, de hecho, a veces se traen a los niños a la fábrica pues estos no pueden quedarse solos en casa y de paso van aprendiendo los pormenores del oficio de los papás. E incluso se pueden habilitar barracones aledaños para pasar la noche, pues con tanto trabajo no se puede uno permitir el lujo de irse muy lejos.

Este es el modelo a seguir, dicen todos. El problema es que hay algunos que no son nada flexibles. Como en España, que por más que uno echa a la puta calle a los viejos que apenas llegan a las puntas de los pies, resulta que no hay nadie que sea capaz de hacer lo mismo que uno de esos asiáticos, y así nos va. Al menos en Alemania se inventan piruetas nuevas, al estilo Cirque du Soleil. Esos sí que saben, los cabrones.

En estos tiempos de crisis, se ha puesto en duda la eficacia del modelo de bienestar europeo por no ser competitivo. En una economía globalizada, el ascenso de países que parten de condiciones muy competitivas, como China, India o Brasil, obliga a Europa a adoptar alguna estrategia que no la deje marginada en términos económicos.

En estos momentos la postura predominante es la neoliberal, que apuesta por una mejora de la productividad y la competitividad. Mejorar la productividad significa que cada hora de trabajo, el tiempo invertido en proporcionar un servicio o un producto, ha de redundar en un mayor beneficio. La competitividad atañe simplemente al coste para obtener dicho servicio o producto.

Para lo economistas liberales, la primera medida que viene a la cabeza es la reducción de los salarios, que redunda inmediatamente en una mejora de la competitvidad. Que en el fondo, es lo que más preocupa a las empresas en Europa. La argumentación es que se necesita un sacrificio primero para permitir disfrutar después de los réditos al desbancar a la competencia. Lo que ocurre es que Europa, acostumbrada a su alto nivel de vida, parece que está poco dispuesta a sacrificarse por tal finalidad.

Una de las fundamentales críticas neoliberales a la socialdemocracia es que el modelo de redistribución forzada de la riqueza, vía intrusión del estado en la esfera económica repercute negativamente en la consecución de los objetivos de competitividad y productividad. Se podría resumir en que lo que proponen las izquierdas es un “reparto de la pobreza”.

Siguiendo esta lógica, se propone una reducción del peso del estado en términos económicos. Es decir, adelgazarlo para que también se relaje la fiscalidad, atrayendo inversiones y estimulando la iniciativa privada. ¿Pero esto es exactamente así?

Habría que matizar muy mucho estas afirmaciones. Para empezar porque esta situación se debe a que en un mundo con diversas naciones pugnando por la riqueza, y en el que las relaciones son planetarias, se ha establecido una carrera para resituarse en ventaja frente a los demás en vistas a una futura salida de la crisis. Esta fue la apuesta de Alemania, cuando se adoptaron medidas de rigor presupuestario, de contención del gasto público y de la mejora de la competitividad reduciendo sueldos, y de la productividad, invirtiendo en I+D.

La cuestión es que evidentemente no todas las naciones, ni siquiera los lands alemanes son uniformes. Algunas naciones están del todo imposibilitadas para obtener resultados en esta dirección, simplemente por que no reunen los requisitos para ello. Las recetas neoliberales, de hecho, condenan a los más desfavorecidos a condiciones infrahumanas, ya que entre otras cosas permiten intercambios comerciales totalmente desventajosos para una de las partes. Frecuentemente con el apoyo de regímenes totalitarios que son subvencionados a tal fin.

El estallido de la crisis en 2008 puso de relieve que sin mecanismos de control la economía neoliberal trasciende cualquier lógica o ética, poniendo en peligro a la estructura en toda su extensión. Pero hay que tener en cuenta el papel de los estados en esta crisis, que en general favorecieron actividades fraudulentas y que a día de hoy siguen sin proponer un escenario de estabilidad a largo plazo.

La socialdemocracia frente al espejo

La debacle socialdemócrata en occidente hay que interpretarla desde su incapacidad de conjugar el estímulo económico al tiempo que la cohesión social. Es un dilema en el que se ha visto atrapada pues desde un punto de vista capitalista liberal la competitividad pasa necesariamente por la contracción salarial. El problema es generalizable a casi toda Europa, pero en España esta realidad tiene además un componente explosivo debido a una alarmante tasa de paro y de economía sumergida.

El PSOE está ahora mismo implantando medidas que se pueden equiparar a las de cualquier gobierno conservador del entorno. En este sentido, parece que se aceptan las tesis neoliberales sobre cómo afrontar los peligros de la crisis.

La crítica que hago yo a esta postura es que la contención salarial efectivamente mejorará la competitividad, pero que estructuralmente no significa ningún cambio substancial en lo que se refiere a la estabilidad económica a largo plazo. Algunos de los países avanzados que mejor están soportando la crisis lo han conseguido con medidas de este tipo, sí, pero también con una mejora de la productividad y de la innovación tecnológica. Campos en los que todavía pueden presentar batalla a la competencia. Pero que en todo caso la tónica es la de ir degradando las condiciones del ciudadano medio para no perder comba en esta frenética carrera que creo que no lleva a ninguna parte.

En el mercado internacional se producen numerosos intercambios en los que desde unas naciones se compran bienes y servicios a otras. Las diferencias competitivas entre unas y otras determina qué naciones tienen superavit y qué naciones tienen déficit. Por el momento, no se me ocurre cómo todas y cada una de las partes pueden tener superavit. A las naciones que tienen superavit se las puede en general englobar en un grupo que llamaremos de exportadores. Entre los que destacan China, Japón y Alemania. El caso norteamericano es diferente pues desde hace tiempo abandonó el superavit y se financia de otra manera, que en pocas palabras se podría definir imponiendo su masa económica e importancia política como condicionante en las relaciones internacionales.

La pugna de los grupos geopolíticos por la competitividad

Justamente, Estados Unidos, China y Europa son los polos geopolíticos de la nueva realidad económica. Por su volumen e importancia determinan el camino de toda la humanidad. Aunque el clima en general es relativamente bueno, no hay que olvidar que hay movimientos en cada bando para tratar de mantener o aumentar sus ventajas en el mundo. Pero de lo que no cabe duda de que ha sido el creciente papel de China el que está marcando la agenda económica. Precisamente a causa de su gran competitividad, basada en unas condiciones laborales que a día de hoy resultan intolerables para la mayoría de europeos. Ese es el modelo que se pretende combatir y en muchos casos tratando de emular, en especial en lo que atañe a la contención salarial. Dicho de otro modo, se pretende crear riqueza quitándosela a quien la tiene en una cierta medida. Lo que podríamos identificar como las clases medias occidentales.

A pesar de que he mencionado que naciones como Alemania, o Japón, apuestan por la innovación tecnológica como herramienta para mantener su atractivo, lo cierto es que poco a poco China va asumiendo cuotas de mercado que antiguamente estaban reservadas al resto de naciones avanzadas. En este sentido me pregunto, si a la larga, eso no significa que en occidente la carrera por la competitividad nos va a llevar a asumir las condiciones laborales de China. Y de si estas se podrán implementar pacíficamente o las resistencias generadas van a suponer un peligro real de desestabilización.

En todo caso me gustaría recalcar que el papel de exportadoras netas no puede ser asumido por todas las partes. Alguna ha de consumir más de lo que produce para que el sistema funcione. Esto es especialmente importante para con los polos económicos, ya que retirando el estímulo del consumo en todos ellos vía contención, la lógica me dice que eso significará una menor actividad y por tanto creciemiento tanto en el consumo como en la actividad.

Precisamente algunos economistas argumentan que la carrera por la competitividad puede llevar a una contracción global de la economía. Desde un punto de vista ecológico esto es totalmente deseable, y nadie debería asustarse si existiesen mecanismos compensatorios para prevenir que la contracción no perjudica en exceso a la población.

La falacia de la creación de riqueza

Pero lo cierto es que estos mecanismos son muy desiguales dependiendo de que nación estemos hablando. Es más, la necesidad de ser competitivos está en estos momentos reduciendolos en casi todo el planeta. Si bien es cierto que la actividad económica estimula la creación de productos y servicios para la población, la realidad es que estos solamente son disfrutados por una fracción de la misma. En este sentido no me tiembla la mano al afirmar que el sistema funciona, pero de forma injusta y nada equitativa.

Existe la concepción de que es el sector privado el que crea riqueza, idea que sustenta la argumentación para reducir la legislación económica y el papel de los estados. Pero los hechos creo que evidencian que esto es una falacia. Primera y fundamentalmente por que presupone que la actividad privada beneficia a todos. Lo que es una verdad a medias. La actividad privada en general beneficia a unos en detrimento de otros. Esto se ve claramente en cómo se interpreta el juego de la bolsa, en donde el objetivo único es el de la rentabilidad económica, siendo esta posible creando o no riqueza. El extremo de esta afirmación es la especulación, en el que una parte obtiene pingües beneficios sin aportar absolutamente nada a la creación de dicha riqueza, por ejemplo cuando existe una escasez de un bien concreto. Una circunstancia que más adelante señalaré como uno de los peligros reales para que el edificio capitalista se desmorone por completo.

Un ejemplo palmario es el de los planes de salud o de jubilación privados, que a día de hoy demuestran ser totalmente ineficientes, ya que el objetivo de las empresas que los gestionan no es el de dar un mejor servicio, si no de proporcionar réditos económicos a los gestores de dichos fondos. Es un contrasentido que nos explicó a la perfección Michael Moore en su documental Sicko (2007).  Precisamente y atendiendo a datos tan básicos como el de la esperanza de vida, veremos que es prácticamente idéntica en naciones tan dispares como E.E.U.U. y Cuba, mientras que el gasto sanitario por habitante del primero es exponencialmente mayor en el segundo.

¿Significa esto que en los E.E.U.U. se vive mejor? Contrastando otros datos vemos que aunque E.E.U.U. gasta el doble en sanidad que la mayoría de naciones de la OCDE resulta que en realidad hay razones objetivas para pensar que no, que todo lo contrario. Por lo tanto, las conclusiones a las que llego son que el sector privado genera beneficios, pero no necesariamente riqueza, y que desde luego, vivir en un entorno contaminado y estresante mata más aunque nos atiborremos a pastillas.

La falacia de la competitividad

Hace unos días leí en algún lugar la reflexión de un bloguero acerca del absurdo que resulta que en occidente el modelo capitalista que propugna la libre competencia como medio para opimizar bienes y servicios. Puso un ejemplo de cómo a lo que asistimos es a una concentración empresarial que nos lleva a retratos grotescos, como el que muchos compremos los mismos muebles en Ikea, bebamos Coca-Cola o compremos la ropa en Zara.

Por supuesto que en estas elecciones hay que valorar aspectos psicológicos como el estatus social así como la objetividad de los precios y calidad de productos. Pero esa no puede ser la unica explicación para que en el panorama actual la importancia de las multinacionales está empezando a ser cuando menos inquietante ya que apenas 200 empresas aglutinan el 26% del PIB del planeta… 200 empresas.

Como se puede intuir ha habido un crecimiento espectacular en el número de transnacionales que operan en el este asiático. Pero este crecimiento no solamente se debe a la propia iniciativa de China o Corea, si no que se observa una importantísima presencia de inversores extranjeros, principalmente de Europa y Estados Unidos. Dicho de otro modo, el dinero de las ganacias no se reinvierte en los países occidentales, si no que lógicamente buscan la rentabilidad que proporciona el mercado asiático. Es cierto que esto a permitido a China crecer y que ha mejorado la calidad de vida de sus ciudadanos. La pregunta que me hago es si este crecimiento espectacular se corresponde con la mejora real de la vida de un trabajador.

En la mente de todo empresario hay dos máximas o leyes a las que se subyugan el resto de consideraciones. Aumentar beneficios y reducir costes. La explosión de la economía asiática obedece en todo a estas afirmaciones. Y no puede pasar desapercibido para nadie que actualmente se están produciendo cambios en el seno de las grandes corporaciones en la búsqueda de mejores condiciones para su producción o su fiscalidad. Aspectos ambos que pasaré a examinar en el siguiente post.

 

Voy a reproducir íntegramente un artículo del economista experto en pensiones Vicenç Navarro. En él se critica que tras el impulso al recorte en materia de pensiones no existe un rigor científico y sí un interés económico con tintes netamente conservadores.

EL DOGMA NEOLIBERAL Y LAS PENSIONES

Estamos viendo una avalancha mediática por parte del establishment financiero que tiene como objetivo convencer a la ciudadanía española de que existe un consenso entre los expertos de que hay que retrasar obligatoriamente la edad de jubilación en España, utilizando argumentos que se presentan como científicos, cuando en realidad son profundamente ideológicos, lo cual es fácil de demostrar.

Si el debate que se está realizando sobre las pensiones fuera un debate científico, la dinámica del mismo sería distinta. En un debate científico, si un autor presenta datos que nieguen la validez de los que han sido utilizados por otros autores en defensa de sus tesis, estos autores, en su continua defensa de sus argumentos, no pueden ignorar estos nuevos datos aportados por sus críticos. Tienen que cambiarlos o responder a sus críticas indicado su desacuerdo. De no hacerlo así, correrá el riesgo de perder su credibilidad. Es así como la ciencia se construye. Aparecen tesis y contratesis que deben contrastarse para ver su validez científica. Pues bien, esto no está ocurriendo en el debate sobre las pensiones.

Los autores que sostienen la necesidad de retrasar obligatoriamente la edad de jubilación continúan utilizando datos para apoyar sus tesis de inviabilidad del sistema de pensiones públicas españolas, a pesar de que otros autores han demostrado la falsedad de tales datos. La primera voz que utilizó datos erróneos para justificar el retraso obligatorio de la edad de jubilación fue la Comisión Europea en su informe sobre las pensiones en España. En tal informe se escribía que “las pensiones pasarán de representar un 8.4% del PIB en el año 2007 a un 15.2% del PIB en el año 2060, lo cual convierte el sistema público de pensiones en insostenible”. Esta postura, utilizando la misma narrativa y los mismos datos, ha sido reproducida por el Banco de España, por los informes del BBVA y del Banco de Santander, por la Fundación de las Cajas de Ahorro, por el manifiesto de los 100 economistas patrocinado por Fedea (la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, financiada por los mayores bancos y grandes empresas de España) y últimamente por la OCDE.

Todas estas instituciones no son instituciones científicas sino instituciones financieras o próximas a la banca y al mundo de las grandes empresas. Tienen un enorme poder en configurar la sabiduría convencional económica del país, la cual promueven a través de fundaciones, revistas académicas, prensa diaria, y otros medios. Establecen así la ortodoxia económica, con su propia Inquisición, que margina o ignora a las voces críticas que no comulgan con su ideario neoliberal. (Por cierto, acaba de estrenarse un excelente documental en EEUU, “Inside Job”, sobre como se generó la crisis financiera en EEUU, mostrando el papel clave que la banca jugó en establecer la ortodoxia neoliberal que llevó al desastre. El documental también muestra como los departamentos de economía y escuelas de negocio de las universidades estadounidenses más conocidas crearon tal ortodoxia, analizando las conexiones de estos centros universitarios con el mundo financiero. Un tanto igual podría escribirse sobre las conexiones entre el mundo universitario y las instituciones financieras y empresariales en la creación del argumento de la insostenibilidad del sistema de pensiones públicas en la Unión Europea, incluyendo España).

Esta observación no quiere decir que todos los que utilicen aquel argumento y aquellos datos de insostenibilidad sean neoliberales o estén defendiendo los intereses del mundo financiero. En realidad, como firmas del manifiesto de los 100, hay economistas que no encajan dentro del ideario neoliberal. Y el propio Ministro de Trabajo, el Sr. Valeriano Gómez, en respuesta a una pregunta de una periodista de El País (12.12.10), la cual le preguntó si el aumento de la productividad no invalidaba el argumento de insostenibilidad, el Ministro respondió que incluso si la productividad aumentara un 2 o un 2.5% por año, el sistema de pensiones públicas sería insostenible en el 2050, pues tales pensiones absorberían el 15% del PIB, una cifra, según él, inviable. Y pocos días después, un economista de credenciales progresistas, el Catedrático de Hacienda Pública Ignacio Zubiri, acentuaba el mismo argumento, con parecidas cifras. El hecho de que incluso tales autores reproduzcan estos datos y argumentos muestra el grado de dominio de tal pensamiento en la cultura económica del país.

El que existan también personas progresistas no neoliberales que sostengan aquellas tesis de inviabilidad, se presenta como el “consenso” entre expertos. Pero se ignora deliberada y maliciosamente, que hay muchas voces críticas de la supuesta inviabilidad de la Seguridad Social. Autores como Dean Baker, co-director del Center for Economic and Policy Research de Washington, y el Premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz, en EEUU, y el Catedrático de Economía Juan Torres y yo (entre otros) en España hemos criticado tales argumentos, documentando el error de los supuestos que cuestionan la insolvencia de la Seguridad Social. En el caso español, he mostrado como las pensiones pueden representar un 15% del PIB en 2060 y no ser ningún problema. Y he explicado porque esto no es un problema.

Lo hago ahora de nuevo.

Si la productividad laboral creciera un 1.5% por año (una cifra razonable), esto querría decir que en el año 2060 el PIB sería 2.20 veces mayor que ahora, cifra que se calcula elevando el 1.5% a la 53 potencia (2060-2007= 53 años). Esto quiere decir que si el PIB fuera 100 en el año 2007, en el año 2060 serían 220 unidades. Naturalmente que el PIB en 2060 será mucho mayor que 2.20 veces que ahora, debido predominantemente a la inflación. Pero es importante comparar manzanas con manzanas y no con peras. Es decir, que cuando digo 2.20 veces mayor, estoy utilizando monedas con la misma capacidad de compra. O sea que el PIB de 2060 que utilizo es el que España tendría descontando la inflación.
Pues bien, en el año 2007 nos gastábamos 8 unidades en pensionistas y 92 en no pensionistas. Y en el año 2060 nos gastaríamos el 15% de 220, es decir, 33, en pensionistas y para los no pensionistas 220-33=187.

Resultado del incremento de la productividad, habrá más recursos para los pensionistas y para los no pensionistas. En realidad, hace cincuenta años nos gastábamos en España menos de la mitad que ahora en pensiones públicas, y aún cuando el porcentaje del PIB en pensiones se ha más que doblado, ello no ha implicado que haya menos recursos para los no pensionistas. Si ustedes leen las hemerotecas de hace cincuenta años, verán que se utilizaban los mismos argumentos que se utilizan ahora por los catastrofistas.

EL SILENCIO ANTE LAS CRÍTICAS

Frente a estos datos, los que sostienen la tesis de inviabilidad del sistema de pensiones público (en el caso de que sus argumentos fueran científicos) debieran responder y decir porque estos datos no invalidan sus tesis. Lo que no pueden hacer (repito, si es que se consideran científicos) es ignorarlos y continuar repitiendo como papagayos las mismas tesis y utilizando los mismos datos, tal como están haciendo. Y ahí está la prueba de que no son científicos, sino ideólogos, lo cual aparece incluso más claramente cuando ignoran y nunca citan los trabajos y los datos de los autores que muestran sus falacias o errores.

Los datos que he mostrado se han publicado en muchos forums, tanto en revistas científicas, como en diarios y prensa escrita. Pues bien, no han sido en su mayor parte contestados.

En un debate científico serio uno esperaría que los autores que utilizan aquellos datos catastróficos cuestionaran varios supuestos de mis tesis.
Uno, por ejemplo, podría ser el de estar en desacuerdo en que la economía española pudiera crecer un 1.5% por año. Me parecería un debate productivo y relevante. ¿Cuánto puede aumentar la productividad en España, y cómo aumentarla? ¿Y cómo ello afectaría los recursos futuros para sostener la Seguridad Social? Otro debate podría ser como el impacto de la entrada de la mujer en el mercado laboral podría afectar las cifras que se utilizan para analizar el incremento de la riqueza y, por lo tanto, los recursos de 2060. Y muchos otros temas.

Sin embargo, ha habido un silencio ensordecedor sobre estos temas (excepto un grito histriónico de un portavoz del manifiesto de los 100 economistas negando que la productividad crecerá en España, lo cual, de ser cierto –que no lo es- sería un problema gravísimo, mucho mayor que el de la sostenibilidad de las pensiones). Y ahí es donde se muestra el carácter ideológico de tales argumentos. Presentar a organizaciones de conocida orientación neoliberal, como la OCDE, la Comisión Europea, o Fedea (todas ellas instituciones que tienen escasa credibilidad científica) como instituciones que gozan de credibilidad científica es equivalente a señalar que el Vaticano y sus argumentos en contra de la utilización de preservativos (como medida protectora contra el SIDA) tiene credibilidad científica. En todos estos casos la motivación de sus argumentos es la fe (católica) en el caso de la Iglesia, y neoliberal en el caso de aquellas instituciones.

¿QUIÉNES SON LOS SUPUESTOS EXPERTOS?

Otro ejemplo de la campaña propagandística neoliberal es la presentación de economistas próximos a la Banca (tales como los analistas de Fedea) por parte de los medios de mayor difusión del país como “expertos en pensiones”, tal como hace El País en un análisis sobre las pensiones. Uno de tales expertos es José A. Herce, que ha ido profetizando el colapso de las pensiones, retrasando la fecha del colapso cada diez años. En 1995 predijo que la Seguridad Social tendría un déficit del 0.62% del PIB en el año 2000 y del 0,77% en el 2005. Un año más tarde, 1996, predijo que el déficit sería de 1.35% del PIB en el 2000, y del 1.80% en el 2005. En realidad, la Seguridad Social nunca tuvo déficit y continúa hoy teniendo superávit. Ello no frenó al Sr. Herce que, en su testimonio en el 2009 en la Comisión no permanente de seguimiento y evaluación de los acuerdos del Pacto de Toledo, aseguró a la Comisión que la Seguridad Social entraría en déficit en el año 2020. Aconsejo al lector que vea lo poco creíbles que han sido las predicciones de tal llamado “experto” y otros, detallado en el libro de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón, titulado ¿Están en peligro las pensiones públicas? Las preguntas que nos hacemos y las respuestas que siempre nos ocultan, distribuido por Attac.

Es sorprendente la relajación del rigor y excesiva tolerancia de algunos medios en la reproducción del dogma neoliberal. ¿Se figura usted que un médico errara sistemáticamente sus diagnósticos dañando al paciente como consecuencia de ello, y que continuara siendo presentado como un gran clínico? Pues esto es lo que está ocurriendo.

http://www.vnavarro.org/wp-content/uploads/2010/12/el-dogma-neoliberal-y-las-pensiones-28dic10.pdf

http://www.vnavarro.org/

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No me cabe duda de que asistimos a un embate de nuestros derechos adquiridos democráticamente. Las tesis neocon que propugnan la privatización en todos los órdenes no conduce a una mejora substancial de las condiciones de vida del ciudadano, más bien al contrario. Los graves problemas de las personas más desfavorecidas en naciones liberales como los EEUU o Reino Unido, en materia de trabajo o de salud deberían hacernos reflexionar.

En España la gravedad del asunto se amplifica por la cantidad de personas que tiene dificultad para encontrar empleo. Recortar los ya escasos apoyos a las capas de población desfavorecida va a suponer condenar a la pobreza a millones de personas. La reforma de las pensiones se ha hecho para recortar el déficit del estado y para allanar el camino al sector financiero para entrar en el negocio de las pensiones privadas. Unas pensiones que a día de hoy tienen una rentabilidad tan baja que ningún economista honrado se las recomendaría.

Así pues, de lo que aquí se trata no es de la viabilidad del sistema. Si no de que se está tratando de salir de esta crisis sacrificando a los más débiles. Es decir, que la crisis terminará, pero no para muchas familias cuyos ingresos no les permitirán disfrutar del “nuevo orden”.

Sin violencia, sin grandes aspavientos. De hecho apenas sin ruido, Islandia nos enseña el camino.

En octubre de 2008, los bancos islandeses Kaupthing, Glitnir y Landsbanki, quebraron a causa del estallido de la burbuja especulativa en los EEUU. La deuda total de los bancos islandeses sumaba el 700% del PIB, lo que a efectos prácticos significó una contracción del 7% en la economía, la pérdida de más del 50% del valor al cambio de la corona, una importante inflación y un aumento notable de parados. Esta quiebra afectó a numerosos inversores fuera de Islandia, por ejemplo clientes de Deutsche Bank y HSBC, por lo que se urgió a Islandia a empezar a hacer recortes al estilo griego para devolver los créditos.

Ante esta situación, ciudadanos armados con cacerolas, megáfonos y huevos salieron a la calle para impedir que se cargara sobre ellos el coste del mal negocio de los bancos. El gobierno cayó ante la protesta popular y una coaliación de la izquierda se hizo con el gobierno.

Aunque el estado se hizo con el control de los bancos, a diferencia de Irlanda, Grecia o España, en Islandia no se quiso socializar las pérdidas. Es decir que no se han tocado los pilares del tan manido “estado del bienestar”. Eso sí, en estos momentos los intereses al crédito están sobre el 15% y la inflación por las nubes. Un estupendo artículo nos explica como se vivió aquel derrumbe.

Hay que señalar que los islandeses decidieron en marzo de 2010 pagar la deuda sólo si esto era posible. Dicho de otra manera, mientras haya recesión no habrá pagos, entendiendo que esas deudas son privadas y no atañen al país. Por esta razón se amenazó desde los círculos financieros con aislar al país e impedir su acceso al crédito entre otras cosas. Reino Unido y Holanda, principales afectados por la quiebra, amenazaron con impedir la entrada de Islandia en Europa. Aunque yo me pregunto si en estos momentos los islandeses serán muy favorables a esto. Los EEUU, por su parte, también aplicaron presión a la diminuta república. Pero el resultado es que a día de hoy los mercados no han podido imponer su táctica de privatizar beneficios y socializar pérdidas.

Otro resultado de ese levantamiento pacífico es un proceso constituyente en el que los islandeses han designado por elección directa a una comisión de treinta personas. Esta comisión es la encargada de redactar una nueva constitución. El espíritu que previsiblemente impregnará esta nueva carta magna será el de la transparencia, la libertad de expresión y un marco legal que impida que los excesos de la avaricia de unos pocos arrastren a todo un país.

Dicho así parece un cuento de hadas, ¿verdad?. Pero no, esto esta sucediendo ahora. Islandia nos enseña el camino, pero el silencio se ha hecho alrededor de este pequeño país. Porque hay en juego mucho dinero, y se ha querido ignorar conscientemente esta historia que nos enseña que más allá de los negocios hay personas. El camino que ha tomado Islandia es el de la democracia, la libertad y la justicia, en el continente deberíamos tomar nota. Siempre se está a tiempo de cambiar de camino. ¿Lo veremos?

Trillo grito aquello de: !Viva Honduras!

Y yo digo: ¡Viva Islandia!