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Fuente: El País

“Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan. Entonces ganas”. Mahatma Gandhi.

Esta es una de las frases que están incendiando la red, especialmente Twitter, y que refleja el sentir de mucha gente que asiste entre perpleja e indignada a la importante divergencia entre las interpretaciones de lo que está aconteciendo en la calle. Es decir, entre la crítica a toda costa de lo que huela a antisistema y el apoyo que desde el propio Internet se le da a los indignados.

Huelga decir que nadie coherentemente está de acuerdo con las agresiones de ningún tipo. Pero hasta la fecha de hoy apenas puedo contar algunas salidas de tono puntuales, como acosar a Ruiz Gallardón (por cierto que por desconocidos y por razones que no me quedan muy claras) o pintarle la nuca a un conseller. En general, pero, las manifestaciones de descontento están siendo modélicas, especialmente teniendo en cuenta las circunstancias. Unas circunstancias que no van a mejorar, si no a empeorar por que así lo han querido políticos y banqueros.

Cuando ya en Alemania se habla abiertamente de que la crisis de deuda europea no tiene solución, en referencia a la evolución de las economías de los PIIGS, es que la cosa es grave. Lo divertido del caso, tristemente, es que mientras hubo bonanza no se tomaron medidas de austeridad en previsión de vacas flacas. Ahora que estas han llegado, resulta que se quiere imponer inútilmente esta austeridad que no beneficia a nadie más que a unos pocos. ¿Tan ineptos son los gobiernos y las instituciones económicas?

No entiendo por qué hay quién se pregunta todavía el porqué de la gente protestando en la calle. El fracaso de toda una generación de economistas y políticos es apabullante, y estos, lejos de tratar de enmendarse, sólo atinan a emplear los resortes del poder para tratar de acabar con la incipiente revolución en Europa. Hay muchos que acusan a los manifestantes de abusar de las libertades, de gritar y no dialogar. Pero la realidad es que no ofrecen ni siquiera un atisbo de complicidad o de confianza a los que están sufriendo injustamente en sus carnes los efectos de su ineptitud, cuando no de su mala fe. Algunos se han atrevido a adjetivar a los que protestan como hijos malcriados de la abundancia. Y ciertamente hasta ahora hemos tenido abundancia, pero no precisamente de valores, ni de justicia, ni de futuro.

Se tacha a los antisistema de totalitarios por que tratan de imponer sus condiciones a golpe de protesta, que la mayoría de ciudadanos, de españoles, han votado por otras salidas. Pero yo me pregunto si no estamos ante el error de muchos, que malinterpretan la realidad de las cosas por que son incapaces de mover su perspectiva. Por que dan por sentado que las opciones que se les presentan desde partidos y élites económicas son las más fiables. ¿Tan fiables cómo para que estemos, ahora y aquí, así?

Hurtando las perspectivas de un futuro mejor a los ciudadanos, los poderes están cavando la fosa de las instituciones a las que dicen servir y defender. Evidentemente que son malos tiempos, pero eso lo puede decir quién lo padece en sus carnes, no ellos. De la misma manera que no se le pueden exigir sacrificios a quién nada tiene a cambio de nada. Esto es la causa principal de la revolución francesa de 1789 y es lo que están cultivando las políticas neo liberales, el caos. No señalen a los manifestantes si no a quienes detentan las responsabilidades como causa de este caos.

Que en Grecia, en Italia, pero también en China, la gente salga a la calle quiere decir que hay un error en el sistema, y el sistema se empeña en hacernos creer que no.

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Últimamente se está discutiendo acerca de casi todos los aspectos que rigen la actividad política y la económica. Pero con como telón de fondo y denominador común la crisis. Una crisis que parece arreciará en 2011, y en la se juega nada menos que el futuro del euro, y por ende, el de la UE. Un aspecto importante de lo que acontece hoy en España es que el mundo tiene sus ojos escrutando la deriva del país. Como he dicho, está el futuro de Europa en juego. La caída de España en forma de rescate probablemente tendría repercusiones a escala global. Por esta razón hay que coger con pinzas y microscopio cada gesto, cada palabra que se proyecta en el ámbito público. Asimismo un servidor se pregunta qué parte de la historia es la que no vemos, que es lo que se nos oculta. Hay mucha incertidumbre, hay miedo.

Esta semana el tema de moda está siendo el modelo de estado. Aznar en unas declaraciones incendiarias señaló que el modelo autonómico es inviable, achacando a las comunidades autónoma (CCAA) el lastre del déficit presupuestario. Toma ya.

Algunos se han apresurado a recoger el guante. En Libertad Digital se apunta un posible regreso de Aznar a la palestra. Y no sería de extrañar,  pues no se explica de otra manera el problema que le ha creado a Rajoy con semejante afirmación. Recordemos que varias de las CCAA más endeudadas están gestionadas por el PP. La respuesta de estas ha sido claramente contraria a seguir las indicaciones de Aznar. Cosa perfectamente comprensible. Tenemos el ejemplo de Valencia. Con un presidente que a pesar de sus imputaciones sigue campeando a sus anchas. Con unos medios de comunicación totalmente domesticados, y lo que es más importante, con perspectivas de una reelección.

Para los partidarios de un refuerzo del poder central, vamos a llamarlos jacobinos, la admonición aznariana ha sido como una bendición para abrir la caja de pandora: El modelo de estado. Un modelo que hasta ahora sólo la más rancia derecha y algunos centralistas en la órbita (aplaudan) socialista se habían atrevido a cuestionar públicamente. El debate está servido.

Quizás esté de acuerdo en que el modelo es inviable. Pero las razones aducidas, duplicación de servicios, incompetencia de los administradores, etc., suelen quedarse cortas. Ya que, privatizaciones aparte, se pide que sean la CCAA autónomas quienes mayormente reduzcan su peso en la administración. Obviando, intencionadamente opino, el hecho que algunas de estas comunidades son entidades nacionales que no van a renunciar fácilmente a su cuota de autonomía. En todo caso sí resulta coherente que en el ideario neoliberal, tema del que hablo en este post, se abogue por un adelgazamiento del estado. ¿Pero y este ataque furibundo a las CCAA?

En realidad es un torpedo en la línea de flotación de la identidad nacional de Catalunya, Euskadi o Galicia. Y Aznar lo sabe. Es por esta razón que la sugerencia de volver a un modelo centralizado ha jaleado a las bases del PP. Ya que es bien conocido el éxito de la estrategia de que “la unidad de España se rompe” para movilizarlas.  Por contra, la cara triste, los barones regionales, están lógicamente disgustados y ya han negado públicamente su intención de ceder competencias. Aznar parece que nos está diciendo algo así: “Si mandara yo, aquí iban a cambiar muchas cosas, y todos a callar”.

En realidad, y dado el inequívoco carácter plurinacional del estado español, un modelo federal sería mejor que este café para todos de las autonomías. Mi inclinación personal pero, es el de la confederación. La Confederación Ibérica. Sé que suena extraño, pero este es realmente el encaje para todos los miembros del estado. Y posiblemente Portugal se adhiriese a la idea.

En una confederación sus miembros tienen rango de nación. Autonomía suficiente para decidir si quedarse o partir. Con amplias competencias respecto de su legislación, dejando para el poder central sólo algunas y de común acuerdo. Por ejemplo defensa o política exterior.

La insostenibilidad del estado español, paradójicamente, hay que buscarla en las condiciones que permitieron el crecimiento del gasto público. Es decir, en el tiempo de la burbuja económica. Que coincide básicamente, aunque no es una coincidencia, con las dos legislaturas de Aznar.

Dicha expansión del gasto siguió aumentando con la presidencia de Zapatero. Hasta que sobrevino el pinchazo económico. Las divergencias entre gasto público e ingresos, es decir el déficit,  se acentuó enormemente a partir de entonces. Exacerbado a causa del aumento de desempleados o la disminución de ingresos provenientes de la actividad inmobiliaria,  entre otros muchos factores. Visto así, sólo un milagro hubiese impedido el actual estado de cosas. Ya que ni bancos centrales, ni agencias de rating, ni las propias entidades financieras quisieron ver el humo del incendio. Resumiendo, combustión espontánea

Finalmente señalar que la sospecha de insolvencia bancaria, la corrupción,  así como el importante peso de la economía sumergida y de la evasión fiscal, son entre otros, factores que han suscitado no poca controversia. Y me atrevería a decir que parte de la desconfianza que ahora mismo España despierta en el mundo. En este sentido, las declaraciones de Aznar resultan como poco demagógicas, puesto que añaden más presión a una nación al borde de la intervención. Con las repercusiones que ya he indicado.

Adicionalmente, el rescate multimillonario de las entidades financieras, prestándoles dinero público a bajísimo interés, ha sido a su vez empleado para que estas mismas entidades compren deuda soberana a intereses mucho más altos. De manera que se ha establecido un ciclo diabólico en el que el perro muerde la mano que le da de comer.

La puntilla a este estado de cosas ha sido la marcha atrás del gobierno en la ley de transparencia. Hecho cuyas connotaciones van más allá del simple formalismo, o lavado de cara. Consagran una opacidad que es precisamente lo que pone tan nerviosos a los mercados y a algunos ciudadanos como yo. Y que afecta tanto a la administración pública, como a empresas. Muy inquietante es el papel de los bancos. Recordemos que en los stress-test del 2009, los bancos irlandeses superaron las pruebas cuando de hecho estaban a punto de quebrar.

La solución central aznariana parece obviar estas consideraciones y tirar por un atajo directo a las bases más reaccionarias del PP, y a los desafectos con la la periferia, que no olvidemos cuenta con muchos partidarios entre los votantes del PSOE.

La dicotomía izquierda-derecha, federalismo-centralismo no tiene necesariamente que formar parejas fijas. Pero parece que el golpe de timón de Aznar va a polarizar posturas. Tratando a la izquierda federalista como causa del los problemas de España. Extendiendo un tablero de juego en el que no caben medias tintas. Conmigo o contra mí. La España roja contra la España negra. En un maniqueísmo que va dejando cada vez menos oxígeno para otras propuestas, para otras ideas.

Por estas razones, no es casualidad que haya colocado una bandera neorepublicana en el encabezado. Pues empezamos a vernos cada vez más a un lado u otro de las trincheras, aunque estas sean más simbólicas que reales. Aunque la lucha se dirima ya no en las calles, si no en la red.

Lobo estepario // Jan 18, 2011 at 7:55 am

Amén.
Ya he tenido hoy ocasión de opinar acerca de lo feo que ha quedado eso de arrepentirse acerca de la ley de transparencia. Feo, y sospechoso. La sensación que me queda es algo así como que detrás de un escenario vacío se oye trastear entre bambalinas… ¿Qué coño estarán haciendo? Nada bueno, seguro.

Necesitamos un destape, como en la transición.

Esto de que ni el estado, ni las cajas de ahorros, ni los bancos, ni las inmobiliarias, ni los ejecutivos, ni… Vaya, que ni dios quiere enseñar las vergüenzas, los caprichos, las fugas y demás canalladas, dice mucho de un país, de sus gentes. Qué mierda de país.

En la localidad alicantina en la que me encuentro, ¿Saben qué dijo el alcalde cuando se subió el sueldo? Qué era importante para representar mejor la ciudad… Manda huevos.

También opiné en su momento acerca de mi postura para eliminar las diputaciones. Es de sentido común, pues el redimensionamiento territorial, con los avances en transporte y telecomunicaciones, creo que lo hacen más que factible, deseable (además de que dejaría sin placa a Fabra, el sheriff más malote de la península). No así con las CCAA, ese es un debate aparte, ya que implica algo más que la cuestión meramente administrativa.

Cualquiera con dos dedos de frente entiende esas implicaciones y sabe que precisamente en razón a ellas es por lo que se plantea el debate de las CCAA. Ya sabemos que no existen los santos, o si existen, por nuestras almas impuras no podemos verlos. Pero el papelón que llevan haciendo el PPSOE… desde que recuerdo, es patético, penoso. ¿Como se puede estar jugando a dos bandas tan descaradamente?. Demonizar al adversario en un lugar y besarle en otro. Aquí sí, aquí no, como una zorra cualquiera. Para que después digan que no hay difrencias territoriales, oiga. Sólo recuerdo un paralelismo con Fernando VII, patán dónde los haya en la larga lista de patanes que han tenido el poder en reino.

Mire usted, da la casualidad que no nací como español. Y como estoy con la soga al cuello pues se puede decir que ya ando haciendo las maletas para volver. Un poco a disgusto, y muuuy cabreado. Tan cabreado que me estoy pensando quemar el DNI cuando haya cruzado la frontera. Tan cabreado, que me gustaría grabarlo y colgarlo en youtube.

O si se quiere, voy a ofrecer otro ángulo pero con la misma óptica. Tengo dudas. Dudas razonables. Se supone que mis ideas, mas propias de izquierdas que nada, son las que buscan justicia y todas esas mariconadas de los buenos. Ok. Pero cuando oigo a los cavernícolas, que vaya sí abundan, echando balones fuera. Me da que pensar si merece la pena protestar, opinar o siquiera mover un dedo por ellos. A pesar de ellos. Quizás fuese mejor que le lamiera el trasero a cualquier potentado, sí, al estilo Ansar. Y que le den al mundo mundial.

Otra duda que me asalta surge cuando me hago una visión del conjunto de esta nuestra comunidad. La democrarca hispánica. Empiezo a sentir simpatías por aquellos que en los años 30 del siglo pasado no dudaron en liarse a mamporros por llegar a sus objetivos. A mi edad, ya no me interesan los coches, la moda o el último chisme de apple. Curiosamente, al contrario de lo que le pasa a tantos cuando se envejecen, me escoro a la izquierda cada vez más.

Pero volvamos al asunto. ¿Tiene salvación esta democracia? Mis sensaciones me dicen que no. Entre otras cosas porque necesita de una masa que la rehabilite. Y no veo mucho al pueblo español por la labor. Entonces, y a pesar de eso, ¿merece la pena la molestia?
Me vienen a la cabeza ideas, como el eslogan de las monarquías ilustradas: “Por el pueblo, pero sin el pueblo”. O la de las dictaduras comunistas “La dictadura del proletariado”. Es como montar cubos de Rubik de diferentes formas, pero con idéntico resultado: Al final, los de arriba, acaban siempre por darnos por el culo.

Así que me gustaría que alguien propusiera ideas acerca de si es posible impedir esto. Es más, me da a mi que es la condición fundamental para que la humanidad avance un poquito en este cenagal. Y si no es posible, ¿que queda entonces… retirarse a una cabaña, sentado en una mecedora con una escopeta en la falda?.

P.E. Disculpad el rollo macabeo y las notas biográficas… era del todo imprevisto.

Fe de errores: Por alguna razón he hablado de rehabilitar la democracia, aunque en realidad debería haberla señalado como objetivo, no como origen.

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