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Esta semana se me ha alegrado un poco. Los chicos de la SGAE están probando las instalaciones que nos tienen reservadas a los que nos hemos bajado el Mein Kampf en PDF.

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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 29 de junio de 2011

Este artículo señala que la excesiva influencia del capital financiero en la estructuración de la UE y de la Eurozona ha configurado unas reglas de comportamiento que dificultan enormemente la recuperación económica de Grecia (y de España). Las medidas de austeridad son contraproducentes e imposibilitan el crecimiento económico y creación de empleo, condiciones para que se salga de la crisis. El artículo subraya que el hecho de que sean los países PIGS los que se encuentren en mayores dificultades se debe al dominio de las derechas en la vida política de estos países que han determinado unos estados muy pobres (que se han tenido que endeudar) como consecuencia ce unas políticas fiscales regresivas. La salida de la crisis requiere una profunda reforma fiscal que de pie a unas políticas expansivas de estímulo económico.
El mayor problema que tiene la economía griega no es primordialmente de carácter económico o financiero. Es un problema político. Tiene que ver con el enorme poder que la banca ha tenido, y continúa teniendo, en la estructuración de la Unión Europea y de la Eurozona, así como en la génesis de la deuda pública de los países llamados despectivamente PIGS, cerdos en inglés, (Portugal, Irlanda, Grecia y España). Ahora bien, este poder de la banca ha contado con un gran aliado y cómplice: las clases más adineradas de los países de la Eurozona, incluyendo las de los países PIGS.

Veamos los datos, comenzando por las reglas que los bancos escribieron sobre las cuales se establecería la Eurozona. Estas reglas son las responsables de que Grecia nunca podrá (ni tampoco España) salir de la recesión a través de las políticas que se están siguiendo. Una fue que los Estados, al incorporarse al euro, perdieron el control sobre su propia moneda. Es decir, que en momentos de recesión (cuando la economía está estancada), el estado griego no puede devaluar la moneda y con ello poder abaratar sus productos y venderlos más fácilmente al exterior, recuperándose a base de ello. Suecia y Noruega, por cierto, se han recuperado de la recesión mucho mejor y más rápido que Finlandia,  como consecuencia de que los dos primeros pudieron devaluar su moneda, lo cual no pudo hacer Finlandia al pertenecer al euro.

Otra regla es que, al integrarse al euro, los Estados dejaron de tener la potestad de imprimir dinero y establecer el precio del mismo. Cuando un país está en recesión, su Banco Central imprime dinero y/o abarata el precio del dinero, disminuyendo así los intereses bancarios, facilitando que tanto los ciudadanos como los empresarios puedan conseguir préstamos con los cuales consumir bienes y servicios e invertir, y así producir empleo y estimular la economía. Negarle al estado que tenga control sobre el crédito es imposibilitarle el poder estimular la economía. Una función de un Banco Central es, precisamente, la de garantizar el crédito, lo cual funcionó bien en la mayoría de países europeos hasta que llegó la moda neoliberal con el Presidente Reagan de EEUU y la Sra. Thatcher de Gran Bretaña, que hicieron creer a muchos gobiernos europeos que desregular el crédito era bueno para un país. El último caso que vimos fue Islandia, que  conllevó un enorme problema, como también lo creó en los otros países que desregularon el crédito (que fueron la mayoría).

Y, por si fuera poco, la tercera regla era que un país no podía seguir políticas expansivas de gasto público. Es decir, un estado no podría gastar mucho para estimular la economía, pues el estado, según el criterio de Maastricht, no podía tener un déficit estatal mayor del 3% del PIB y una deuda publica mayor del 60% del PIB. Claro que el criterio no decía cómo debía bajarse el déficit para alcanzar el número mágico del 3%. Pero insistieron en que los estados bajaran los impuestos como manera de estimular la economía, considerando erróneamente que los ricos, que eran los máximos beneficiarios de los recortes de impuestos, consumirían más que ahorrarían (de hecho, invirtieron en sectores especulativos). Esta insistencia en que el estado bajara los impuestos no dejaba al estado otra alternativa que la de recortar el gasto público. Esto eliminó la posibilidad de que el estado pueda estimular la economía mediante, por ejemplo, inversiones en áreas de creación de empleo.

Estas tres reglas hacen muy difícil, casi imposible, para Grecia  (y para España), salir de la crisis. En realidad, estas reglas fueron muy importantes para que la crisis se presentara en Grecia con la gravedad con laque se ha presentado.
¿QUÉ PASA EN GRECIA? LA ALIANZA DE LA BANCA CON LOS RICOS

Una característica de Grecia, que comparte con España, es que ha estado gobernada por la ultraderecha por muchos años. La dictadura de los coroneles fue (como lo fue también la dictadura de los generales en España) una dictadura de los ricos en contra de las clases populares. Ello ha determinado que los ricos no tienen la costumbre de pagar impuestos. El fraude fiscal ha sido enorme, consecuencia de la laxitud del estado, que ha continuado controlado por los ricos durante la democracia que siguió a la dictadura. En 2010 sólo 15.000 griegos, de un total de once millones de ciudadanos, declararon al estado ingresos superiores a 100.000 euros al año, lo cual contrasta con la existente concentración de la riqueza y de las rentas, visible en los suburbios de las ciudades griegas. Se considera que casi la tercera parte de la renta nacional (la poseída por los ricos en su mayoría) no se declara.

Ello ha forzado al estado griego a endeudarse hasta la médula para pagar los gastos del estado (en infraestructura y en servicios públicos, así como en gastos militares que significan una carga muy importante en el presupuesto nacional). Esta deuda recoge también la deuda incurrida por los gobiernos militares, no elegidos democráticamente, y cuyo gasto militar lo tiene que pagar ahora el estado democrático. Éstas son las causas de que el estado griego tenga un problema de déficit del estado (12% del PIB) y de deuda pública, todavía mayor (150% del PIB). Pero esta realidad quedó, en parte, ocultada por el estado con la ayuda del banco Goldman Sachs. El diario alemán Der Spiegel descubrió las ocultaciones de las cuentas nacionales que el estado griego (gobernado por las derechas) había realizado con la complicidad de aquel banco estadounidense (que recibió un pago por ello de 800 millones de euros). Es imposible que la Comisión Europea (cuya mayoría son de partidos de derechas), no lo supiera. Por cierto, el que era Vicepresidente para Europa del banco Goldman Sachs, que realizó operaciones financieras con el gobierno conservador griego para ocultar la situación real del déficit público del estado griego, el Sr. Mario Draghi será el nuevo Presidente del Banco Central Europeo, poniendo a la cabeza de este Banco (que es un lobby de la banca, en lugar de ser un Banco Central) a la persona que ayudó más al desfalco de las cuentas públicas del estado griego.

Cuando el gobierno socialista salió elegido descubrió estos problemas, indicando que el déficit y la deuda eran mucho mayores de lo que el gobierno conservador había indicado. El estado está enormemente endeudado. Los bancos alemanes y franceses, pero también los bancos griegos (donde los ricos griegos depositan su dinero) han comprado la deuda pública a unos intereses abusivos. Por cierto, la mal llamada ayuda a Grecia es para asegurarse que el estado griego pagará a tales bancos. Y la enorme austeridad impuesta a la población griega por parte del estado (77.000 millones de euros, de los cuales 28.000 millones serán en recortes de gasto público y 50.000 millones en privatizaciones del patrimonio nacional) es para poder pagar a los bancos.

EL EURO Y LA CRISIS

Este endeudamiento del estado griego es beneficioso para los bancos y también para los ricos que no pagan impuestos, forzando al estado a endeudarse aún más. Pero es también beneficioso para los ricos y para los bancos extranjeros, pues el estado se siente en la necesidad de privatizar sus propiedades (a unos precios irrisorios) con lo cual vemos una enorme demanda de euros por parte de bancos de inversión para comprar tales propiedades. En realidad, en contra de lo que constantemente se dice y se alarma, el euro está en muy buena salud (demasiado buena para los empresarios españoles que tienen problemas para exportar), y ello se debe a la enorme demanda de euros con los cuales se compra la privatización de los bienes públicos de Grecia (y de España). Véase el caso de las cajas de ahorros españolas, que se están vendiendo a unos precios muy bajos. Y todo ello con la ayuda del Estado. De ahí que las privatizaciones sean una estrategia impuesta por la banca a los países del euro como manera de conseguir la venta del patrimonio y servicios muy rentables de los países periféricos.

Vemos así como el enorme dominio de la banca explica que los estados periféricos estén estancados en su deuda sin poder salir de ella, lo cual no ocurre por incompetencia, sino por diseño, pues así consigue introducirse y conseguir mayor rentabilidad al comprar a precios muy bajos lo que antes era público. Cualquier lector de este artículo debiera indignarse. Por cierto, este artículo fue enviado a algunos de los medios de mayor difusión del país, ninguno de los cuales consideró oportuno publicarlo. Agradecería al lector que lo distribuyera lo más ampliamente posible.

Fuente: El País

“Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan. Entonces ganas”. Mahatma Gandhi.

Esta es una de las frases que están incendiando la red, especialmente Twitter, y que refleja el sentir de mucha gente que asiste entre perpleja e indignada a la importante divergencia entre las interpretaciones de lo que está aconteciendo en la calle. Es decir, entre la crítica a toda costa de lo que huela a antisistema y el apoyo que desde el propio Internet se le da a los indignados.

Huelga decir que nadie coherentemente está de acuerdo con las agresiones de ningún tipo. Pero hasta la fecha de hoy apenas puedo contar algunas salidas de tono puntuales, como acosar a Ruiz Gallardón (por cierto que por desconocidos y por razones que no me quedan muy claras) o pintarle la nuca a un conseller. En general, pero, las manifestaciones de descontento están siendo modélicas, especialmente teniendo en cuenta las circunstancias. Unas circunstancias que no van a mejorar, si no a empeorar por que así lo han querido políticos y banqueros.

Cuando ya en Alemania se habla abiertamente de que la crisis de deuda europea no tiene solución, en referencia a la evolución de las economías de los PIIGS, es que la cosa es grave. Lo divertido del caso, tristemente, es que mientras hubo bonanza no se tomaron medidas de austeridad en previsión de vacas flacas. Ahora que estas han llegado, resulta que se quiere imponer inútilmente esta austeridad que no beneficia a nadie más que a unos pocos. ¿Tan ineptos son los gobiernos y las instituciones económicas?

No entiendo por qué hay quién se pregunta todavía el porqué de la gente protestando en la calle. El fracaso de toda una generación de economistas y políticos es apabullante, y estos, lejos de tratar de enmendarse, sólo atinan a emplear los resortes del poder para tratar de acabar con la incipiente revolución en Europa. Hay muchos que acusan a los manifestantes de abusar de las libertades, de gritar y no dialogar. Pero la realidad es que no ofrecen ni siquiera un atisbo de complicidad o de confianza a los que están sufriendo injustamente en sus carnes los efectos de su ineptitud, cuando no de su mala fe. Algunos se han atrevido a adjetivar a los que protestan como hijos malcriados de la abundancia. Y ciertamente hasta ahora hemos tenido abundancia, pero no precisamente de valores, ni de justicia, ni de futuro.

Se tacha a los antisistema de totalitarios por que tratan de imponer sus condiciones a golpe de protesta, que la mayoría de ciudadanos, de españoles, han votado por otras salidas. Pero yo me pregunto si no estamos ante el error de muchos, que malinterpretan la realidad de las cosas por que son incapaces de mover su perspectiva. Por que dan por sentado que las opciones que se les presentan desde partidos y élites económicas son las más fiables. ¿Tan fiables cómo para que estemos, ahora y aquí, así?

Hurtando las perspectivas de un futuro mejor a los ciudadanos, los poderes están cavando la fosa de las instituciones a las que dicen servir y defender. Evidentemente que son malos tiempos, pero eso lo puede decir quién lo padece en sus carnes, no ellos. De la misma manera que no se le pueden exigir sacrificios a quién nada tiene a cambio de nada. Esto es la causa principal de la revolución francesa de 1789 y es lo que están cultivando las políticas neo liberales, el caos. No señalen a los manifestantes si no a quienes detentan las responsabilidades como causa de este caos.

Que en Grecia, en Italia, pero también en China, la gente salga a la calle quiere decir que hay un error en el sistema, y el sistema se empeña en hacernos creer que no.

Como habrán leído, uno de los temas estrella de este blog es la crisis, su orígen, sus interpretaciones… Pero poco se ha hablado de soluciones. Precisamente soluciones es lo que espera la gente. Pero parece que es algo complicado, farragoso e incluso ilegible. Me atreveré a hacer de caja de resonancia de algunas que me han gustado.

Para empezar hay que hacerlo por el principio. Vaya, por las premisas. Una de las premisas que flotan en el aire es que los de abajo irán bien cuando los de arriba vayan no bien, muy bien. Un ejemplo es el de hablar positivamente de la economía cuando las grandes empresas van bien, aunque eso sea a costa de despedir a un número escandaloso de personas. En todo caso, se crearán esos empleos el día en que las cifras de esas grandes empresas lleguen al rango de astronómicas.

En clave española, se puede decir que la mayoría de expertos, si es que eso significa algo para usted, dicen que el PIB nacional ha de situarse, por lo menos, en un crecimiento anual del 3% para empezar a ver nuevos empleos. Claro, tal como están las cosas no se esperan tasas de crecimiento a ese ritmo hasta dentro de algunos años. Lo que equivale a decir que no veremos creación neta de empleo ni este año, ni el que viene…

Y todo esto, a pesar de que los grandes bancos exhiben beneficios y el sector exportador, según declara el gobierno, ha aumentado en un 25% su actividad en un año.

Reparto del trabajo

Siendo el principal escollo para entender que efectivamente la crisis cede, es importante hacer algo para reducir la escandalosa cifra de parados española. El gobierno parece que por fin ha propuesto algo inteligible como es el apoyo a la contratación a tiempo parcial. Hay muchas empresas que por los horarios de su actividad necesitan disponer de turnos en los que los empleados se alternan para un puesto. Ni que decir tiene que en muchos casos la reducción de las horas de trabajo continuo puede ser un beneficio al rendimiento. Cosa que contrasta con la política empresarial española, que prima justo lo contrario, pocos contratos y larguísimas jornadas.

Echando una mirada a nuestros vecinos europeos se observa que justamente los más productivos tienen horarios bastante decentes. Incluyendo algo como la conciliación laboral. Algo que a muchos de nuestros empresarios les parece un lujo y derroche irracionales.

Moderación salarial y competitividad

Otra cuestión importante es la de la competitvidad. Se ha señalado que los sueldos deben moderarse, aún más, para permitir mejorar la competitividad de lo que se produce en España. Pero esas medidas se entiende se aplican a los asalariados con menores rentas. Cuando uno de los problemas más graves es precisamente la excesiva estratificación de salarios. Es más, la propuesta que desde Alemania hizo frau Merkel a los españoles respecto a la competitividad, ligando sueldos a beneficios, parece que también sólo afecta a las rentas más bajas. Por supuesto no a los funcionarios y mucho menos a los políticos y altos ejecutivos.

Por tanto, se puede aceptar introducir medidas de esta índole, pero empezando por arriba. Por ejemplo, castigando a los gestores de entidades bancarias que causen pérdidas a sus clientes, todo lo contrario de lo que hemos visto. Asimismo, limitando por ley las diferencias entre sueldos, ajustando a la alza o a la baja de manera proporcional, de acuerdo con los criterios de competitividad.

Claro, en este punto los liberales protestarán indicando que sin estímulos económicos, los empresarios y altos cargos no están motivados, además de sentir esto como una injerencia en sus asuntos. Lo que no es del todo incierto. Sucede pero, que ya hemos visto que sin normas y sin control, el beneficio que aspiran, cual cocainómano, estos altos cargos, acaban por destrozar el poder adquisitivo de las familias, y por tanto, la economía. Por esta razón es necesario implementar de alguna manera una redistribución equitativa de beneficios para hacer creíble cualquier medida de esta índole.

Persecución de la economía sumergida y la evasión de capitales

La competitividad regulada por ley, tiene un talón de Aquiles. Y éste es la economía sumergida. Ya que siempre resulta más rentable, desde el punto de vista del beneficio inmediato, evitar al fisco que aplicar sus normas, por blandas que estas sean. En esta picaresca los españoles son unos campeones, se calcula que al menos el 20% de nuestra economía está sumergida. A lo que habría que sumar los capitales que nuestros responsables empresarios hacen desaparecer del mapa español para reaparecer en islas muy lejanas.

Claro, con esta realidad se hace muy difícil llamar a la responsabilidad fiscal. Como difícil se hace el desarrollar políticas verdaderamente sociales desde el punto de vista fiscal, ante el riesgo de una estampida de capitales. Lo que en en algunos casos yo equipararía a una verdadera extorsión al Estado. Un problema que parece es común a todas las economías desarrolladas, pero que atenaza especialmente a las más liberales, y que se materializa en forma de lobbys de presión, como es el caso de FEDEA. Lo peor de todo es que estas actitudes han tenido el apoyo implícito de organismos como el Banco de España, cuyo papel como defensor de la economía de todos resulta más que discutible, así lo indica  clarísimamente el economista Juan Torres.

Estando así las cosas, con la sospecha de deslealtad desde el propio Estado, la presión política de los lobbys, así como la propensión evasora del tejido empresarial, no debe de extrañar que un servidor pida como mínimo algo de orden y seriedad antes de aplicar medidas sobre la competitividad.

Reducción del déficit del Estado

Se habla mucho acerca de reducir el peso del estado, con la finalidad de que este no incurra en déficit. Lo que ocurre es que las medidas que se proponen perjudican directamente, otra vez vaya casualidad, a las rentas más bajas. Por ejemplo y como caso más flagrante, el de las pensiones.

Nadie ha planteado seriamente que quizás la reducción del número de consistorios, que no de los servicios que prestan. O la supresión de las inútiles diputaciones, caladero de políticos sin ocupación. Pueden ser eficaces medidas que ahorren al contribuyente millones de euros, sin que lo note en los servicios que recibe.

Otro aspecto a estudiar es el de las subvenciones. Por poner un ejemplo, el de las subvenciones más o menos encubiertas a medios de comunicación afines. Hay muchos medios de comunicación que prácticamente subsisten gracias a la generosa publicidad institucional que reciben. Normalmente, no hace falta decirlo, son medios afines al partido en el poder. Un caso flagrante es el de Valencia en dónde este análisis revela hasta dónde pueden llegar las consecuencias de esta política.

Claro está que si empezamos a hacer un repaso de subvenciones que conocemos, y le añadimos las que sospechamos que existen, uno entiende que el gasto del Estado en cosas perfectamente prescindibles es enorme. ¿Por qué nuestros políticos nos recortan las pensiones y no se cortan en ayudar a los amiguetes? Es una vergüenza, enmascarada con malas artes.

Por no hablar de la corrupción. Ese pozo sin fondo en el confluyen los peores aspectos de la mala praxis expuesta en los puntos anteriores. Políticos con dos rostros, empresarios sin escrúpulos y una población desinformada se combinan para generar relaciones económicas y de poder fuera de la ley, y que van a cargo del contribuyente. Parece que algo se ha hecho, a tenor de los numerosos escándalos que animan nuestras tertulias, pero la sensación que uno tiene es que sólo vemos la punta del iceberg de lo que se cuece entre bambalinas.

Gasto energético

¿Es normal que el 80% de las mercancías españolas se muevan por carretera? Desde luego que no. Es una aberración heredera de la infame política del ladrillo, que incluyó una expansión de la red de carreteras en detrimento de otros transportes más económicos como el ferrocarril. Un ferrocarril que en lugar de ampliar su cobertura, lo único que aporta es la centralización de las comunicaciones gracias a las conexiones del AVE con Madrid. ¿Pero qué clase de estrategia es esta?

La implementación de un buen transporte público mejoraría sensiblemente el consumo energético de hidrocarburos. No medidas tan absurdas y poco efectivas como la reducción a 110 Km/h en algunos de los pocos tramos dónde es aplicable.

Las tarifas deberían incidir más en penalizar el despilfarro. Atendiendo a criterios como sectores económicos o el número de inquilinos en un inmueble. De esta manera se introduciría un criterio social y se impulsaría la reconversión de las industrias más despilfarradoras.

Crisis recientes como la de Fukushima, en lo que respecta a la nuclear, o la de Libia, en lo que son hidrocarburos, debería provocar una toma de conciencia de que la eficiencia energética es, y va a ser cada vez más, un elemento clave en el éxito económico. El problema es que al privatizarse el sector asistimos a una política pobre en innovaciones, a causa de la lógica de beneficio empresarial, cosa que probablemente está perjudicando a España frente a la competencia.

No he mencionado a las renovables, puesto que en este caso, su implementación vendrá de la mano de su factibilidad económica. Es decir, que a medida que van mejorando sus ratios de productividad energética irán adquiriendo mayor presencia en el panorama español.

Leyes antitrust

Parece que ni a los gigantes informáticos, ni a los bancos, ni a las empresas energéticas, ni a las de telecomunicaciones, ni a las aerolíneas, entre otras, les preocupe mucho esto de la libre competencia. Resulta risible que mientras apoyan la liberalización de la economía, practiquen políticas contrarias a ella mediante métodos de mercado discutibles, cuando no totalmente ilegales como el pacto de los precios o cláusulas abusivas.

Quizás para ellas sea un beneficio extra. Pero a un servidor sólo le sirven para corroborar de que esto de la libertad de mercados es algo relativo, y en todo caso explica en parte por qué la crisis la padecen en menor medida que los ciudadanos de a pie.

Si se quiere libertad de competencia, el Estado, en este caso como representante de la UE, debería tomar cartas en el asunto y hacer algo más que multar a dichas corporaciones. Pero en virtud de todo lo expuesto anteriormente pongo muy en duda de la voluntad real de poner coto a estos abusos.

Conclusión

Por tanto, se concluye que quizás si los protagonistas de esta opereta, especialmente el sector financiero y los políticos, no hubiesen barrido tanto para casa, quizás ni siquiera estaríamos en crisis. Y como telón de fondo, la percepción de que hay mucha demagogia pero poco sacrificio. Se me hace indigerible que se pida a los ciudadanos sacrificios, cuando quienes tienen que ser modelo para la sociedad se dedican a reírse ante sus mismísimas.

Espero por su bien que en España se empiecen a hacer las cosas bien. Puesto que ahora mismo entiendo que se ha ganado muy merecidamente estar en la lista de los PIIGS.

Arbeit macht frei: “El trabajo os hará libres”, reza en la entrada de la eurocámara.

Trabajar cansa. La eurodiputada del PSOE Eider Gardiazábal lo sabe. Y quizás le produzca una lógica aversión al encontrarse en Bruselas, lejos de su Bilbao, seguramente en unas condiciones horribles propias de un campo de concentración. Por eso, tiene la costumbre de fichar los viernes para regresar a casa en el primer avión.

Lo único bueno es que por fichar cobra 300€, menos mal. Con lo caro que está todo, ¡sobre todo el puente aéreo! Claro está, que ella no es la única que tiene esta pesadumbre. A otros eurodiputados, según ella reconoce, les sucede lo mismo. De manera que parece que más de uno no puede soportar alargar su estancia en Bruselas.

Es curioso como sindicatos y partidos de izquierdas presumen de pasado obrero y trabajador. Los de ahora sí que se dejan la piel en el empeño. Los 6.000 cochinos euros de sueldo, los 4.500 para la oficina, las míseras dietas de 300€. Todo eso no es suficiente para aplacar la fobia irracional que despierta Bruselas en algunos eurodiputados. Un lugar áspero, de lenguas extrañas y horarios imposibles. Demasiado poco se premia tan mal trago.

Y aún hay quien se atreve a criticar a los políticos por trabajar poco. Poco trabajan los españoles, que parecen tan contentos con un montón de gente sin pegar palo al agua. Un poco de arbeit les daría yo…

Entrada directamente inspirada por Popota

El caso de las prejubilaciones mediante EREs falsos en Andalucía es ya como la gota que colma el vaso. Robar está mal, pero hacerlo a cuenta de fondos para gente que lo puede necesitar desesperadamente es ya el no va más. Parece a fin de cuentas que es lo normal, el caso Gürtel, los pucherazos en la era Matas, el caso Palau, la miríada de ayuntamientos salpicados por el dinero del ladrillo, etc. Como un buen amigo me dijo un día “España es un país rico, por más que se roba siempre queda algo”.

Los casos de corrupción parecen repartirse bastante equitativamente en cuanto a que se roba en función de la caja de caudales que se controla. En muchas ocasiones se puede hablar directamente de delito, pero un muchas otras se cambia la normativa si es necesario para lograr unos fines muy concretos, que normalmente van en la dirección de obtener un sobresueldo o alguna otra prebenda. En este informe de la organización Transparency International vemos que España no es ni mucho menos percibida como la más corrupta de las naciones. Pero dista bastante de vecinos como Dinamarca y en cambio se acerca a niveles de Rumanía. TABLA SINTÉTICA DE RESULTADOS POR SECTORES

De esto se deduce que la corrupción no es un mal endémico español, ni siquiera es la causa de nuestros problemas, si no más bien un síntoma. Un síntoma que percibo como el contraste fluorescente que señala a las células cancerosas de esta sociedad, cuya proliferación resulta alarmantemente, peligrosa. Ese cáncer no es otro que la falta de ética. La interacción entre agentes económicos, poderes públicos y particulares debería discurrir por unos cauces que muchas veces no se respetan. Se inventan normas para impedir teóricamente estos atropellos, pero sin grandes resultados. Y es que no es una cuestión de formas, es una cuestión de fondo, del espíritu con el que se acomete el quehacer diario.

Si uno observa con detenimiento el documento de Transparency International se percatará de que la corrupción no parece hacer distinciones entre capitalismo y socialismo, entre blancos y negros o entre democracias y dictaduras. Ejemplo de ello es la similitud en los altos niveles de corrupción percibidos en EEUU o Nigeria, cuando uno esperaría una notable ventaja del primero sobre el segundo. Quizás debería uno preguntarse hasta que punto estos datos son fiables, en tanto que aparentemente la libertad de prensa americana podría explicar que la corrupción allí sea cualitativamente más llamativa que en Nigeria. En todo caso, lo cierto es que en general los datos son muy sintomáticos de que estamos ante un problema irresuelto de mala praxis.

En España si algo es de destacar es la aparente clemencia con la que se acoge cada nuevo caso conocido. Muy llamativo es que según algunos estudios la corrupción no sea un factor determinante en las decisiones de los votantes ante las urnas. Pero me pregunto hasta qué punto el elector es consciente del daño a la confianza en las instituciones y de los efectos reales sobre la sociedad que esta tiene. Posiblemente este ultimísimo escándalo de las prejubilaciones con falsos EREs aporte un poco de luz en esta dirección. Pues por una parte demuestra que nadie está a salvo de las salpicaduras de la corrupción. Y por otra que lo sustraído debería haber llegado a otros destinatarios.

Sin violencia, sin grandes aspavientos. De hecho apenas sin ruido, Islandia nos enseña el camino.

En octubre de 2008, los bancos islandeses Kaupthing, Glitnir y Landsbanki, quebraron a causa del estallido de la burbuja especulativa en los EEUU. La deuda total de los bancos islandeses sumaba el 700% del PIB, lo que a efectos prácticos significó una contracción del 7% en la economía, la pérdida de más del 50% del valor al cambio de la corona, una importante inflación y un aumento notable de parados. Esta quiebra afectó a numerosos inversores fuera de Islandia, por ejemplo clientes de Deutsche Bank y HSBC, por lo que se urgió a Islandia a empezar a hacer recortes al estilo griego para devolver los créditos.

Ante esta situación, ciudadanos armados con cacerolas, megáfonos y huevos salieron a la calle para impedir que se cargara sobre ellos el coste del mal negocio de los bancos. El gobierno cayó ante la protesta popular y una coaliación de la izquierda se hizo con el gobierno.

Aunque el estado se hizo con el control de los bancos, a diferencia de Irlanda, Grecia o España, en Islandia no se quiso socializar las pérdidas. Es decir que no se han tocado los pilares del tan manido “estado del bienestar”. Eso sí, en estos momentos los intereses al crédito están sobre el 15% y la inflación por las nubes. Un estupendo artículo nos explica como se vivió aquel derrumbe.

Hay que señalar que los islandeses decidieron en marzo de 2010 pagar la deuda sólo si esto era posible. Dicho de otra manera, mientras haya recesión no habrá pagos, entendiendo que esas deudas son privadas y no atañen al país. Por esta razón se amenazó desde los círculos financieros con aislar al país e impedir su acceso al crédito entre otras cosas. Reino Unido y Holanda, principales afectados por la quiebra, amenazaron con impedir la entrada de Islandia en Europa. Aunque yo me pregunto si en estos momentos los islandeses serán muy favorables a esto. Los EEUU, por su parte, también aplicaron presión a la diminuta república. Pero el resultado es que a día de hoy los mercados no han podido imponer su táctica de privatizar beneficios y socializar pérdidas.

Otro resultado de ese levantamiento pacífico es un proceso constituyente en el que los islandeses han designado por elección directa a una comisión de treinta personas. Esta comisión es la encargada de redactar una nueva constitución. El espíritu que previsiblemente impregnará esta nueva carta magna será el de la transparencia, la libertad de expresión y un marco legal que impida que los excesos de la avaricia de unos pocos arrastren a todo un país.

Dicho así parece un cuento de hadas, ¿verdad?. Pero no, esto esta sucediendo ahora. Islandia nos enseña el camino, pero el silencio se ha hecho alrededor de este pequeño país. Porque hay en juego mucho dinero, y se ha querido ignorar conscientemente esta historia que nos enseña que más allá de los negocios hay personas. El camino que ha tomado Islandia es el de la democracia, la libertad y la justicia, en el continente deberíamos tomar nota. Siempre se está a tiempo de cambiar de camino. ¿Lo veremos?

Trillo grito aquello de: !Viva Honduras!

Y yo digo: ¡Viva Islandia!

Por cosas del azar me tropecé con un banner que me llevó directo a un paraíso… fiscal.

No cabe duda de que es una apetitosa invitación a que nuestros ilustres potentados evadan. En lugares como este nos ofrecen nada más ni nada menos que un menú personalizado de cómo va a ser nuestra sociedad evas… paradisíaca. Vaya, poco papeleo, cero impuestos… ¡Así no hay quién se resista!

Pero después de todo no es culpa de los isleños, que han encontrado en este negocio un complemento a la pesca con cayuco. La culpa es nuestra por permitir que el dinero circule alegremente. Por permitir que mientras nuestras nóminas son transparentes, las suyas no. El tontaina de Ben Alí tendría que haber metido sus ahorrillos aquí.

Cuando he visto estos vídeos mi reflexión es esta: Saruman es el estado, porque Mordor es el capital.

Video 1

Video 2

Esta semana, los que somos partidarios de las libertades, los que no aceptamos de buen grado la autoridad ni los privilegios, estamos de enhorabuena.

Los tunecinos han decidido que ya está bien, y han echado a la dinastía del dictador Ben Alí y de su reina Leila Trabelsi. Que huyeron el 14 de enero.

El 7 de enero, Ayub Alhammi, un joven tunecino, se quemó a lo bonzo para protestar por haber perdido su puesto de venta de verduras. Único ingreso de este estudiante universitario. Fue como una mecha que hizo explotar el polvorín del descontento popular. Especialmente ante el aumento de precio de artículos de primera necesidad como el pan.

Esto no es nuevo, siempre han existido levantamientos cuando la población percibe que se ha traspasado cierto umbral de humillación, de desesperación. A esta revuelta se la ha llamado del hambre.

Lo que sí es nuevo es que se ha producido en un estado musulmán. Una revuelta desprovista totalmente de rasgos religiosos que sin embargo cuenta con numerosos simpatizantes y emuladores en todo el occidente islámico. También es nuevo el papel de la red, que ha servido como punto de reunión, discusión y organización para los insurgentes. Hecho que encumbra más aún a la red de redes como un espacio de libertad, ante el que las autoridades y demás poderes son impotentes. Hecho del que personas como yo nos alegramos profundamente.

¿Pero es casualidad que ahora y aquí se haya producido este levantamiento?

Sí y no. En sí es un hecho imprevisto. Como imprevisto era, hace apenas un año, que el coste de algunos artículos básicos escalaría hasta los niveles actuales. En este sentido parece que la aleatoriedad ha favorecido la concurrencia de circunstancias que el dictador Ben Alí no pudo prever. Pero no es un hecho imprevisto en el sentido que las circunstancias actuales hacían, de una manera u otra, prever que en algún lugar del mundo podía explotar la presión de los mercados.

La presión de los mercados. Esa es la razón de fondo que explica la desesperante situación de los tunecinos. Más allá de la insoportable carga de Ben Alí y los suyos. Más allá de una dictadura encubierta y justificada en occidente. Recordemos que en agosto de 2010 un enorme incendio en Rusia devastó parte de la cosecha cerealística. Hecho ante el cual el Kremlin decidió prohibir las exportaciones, al menos temporalmente. Esto de hecho ya anunciaba una escalada en los precios del cereal, ya que Rusia es uno de sus principales productores. Lo que no estaba anunciado era que en los mercados de inversión se leyó este desastre como una oportunidad de oro para invertir en commodities como cereales, trigo o petróleo.

Y esta es la razón en última instancia que ha propiciado la caída de Ben Alí. El oportunismo de unos mercados que recordemos mantienen en estos momentos sojuzgado a prácticamente todo el planeta. Incluyendo a España. Sí alguna conclusión hemos de extraer de este episodio es que los mercados no funcionan como una máquina engrasada para redistribuir la riqueza y aumentar el bienestar de los ciudadanos. Los mercados son una máquina engrasada para producir beneficios desestabilizando o destruyendo todo lo que se le pone por delante. Es la prueba fehaciente de que este invento liberal de los mercados desregulados es una bomba de relojería para la estabilidad del planeta.

Dado que las medidas políticas tomadas tras el colapso financiero de 2008 han dejado incólume el poder y la movilidad de los capitales especulativos. Es de esperar que volveremos a asistir a nuevos episodios en los que la tensión provocada por los mercados estalle en algún punto del planeta. No se trata ya de una pugna por liberarnos de personajes funestos como Ben Alí. Si no de romper la perversa lógica que hace que los ciudadanos estemos encadenados a las decisiones de unos privilegiados, que deciden sobre la vida y la muerte de los demás.

El triste e hipócrita papel de nuestras democracias debería ser un aviso para todos de que no hay nada en estos momentos que detenga el papel depredador de los mercados.

Túnez ha sido como la Bastilla. Las circunstancias mantienen asombrosos paralelismos. Cuando estalló el 14 de julio de 1789 la revuelta en París, las razones no eran estrictamente políticas (liberté, egalité, fraternité), si no que la precariedad de los pobres se había vuelto insoportable tras una serie de malas cosechas. Así mismo, como hoy, había una clase de privilegiados que miraban hacia otra parte ante el sufrimiento de los desfavorecidos. Una clase que no dudaba en dejar morir de hambre a los ciudadanos si eso les permitía seguir con su opulento nivel de vida.

Del mismo modo, había una justificación ideológica al atropello. Dicha justificación se articulaba de la siguiente manera: Si los nobles disponen de riqueza, estos generan demanda con su dispendio. Con su consumo y sus inversiones dinamizan la economía, dando empleo a la burguesía y al pueblo llano. ¿No encuentran asombrosas las equivalencias?

Siguiendo este razonamiento entenderán que hoy, la Bastilla puede ser cualquier lugar del mundo. Los bruscos cambios en los flujos de inversión se han convertido en un volátil explosivo que en manos de los mercados puede hacer zozobrar tanto dictaduras como democracias. Todo ello en nombre de la rentabilidad que en 2008 estuvo a punto de hacer caer en el abismo a occidente.

Dos años después seguimos en un escenario inestable. España está al borde de ser rescatada por los mismos que han provocado su postración. Y la pregunta que me hago es cuando va a empezar el siguiente capítulo de esta tormenta. Porque dado que no se ha hecho nada para apaciguar las aguas, estoy seguro de que vamos a asistir a más hechos como los de Túnez.