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Fuente: El País

“Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan. Entonces ganas”. Mahatma Gandhi.

Esta es una de las frases que están incendiando la red, especialmente Twitter, y que refleja el sentir de mucha gente que asiste entre perpleja e indignada a la importante divergencia entre las interpretaciones de lo que está aconteciendo en la calle. Es decir, entre la crítica a toda costa de lo que huela a antisistema y el apoyo que desde el propio Internet se le da a los indignados.

Huelga decir que nadie coherentemente está de acuerdo con las agresiones de ningún tipo. Pero hasta la fecha de hoy apenas puedo contar algunas salidas de tono puntuales, como acosar a Ruiz Gallardón (por cierto que por desconocidos y por razones que no me quedan muy claras) o pintarle la nuca a un conseller. En general, pero, las manifestaciones de descontento están siendo modélicas, especialmente teniendo en cuenta las circunstancias. Unas circunstancias que no van a mejorar, si no a empeorar por que así lo han querido políticos y banqueros.

Cuando ya en Alemania se habla abiertamente de que la crisis de deuda europea no tiene solución, en referencia a la evolución de las economías de los PIIGS, es que la cosa es grave. Lo divertido del caso, tristemente, es que mientras hubo bonanza no se tomaron medidas de austeridad en previsión de vacas flacas. Ahora que estas han llegado, resulta que se quiere imponer inútilmente esta austeridad que no beneficia a nadie más que a unos pocos. ¿Tan ineptos son los gobiernos y las instituciones económicas?

No entiendo por qué hay quién se pregunta todavía el porqué de la gente protestando en la calle. El fracaso de toda una generación de economistas y políticos es apabullante, y estos, lejos de tratar de enmendarse, sólo atinan a emplear los resortes del poder para tratar de acabar con la incipiente revolución en Europa. Hay muchos que acusan a los manifestantes de abusar de las libertades, de gritar y no dialogar. Pero la realidad es que no ofrecen ni siquiera un atisbo de complicidad o de confianza a los que están sufriendo injustamente en sus carnes los efectos de su ineptitud, cuando no de su mala fe. Algunos se han atrevido a adjetivar a los que protestan como hijos malcriados de la abundancia. Y ciertamente hasta ahora hemos tenido abundancia, pero no precisamente de valores, ni de justicia, ni de futuro.

Se tacha a los antisistema de totalitarios por que tratan de imponer sus condiciones a golpe de protesta, que la mayoría de ciudadanos, de españoles, han votado por otras salidas. Pero yo me pregunto si no estamos ante el error de muchos, que malinterpretan la realidad de las cosas por que son incapaces de mover su perspectiva. Por que dan por sentado que las opciones que se les presentan desde partidos y élites económicas son las más fiables. ¿Tan fiables cómo para que estemos, ahora y aquí, así?

Hurtando las perspectivas de un futuro mejor a los ciudadanos, los poderes están cavando la fosa de las instituciones a las que dicen servir y defender. Evidentemente que son malos tiempos, pero eso lo puede decir quién lo padece en sus carnes, no ellos. De la misma manera que no se le pueden exigir sacrificios a quién nada tiene a cambio de nada. Esto es la causa principal de la revolución francesa de 1789 y es lo que están cultivando las políticas neo liberales, el caos. No señalen a los manifestantes si no a quienes detentan las responsabilidades como causa de este caos.

Que en Grecia, en Italia, pero también en China, la gente salga a la calle quiere decir que hay un error en el sistema, y el sistema se empeña en hacernos creer que no.

Anuncis

Como habrán leído, uno de los temas estrella de este blog es la crisis, su orígen, sus interpretaciones… Pero poco se ha hablado de soluciones. Precisamente soluciones es lo que espera la gente. Pero parece que es algo complicado, farragoso e incluso ilegible. Me atreveré a hacer de caja de resonancia de algunas que me han gustado.

Para empezar hay que hacerlo por el principio. Vaya, por las premisas. Una de las premisas que flotan en el aire es que los de abajo irán bien cuando los de arriba vayan no bien, muy bien. Un ejemplo es el de hablar positivamente de la economía cuando las grandes empresas van bien, aunque eso sea a costa de despedir a un número escandaloso de personas. En todo caso, se crearán esos empleos el día en que las cifras de esas grandes empresas lleguen al rango de astronómicas.

En clave española, se puede decir que la mayoría de expertos, si es que eso significa algo para usted, dicen que el PIB nacional ha de situarse, por lo menos, en un crecimiento anual del 3% para empezar a ver nuevos empleos. Claro, tal como están las cosas no se esperan tasas de crecimiento a ese ritmo hasta dentro de algunos años. Lo que equivale a decir que no veremos creación neta de empleo ni este año, ni el que viene…

Y todo esto, a pesar de que los grandes bancos exhiben beneficios y el sector exportador, según declara el gobierno, ha aumentado en un 25% su actividad en un año.

Reparto del trabajo

Siendo el principal escollo para entender que efectivamente la crisis cede, es importante hacer algo para reducir la escandalosa cifra de parados española. El gobierno parece que por fin ha propuesto algo inteligible como es el apoyo a la contratación a tiempo parcial. Hay muchas empresas que por los horarios de su actividad necesitan disponer de turnos en los que los empleados se alternan para un puesto. Ni que decir tiene que en muchos casos la reducción de las horas de trabajo continuo puede ser un beneficio al rendimiento. Cosa que contrasta con la política empresarial española, que prima justo lo contrario, pocos contratos y larguísimas jornadas.

Echando una mirada a nuestros vecinos europeos se observa que justamente los más productivos tienen horarios bastante decentes. Incluyendo algo como la conciliación laboral. Algo que a muchos de nuestros empresarios les parece un lujo y derroche irracionales.

Moderación salarial y competitividad

Otra cuestión importante es la de la competitvidad. Se ha señalado que los sueldos deben moderarse, aún más, para permitir mejorar la competitividad de lo que se produce en España. Pero esas medidas se entiende se aplican a los asalariados con menores rentas. Cuando uno de los problemas más graves es precisamente la excesiva estratificación de salarios. Es más, la propuesta que desde Alemania hizo frau Merkel a los españoles respecto a la competitividad, ligando sueldos a beneficios, parece que también sólo afecta a las rentas más bajas. Por supuesto no a los funcionarios y mucho menos a los políticos y altos ejecutivos.

Por tanto, se puede aceptar introducir medidas de esta índole, pero empezando por arriba. Por ejemplo, castigando a los gestores de entidades bancarias que causen pérdidas a sus clientes, todo lo contrario de lo que hemos visto. Asimismo, limitando por ley las diferencias entre sueldos, ajustando a la alza o a la baja de manera proporcional, de acuerdo con los criterios de competitividad.

Claro, en este punto los liberales protestarán indicando que sin estímulos económicos, los empresarios y altos cargos no están motivados, además de sentir esto como una injerencia en sus asuntos. Lo que no es del todo incierto. Sucede pero, que ya hemos visto que sin normas y sin control, el beneficio que aspiran, cual cocainómano, estos altos cargos, acaban por destrozar el poder adquisitivo de las familias, y por tanto, la economía. Por esta razón es necesario implementar de alguna manera una redistribución equitativa de beneficios para hacer creíble cualquier medida de esta índole.

Persecución de la economía sumergida y la evasión de capitales

La competitividad regulada por ley, tiene un talón de Aquiles. Y éste es la economía sumergida. Ya que siempre resulta más rentable, desde el punto de vista del beneficio inmediato, evitar al fisco que aplicar sus normas, por blandas que estas sean. En esta picaresca los españoles son unos campeones, se calcula que al menos el 20% de nuestra economía está sumergida. A lo que habría que sumar los capitales que nuestros responsables empresarios hacen desaparecer del mapa español para reaparecer en islas muy lejanas.

Claro, con esta realidad se hace muy difícil llamar a la responsabilidad fiscal. Como difícil se hace el desarrollar políticas verdaderamente sociales desde el punto de vista fiscal, ante el riesgo de una estampida de capitales. Lo que en en algunos casos yo equipararía a una verdadera extorsión al Estado. Un problema que parece es común a todas las economías desarrolladas, pero que atenaza especialmente a las más liberales, y que se materializa en forma de lobbys de presión, como es el caso de FEDEA. Lo peor de todo es que estas actitudes han tenido el apoyo implícito de organismos como el Banco de España, cuyo papel como defensor de la economía de todos resulta más que discutible, así lo indica  clarísimamente el economista Juan Torres.

Estando así las cosas, con la sospecha de deslealtad desde el propio Estado, la presión política de los lobbys, así como la propensión evasora del tejido empresarial, no debe de extrañar que un servidor pida como mínimo algo de orden y seriedad antes de aplicar medidas sobre la competitividad.

Reducción del déficit del Estado

Se habla mucho acerca de reducir el peso del estado, con la finalidad de que este no incurra en déficit. Lo que ocurre es que las medidas que se proponen perjudican directamente, otra vez vaya casualidad, a las rentas más bajas. Por ejemplo y como caso más flagrante, el de las pensiones.

Nadie ha planteado seriamente que quizás la reducción del número de consistorios, que no de los servicios que prestan. O la supresión de las inútiles diputaciones, caladero de políticos sin ocupación. Pueden ser eficaces medidas que ahorren al contribuyente millones de euros, sin que lo note en los servicios que recibe.

Otro aspecto a estudiar es el de las subvenciones. Por poner un ejemplo, el de las subvenciones más o menos encubiertas a medios de comunicación afines. Hay muchos medios de comunicación que prácticamente subsisten gracias a la generosa publicidad institucional que reciben. Normalmente, no hace falta decirlo, son medios afines al partido en el poder. Un caso flagrante es el de Valencia en dónde este análisis revela hasta dónde pueden llegar las consecuencias de esta política.

Claro está que si empezamos a hacer un repaso de subvenciones que conocemos, y le añadimos las que sospechamos que existen, uno entiende que el gasto del Estado en cosas perfectamente prescindibles es enorme. ¿Por qué nuestros políticos nos recortan las pensiones y no se cortan en ayudar a los amiguetes? Es una vergüenza, enmascarada con malas artes.

Por no hablar de la corrupción. Ese pozo sin fondo en el confluyen los peores aspectos de la mala praxis expuesta en los puntos anteriores. Políticos con dos rostros, empresarios sin escrúpulos y una población desinformada se combinan para generar relaciones económicas y de poder fuera de la ley, y que van a cargo del contribuyente. Parece que algo se ha hecho, a tenor de los numerosos escándalos que animan nuestras tertulias, pero la sensación que uno tiene es que sólo vemos la punta del iceberg de lo que se cuece entre bambalinas.

Gasto energético

¿Es normal que el 80% de las mercancías españolas se muevan por carretera? Desde luego que no. Es una aberración heredera de la infame política del ladrillo, que incluyó una expansión de la red de carreteras en detrimento de otros transportes más económicos como el ferrocarril. Un ferrocarril que en lugar de ampliar su cobertura, lo único que aporta es la centralización de las comunicaciones gracias a las conexiones del AVE con Madrid. ¿Pero qué clase de estrategia es esta?

La implementación de un buen transporte público mejoraría sensiblemente el consumo energético de hidrocarburos. No medidas tan absurdas y poco efectivas como la reducción a 110 Km/h en algunos de los pocos tramos dónde es aplicable.

Las tarifas deberían incidir más en penalizar el despilfarro. Atendiendo a criterios como sectores económicos o el número de inquilinos en un inmueble. De esta manera se introduciría un criterio social y se impulsaría la reconversión de las industrias más despilfarradoras.

Crisis recientes como la de Fukushima, en lo que respecta a la nuclear, o la de Libia, en lo que son hidrocarburos, debería provocar una toma de conciencia de que la eficiencia energética es, y va a ser cada vez más, un elemento clave en el éxito económico. El problema es que al privatizarse el sector asistimos a una política pobre en innovaciones, a causa de la lógica de beneficio empresarial, cosa que probablemente está perjudicando a España frente a la competencia.

No he mencionado a las renovables, puesto que en este caso, su implementación vendrá de la mano de su factibilidad económica. Es decir, que a medida que van mejorando sus ratios de productividad energética irán adquiriendo mayor presencia en el panorama español.

Leyes antitrust

Parece que ni a los gigantes informáticos, ni a los bancos, ni a las empresas energéticas, ni a las de telecomunicaciones, ni a las aerolíneas, entre otras, les preocupe mucho esto de la libre competencia. Resulta risible que mientras apoyan la liberalización de la economía, practiquen políticas contrarias a ella mediante métodos de mercado discutibles, cuando no totalmente ilegales como el pacto de los precios o cláusulas abusivas.

Quizás para ellas sea un beneficio extra. Pero a un servidor sólo le sirven para corroborar de que esto de la libertad de mercados es algo relativo, y en todo caso explica en parte por qué la crisis la padecen en menor medida que los ciudadanos de a pie.

Si se quiere libertad de competencia, el Estado, en este caso como representante de la UE, debería tomar cartas en el asunto y hacer algo más que multar a dichas corporaciones. Pero en virtud de todo lo expuesto anteriormente pongo muy en duda de la voluntad real de poner coto a estos abusos.

Conclusión

Por tanto, se concluye que quizás si los protagonistas de esta opereta, especialmente el sector financiero y los políticos, no hubiesen barrido tanto para casa, quizás ni siquiera estaríamos en crisis. Y como telón de fondo, la percepción de que hay mucha demagogia pero poco sacrificio. Se me hace indigerible que se pida a los ciudadanos sacrificios, cuando quienes tienen que ser modelo para la sociedad se dedican a reírse ante sus mismísimas.

Espero por su bien que en España se empiecen a hacer las cosas bien. Puesto que ahora mismo entiendo que se ha ganado muy merecidamente estar en la lista de los PIIGS.

El gobernador de Wisconsin, Scott Walker

En Estados Unidos parece que algo se mueve y desde hace cuatro semanas han empezado unas protestas en el estado de Wisconsin a raíz de los planes del gobernador, Scott Walker, de eliminar en la práctica el poder de los sindicatos de empleados públicos. Entre otras medidas propone la supresión de la negociación colectiva o ciertas ventajas como seguros médicos. Un relato de lo acaecido aquí.

En estas semanas, las protestas han ido in crescendo, y ahora mismo han centrado la atención de los medios norteamericanos, polarizándose las posiciones básicamente entre los pro-Walker y los anti-Walker. Las medidas que promueve el gobernador van encaminadas a reducir el déficit del estado, afectado por la crisis económica. Pero estas medidas contrastan con otras que reducen notablemente los ingresos al condonar pagos a grandes empresas tal y como apunta este excelente análisis.

Así, republicanos y conservadores del Tea Party apoyan al gobernador, advirtiendo de la importancia de esta batalla en la que se materializa la tesis neoliberal de que hay que reducir el peso del estado. Mientras que los demócratas apoyan las protestas arguyendo que hay otras maneras de reducir el déficit. En el fondo, me parece a mí, que se ejemplifica como nunca la pugna de clases por mantener su statu quo. Ríanse si quieren, pero estas protestas ya se están contagiando a otros estados. Así que en realidad esto no acaba más que empezar.

Mi crítica a proyectos de ley como este es que no van acompañados de sincera preocupación por el bienestar de los ciudadanos. Efectivamente hay alternativas, que no son fáciles, pero que tarde o temprano habrá que tomar, si de verdad se quiere una democracia saneada. Aumentar la carga impositiva sobre las rentas más bajas, recortarles servicios tan vitales como la sanidad o la educación, son retrocesos de la civilización sin apelación posible. En este sentido el programa liberal convierte al mundo en poco más que un negocio, chantajeando por doquier con deslocalizaciones, empleando el dinero para financiar voces sin autoridad moral, tratando de eliminar resistencias como el sindicalismo. Es la mejor receta para conducirnos a una desestabilización como la que se vive en las naciones árabes.

Por supuesto que no me gusta el hecho de que un empleado público disfrute de privilegios que el empleado en el sector privado no tiene. Pero esta lógica de las tijeras nos lleva al paradigma chino. En el que la falta de libertad, así como una política económica liberal, combinadas, han permitido que los grandes negocios prosperen en detrimento de sus feudos en las naciones occidentales. Así que en realidad ese es el futuro que nos espera, si se permite que personas como el gobernador Walker dobleguen las voces que no están contentas con el cambio.

Lo cierto es que el PIB mundial está en estos momentos creciendo. Eso quiere decir que en realidad hay más riqueza hoy que ayer. Pero hay una obstinada resolución por parte de los reaccionarios de hacernos pagar a los ciudadanos por los errores que cometieron algunos. Una cerrazón a admitir que el liberalismo ha fracasado en sus intentos de mostrar como benigno el laissez faire en los aspectos más importantes de los servicios a los ciudadanos: sanidad, educación, vivienda, información, energía. Por que la consecuencia final de facto es la concentración empresarial en oligopolios, que son el talón de Aquiles de nuestras democracias, a las que socavan constantemente con sus insidias. Ayudadas por administraciones corruptas, que en el caso español, no dudan en contravenir a sus ciudadanos con el fin de mantener privilegios y de obtener beneficios a cambio.

No me parece mal que se apele a un consumo responsable. Pero sí que me parece irresponsable pedir que los ciudadanos se aprieten más el cinturón mientras unos cuantos viven a cuerpo de rey gracias a ello. Así se harán negocios, se sanearán cuentas, pero así también se plantan las semillas para un cambio en nuestras democracias.

España sigue batiendo récords de paro en Europa. 4,3 millones de desempleados arroja el mes de febrero. Una cifra que dice el gobierno que crece más despacio, pero que sin embargo no deja de crecer.

Por más que se reducen prestaciones sociales y derechos las cifras presentan una resistencia contumaz a los positivos. Los únicos que parecen disfrutar de esos positivos son grandes empresas, como las entidades bancarias, que presentan espléndidos números de beneficios y de dividendos para sus cúpulas. Aunque yo pongo en duda esas cifras, que como en tiempos pasados, puede que no sea más que maquillaje para ocultar la sífilis.

Llega un punto en el que uno ya no sabe si merece la pena seguir el rastro de este via crucis de la política económica, vaya, la política, que parece que es incapaz de enderezar la situación. Las contradicciones entre la teoría y la praxis en el campo específico de la macroeconomía, pero también en nuestro día a día ponen en entredicho, al menos para mí, la autoridad del poder público y de los poderes económicos.

El ejemplo más patente es que los economistas andan a la greña acerca de si es conveniente la política de recortes. En un grupo podríamos encuadrar a los neokeynesianos. Piden manga ancha para endeudarse para engrasar la economía. Aquí el estado tiene un papel importante, de manera que con un Plan E, pero en mayúsculas, se podría poner en marcha la adormecida economía española. En otro están los monetaristas neoliberales, que siguen los postulados de Milton Friedman. Piden precisamente lo contrario. El estado debe menguar su papel, especialmente como regulador del interés del dinero mediante los bancos centrales. También abogan por las medidas de austeridad que estamos padeciendo actualmente.

Las preguntas que me asaltan son para cada una de las partes. A los keynesianos les preguntaría si se puede permitir un endeudamiento ilimitado. España no tiene una deuda pública muy abultada. Pero a la vista de las maniobras del sector privado, especialmente del financiero, me pregunto como de fea debe de ser la deuda privada que con planes como el reflote de las cajas se ponga en duda la capacidad de absorber esa deuda. Y no hablemos de los EEUU, dónde parece que le han pillado el gusto a eso de endeudarse hasta las cejas. Da igual que manden republicanos o demócratas. Un repaso a los años recientes convence a cualquiera que en realidad allí se ha hecho cualquier cosa menos contención o racionalización.

A los monetaristas les preguntaría cómo se puede esperar a la creación de empleo si con sus medidas lo primero que pasa es que se deprime aún más la economía. Especialmente ante un panorama de estaflación como el actual. Dónde estaban cuando se rescató a los bancos. Cuando es bien sabido que una de las reglas del liberalismo es no ayudar a los procesos ineficientes. Vaya, si evaporar los ahorros de millones de inversionistas no es ineficiente, que venga el santo que usted prefiera y lo vea.

Entre unos y otros, y la casa sin barrer. Alguien ha escrito en la red (siento no tener el link) que lo de crear un banco malo con los valores tóxicos de la banca estaría bien, a condición de que se enviase allí también a los directivos tóxicos. En fin, ese banco tendría más directivos que soldados rasos. Siento la conspiranoia en la nuca. Me da la impresión de que en realidad lo que hay es miedo a los cambios drásticos. A una desestabilización social. Y muy especialmente, hay miedo de perder prerrogativas para quienes ahora mismo las detentan. Como en el Titanic, los de primera clase han ocupado las chalupas, y desde esa seguridad dan instrucciones a los de tercera, nosotros, sobre como gobernar la nave mientras se hunde.

Las medidas neoliberales quizás sí que salven a algunas empresas. Pero si examinamos el conjunto de la sociedad vemos que esas bondades no llegarán necesariamente a la tercera clase. Es decir, que los buenos datos macroeconómicos no tienen por qué reflejarse en una mejoría de las economías domésticas.

En este estupendo artículo Paul Krugman entre otras cosas dice esto: En la reseña de 1965 sobre Monetary history, de Friedman y Schwartz, el fallecido premio Nobel James Tobin acusaba levemente a los autores de ir demasiado lejos. “Considérense las siguientes tres proposiciones”, escribía. “El dinero no importa. Sí que importa. El dinero es lo único que importa. Es demasiado fácil deslizarse de la segunda proposición a la tercera”. Y añadía que “en su celo y euforia”, eso es lo que muy a menudo hacían Friedman y sus seguidores.

Efectivamente, si el dinero es lo único que importa yo no me haría muchas ilusiones si usted es un parado de veinte o de cincuenta años. Por que en realidad para los abanderados del neoliberalismo usted no importa. La cosa cambiaría, claro está, si tuviese dinero. Pero por el dinero en sí, no por usted como persona, esta es la cruda realidad.

Las pretendidas bondades de la empresa privada ya las he cuestionado en posts anteriores, poniendo como ejemplo más flagrantes la desastrosa sanidad estadounidense, que sin ser la mejor es exponencialmente la más cara. O el corporativismo de ciertos estratégicos, como la energía o las telecomunicaciones, pactando precios en detrimento del consumidor. Precisamente empresas que no hace mucho eran públicas y que ahora, en plena crisis, colaboran aumentando aún más la presión sobre nuestros bolsillos.

Claro está, que la gestión pública no se queda a la zaga. Promoviendo incentivos a empresas privadas que no benefician a nadie, más que los empresarios agraciados. Encuadrando en puestos privilegiados a los allegados del administrador de turno. Pero el pato lo terminan pagando funcionarios, autónomos, PYMES y asalariados… vaya, la tercera clase.

Calonne, un dels ministres de finances de Lluís XVI

Article original

“Justament i recordant especialment els problemes fiscals a la França del XVIII m’ha semblat trobar un paral·lelisme amb la situació actual, en el que alguns discuteixen el model impositiu. És curiós com es reprodueixen les sospites de corrupció i mala administració. Així con el fet que els privilegiats tenen maneres d’eludir les obligacions fiscals.”

Precisament el regnat de Lluís XVI és quan es fa més evident aquest conflicte entre la defensa dels privilegis d’un grup determinat de persones i dels interessos generals. I que que va tenir com a culminació la Revolució del 1789.

Avui, encara que la situació no és exactament la mateixa, resulta notable que malgrat que algunes empreses ja estan sortint de la crisi, en canvi el panorama per als ciutadans amb menys ingressos sigui tan desolador. S’han proposat reformes per a evitar les receptes neoliberals, però sembla que estem davant una contrarreforma que ja veurem on aboca.

Ilustración de Kikelin.

Merkel habla a España

La Canciller alemana Angela Merkel está de visita en nuestras tierras, pero antes concedió una importante entrevista a RTVE en la que se habla del contexto económico actual y de lo que hay que hacer para salir de la crisis.

Bien, lo dicho por Merkel tiene mucha tela para cortar. Para empezar cuando dice que hay que mejorar la competitividad puesto que ahora mismo las naciones emergentes están siendo una dura competencia al mercado de la exportación. Sin relacionarlo directamente, también dice que las subidas salariales tienen que ir parejas al aumento de los beneficios. Esto sobre el papel queda muy bien, pero en la práctica supone que en un contexto de crisis va a ser difícil que los sueldos suban. Es más, dado el papel de Europa como principal mercado mundial es de esperar que la reducción del consumo aparejada a la contención salarial contagie al resto de economías, tal como acertadamente apunta Walden Bello en un estupendo análisis de las perspectivas económicas para 2011.

Merkel explica que no ve todavía una armonización fiscal en el horizonte. Esto ya de por sí echa por tierra cualquier intento de coordinar adecuadamente las economías de la zona euro. De hecho, uno de los puntos flacos de la economía actual señalado por economistas keynesianos y otros que no pertenecen al ámbito neoliberal, es que sin una pronunciada progresividad fiscal (esto es, que los ricos paguen mucho más que los pobres), no va a ser posible recomponer la prosperidad de Europa. La crisis del 29 se superó en gran parte gracias a la asunción de que los capitales debían pagar. Desde un punto de vista macro económico eso significa inyectar capital para hacer todo lo necesario para salir de la crisis. Un apoyo que con la desregulación de mercados y los privilegios al gran capital ya no se tiene.

Por tanto, con la contención salarial y una distribución injusta de las cargas fiscales va a ser muy difícil, si no imposible, salir de esta crisis.

Merkel recalca que la solidaridad, la estabilidad financiera y la competitividad van a ser el camino para ver la luz al final del túnel. Pero lo que no dice es que precio social se va a tener que pagar para llegar a los ratios de productividad de un chino o un japonés. Recordemos que la economía alemana es netamente exportadora. Ha basado su mejora económica en los últimos años en productos tecnológicos de calidad, que no sólo se compran en el resto de Europa (un 60% de su mercado), también China o Brasil adquieren productos alemanes para su floreciente industria.

Tampoco es favorable a la emisión de eurobonos, con lo cual el argumento de la solidaridad se queda en una palmadita en la espalda, ya que a efectos prácticos significa hacer una clara distinción entre deuda alemana o española por ejemplo. No soy partidario de expandir la deuda indefinidamente, pero lo cierto es que la política económica de Europa está demostrando pocos reflejos. Principalmente porque la integración política de sus miembros es muy pobre.

Visto así, sin una armonización fiscal y sin una política claramente coordinada veo muy difícil que los PIGS y el resto de naciones europeas más desfavorecidas lleguen a progresar lo más mínimo, a causa de su endeble estructura económica y las enormes disparidades de renta. El argumento de que hay que relacionar sueldos con beneficios puede estar bien en Alemania, especialmente en estos momentos que está en crecimiento. Pero en un país dónde se estima que el 20% de la economía está sumergida y en el que el ex presidente de la patronal tiene múltiples causas abiertas por mala praxis empresarial, sería como darle una lata de gasolina a un pirómano. Por supuesto que sería deseable implicar a los trabajadores en la obtención de beneficios. Pero eso sólo es posible si el comportamiento de la empresas es ético, hecho que a todas luces no es generalizable ni mucho menos. Al menos en España.

Especulación y commodities

En un plano internacional, la relajación de las normas para los capitales ha permitido entre otras cosas la inversión especulativa en una volumen y una velocidad sorprendentes. En otro post expliqué que a causa de la mala cosecha de cereales en Rusia el año pasado, así como de las incertidumbres económicas, estamos asistiendo a movimientos que buscan refugio en las commodities, como el oro, los cereales o los hidrocarburos. Esta especulación se está traduciendo en un importante incremento de los precios al consumo, ya que se suma al crecimiento en la demanda en las naciones emergentes. Esta especulación se calcula que representa más del 50% del total del incremento. Lo que explica los problemas que padecen países cuyas poblaciones tienen las rentas más bajas, entre otros Túnez.

Por tanto estamos ante un panorama de estancamiento, cuando no de contracción económica en la eurozona y sin embargo asistimos a una subida importante de precios. Esto en el argot económico se llama estaflación. Lo que supone que el rigor presupuestario que impone Merkel a los PIGS va ser mucho más duro de lo esperado. Es más, si no se toman medidas esto puede provocar momentos problemáticos a lo largo de este año. Un año en el que sólo Alemania parece que va a sonreír en Europa.

P.D. Un link interesante:

http://blogs.tercerainformacion.es/iiirepublica/2011/02/04/el-diktat/

Sin violencia, sin grandes aspavientos. De hecho apenas sin ruido, Islandia nos enseña el camino.

En octubre de 2008, los bancos islandeses Kaupthing, Glitnir y Landsbanki, quebraron a causa del estallido de la burbuja especulativa en los EEUU. La deuda total de los bancos islandeses sumaba el 700% del PIB, lo que a efectos prácticos significó una contracción del 7% en la economía, la pérdida de más del 50% del valor al cambio de la corona, una importante inflación y un aumento notable de parados. Esta quiebra afectó a numerosos inversores fuera de Islandia, por ejemplo clientes de Deutsche Bank y HSBC, por lo que se urgió a Islandia a empezar a hacer recortes al estilo griego para devolver los créditos.

Ante esta situación, ciudadanos armados con cacerolas, megáfonos y huevos salieron a la calle para impedir que se cargara sobre ellos el coste del mal negocio de los bancos. El gobierno cayó ante la protesta popular y una coaliación de la izquierda se hizo con el gobierno.

Aunque el estado se hizo con el control de los bancos, a diferencia de Irlanda, Grecia o España, en Islandia no se quiso socializar las pérdidas. Es decir que no se han tocado los pilares del tan manido “estado del bienestar”. Eso sí, en estos momentos los intereses al crédito están sobre el 15% y la inflación por las nubes. Un estupendo artículo nos explica como se vivió aquel derrumbe.

Hay que señalar que los islandeses decidieron en marzo de 2010 pagar la deuda sólo si esto era posible. Dicho de otra manera, mientras haya recesión no habrá pagos, entendiendo que esas deudas son privadas y no atañen al país. Por esta razón se amenazó desde los círculos financieros con aislar al país e impedir su acceso al crédito entre otras cosas. Reino Unido y Holanda, principales afectados por la quiebra, amenazaron con impedir la entrada de Islandia en Europa. Aunque yo me pregunto si en estos momentos los islandeses serán muy favorables a esto. Los EEUU, por su parte, también aplicaron presión a la diminuta república. Pero el resultado es que a día de hoy los mercados no han podido imponer su táctica de privatizar beneficios y socializar pérdidas.

Otro resultado de ese levantamiento pacífico es un proceso constituyente en el que los islandeses han designado por elección directa a una comisión de treinta personas. Esta comisión es la encargada de redactar una nueva constitución. El espíritu que previsiblemente impregnará esta nueva carta magna será el de la transparencia, la libertad de expresión y un marco legal que impida que los excesos de la avaricia de unos pocos arrastren a todo un país.

Dicho así parece un cuento de hadas, ¿verdad?. Pero no, esto esta sucediendo ahora. Islandia nos enseña el camino, pero el silencio se ha hecho alrededor de este pequeño país. Porque hay en juego mucho dinero, y se ha querido ignorar conscientemente esta historia que nos enseña que más allá de los negocios hay personas. El camino que ha tomado Islandia es el de la democracia, la libertad y la justicia, en el continente deberíamos tomar nota. Siempre se está a tiempo de cambiar de camino. ¿Lo veremos?

Trillo grito aquello de: !Viva Honduras!

Y yo digo: ¡Viva Islandia!

Interesante artículo sobre la especulación con la deuda soberana.

Enlace al artículo original

Después de Grecia, Irlanda…
Siguen los estragos de la crisis del euro
por Jean-Claude Paye*

Están cayendo las fichas del dominó. La crisis financiera irlandesa reproduce el esquema de la que ya tuvo lugar en Grecia y abre el camino a las que vendrán, en Portugal y en otros países. Para pagar sus guerras en Afganistán e Irak, Estados Unidos ha decidido monetizar su deuda pública, o sea encajarle sus propias facturas al resto del mundo. Esa afluencia de liquidez permite a las élites capitalistas devorar presas cada vez más opulentas. Habiendo saqueado ya el Tercer Mundo, ahora pueden emprenderla con el euro. Sin embargo, observa Jean-Claude Paye, lejos de impedir que lo hagan, el Banco Central Europeo las favorece a expensas de los pueblos europeos, a quienes imponen políticas de austeridad.

Una frase que se atribuye a Marx nos enseñó que si la historia no se repite, por lo menos tiene tendencia a tartamudear. Ese diagnóstico ilustra a la perfección el nuevo ataque contra el euro. Ante la crisis irlandesa, los mercados financieros han puesto en escena un guión similar al de la ofensiva contra Grecia [1]. Se trata del desplazamiento de una causa externa: la política monetaria expansionista de la FED (Federal Reserve). De la misma manera, la ofensiva de los mercados tendrá también el apoyo de Alemania.

Al igual que durante los meses de abril y mayo de 2010, el anuncio de una futura inyección masiva de liquidez por parte de la Reserva Federal estadounidense no ha hecho bajar el valor del dólar sino que ha reactivado el asalto especulativo contra la eurozona. Alemania también ha dado origen, en parte, al acelerado incremento de las tasas de interés de las obligaciones irlandesas, así como de las portuguesas y las españolas.

Las recientes declaraciones, pese a todo puramente formales, de Angela Merkel sobre la necesidad de obligar a los acreedores privados a tomar parte, en caso de reestructuración de la deuda de ciertos países de la eurozona, ha acentuado la desconfianza de los mercados hacia los países más débiles.

El objetivo de la FED: una creación ininterrumpida de burbujas financieras

La frase de John Connally, secretario del Tesoro de la administración Nixon en 1971, de que «El dólar es nuestra moneda, pero es problema de ustedes», cobra hoy más actualidad que nunca. Hasta ahora la monetización de la deuda estadounidense le crea menos problemas a Estados Unidos que a sus satélites. El arbusto de la degradación financiera de Grecia ya había bastado para disimular el bosque deficitario estadounidense.

De la misma manera, durante este fin de año la deuda irlandesa eclipsó el anuncio de un nuevo programa de compra masiva de bonos del Tesoro por parte de la Reserva Federal estadounidense. Esta maniobra de «quantitative easing» consiste en hacer bajar las tasas de interés sobre las obligaciones del Estado y debe permitir, a razón de 75 000 millones de dólares, una inyección de 600 000 millones a la economía estadounidense.

La FED ya había introducido una suma de 1 700 millardos [1 millardo = 1 000 millones] de dólares en el circuito económico estadounidense. Este nuevo programa de inyección de liquidez nos demuestra que esa política ha fracasado, puesto que ahora hay que recurrir a una nueva serie de compras. Pero lo más importante es que nos indica que el «quantitative easing» ha dejado de ser una política de carácter excepcional. Ahora parece destinada a mantenerse y se convierte en un procedimiento normal [2].

Contrariamente a lo que declara el Departamento del Tesoro, el objetivo de la creación de moneda a la que recurre Estados Unidos no es permitir que los bancos concedan créditos a los particulares y a las empresas. Dada la coyuntura económica, esa demanda es actualmente reducida y las instituciones financieras disponen de importantes reservas.

Ya hay abundancia de liquidez. Agregar más no resolverá el problema actual, que en realidad reside en la desconfianza de los bancos ante la falta de solvencia de los posibles candidatos a recibir nuevos préstamos, o sea en cuanto a la rentabilidad de sus inversiones.

¿De qué puede servir entonces esta inyección permanente de liquidez en un mercado ya saturado? Para responder a esa pregunta basta con observar los efectos de esa política: formación de burbujas especulativas y alza desmesurada del valor de los activos, afluencia de capitales hacia los países de fuerte crecimiento, como China o la India, y ataques especulativos, sobre todo contra la eurozona.

La política estadounidense de monetización de su deuda pública resulta actualmente poco inflacionista porque gran parte de los capitales está saliendo de Estados Unidos para ir a situarse en los mercados emergentes, razón por la cual no está alimentando la demanda interna en Estados Unidos.
Tampoco provoca una fuerte caída del dólar porque las compras adicionales de activos –oro, materias primas y petróleo– que esa medida está provocando se están efectuando con dólares estadounidenses, lo cual sostiene la cotización de esa moneda. Los especuladores estadounidenses hacen sus compras con su propia moneda, mientras que los «inversionistas» extranjeros, incitados a seguir el movimiento de alza inducido por esa política, están cambiando sus monedas nacionales por dólares para comprar «activos».

El objetivo del BCE: transferir a los bancos los ingresos de los trabajadores

En lo tocante a la Unión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) anunció la continuación de su política de compra de obligaciones soberanas. También ha decidido prolongar su dispositivo de refinanciamiento de los bancos, ilimitado y con una tasa fija, por un nuevo periodo de al menos 4 meses.

Aquí también se hace patente un cambio de actitud: ya no se presenta esa política como un hecho excepcional sino con carácter permanente [3].
La modificación de la política del BCE reside en su compromiso en cuanto a la duración. «En tiempos normales, el BCE compra títulos a corto plazo: 3 semanas, un mes, más raramente 3 meses. Pero, desde la crisis, el BCE se puso a comprar títulos a un año de plazo, algo nunca visto.» [4]

Ese cambio invierte el papel del BCE, que de ser el prestamista a quien se recurre como último recurso pasa a convertirse en un prestamista de primera línea. El Banco Central Europeo funciona así como una institución crediticia.
El BCE ha adquirido hasta ahora bonos sobre la deuda pública por un monto de 67 000 millones de euros [5], esencialmente en títulos de Estados que vienen afrontando dificultades, como Grecia e Irlanda. Estamos por lo tanto muy lejos aún de la compra de 600 000 millones de dólares que hizo la FED.

La política del Banco Central Europeo es diferente, no sólo en el plano cuantitativo sino también en el aspecto cualitativo, ya que esta institución ha decidido esterilizar su inyección de liquidez, disminuyendo en la misma medida los préstamos que efectúa a los bancos privados.

El objetivo del Banco Central Europeo es tratar de retrasar lo más posible una reestructuración de la deuda griega, de la irlandesa y de la portuguesa… porque los grandes bancos europeos están seriamente enfrascados en su propio financiamiento. Se trata, ante todo, de salvar las instituciones financieras y de tratar de que la factura la paguen los trabajadores y los ahorristas.

Para lograrlo, la Unión Europea y los Estados miembros han entregado a los mercados financieros la llave del financiamiento de los déficits. Los Estados tienen que obtener préstamos a través de las instituciones financieras privadas, que a su vez obtienen fondos a bajo precio del Banco Central Europeo.

Aunque la media de los déficits de los Estados miembros de la Unión Europea es del 7%, o sea muy inferior al 11% que déficit de Estados Unidos [6], la Unión Europea ha emprendido una brutal reducción de los gastos públicos.
La Comisión Europea quiere imponer a los países un largo tratamiento basado en la austeridad para volver a una deuda pública inferior al 60% del PIB y ha abierto procedimientos por déficit excesivo contra los Estados miembros. A mediados de 2010 prácticamente todos los Estados de la eurozona estaban sometidos a ese tipo de procedimientos.

La Comisión les ha pedido incluso que se comprometan a volver a situarse por debajo del límite del 3% antes de 2014, sin importar cuál sea la evolución de la situación económica. Los medios previstos para alcanzar esos objetivos no consisten en la imposición de un gravamen a los altos ingresos o las transacciones financieras sino más bien en una disminución del salario directo e indirecto, o sea en aplicar políticas salariales restrictivas y reducir o eliminar sistemas públicos de retiro y de salud.

Complementación entre las políticas de la FED y del BCE

La política monetaria fuertemente expansionista de Estados Unidos consiste en comprar en el mercado secundario obligaciones soberanas a mediano y largo plazo, de 2 a 10 años, para que las nuevas emisiones que debe hacer la FED encuentren quien las adquiera a una tasa de interés relativamente poco elevada, o sea soportable para las finanzas públicas estadounidenses.

Esa política no sólo es la que conviene a los intereses del capital estadounidense sino que corresponde además a los intereses del capitalismo multinacional. Es el principal instrumento de una práctica de tasas de interés muy bajas, por debajo del nivel real de la inflación. Se trata de permitir, no sólo a Estados Unidos sino también a Europa y Japón, que puedan enfrentar su montaña de deudas aplicando tasas mínimas.

Todo aumento del rendimiento de las obligaciones llevaría a esos Estados a la bancarrota. Además, a mediano plazo, esa práctica laxista tendrá un efecto inflacionista que reducirá el valor de esas deudas públicas y disminuirá, en términos reales, la carga que representan.

Dado el lugar tan especial que ocupa el dólar en la economía mundial, la Reserva Federal estadounidense es el único banco central que puede darse el lujo de adoptar ese tipo de política, y sobre todo que puede aplicarla a tan gran escala. Cualquier otra moneda nacional se vería inmediatamente bajo el fuego de los mercados y fuertemente devaluada. La FED es el único banco central que puede darse el lujo de fabricar dinero y lograr que los agentes económicos extranjeros lo acepten.

La monetización de la deuda estadounidense permite, al proporcionar municiones a los mercados financieros, emprender ventajosamente operaciones de especulación contra la eurozona. Esto coincide con los objetivos de la Unión Europea, ya que permite movilizar los mercados y presionar a los pueblos europeos para obligarlos a aceptar una drástica disminución de su nivel de vida.

El efecto de las políticas presupuestarias que los Estados miembros han puesto en marcha no será otro que impedir el redespegue económico, fragilizando aún más las finanzas públicas y reclamando nuevas transferencias de los ingresos de los trabajadores a los bancos y las empresas. La crisis del euro continuará prolongándose. Y la voluntad ya expresada por la agencia estadounidense Moody’s de reducir nuevamente la nota de las obligaciones del Estado español, debido a sus «elevadas necesidades de refinanciamiento para 2011» [7], confirma este diagnóstico.

Jean Claude-Paye

1] «La Unión Europea y los «hedge funds»: ¿regulación o abandono del territorio europeo?», por Jean-Claude Paye, Red Voltaire, 12 de noviembre de 2010.

[2] «La FED va injecter 600 milliards de dollars dans l’économie américaine », por Audrey Fournier, Le Monde, 4 de noviembre de 2010.

[3] «La Banque centrale européenne prolonge ses mesures exceptionnelles de soutien», por Mathilde Farine, Le Temps, 3 de diciembre de 2010.

[4] «La BCE poursuit son programme de rachat d’obligations publiques», por Audrey Fournier, Le Monde, 2 de diciembre de 2010.

[5] «Les Etats-Unis à l’origine des tensions au sein de la zone euro», por Sebastien Dubas, Le Temps, 3 de diciembre de 2010.

[6] Ver: Manifeste des économistes atterrés. Crise et dette en Europe: 10 fausses évidences, 22 mesures en débat pour sortir de l’impasse, 14 de septiembre de 2010.

[7] «Moody’s envisage une nouvelle dégradation de la note de l’Espagne», Le Monde con AFP, 15 de diciembre de 2010.

Esta semana, los que somos partidarios de las libertades, los que no aceptamos de buen grado la autoridad ni los privilegios, estamos de enhorabuena.

Los tunecinos han decidido que ya está bien, y han echado a la dinastía del dictador Ben Alí y de su reina Leila Trabelsi. Que huyeron el 14 de enero.

El 7 de enero, Ayub Alhammi, un joven tunecino, se quemó a lo bonzo para protestar por haber perdido su puesto de venta de verduras. Único ingreso de este estudiante universitario. Fue como una mecha que hizo explotar el polvorín del descontento popular. Especialmente ante el aumento de precio de artículos de primera necesidad como el pan.

Esto no es nuevo, siempre han existido levantamientos cuando la población percibe que se ha traspasado cierto umbral de humillación, de desesperación. A esta revuelta se la ha llamado del hambre.

Lo que sí es nuevo es que se ha producido en un estado musulmán. Una revuelta desprovista totalmente de rasgos religiosos que sin embargo cuenta con numerosos simpatizantes y emuladores en todo el occidente islámico. También es nuevo el papel de la red, que ha servido como punto de reunión, discusión y organización para los insurgentes. Hecho que encumbra más aún a la red de redes como un espacio de libertad, ante el que las autoridades y demás poderes son impotentes. Hecho del que personas como yo nos alegramos profundamente.

¿Pero es casualidad que ahora y aquí se haya producido este levantamiento?

Sí y no. En sí es un hecho imprevisto. Como imprevisto era, hace apenas un año, que el coste de algunos artículos básicos escalaría hasta los niveles actuales. En este sentido parece que la aleatoriedad ha favorecido la concurrencia de circunstancias que el dictador Ben Alí no pudo prever. Pero no es un hecho imprevisto en el sentido que las circunstancias actuales hacían, de una manera u otra, prever que en algún lugar del mundo podía explotar la presión de los mercados.

La presión de los mercados. Esa es la razón de fondo que explica la desesperante situación de los tunecinos. Más allá de la insoportable carga de Ben Alí y los suyos. Más allá de una dictadura encubierta y justificada en occidente. Recordemos que en agosto de 2010 un enorme incendio en Rusia devastó parte de la cosecha cerealística. Hecho ante el cual el Kremlin decidió prohibir las exportaciones, al menos temporalmente. Esto de hecho ya anunciaba una escalada en los precios del cereal, ya que Rusia es uno de sus principales productores. Lo que no estaba anunciado era que en los mercados de inversión se leyó este desastre como una oportunidad de oro para invertir en commodities como cereales, trigo o petróleo.

Y esta es la razón en última instancia que ha propiciado la caída de Ben Alí. El oportunismo de unos mercados que recordemos mantienen en estos momentos sojuzgado a prácticamente todo el planeta. Incluyendo a España. Sí alguna conclusión hemos de extraer de este episodio es que los mercados no funcionan como una máquina engrasada para redistribuir la riqueza y aumentar el bienestar de los ciudadanos. Los mercados son una máquina engrasada para producir beneficios desestabilizando o destruyendo todo lo que se le pone por delante. Es la prueba fehaciente de que este invento liberal de los mercados desregulados es una bomba de relojería para la estabilidad del planeta.

Dado que las medidas políticas tomadas tras el colapso financiero de 2008 han dejado incólume el poder y la movilidad de los capitales especulativos. Es de esperar que volveremos a asistir a nuevos episodios en los que la tensión provocada por los mercados estalle en algún punto del planeta. No se trata ya de una pugna por liberarnos de personajes funestos como Ben Alí. Si no de romper la perversa lógica que hace que los ciudadanos estemos encadenados a las decisiones de unos privilegiados, que deciden sobre la vida y la muerte de los demás.

El triste e hipócrita papel de nuestras democracias debería ser un aviso para todos de que no hay nada en estos momentos que detenga el papel depredador de los mercados.

Túnez ha sido como la Bastilla. Las circunstancias mantienen asombrosos paralelismos. Cuando estalló el 14 de julio de 1789 la revuelta en París, las razones no eran estrictamente políticas (liberté, egalité, fraternité), si no que la precariedad de los pobres se había vuelto insoportable tras una serie de malas cosechas. Así mismo, como hoy, había una clase de privilegiados que miraban hacia otra parte ante el sufrimiento de los desfavorecidos. Una clase que no dudaba en dejar morir de hambre a los ciudadanos si eso les permitía seguir con su opulento nivel de vida.

Del mismo modo, había una justificación ideológica al atropello. Dicha justificación se articulaba de la siguiente manera: Si los nobles disponen de riqueza, estos generan demanda con su dispendio. Con su consumo y sus inversiones dinamizan la economía, dando empleo a la burguesía y al pueblo llano. ¿No encuentran asombrosas las equivalencias?

Siguiendo este razonamiento entenderán que hoy, la Bastilla puede ser cualquier lugar del mundo. Los bruscos cambios en los flujos de inversión se han convertido en un volátil explosivo que en manos de los mercados puede hacer zozobrar tanto dictaduras como democracias. Todo ello en nombre de la rentabilidad que en 2008 estuvo a punto de hacer caer en el abismo a occidente.

Dos años después seguimos en un escenario inestable. España está al borde de ser rescatada por los mismos que han provocado su postración. Y la pregunta que me hago es cuando va a empezar el siguiente capítulo de esta tormenta. Porque dado que no se ha hecho nada para apaciguar las aguas, estoy seguro de que vamos a asistir a más hechos como los de Túnez.

Últimamente se está discutiendo acerca de casi todos los aspectos que rigen la actividad política y la económica. Pero con como telón de fondo y denominador común la crisis. Una crisis que parece arreciará en 2011, y en la se juega nada menos que el futuro del euro, y por ende, el de la UE. Un aspecto importante de lo que acontece hoy en España es que el mundo tiene sus ojos escrutando la deriva del país. Como he dicho, está el futuro de Europa en juego. La caída de España en forma de rescate probablemente tendría repercusiones a escala global. Por esta razón hay que coger con pinzas y microscopio cada gesto, cada palabra que se proyecta en el ámbito público. Asimismo un servidor se pregunta qué parte de la historia es la que no vemos, que es lo que se nos oculta. Hay mucha incertidumbre, hay miedo.

Esta semana el tema de moda está siendo el modelo de estado. Aznar en unas declaraciones incendiarias señaló que el modelo autonómico es inviable, achacando a las comunidades autónoma (CCAA) el lastre del déficit presupuestario. Toma ya.

Algunos se han apresurado a recoger el guante. En Libertad Digital se apunta un posible regreso de Aznar a la palestra. Y no sería de extrañar,  pues no se explica de otra manera el problema que le ha creado a Rajoy con semejante afirmación. Recordemos que varias de las CCAA más endeudadas están gestionadas por el PP. La respuesta de estas ha sido claramente contraria a seguir las indicaciones de Aznar. Cosa perfectamente comprensible. Tenemos el ejemplo de Valencia. Con un presidente que a pesar de sus imputaciones sigue campeando a sus anchas. Con unos medios de comunicación totalmente domesticados, y lo que es más importante, con perspectivas de una reelección.

Para los partidarios de un refuerzo del poder central, vamos a llamarlos jacobinos, la admonición aznariana ha sido como una bendición para abrir la caja de pandora: El modelo de estado. Un modelo que hasta ahora sólo la más rancia derecha y algunos centralistas en la órbita (aplaudan) socialista se habían atrevido a cuestionar públicamente. El debate está servido.

Quizás esté de acuerdo en que el modelo es inviable. Pero las razones aducidas, duplicación de servicios, incompetencia de los administradores, etc., suelen quedarse cortas. Ya que, privatizaciones aparte, se pide que sean la CCAA autónomas quienes mayormente reduzcan su peso en la administración. Obviando, intencionadamente opino, el hecho que algunas de estas comunidades son entidades nacionales que no van a renunciar fácilmente a su cuota de autonomía. En todo caso sí resulta coherente que en el ideario neoliberal, tema del que hablo en este post, se abogue por un adelgazamiento del estado. ¿Pero y este ataque furibundo a las CCAA?

En realidad es un torpedo en la línea de flotación de la identidad nacional de Catalunya, Euskadi o Galicia. Y Aznar lo sabe. Es por esta razón que la sugerencia de volver a un modelo centralizado ha jaleado a las bases del PP. Ya que es bien conocido el éxito de la estrategia de que “la unidad de España se rompe” para movilizarlas.  Por contra, la cara triste, los barones regionales, están lógicamente disgustados y ya han negado públicamente su intención de ceder competencias. Aznar parece que nos está diciendo algo así: “Si mandara yo, aquí iban a cambiar muchas cosas, y todos a callar”.

En realidad, y dado el inequívoco carácter plurinacional del estado español, un modelo federal sería mejor que este café para todos de las autonomías. Mi inclinación personal pero, es el de la confederación. La Confederación Ibérica. Sé que suena extraño, pero este es realmente el encaje para todos los miembros del estado. Y posiblemente Portugal se adhiriese a la idea.

En una confederación sus miembros tienen rango de nación. Autonomía suficiente para decidir si quedarse o partir. Con amplias competencias respecto de su legislación, dejando para el poder central sólo algunas y de común acuerdo. Por ejemplo defensa o política exterior.

La insostenibilidad del estado español, paradójicamente, hay que buscarla en las condiciones que permitieron el crecimiento del gasto público. Es decir, en el tiempo de la burbuja económica. Que coincide básicamente, aunque no es una coincidencia, con las dos legislaturas de Aznar.

Dicha expansión del gasto siguió aumentando con la presidencia de Zapatero. Hasta que sobrevino el pinchazo económico. Las divergencias entre gasto público e ingresos, es decir el déficit,  se acentuó enormemente a partir de entonces. Exacerbado a causa del aumento de desempleados o la disminución de ingresos provenientes de la actividad inmobiliaria,  entre otros muchos factores. Visto así, sólo un milagro hubiese impedido el actual estado de cosas. Ya que ni bancos centrales, ni agencias de rating, ni las propias entidades financieras quisieron ver el humo del incendio. Resumiendo, combustión espontánea

Finalmente señalar que la sospecha de insolvencia bancaria, la corrupción,  así como el importante peso de la economía sumergida y de la evasión fiscal, son entre otros, factores que han suscitado no poca controversia. Y me atrevería a decir que parte de la desconfianza que ahora mismo España despierta en el mundo. En este sentido, las declaraciones de Aznar resultan como poco demagógicas, puesto que añaden más presión a una nación al borde de la intervención. Con las repercusiones que ya he indicado.

Adicionalmente, el rescate multimillonario de las entidades financieras, prestándoles dinero público a bajísimo interés, ha sido a su vez empleado para que estas mismas entidades compren deuda soberana a intereses mucho más altos. De manera que se ha establecido un ciclo diabólico en el que el perro muerde la mano que le da de comer.

La puntilla a este estado de cosas ha sido la marcha atrás del gobierno en la ley de transparencia. Hecho cuyas connotaciones van más allá del simple formalismo, o lavado de cara. Consagran una opacidad que es precisamente lo que pone tan nerviosos a los mercados y a algunos ciudadanos como yo. Y que afecta tanto a la administración pública, como a empresas. Muy inquietante es el papel de los bancos. Recordemos que en los stress-test del 2009, los bancos irlandeses superaron las pruebas cuando de hecho estaban a punto de quebrar.

La solución central aznariana parece obviar estas consideraciones y tirar por un atajo directo a las bases más reaccionarias del PP, y a los desafectos con la la periferia, que no olvidemos cuenta con muchos partidarios entre los votantes del PSOE.

La dicotomía izquierda-derecha, federalismo-centralismo no tiene necesariamente que formar parejas fijas. Pero parece que el golpe de timón de Aznar va a polarizar posturas. Tratando a la izquierda federalista como causa del los problemas de España. Extendiendo un tablero de juego en el que no caben medias tintas. Conmigo o contra mí. La España roja contra la España negra. En un maniqueísmo que va dejando cada vez menos oxígeno para otras propuestas, para otras ideas.

Por estas razones, no es casualidad que haya colocado una bandera neorepublicana en el encabezado. Pues empezamos a vernos cada vez más a un lado u otro de las trincheras, aunque estas sean más simbólicas que reales. Aunque la lucha se dirima ya no en las calles, si no en la red.