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Esta semana se me ha alegrado un poco. Los chicos de la SGAE están probando las instalaciones que nos tienen reservadas a los que nos hemos bajado el Mein Kampf en PDF.

Fuente: El País

“Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan. Entonces ganas”. Mahatma Gandhi.

Esta es una de las frases que están incendiando la red, especialmente Twitter, y que refleja el sentir de mucha gente que asiste entre perpleja e indignada a la importante divergencia entre las interpretaciones de lo que está aconteciendo en la calle. Es decir, entre la crítica a toda costa de lo que huela a antisistema y el apoyo que desde el propio Internet se le da a los indignados.

Huelga decir que nadie coherentemente está de acuerdo con las agresiones de ningún tipo. Pero hasta la fecha de hoy apenas puedo contar algunas salidas de tono puntuales, como acosar a Ruiz Gallardón (por cierto que por desconocidos y por razones que no me quedan muy claras) o pintarle la nuca a un conseller. En general, pero, las manifestaciones de descontento están siendo modélicas, especialmente teniendo en cuenta las circunstancias. Unas circunstancias que no van a mejorar, si no a empeorar por que así lo han querido políticos y banqueros.

Cuando ya en Alemania se habla abiertamente de que la crisis de deuda europea no tiene solución, en referencia a la evolución de las economías de los PIIGS, es que la cosa es grave. Lo divertido del caso, tristemente, es que mientras hubo bonanza no se tomaron medidas de austeridad en previsión de vacas flacas. Ahora que estas han llegado, resulta que se quiere imponer inútilmente esta austeridad que no beneficia a nadie más que a unos pocos. ¿Tan ineptos son los gobiernos y las instituciones económicas?

No entiendo por qué hay quién se pregunta todavía el porqué de la gente protestando en la calle. El fracaso de toda una generación de economistas y políticos es apabullante, y estos, lejos de tratar de enmendarse, sólo atinan a emplear los resortes del poder para tratar de acabar con la incipiente revolución en Europa. Hay muchos que acusan a los manifestantes de abusar de las libertades, de gritar y no dialogar. Pero la realidad es que no ofrecen ni siquiera un atisbo de complicidad o de confianza a los que están sufriendo injustamente en sus carnes los efectos de su ineptitud, cuando no de su mala fe. Algunos se han atrevido a adjetivar a los que protestan como hijos malcriados de la abundancia. Y ciertamente hasta ahora hemos tenido abundancia, pero no precisamente de valores, ni de justicia, ni de futuro.

Se tacha a los antisistema de totalitarios por que tratan de imponer sus condiciones a golpe de protesta, que la mayoría de ciudadanos, de españoles, han votado por otras salidas. Pero yo me pregunto si no estamos ante el error de muchos, que malinterpretan la realidad de las cosas por que son incapaces de mover su perspectiva. Por que dan por sentado que las opciones que se les presentan desde partidos y élites económicas son las más fiables. ¿Tan fiables cómo para que estemos, ahora y aquí, así?

Hurtando las perspectivas de un futuro mejor a los ciudadanos, los poderes están cavando la fosa de las instituciones a las que dicen servir y defender. Evidentemente que son malos tiempos, pero eso lo puede decir quién lo padece en sus carnes, no ellos. De la misma manera que no se le pueden exigir sacrificios a quién nada tiene a cambio de nada. Esto es la causa principal de la revolución francesa de 1789 y es lo que están cultivando las políticas neo liberales, el caos. No señalen a los manifestantes si no a quienes detentan las responsabilidades como causa de este caos.

Que en Grecia, en Italia, pero también en China, la gente salga a la calle quiere decir que hay un error en el sistema, y el sistema se empeña en hacernos creer que no.

Aún no ha terminado el suplicio para los japoneses. Además de seguir aumentando la cifra oficial de víctimas del terremoto y posterior tsunami, viven momentos dramáticos, pendientes de lo que sucede en los reactores de Fukushima.

Ya hay gente con calculadora en mano estimando los costes de la tragedia nuclear, un coste que recaerá directamente a los bolsillos de los japoneses. Por no hablar de los daños a la salud de la población, a la agricultura, a la pesca… Este magnífico artículo publicado en La Vanguardia, nos abre los ojos acerca de quién maneja la industria nuclear, y por qué hemos de temer que las cosas son peores de como nos las cuentan.

Curiosamente, y a pesar de las llamadas a la serenidad que nuestros ilustres nos dirigen, tenemos ya sobre la mesa un efecto Fukushima. En Alemania parece que han entendido las señales de peligro y eso le puede costar la cancillería a frau Merkel. Veremos que pasa en Francia, sede de gran parte de las centrales europeas. Respecto a España, ya sabemos que Zapatero caminará en la dirección que sople el viento.

Sin tener todos los datos en la mano, a un servidor ya le queda claro que esto de las nucleares es inviable, indeseable y ante todo sumamente peligroso. Así es que espero que pronto sean también historia.

Nucleares, no gracias.

Como habrán leído, uno de los temas estrella de este blog es la crisis, su orígen, sus interpretaciones… Pero poco se ha hablado de soluciones. Precisamente soluciones es lo que espera la gente. Pero parece que es algo complicado, farragoso e incluso ilegible. Me atreveré a hacer de caja de resonancia de algunas que me han gustado.

Para empezar hay que hacerlo por el principio. Vaya, por las premisas. Una de las premisas que flotan en el aire es que los de abajo irán bien cuando los de arriba vayan no bien, muy bien. Un ejemplo es el de hablar positivamente de la economía cuando las grandes empresas van bien, aunque eso sea a costa de despedir a un número escandaloso de personas. En todo caso, se crearán esos empleos el día en que las cifras de esas grandes empresas lleguen al rango de astronómicas.

En clave española, se puede decir que la mayoría de expertos, si es que eso significa algo para usted, dicen que el PIB nacional ha de situarse, por lo menos, en un crecimiento anual del 3% para empezar a ver nuevos empleos. Claro, tal como están las cosas no se esperan tasas de crecimiento a ese ritmo hasta dentro de algunos años. Lo que equivale a decir que no veremos creación neta de empleo ni este año, ni el que viene…

Y todo esto, a pesar de que los grandes bancos exhiben beneficios y el sector exportador, según declara el gobierno, ha aumentado en un 25% su actividad en un año.

Reparto del trabajo

Siendo el principal escollo para entender que efectivamente la crisis cede, es importante hacer algo para reducir la escandalosa cifra de parados española. El gobierno parece que por fin ha propuesto algo inteligible como es el apoyo a la contratación a tiempo parcial. Hay muchas empresas que por los horarios de su actividad necesitan disponer de turnos en los que los empleados se alternan para un puesto. Ni que decir tiene que en muchos casos la reducción de las horas de trabajo continuo puede ser un beneficio al rendimiento. Cosa que contrasta con la política empresarial española, que prima justo lo contrario, pocos contratos y larguísimas jornadas.

Echando una mirada a nuestros vecinos europeos se observa que justamente los más productivos tienen horarios bastante decentes. Incluyendo algo como la conciliación laboral. Algo que a muchos de nuestros empresarios les parece un lujo y derroche irracionales.

Moderación salarial y competitividad

Otra cuestión importante es la de la competitvidad. Se ha señalado que los sueldos deben moderarse, aún más, para permitir mejorar la competitividad de lo que se produce en España. Pero esas medidas se entiende se aplican a los asalariados con menores rentas. Cuando uno de los problemas más graves es precisamente la excesiva estratificación de salarios. Es más, la propuesta que desde Alemania hizo frau Merkel a los españoles respecto a la competitividad, ligando sueldos a beneficios, parece que también sólo afecta a las rentas más bajas. Por supuesto no a los funcionarios y mucho menos a los políticos y altos ejecutivos.

Por tanto, se puede aceptar introducir medidas de esta índole, pero empezando por arriba. Por ejemplo, castigando a los gestores de entidades bancarias que causen pérdidas a sus clientes, todo lo contrario de lo que hemos visto. Asimismo, limitando por ley las diferencias entre sueldos, ajustando a la alza o a la baja de manera proporcional, de acuerdo con los criterios de competitividad.

Claro, en este punto los liberales protestarán indicando que sin estímulos económicos, los empresarios y altos cargos no están motivados, además de sentir esto como una injerencia en sus asuntos. Lo que no es del todo incierto. Sucede pero, que ya hemos visto que sin normas y sin control, el beneficio que aspiran, cual cocainómano, estos altos cargos, acaban por destrozar el poder adquisitivo de las familias, y por tanto, la economía. Por esta razón es necesario implementar de alguna manera una redistribución equitativa de beneficios para hacer creíble cualquier medida de esta índole.

Persecución de la economía sumergida y la evasión de capitales

La competitividad regulada por ley, tiene un talón de Aquiles. Y éste es la economía sumergida. Ya que siempre resulta más rentable, desde el punto de vista del beneficio inmediato, evitar al fisco que aplicar sus normas, por blandas que estas sean. En esta picaresca los españoles son unos campeones, se calcula que al menos el 20% de nuestra economía está sumergida. A lo que habría que sumar los capitales que nuestros responsables empresarios hacen desaparecer del mapa español para reaparecer en islas muy lejanas.

Claro, con esta realidad se hace muy difícil llamar a la responsabilidad fiscal. Como difícil se hace el desarrollar políticas verdaderamente sociales desde el punto de vista fiscal, ante el riesgo de una estampida de capitales. Lo que en en algunos casos yo equipararía a una verdadera extorsión al Estado. Un problema que parece es común a todas las economías desarrolladas, pero que atenaza especialmente a las más liberales, y que se materializa en forma de lobbys de presión, como es el caso de FEDEA. Lo peor de todo es que estas actitudes han tenido el apoyo implícito de organismos como el Banco de España, cuyo papel como defensor de la economía de todos resulta más que discutible, así lo indica  clarísimamente el economista Juan Torres.

Estando así las cosas, con la sospecha de deslealtad desde el propio Estado, la presión política de los lobbys, así como la propensión evasora del tejido empresarial, no debe de extrañar que un servidor pida como mínimo algo de orden y seriedad antes de aplicar medidas sobre la competitividad.

Reducción del déficit del Estado

Se habla mucho acerca de reducir el peso del estado, con la finalidad de que este no incurra en déficit. Lo que ocurre es que las medidas que se proponen perjudican directamente, otra vez vaya casualidad, a las rentas más bajas. Por ejemplo y como caso más flagrante, el de las pensiones.

Nadie ha planteado seriamente que quizás la reducción del número de consistorios, que no de los servicios que prestan. O la supresión de las inútiles diputaciones, caladero de políticos sin ocupación. Pueden ser eficaces medidas que ahorren al contribuyente millones de euros, sin que lo note en los servicios que recibe.

Otro aspecto a estudiar es el de las subvenciones. Por poner un ejemplo, el de las subvenciones más o menos encubiertas a medios de comunicación afines. Hay muchos medios de comunicación que prácticamente subsisten gracias a la generosa publicidad institucional que reciben. Normalmente, no hace falta decirlo, son medios afines al partido en el poder. Un caso flagrante es el de Valencia en dónde este análisis revela hasta dónde pueden llegar las consecuencias de esta política.

Claro está que si empezamos a hacer un repaso de subvenciones que conocemos, y le añadimos las que sospechamos que existen, uno entiende que el gasto del Estado en cosas perfectamente prescindibles es enorme. ¿Por qué nuestros políticos nos recortan las pensiones y no se cortan en ayudar a los amiguetes? Es una vergüenza, enmascarada con malas artes.

Por no hablar de la corrupción. Ese pozo sin fondo en el confluyen los peores aspectos de la mala praxis expuesta en los puntos anteriores. Políticos con dos rostros, empresarios sin escrúpulos y una población desinformada se combinan para generar relaciones económicas y de poder fuera de la ley, y que van a cargo del contribuyente. Parece que algo se ha hecho, a tenor de los numerosos escándalos que animan nuestras tertulias, pero la sensación que uno tiene es que sólo vemos la punta del iceberg de lo que se cuece entre bambalinas.

Gasto energético

¿Es normal que el 80% de las mercancías españolas se muevan por carretera? Desde luego que no. Es una aberración heredera de la infame política del ladrillo, que incluyó una expansión de la red de carreteras en detrimento de otros transportes más económicos como el ferrocarril. Un ferrocarril que en lugar de ampliar su cobertura, lo único que aporta es la centralización de las comunicaciones gracias a las conexiones del AVE con Madrid. ¿Pero qué clase de estrategia es esta?

La implementación de un buen transporte público mejoraría sensiblemente el consumo energético de hidrocarburos. No medidas tan absurdas y poco efectivas como la reducción a 110 Km/h en algunos de los pocos tramos dónde es aplicable.

Las tarifas deberían incidir más en penalizar el despilfarro. Atendiendo a criterios como sectores económicos o el número de inquilinos en un inmueble. De esta manera se introduciría un criterio social y se impulsaría la reconversión de las industrias más despilfarradoras.

Crisis recientes como la de Fukushima, en lo que respecta a la nuclear, o la de Libia, en lo que son hidrocarburos, debería provocar una toma de conciencia de que la eficiencia energética es, y va a ser cada vez más, un elemento clave en el éxito económico. El problema es que al privatizarse el sector asistimos a una política pobre en innovaciones, a causa de la lógica de beneficio empresarial, cosa que probablemente está perjudicando a España frente a la competencia.

No he mencionado a las renovables, puesto que en este caso, su implementación vendrá de la mano de su factibilidad económica. Es decir, que a medida que van mejorando sus ratios de productividad energética irán adquiriendo mayor presencia en el panorama español.

Leyes antitrust

Parece que ni a los gigantes informáticos, ni a los bancos, ni a las empresas energéticas, ni a las de telecomunicaciones, ni a las aerolíneas, entre otras, les preocupe mucho esto de la libre competencia. Resulta risible que mientras apoyan la liberalización de la economía, practiquen políticas contrarias a ella mediante métodos de mercado discutibles, cuando no totalmente ilegales como el pacto de los precios o cláusulas abusivas.

Quizás para ellas sea un beneficio extra. Pero a un servidor sólo le sirven para corroborar de que esto de la libertad de mercados es algo relativo, y en todo caso explica en parte por qué la crisis la padecen en menor medida que los ciudadanos de a pie.

Si se quiere libertad de competencia, el Estado, en este caso como representante de la UE, debería tomar cartas en el asunto y hacer algo más que multar a dichas corporaciones. Pero en virtud de todo lo expuesto anteriormente pongo muy en duda de la voluntad real de poner coto a estos abusos.

Conclusión

Por tanto, se concluye que quizás si los protagonistas de esta opereta, especialmente el sector financiero y los políticos, no hubiesen barrido tanto para casa, quizás ni siquiera estaríamos en crisis. Y como telón de fondo, la percepción de que hay mucha demagogia pero poco sacrificio. Se me hace indigerible que se pida a los ciudadanos sacrificios, cuando quienes tienen que ser modelo para la sociedad se dedican a reírse ante sus mismísimas.

Espero por su bien que en España se empiecen a hacer las cosas bien. Puesto que ahora mismo entiendo que se ha ganado muy merecidamente estar en la lista de los PIIGS.

Europa saca pecho en Libia

Posted: 19 Març, 2011 in Política
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Tarde y mal. Es lo que se concluye de la decisión de intervenir en Libia.

Durante los 40 años de régimen de Gadafi, como en un vals de riñas y reconciliaciones, occidente ha besado y tratado de acabar, no sé si a partes iguales, con el sátrapa libio. Y al menos en una ocasión, en 1986, las bombas americanas estuvieron a punto de finiquitar al dictador.

Pero las cosas como son, lo que importa de Libia es el petróleo, el gas, no su gobierno. Y la política exterior de Europa ha actuado sobre ese eje. Cosa por otro lado nada extraña, pues parece ser la norma en nuestro mundo de mercadeo globalizado.

Lo triste es que sea a raíz de una revuelta que Europa parece que despierta y se da cuenta que cohabita con un dictador. Triste por que se podrían haber hecho muchas cosas antes de llegar a este punto, como dijo Asimov “la violencia es el recurso de los incompetentes” y eso vale por Gadafi y por nosotros.

En clave española, subrayo que el papelón es aún más triste y comulgo con la opinión de Cayo Lara que esta fiesta de bombas le viene como anillo al dedo a Zapatero, para distraer la atención de los problemas domésticos, y de paso, sacar pecho de demócrata. Pero es que lo mismo han hecho otros países europeos, Especialmente Francia, con un Sarkozy en horas bajas.

¿Pero eso quiere decir que no había que intervenir? Sí, había que tratar de parar este conflicto. Como se tendría que haber parado tantos otros, como la guerra Irán-Irak en los ochenta o la carnicería chechena, la enconada guerra civil en Sudán… Es en este punto dónde critico la falta de sinceridad en el espíritu de la intervención. Adicionalmente, veo que va a ser muy fácil derrocar a Gadafi, pero me hubiese gustado saber que propuestas habría para el caso checheno.

La ecuación de muertos es la única que ahora mismo me parece lógica. Intervenir para evitar muertes es lo más deseable. Pero cualquier exceso debería ser monitorizado con detenimiento. El problema es que en las guerras eso no se puede programar y la información raramente llega en toda su dimensión. Por esta razón siento temor por el daño que se va a causar, y vergüenza de que la lógica política y económica nos haya llevado a este cul de sac en el que no intervenir es mirar a otro lado, y hacerlo es causar dolor.

En un mundo globalizado las conexiones económicas son tan fuertes que condicionan las relaciones internacionales. Y de entre todas ellas, la que mejor envenena cualquier acercamiento desinteresado es la de los hidrocarburos. Es en este sentido que entiendo que la ONU debería haber tomado medidas mucho más contundentes y rápidas. El no haberlo hecho ha pavimentado la vía militar, para alegría de nuestros gobernantes, que han aprovechado la ocasión para matar dos pájaros de un tiro.

Por esto me resulta especialmente molesto el lenguaje empleado para definir la intervención. Ya que al tratarse ya no de una manifestación callejera, si no de un conflicto bélico, se tendría que haber sido más escrupuloso a la hora de definir que el objetivo primordial era para empezar, forzar un alto el fuego. Y después dirimir en una mesa lo que hubiese sido necesario.

Por supuesto que Gadafi es un dictador. Y desde luego merece por sus 40 años de dictadura algo más que una bronca. En todo caso, un juicio internacional sería más justo que decidir acabar con su régimen de esta manera. Con una guerra de oportunidad, en tiempos de rebajas políticas.

En Roma, el poder político estaba asociado a la casta de los patricios. Que en el proceso de devenir un imperio, entró en el negocio del comercio internacional.

En la Edad Media el poder político llevaba aparejado un control de las tierras de cultivo, por tanto económico también. Y en aquellas área más burguesas, por un consejo de notables, que normalmente eran los más pudientes.

En el absolutismo, las grandes empresas solían ser patronazgo real. Precisamente en esta época vemos lo que la empresa es capaz de hacer sin regulaciones, como el tráfico de esclavos.

En el colonialismo más de lo mismo, creando normas ex profeso para mantener privilegios a una parte de la sociedad, incluyendo las compañías comerciales amparadas por la corona.

Nunca, nunca, el poder político ha estado desligado del económico. Ni siquiera cuando la usura estaba prohibida.

Se podrá discutir la idoneidad de un modelo u otro. Pero de entrada hay que tener claro que cualquier diferencia de rentas que exceda cierta proporción (en Suecia suele ser de 1 a 7, en España de 1 a 200), tiene como consecuencia un poder político, aunque este no esté respaldado por cargo público alguno. Y a la inversa, un poder político siempre tiene su traducción económica. Y esto es especialmente cierto en nuestros días, en los que la monetización de la economía permite hacer muchas más cosas con dinero que, pongamos por ejemplo, en tiempos de los mayas, con todo su oro.

Colegio con que la aplicación de “eso” que llaman socialismo no ha servido para demostrar nada más que hay que andar con cuidado con las atribuciones que se arroga el aparato estatal. Pero eso no debe hacernos perder de vista que la finalidad última de la vida no es crear riqueza, si no vivirla. Del mismo modo el estado no ha de ser entendido como un agente económico cuya perentoria necesidad de superávit lo equipare a cualquier empresa privada. Como tampoco hay que creerse que la libre concurrencia da como resultado el mejor servicio al consumidor. Un ejemplo, la sanidad yanqui, en la que colisionan los intereses encontrados de empresas y consumidores.

Es difícil encontrar una ecuación que favorezca el desarrollo de iniciativas individuales y colectivas, al tiempo que se garantizan unos derechos mínimos. Un ejemplo de las contradicciones de nuestro sistema capitalista es el energúmeno legal llamado ACTA (http://es.wikipedia.org/wiki/Anti-Counterfeiting_Trade_Agreement). Puesto que desde una óptica liberal es una herramienta intrusiva en la vida privada de las personas y un intento de proteger intereses corporativos.

Resumiendo, el problema no es tanto ideológico como el de la realidad factual. El socialismo ha llegado a nuestros días como una sombra de lo que pudo haber sido. Se puede discutir acerca de si tratar de establecer un modelo de sociedad es perjudicial, tal como intentaron las izquierdas hegelianas. Pero no se puede pretender quitarle una pata a una mesa sin proponer otro sustento. De lo que estoy convencido es de que cualquier propósito para mejorar la vida del ciudadano es una cuestión política. En este sentido, sería deseable que las empresas se implicaran a fondo ampliado su cómputo de inputs al mero ejercicio contable. Incluyendo el bienestar de sus miembros así como los efectos de su actividad en el medio ambiente. Esto supondría una revolución no sólo económica, también social. Pero como de momento esto no tiene visos de suceder, es necesario establecer un marco legal, a veces coercitivo, que impida que se oprima a los individuos.

Es aquí dónde el socialismo hace acto de presencia, aunque haya fracasado estrepitosamente. El ejemplo más esperpéntico es China, que suma lo peor del capitalismo feroz y de la dictadura política. ¿Es éste el modelo a seguir? No, y mil veces no. En todo caso, es en el campo de la política, del estado, dónde se ha de empezar a hacer limpieza. Un estado corrupto como España no garantiza esa ecuanimidad, ni si quiera la libre competencia. Es una cuestión de madurez ética, de principios. Sin ellos no hay fórmula que valga y alguien ha de asumir ese rol. Si no lo hace la empresa, lo tendrá que hacer el estado, y si el estado tampoco lo hace… entonces pasa lo que pasa en Túnez.

Arbeit macht frei: “El trabajo os hará libres”, reza en la entrada de la eurocámara.

Trabajar cansa. La eurodiputada del PSOE Eider Gardiazábal lo sabe. Y quizás le produzca una lógica aversión al encontrarse en Bruselas, lejos de su Bilbao, seguramente en unas condiciones horribles propias de un campo de concentración. Por eso, tiene la costumbre de fichar los viernes para regresar a casa en el primer avión.

Lo único bueno es que por fichar cobra 300€, menos mal. Con lo caro que está todo, ¡sobre todo el puente aéreo! Claro está, que ella no es la única que tiene esta pesadumbre. A otros eurodiputados, según ella reconoce, les sucede lo mismo. De manera que parece que más de uno no puede soportar alargar su estancia en Bruselas.

Es curioso como sindicatos y partidos de izquierdas presumen de pasado obrero y trabajador. Los de ahora sí que se dejan la piel en el empeño. Los 6.000 cochinos euros de sueldo, los 4.500 para la oficina, las míseras dietas de 300€. Todo eso no es suficiente para aplacar la fobia irracional que despierta Bruselas en algunos eurodiputados. Un lugar áspero, de lenguas extrañas y horarios imposibles. Demasiado poco se premia tan mal trago.

Y aún hay quien se atreve a criticar a los políticos por trabajar poco. Poco trabajan los españoles, que parecen tan contentos con un montón de gente sin pegar palo al agua. Un poco de arbeit les daría yo…

Entrada directamente inspirada por Popota

El gobernador de Wisconsin, Scott Walker

En Estados Unidos parece que algo se mueve y desde hace cuatro semanas han empezado unas protestas en el estado de Wisconsin a raíz de los planes del gobernador, Scott Walker, de eliminar en la práctica el poder de los sindicatos de empleados públicos. Entre otras medidas propone la supresión de la negociación colectiva o ciertas ventajas como seguros médicos. Un relato de lo acaecido aquí.

En estas semanas, las protestas han ido in crescendo, y ahora mismo han centrado la atención de los medios norteamericanos, polarizándose las posiciones básicamente entre los pro-Walker y los anti-Walker. Las medidas que promueve el gobernador van encaminadas a reducir el déficit del estado, afectado por la crisis económica. Pero estas medidas contrastan con otras que reducen notablemente los ingresos al condonar pagos a grandes empresas tal y como apunta este excelente análisis.

Así, republicanos y conservadores del Tea Party apoyan al gobernador, advirtiendo de la importancia de esta batalla en la que se materializa la tesis neoliberal de que hay que reducir el peso del estado. Mientras que los demócratas apoyan las protestas arguyendo que hay otras maneras de reducir el déficit. En el fondo, me parece a mí, que se ejemplifica como nunca la pugna de clases por mantener su statu quo. Ríanse si quieren, pero estas protestas ya se están contagiando a otros estados. Así que en realidad esto no acaba más que empezar.

Mi crítica a proyectos de ley como este es que no van acompañados de sincera preocupación por el bienestar de los ciudadanos. Efectivamente hay alternativas, que no son fáciles, pero que tarde o temprano habrá que tomar, si de verdad se quiere una democracia saneada. Aumentar la carga impositiva sobre las rentas más bajas, recortarles servicios tan vitales como la sanidad o la educación, son retrocesos de la civilización sin apelación posible. En este sentido el programa liberal convierte al mundo en poco más que un negocio, chantajeando por doquier con deslocalizaciones, empleando el dinero para financiar voces sin autoridad moral, tratando de eliminar resistencias como el sindicalismo. Es la mejor receta para conducirnos a una desestabilización como la que se vive en las naciones árabes.

Por supuesto que no me gusta el hecho de que un empleado público disfrute de privilegios que el empleado en el sector privado no tiene. Pero esta lógica de las tijeras nos lleva al paradigma chino. En el que la falta de libertad, así como una política económica liberal, combinadas, han permitido que los grandes negocios prosperen en detrimento de sus feudos en las naciones occidentales. Así que en realidad ese es el futuro que nos espera, si se permite que personas como el gobernador Walker dobleguen las voces que no están contentas con el cambio.

Lo cierto es que el PIB mundial está en estos momentos creciendo. Eso quiere decir que en realidad hay más riqueza hoy que ayer. Pero hay una obstinada resolución por parte de los reaccionarios de hacernos pagar a los ciudadanos por los errores que cometieron algunos. Una cerrazón a admitir que el liberalismo ha fracasado en sus intentos de mostrar como benigno el laissez faire en los aspectos más importantes de los servicios a los ciudadanos: sanidad, educación, vivienda, información, energía. Por que la consecuencia final de facto es la concentración empresarial en oligopolios, que son el talón de Aquiles de nuestras democracias, a las que socavan constantemente con sus insidias. Ayudadas por administraciones corruptas, que en el caso español, no dudan en contravenir a sus ciudadanos con el fin de mantener privilegios y de obtener beneficios a cambio.

No me parece mal que se apele a un consumo responsable. Pero sí que me parece irresponsable pedir que los ciudadanos se aprieten más el cinturón mientras unos cuantos viven a cuerpo de rey gracias a ello. Así se harán negocios, se sanearán cuentas, pero así también se plantan las semillas para un cambio en nuestras democracias.

España sigue batiendo récords de paro en Europa. 4,3 millones de desempleados arroja el mes de febrero. Una cifra que dice el gobierno que crece más despacio, pero que sin embargo no deja de crecer.

Por más que se reducen prestaciones sociales y derechos las cifras presentan una resistencia contumaz a los positivos. Los únicos que parecen disfrutar de esos positivos son grandes empresas, como las entidades bancarias, que presentan espléndidos números de beneficios y de dividendos para sus cúpulas. Aunque yo pongo en duda esas cifras, que como en tiempos pasados, puede que no sea más que maquillaje para ocultar la sífilis.

Llega un punto en el que uno ya no sabe si merece la pena seguir el rastro de este via crucis de la política económica, vaya, la política, que parece que es incapaz de enderezar la situación. Las contradicciones entre la teoría y la praxis en el campo específico de la macroeconomía, pero también en nuestro día a día ponen en entredicho, al menos para mí, la autoridad del poder público y de los poderes económicos.

El ejemplo más patente es que los economistas andan a la greña acerca de si es conveniente la política de recortes. En un grupo podríamos encuadrar a los neokeynesianos. Piden manga ancha para endeudarse para engrasar la economía. Aquí el estado tiene un papel importante, de manera que con un Plan E, pero en mayúsculas, se podría poner en marcha la adormecida economía española. En otro están los monetaristas neoliberales, que siguen los postulados de Milton Friedman. Piden precisamente lo contrario. El estado debe menguar su papel, especialmente como regulador del interés del dinero mediante los bancos centrales. También abogan por las medidas de austeridad que estamos padeciendo actualmente.

Las preguntas que me asaltan son para cada una de las partes. A los keynesianos les preguntaría si se puede permitir un endeudamiento ilimitado. España no tiene una deuda pública muy abultada. Pero a la vista de las maniobras del sector privado, especialmente del financiero, me pregunto como de fea debe de ser la deuda privada que con planes como el reflote de las cajas se ponga en duda la capacidad de absorber esa deuda. Y no hablemos de los EEUU, dónde parece que le han pillado el gusto a eso de endeudarse hasta las cejas. Da igual que manden republicanos o demócratas. Un repaso a los años recientes convence a cualquiera que en realidad allí se ha hecho cualquier cosa menos contención o racionalización.

A los monetaristas les preguntaría cómo se puede esperar a la creación de empleo si con sus medidas lo primero que pasa es que se deprime aún más la economía. Especialmente ante un panorama de estaflación como el actual. Dónde estaban cuando se rescató a los bancos. Cuando es bien sabido que una de las reglas del liberalismo es no ayudar a los procesos ineficientes. Vaya, si evaporar los ahorros de millones de inversionistas no es ineficiente, que venga el santo que usted prefiera y lo vea.

Entre unos y otros, y la casa sin barrer. Alguien ha escrito en la red (siento no tener el link) que lo de crear un banco malo con los valores tóxicos de la banca estaría bien, a condición de que se enviase allí también a los directivos tóxicos. En fin, ese banco tendría más directivos que soldados rasos. Siento la conspiranoia en la nuca. Me da la impresión de que en realidad lo que hay es miedo a los cambios drásticos. A una desestabilización social. Y muy especialmente, hay miedo de perder prerrogativas para quienes ahora mismo las detentan. Como en el Titanic, los de primera clase han ocupado las chalupas, y desde esa seguridad dan instrucciones a los de tercera, nosotros, sobre como gobernar la nave mientras se hunde.

Las medidas neoliberales quizás sí que salven a algunas empresas. Pero si examinamos el conjunto de la sociedad vemos que esas bondades no llegarán necesariamente a la tercera clase. Es decir, que los buenos datos macroeconómicos no tienen por qué reflejarse en una mejoría de las economías domésticas.

En este estupendo artículo Paul Krugman entre otras cosas dice esto: En la reseña de 1965 sobre Monetary history, de Friedman y Schwartz, el fallecido premio Nobel James Tobin acusaba levemente a los autores de ir demasiado lejos. “Considérense las siguientes tres proposiciones”, escribía. “El dinero no importa. Sí que importa. El dinero es lo único que importa. Es demasiado fácil deslizarse de la segunda proposición a la tercera”. Y añadía que “en su celo y euforia”, eso es lo que muy a menudo hacían Friedman y sus seguidores.

Efectivamente, si el dinero es lo único que importa yo no me haría muchas ilusiones si usted es un parado de veinte o de cincuenta años. Por que en realidad para los abanderados del neoliberalismo usted no importa. La cosa cambiaría, claro está, si tuviese dinero. Pero por el dinero en sí, no por usted como persona, esta es la cruda realidad.

Las pretendidas bondades de la empresa privada ya las he cuestionado en posts anteriores, poniendo como ejemplo más flagrantes la desastrosa sanidad estadounidense, que sin ser la mejor es exponencialmente la más cara. O el corporativismo de ciertos estratégicos, como la energía o las telecomunicaciones, pactando precios en detrimento del consumidor. Precisamente empresas que no hace mucho eran públicas y que ahora, en plena crisis, colaboran aumentando aún más la presión sobre nuestros bolsillos.

Claro está, que la gestión pública no se queda a la zaga. Promoviendo incentivos a empresas privadas que no benefician a nadie, más que los empresarios agraciados. Encuadrando en puestos privilegiados a los allegados del administrador de turno. Pero el pato lo terminan pagando funcionarios, autónomos, PYMES y asalariados… vaya, la tercera clase.

El caso de las prejubilaciones mediante EREs falsos en Andalucía es ya como la gota que colma el vaso. Robar está mal, pero hacerlo a cuenta de fondos para gente que lo puede necesitar desesperadamente es ya el no va más. Parece a fin de cuentas que es lo normal, el caso Gürtel, los pucherazos en la era Matas, el caso Palau, la miríada de ayuntamientos salpicados por el dinero del ladrillo, etc. Como un buen amigo me dijo un día “España es un país rico, por más que se roba siempre queda algo”.

Los casos de corrupción parecen repartirse bastante equitativamente en cuanto a que se roba en función de la caja de caudales que se controla. En muchas ocasiones se puede hablar directamente de delito, pero un muchas otras se cambia la normativa si es necesario para lograr unos fines muy concretos, que normalmente van en la dirección de obtener un sobresueldo o alguna otra prebenda. En este informe de la organización Transparency International vemos que España no es ni mucho menos percibida como la más corrupta de las naciones. Pero dista bastante de vecinos como Dinamarca y en cambio se acerca a niveles de Rumanía. TABLA SINTÉTICA DE RESULTADOS POR SECTORES

De esto se deduce que la corrupción no es un mal endémico español, ni siquiera es la causa de nuestros problemas, si no más bien un síntoma. Un síntoma que percibo como el contraste fluorescente que señala a las células cancerosas de esta sociedad, cuya proliferación resulta alarmantemente, peligrosa. Ese cáncer no es otro que la falta de ética. La interacción entre agentes económicos, poderes públicos y particulares debería discurrir por unos cauces que muchas veces no se respetan. Se inventan normas para impedir teóricamente estos atropellos, pero sin grandes resultados. Y es que no es una cuestión de formas, es una cuestión de fondo, del espíritu con el que se acomete el quehacer diario.

Si uno observa con detenimiento el documento de Transparency International se percatará de que la corrupción no parece hacer distinciones entre capitalismo y socialismo, entre blancos y negros o entre democracias y dictaduras. Ejemplo de ello es la similitud en los altos niveles de corrupción percibidos en EEUU o Nigeria, cuando uno esperaría una notable ventaja del primero sobre el segundo. Quizás debería uno preguntarse hasta que punto estos datos son fiables, en tanto que aparentemente la libertad de prensa americana podría explicar que la corrupción allí sea cualitativamente más llamativa que en Nigeria. En todo caso, lo cierto es que en general los datos son muy sintomáticos de que estamos ante un problema irresuelto de mala praxis.

En España si algo es de destacar es la aparente clemencia con la que se acoge cada nuevo caso conocido. Muy llamativo es que según algunos estudios la corrupción no sea un factor determinante en las decisiones de los votantes ante las urnas. Pero me pregunto hasta qué punto el elector es consciente del daño a la confianza en las instituciones y de los efectos reales sobre la sociedad que esta tiene. Posiblemente este ultimísimo escándalo de las prejubilaciones con falsos EREs aporte un poco de luz en esta dirección. Pues por una parte demuestra que nadie está a salvo de las salpicaduras de la corrupción. Y por otra que lo sustraído debería haber llegado a otros destinatarios.