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Europa saca pecho en Libia

Posted: 19 Març, 2011 in Política
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Tarde y mal. Es lo que se concluye de la decisión de intervenir en Libia.

Durante los 40 años de régimen de Gadafi, como en un vals de riñas y reconciliaciones, occidente ha besado y tratado de acabar, no sé si a partes iguales, con el sátrapa libio. Y al menos en una ocasión, en 1986, las bombas americanas estuvieron a punto de finiquitar al dictador.

Pero las cosas como son, lo que importa de Libia es el petróleo, el gas, no su gobierno. Y la política exterior de Europa ha actuado sobre ese eje. Cosa por otro lado nada extraña, pues parece ser la norma en nuestro mundo de mercadeo globalizado.

Lo triste es que sea a raíz de una revuelta que Europa parece que despierta y se da cuenta que cohabita con un dictador. Triste por que se podrían haber hecho muchas cosas antes de llegar a este punto, como dijo Asimov “la violencia es el recurso de los incompetentes” y eso vale por Gadafi y por nosotros.

En clave española, subrayo que el papelón es aún más triste y comulgo con la opinión de Cayo Lara que esta fiesta de bombas le viene como anillo al dedo a Zapatero, para distraer la atención de los problemas domésticos, y de paso, sacar pecho de demócrata. Pero es que lo mismo han hecho otros países europeos, Especialmente Francia, con un Sarkozy en horas bajas.

¿Pero eso quiere decir que no había que intervenir? Sí, había que tratar de parar este conflicto. Como se tendría que haber parado tantos otros, como la guerra Irán-Irak en los ochenta o la carnicería chechena, la enconada guerra civil en Sudán… Es en este punto dónde critico la falta de sinceridad en el espíritu de la intervención. Adicionalmente, veo que va a ser muy fácil derrocar a Gadafi, pero me hubiese gustado saber que propuestas habría para el caso checheno.

La ecuación de muertos es la única que ahora mismo me parece lógica. Intervenir para evitar muertes es lo más deseable. Pero cualquier exceso debería ser monitorizado con detenimiento. El problema es que en las guerras eso no se puede programar y la información raramente llega en toda su dimensión. Por esta razón siento temor por el daño que se va a causar, y vergüenza de que la lógica política y económica nos haya llevado a este cul de sac en el que no intervenir es mirar a otro lado, y hacerlo es causar dolor.

En un mundo globalizado las conexiones económicas son tan fuertes que condicionan las relaciones internacionales. Y de entre todas ellas, la que mejor envenena cualquier acercamiento desinteresado es la de los hidrocarburos. Es en este sentido que entiendo que la ONU debería haber tomado medidas mucho más contundentes y rápidas. El no haberlo hecho ha pavimentado la vía militar, para alegría de nuestros gobernantes, que han aprovechado la ocasión para matar dos pájaros de un tiro.

Por esto me resulta especialmente molesto el lenguaje empleado para definir la intervención. Ya que al tratarse ya no de una manifestación callejera, si no de un conflicto bélico, se tendría que haber sido más escrupuloso a la hora de definir que el objetivo primordial era para empezar, forzar un alto el fuego. Y después dirimir en una mesa lo que hubiese sido necesario.

Por supuesto que Gadafi es un dictador. Y desde luego merece por sus 40 años de dictadura algo más que una bronca. En todo caso, un juicio internacional sería más justo que decidir acabar con su régimen de esta manera. Con una guerra de oportunidad, en tiempos de rebajas políticas.

Anuncis

En estos tiempos de crisis, se ha puesto en duda la eficacia del modelo de bienestar europeo por no ser competitivo. En una economía globalizada, el ascenso de países que parten de condiciones muy competitivas, como China, India o Brasil, obliga a Europa a adoptar alguna estrategia que no la deje marginada en términos económicos.

En estos momentos la postura predominante es la neoliberal, que apuesta por una mejora de la productividad y la competitividad. Mejorar la productividad significa que cada hora de trabajo, el tiempo invertido en proporcionar un servicio o un producto, ha de redundar en un mayor beneficio. La competitividad atañe simplemente al coste para obtener dicho servicio o producto.

Para lo economistas liberales, la primera medida que viene a la cabeza es la reducción de los salarios, que redunda inmediatamente en una mejora de la competitvidad. Que en el fondo, es lo que más preocupa a las empresas en Europa. La argumentación es que se necesita un sacrificio primero para permitir disfrutar después de los réditos al desbancar a la competencia. Lo que ocurre es que Europa, acostumbrada a su alto nivel de vida, parece que está poco dispuesta a sacrificarse por tal finalidad.

Una de las fundamentales críticas neoliberales a la socialdemocracia es que el modelo de redistribución forzada de la riqueza, vía intrusión del estado en la esfera económica repercute negativamente en la consecución de los objetivos de competitividad y productividad. Se podría resumir en que lo que proponen las izquierdas es un “reparto de la pobreza”.

Siguiendo esta lógica, se propone una reducción del peso del estado en términos económicos. Es decir, adelgazarlo para que también se relaje la fiscalidad, atrayendo inversiones y estimulando la iniciativa privada. ¿Pero esto es exactamente así?

Habría que matizar muy mucho estas afirmaciones. Para empezar porque esta situación se debe a que en un mundo con diversas naciones pugnando por la riqueza, y en el que las relaciones son planetarias, se ha establecido una carrera para resituarse en ventaja frente a los demás en vistas a una futura salida de la crisis. Esta fue la apuesta de Alemania, cuando se adoptaron medidas de rigor presupuestario, de contención del gasto público y de la mejora de la competitividad reduciendo sueldos, y de la productividad, invirtiendo en I+D.

La cuestión es que evidentemente no todas las naciones, ni siquiera los lands alemanes son uniformes. Algunas naciones están del todo imposibilitadas para obtener resultados en esta dirección, simplemente por que no reunen los requisitos para ello. Las recetas neoliberales, de hecho, condenan a los más desfavorecidos a condiciones infrahumanas, ya que entre otras cosas permiten intercambios comerciales totalmente desventajosos para una de las partes. Frecuentemente con el apoyo de regímenes totalitarios que son subvencionados a tal fin.

El estallido de la crisis en 2008 puso de relieve que sin mecanismos de control la economía neoliberal trasciende cualquier lógica o ética, poniendo en peligro a la estructura en toda su extensión. Pero hay que tener en cuenta el papel de los estados en esta crisis, que en general favorecieron actividades fraudulentas y que a día de hoy siguen sin proponer un escenario de estabilidad a largo plazo.

La socialdemocracia frente al espejo

La debacle socialdemócrata en occidente hay que interpretarla desde su incapacidad de conjugar el estímulo económico al tiempo que la cohesión social. Es un dilema en el que se ha visto atrapada pues desde un punto de vista capitalista liberal la competitividad pasa necesariamente por la contracción salarial. El problema es generalizable a casi toda Europa, pero en España esta realidad tiene además un componente explosivo debido a una alarmante tasa de paro y de economía sumergida.

El PSOE está ahora mismo implantando medidas que se pueden equiparar a las de cualquier gobierno conservador del entorno. En este sentido, parece que se aceptan las tesis neoliberales sobre cómo afrontar los peligros de la crisis.

La crítica que hago yo a esta postura es que la contención salarial efectivamente mejorará la competitividad, pero que estructuralmente no significa ningún cambio substancial en lo que se refiere a la estabilidad económica a largo plazo. Algunos de los países avanzados que mejor están soportando la crisis lo han conseguido con medidas de este tipo, sí, pero también con una mejora de la productividad y de la innovación tecnológica. Campos en los que todavía pueden presentar batalla a la competencia. Pero que en todo caso la tónica es la de ir degradando las condiciones del ciudadano medio para no perder comba en esta frenética carrera que creo que no lleva a ninguna parte.

En el mercado internacional se producen numerosos intercambios en los que desde unas naciones se compran bienes y servicios a otras. Las diferencias competitivas entre unas y otras determina qué naciones tienen superavit y qué naciones tienen déficit. Por el momento, no se me ocurre cómo todas y cada una de las partes pueden tener superavit. A las naciones que tienen superavit se las puede en general englobar en un grupo que llamaremos de exportadores. Entre los que destacan China, Japón y Alemania. El caso norteamericano es diferente pues desde hace tiempo abandonó el superavit y se financia de otra manera, que en pocas palabras se podría definir imponiendo su masa económica e importancia política como condicionante en las relaciones internacionales.

La pugna de los grupos geopolíticos por la competitividad

Justamente, Estados Unidos, China y Europa son los polos geopolíticos de la nueva realidad económica. Por su volumen e importancia determinan el camino de toda la humanidad. Aunque el clima en general es relativamente bueno, no hay que olvidar que hay movimientos en cada bando para tratar de mantener o aumentar sus ventajas en el mundo. Pero de lo que no cabe duda de que ha sido el creciente papel de China el que está marcando la agenda económica. Precisamente a causa de su gran competitividad, basada en unas condiciones laborales que a día de hoy resultan intolerables para la mayoría de europeos. Ese es el modelo que se pretende combatir y en muchos casos tratando de emular, en especial en lo que atañe a la contención salarial. Dicho de otro modo, se pretende crear riqueza quitándosela a quien la tiene en una cierta medida. Lo que podríamos identificar como las clases medias occidentales.

A pesar de que he mencionado que naciones como Alemania, o Japón, apuestan por la innovación tecnológica como herramienta para mantener su atractivo, lo cierto es que poco a poco China va asumiendo cuotas de mercado que antiguamente estaban reservadas al resto de naciones avanzadas. En este sentido me pregunto, si a la larga, eso no significa que en occidente la carrera por la competitividad nos va a llevar a asumir las condiciones laborales de China. Y de si estas se podrán implementar pacíficamente o las resistencias generadas van a suponer un peligro real de desestabilización.

En todo caso me gustaría recalcar que el papel de exportadoras netas no puede ser asumido por todas las partes. Alguna ha de consumir más de lo que produce para que el sistema funcione. Esto es especialmente importante para con los polos económicos, ya que retirando el estímulo del consumo en todos ellos vía contención, la lógica me dice que eso significará una menor actividad y por tanto creciemiento tanto en el consumo como en la actividad.

Precisamente algunos economistas argumentan que la carrera por la competitividad puede llevar a una contracción global de la economía. Desde un punto de vista ecológico esto es totalmente deseable, y nadie debería asustarse si existiesen mecanismos compensatorios para prevenir que la contracción no perjudica en exceso a la población.

La falacia de la creación de riqueza

Pero lo cierto es que estos mecanismos son muy desiguales dependiendo de que nación estemos hablando. Es más, la necesidad de ser competitivos está en estos momentos reduciendolos en casi todo el planeta. Si bien es cierto que la actividad económica estimula la creación de productos y servicios para la población, la realidad es que estos solamente son disfrutados por una fracción de la misma. En este sentido no me tiembla la mano al afirmar que el sistema funciona, pero de forma injusta y nada equitativa.

Existe la concepción de que es el sector privado el que crea riqueza, idea que sustenta la argumentación para reducir la legislación económica y el papel de los estados. Pero los hechos creo que evidencian que esto es una falacia. Primera y fundamentalmente por que presupone que la actividad privada beneficia a todos. Lo que es una verdad a medias. La actividad privada en general beneficia a unos en detrimento de otros. Esto se ve claramente en cómo se interpreta el juego de la bolsa, en donde el objetivo único es el de la rentabilidad económica, siendo esta posible creando o no riqueza. El extremo de esta afirmación es la especulación, en el que una parte obtiene pingües beneficios sin aportar absolutamente nada a la creación de dicha riqueza, por ejemplo cuando existe una escasez de un bien concreto. Una circunstancia que más adelante señalaré como uno de los peligros reales para que el edificio capitalista se desmorone por completo.

Un ejemplo palmario es el de los planes de salud o de jubilación privados, que a día de hoy demuestran ser totalmente ineficientes, ya que el objetivo de las empresas que los gestionan no es el de dar un mejor servicio, si no de proporcionar réditos económicos a los gestores de dichos fondos. Es un contrasentido que nos explicó a la perfección Michael Moore en su documental Sicko (2007).  Precisamente y atendiendo a datos tan básicos como el de la esperanza de vida, veremos que es prácticamente idéntica en naciones tan dispares como E.E.U.U. y Cuba, mientras que el gasto sanitario por habitante del primero es exponencialmente mayor en el segundo.

¿Significa esto que en los E.E.U.U. se vive mejor? Contrastando otros datos vemos que aunque E.E.U.U. gasta el doble en sanidad que la mayoría de naciones de la OCDE resulta que en realidad hay razones objetivas para pensar que no, que todo lo contrario. Por lo tanto, las conclusiones a las que llego son que el sector privado genera beneficios, pero no necesariamente riqueza, y que desde luego, vivir en un entorno contaminado y estresante mata más aunque nos atiborremos a pastillas.

La falacia de la competitividad

Hace unos días leí en algún lugar la reflexión de un bloguero acerca del absurdo que resulta que en occidente el modelo capitalista que propugna la libre competencia como medio para opimizar bienes y servicios. Puso un ejemplo de cómo a lo que asistimos es a una concentración empresarial que nos lleva a retratos grotescos, como el que muchos compremos los mismos muebles en Ikea, bebamos Coca-Cola o compremos la ropa en Zara.

Por supuesto que en estas elecciones hay que valorar aspectos psicológicos como el estatus social así como la objetividad de los precios y calidad de productos. Pero esa no puede ser la unica explicación para que en el panorama actual la importancia de las multinacionales está empezando a ser cuando menos inquietante ya que apenas 200 empresas aglutinan el 26% del PIB del planeta… 200 empresas.

Como se puede intuir ha habido un crecimiento espectacular en el número de transnacionales que operan en el este asiático. Pero este crecimiento no solamente se debe a la propia iniciativa de China o Corea, si no que se observa una importantísima presencia de inversores extranjeros, principalmente de Europa y Estados Unidos. Dicho de otro modo, el dinero de las ganacias no se reinvierte en los países occidentales, si no que lógicamente buscan la rentabilidad que proporciona el mercado asiático. Es cierto que esto a permitido a China crecer y que ha mejorado la calidad de vida de sus ciudadanos. La pregunta que me hago es si este crecimiento espectacular se corresponde con la mejora real de la vida de un trabajador.

En la mente de todo empresario hay dos máximas o leyes a las que se subyugan el resto de consideraciones. Aumentar beneficios y reducir costes. La explosión de la economía asiática obedece en todo a estas afirmaciones. Y no puede pasar desapercibido para nadie que actualmente se están produciendo cambios en el seno de las grandes corporaciones en la búsqueda de mejores condiciones para su producción o su fiscalidad. Aspectos ambos que pasaré a examinar en el siguiente post.

 

Sin violencia, sin grandes aspavientos. De hecho apenas sin ruido, Islandia nos enseña el camino.

En octubre de 2008, los bancos islandeses Kaupthing, Glitnir y Landsbanki, quebraron a causa del estallido de la burbuja especulativa en los EEUU. La deuda total de los bancos islandeses sumaba el 700% del PIB, lo que a efectos prácticos significó una contracción del 7% en la economía, la pérdida de más del 50% del valor al cambio de la corona, una importante inflación y un aumento notable de parados. Esta quiebra afectó a numerosos inversores fuera de Islandia, por ejemplo clientes de Deutsche Bank y HSBC, por lo que se urgió a Islandia a empezar a hacer recortes al estilo griego para devolver los créditos.

Ante esta situación, ciudadanos armados con cacerolas, megáfonos y huevos salieron a la calle para impedir que se cargara sobre ellos el coste del mal negocio de los bancos. El gobierno cayó ante la protesta popular y una coaliación de la izquierda se hizo con el gobierno.

Aunque el estado se hizo con el control de los bancos, a diferencia de Irlanda, Grecia o España, en Islandia no se quiso socializar las pérdidas. Es decir que no se han tocado los pilares del tan manido “estado del bienestar”. Eso sí, en estos momentos los intereses al crédito están sobre el 15% y la inflación por las nubes. Un estupendo artículo nos explica como se vivió aquel derrumbe.

Hay que señalar que los islandeses decidieron en marzo de 2010 pagar la deuda sólo si esto era posible. Dicho de otra manera, mientras haya recesión no habrá pagos, entendiendo que esas deudas son privadas y no atañen al país. Por esta razón se amenazó desde los círculos financieros con aislar al país e impedir su acceso al crédito entre otras cosas. Reino Unido y Holanda, principales afectados por la quiebra, amenazaron con impedir la entrada de Islandia en Europa. Aunque yo me pregunto si en estos momentos los islandeses serán muy favorables a esto. Los EEUU, por su parte, también aplicaron presión a la diminuta república. Pero el resultado es que a día de hoy los mercados no han podido imponer su táctica de privatizar beneficios y socializar pérdidas.

Otro resultado de ese levantamiento pacífico es un proceso constituyente en el que los islandeses han designado por elección directa a una comisión de treinta personas. Esta comisión es la encargada de redactar una nueva constitución. El espíritu que previsiblemente impregnará esta nueva carta magna será el de la transparencia, la libertad de expresión y un marco legal que impida que los excesos de la avaricia de unos pocos arrastren a todo un país.

Dicho así parece un cuento de hadas, ¿verdad?. Pero no, esto esta sucediendo ahora. Islandia nos enseña el camino, pero el silencio se ha hecho alrededor de este pequeño país. Porque hay en juego mucho dinero, y se ha querido ignorar conscientemente esta historia que nos enseña que más allá de los negocios hay personas. El camino que ha tomado Islandia es el de la democracia, la libertad y la justicia, en el continente deberíamos tomar nota. Siempre se está a tiempo de cambiar de camino. ¿Lo veremos?

Trillo grito aquello de: !Viva Honduras!

Y yo digo: ¡Viva Islandia!

Interesante artículo sobre la especulación con la deuda soberana.

Enlace al artículo original

Después de Grecia, Irlanda…
Siguen los estragos de la crisis del euro
por Jean-Claude Paye*

Están cayendo las fichas del dominó. La crisis financiera irlandesa reproduce el esquema de la que ya tuvo lugar en Grecia y abre el camino a las que vendrán, en Portugal y en otros países. Para pagar sus guerras en Afganistán e Irak, Estados Unidos ha decidido monetizar su deuda pública, o sea encajarle sus propias facturas al resto del mundo. Esa afluencia de liquidez permite a las élites capitalistas devorar presas cada vez más opulentas. Habiendo saqueado ya el Tercer Mundo, ahora pueden emprenderla con el euro. Sin embargo, observa Jean-Claude Paye, lejos de impedir que lo hagan, el Banco Central Europeo las favorece a expensas de los pueblos europeos, a quienes imponen políticas de austeridad.

Una frase que se atribuye a Marx nos enseñó que si la historia no se repite, por lo menos tiene tendencia a tartamudear. Ese diagnóstico ilustra a la perfección el nuevo ataque contra el euro. Ante la crisis irlandesa, los mercados financieros han puesto en escena un guión similar al de la ofensiva contra Grecia [1]. Se trata del desplazamiento de una causa externa: la política monetaria expansionista de la FED (Federal Reserve). De la misma manera, la ofensiva de los mercados tendrá también el apoyo de Alemania.

Al igual que durante los meses de abril y mayo de 2010, el anuncio de una futura inyección masiva de liquidez por parte de la Reserva Federal estadounidense no ha hecho bajar el valor del dólar sino que ha reactivado el asalto especulativo contra la eurozona. Alemania también ha dado origen, en parte, al acelerado incremento de las tasas de interés de las obligaciones irlandesas, así como de las portuguesas y las españolas.

Las recientes declaraciones, pese a todo puramente formales, de Angela Merkel sobre la necesidad de obligar a los acreedores privados a tomar parte, en caso de reestructuración de la deuda de ciertos países de la eurozona, ha acentuado la desconfianza de los mercados hacia los países más débiles.

El objetivo de la FED: una creación ininterrumpida de burbujas financieras

La frase de John Connally, secretario del Tesoro de la administración Nixon en 1971, de que «El dólar es nuestra moneda, pero es problema de ustedes», cobra hoy más actualidad que nunca. Hasta ahora la monetización de la deuda estadounidense le crea menos problemas a Estados Unidos que a sus satélites. El arbusto de la degradación financiera de Grecia ya había bastado para disimular el bosque deficitario estadounidense.

De la misma manera, durante este fin de año la deuda irlandesa eclipsó el anuncio de un nuevo programa de compra masiva de bonos del Tesoro por parte de la Reserva Federal estadounidense. Esta maniobra de «quantitative easing» consiste en hacer bajar las tasas de interés sobre las obligaciones del Estado y debe permitir, a razón de 75 000 millones de dólares, una inyección de 600 000 millones a la economía estadounidense.

La FED ya había introducido una suma de 1 700 millardos [1 millardo = 1 000 millones] de dólares en el circuito económico estadounidense. Este nuevo programa de inyección de liquidez nos demuestra que esa política ha fracasado, puesto que ahora hay que recurrir a una nueva serie de compras. Pero lo más importante es que nos indica que el «quantitative easing» ha dejado de ser una política de carácter excepcional. Ahora parece destinada a mantenerse y se convierte en un procedimiento normal [2].

Contrariamente a lo que declara el Departamento del Tesoro, el objetivo de la creación de moneda a la que recurre Estados Unidos no es permitir que los bancos concedan créditos a los particulares y a las empresas. Dada la coyuntura económica, esa demanda es actualmente reducida y las instituciones financieras disponen de importantes reservas.

Ya hay abundancia de liquidez. Agregar más no resolverá el problema actual, que en realidad reside en la desconfianza de los bancos ante la falta de solvencia de los posibles candidatos a recibir nuevos préstamos, o sea en cuanto a la rentabilidad de sus inversiones.

¿De qué puede servir entonces esta inyección permanente de liquidez en un mercado ya saturado? Para responder a esa pregunta basta con observar los efectos de esa política: formación de burbujas especulativas y alza desmesurada del valor de los activos, afluencia de capitales hacia los países de fuerte crecimiento, como China o la India, y ataques especulativos, sobre todo contra la eurozona.

La política estadounidense de monetización de su deuda pública resulta actualmente poco inflacionista porque gran parte de los capitales está saliendo de Estados Unidos para ir a situarse en los mercados emergentes, razón por la cual no está alimentando la demanda interna en Estados Unidos.
Tampoco provoca una fuerte caída del dólar porque las compras adicionales de activos –oro, materias primas y petróleo– que esa medida está provocando se están efectuando con dólares estadounidenses, lo cual sostiene la cotización de esa moneda. Los especuladores estadounidenses hacen sus compras con su propia moneda, mientras que los «inversionistas» extranjeros, incitados a seguir el movimiento de alza inducido por esa política, están cambiando sus monedas nacionales por dólares para comprar «activos».

El objetivo del BCE: transferir a los bancos los ingresos de los trabajadores

En lo tocante a la Unión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) anunció la continuación de su política de compra de obligaciones soberanas. También ha decidido prolongar su dispositivo de refinanciamiento de los bancos, ilimitado y con una tasa fija, por un nuevo periodo de al menos 4 meses.

Aquí también se hace patente un cambio de actitud: ya no se presenta esa política como un hecho excepcional sino con carácter permanente [3].
La modificación de la política del BCE reside en su compromiso en cuanto a la duración. «En tiempos normales, el BCE compra títulos a corto plazo: 3 semanas, un mes, más raramente 3 meses. Pero, desde la crisis, el BCE se puso a comprar títulos a un año de plazo, algo nunca visto.» [4]

Ese cambio invierte el papel del BCE, que de ser el prestamista a quien se recurre como último recurso pasa a convertirse en un prestamista de primera línea. El Banco Central Europeo funciona así como una institución crediticia.
El BCE ha adquirido hasta ahora bonos sobre la deuda pública por un monto de 67 000 millones de euros [5], esencialmente en títulos de Estados que vienen afrontando dificultades, como Grecia e Irlanda. Estamos por lo tanto muy lejos aún de la compra de 600 000 millones de dólares que hizo la FED.

La política del Banco Central Europeo es diferente, no sólo en el plano cuantitativo sino también en el aspecto cualitativo, ya que esta institución ha decidido esterilizar su inyección de liquidez, disminuyendo en la misma medida los préstamos que efectúa a los bancos privados.

El objetivo del Banco Central Europeo es tratar de retrasar lo más posible una reestructuración de la deuda griega, de la irlandesa y de la portuguesa… porque los grandes bancos europeos están seriamente enfrascados en su propio financiamiento. Se trata, ante todo, de salvar las instituciones financieras y de tratar de que la factura la paguen los trabajadores y los ahorristas.

Para lograrlo, la Unión Europea y los Estados miembros han entregado a los mercados financieros la llave del financiamiento de los déficits. Los Estados tienen que obtener préstamos a través de las instituciones financieras privadas, que a su vez obtienen fondos a bajo precio del Banco Central Europeo.

Aunque la media de los déficits de los Estados miembros de la Unión Europea es del 7%, o sea muy inferior al 11% que déficit de Estados Unidos [6], la Unión Europea ha emprendido una brutal reducción de los gastos públicos.
La Comisión Europea quiere imponer a los países un largo tratamiento basado en la austeridad para volver a una deuda pública inferior al 60% del PIB y ha abierto procedimientos por déficit excesivo contra los Estados miembros. A mediados de 2010 prácticamente todos los Estados de la eurozona estaban sometidos a ese tipo de procedimientos.

La Comisión les ha pedido incluso que se comprometan a volver a situarse por debajo del límite del 3% antes de 2014, sin importar cuál sea la evolución de la situación económica. Los medios previstos para alcanzar esos objetivos no consisten en la imposición de un gravamen a los altos ingresos o las transacciones financieras sino más bien en una disminución del salario directo e indirecto, o sea en aplicar políticas salariales restrictivas y reducir o eliminar sistemas públicos de retiro y de salud.

Complementación entre las políticas de la FED y del BCE

La política monetaria fuertemente expansionista de Estados Unidos consiste en comprar en el mercado secundario obligaciones soberanas a mediano y largo plazo, de 2 a 10 años, para que las nuevas emisiones que debe hacer la FED encuentren quien las adquiera a una tasa de interés relativamente poco elevada, o sea soportable para las finanzas públicas estadounidenses.

Esa política no sólo es la que conviene a los intereses del capital estadounidense sino que corresponde además a los intereses del capitalismo multinacional. Es el principal instrumento de una práctica de tasas de interés muy bajas, por debajo del nivel real de la inflación. Se trata de permitir, no sólo a Estados Unidos sino también a Europa y Japón, que puedan enfrentar su montaña de deudas aplicando tasas mínimas.

Todo aumento del rendimiento de las obligaciones llevaría a esos Estados a la bancarrota. Además, a mediano plazo, esa práctica laxista tendrá un efecto inflacionista que reducirá el valor de esas deudas públicas y disminuirá, en términos reales, la carga que representan.

Dado el lugar tan especial que ocupa el dólar en la economía mundial, la Reserva Federal estadounidense es el único banco central que puede darse el lujo de adoptar ese tipo de política, y sobre todo que puede aplicarla a tan gran escala. Cualquier otra moneda nacional se vería inmediatamente bajo el fuego de los mercados y fuertemente devaluada. La FED es el único banco central que puede darse el lujo de fabricar dinero y lograr que los agentes económicos extranjeros lo acepten.

La monetización de la deuda estadounidense permite, al proporcionar municiones a los mercados financieros, emprender ventajosamente operaciones de especulación contra la eurozona. Esto coincide con los objetivos de la Unión Europea, ya que permite movilizar los mercados y presionar a los pueblos europeos para obligarlos a aceptar una drástica disminución de su nivel de vida.

El efecto de las políticas presupuestarias que los Estados miembros han puesto en marcha no será otro que impedir el redespegue económico, fragilizando aún más las finanzas públicas y reclamando nuevas transferencias de los ingresos de los trabajadores a los bancos y las empresas. La crisis del euro continuará prolongándose. Y la voluntad ya expresada por la agencia estadounidense Moody’s de reducir nuevamente la nota de las obligaciones del Estado español, debido a sus «elevadas necesidades de refinanciamiento para 2011» [7], confirma este diagnóstico.

Jean Claude-Paye

1] «La Unión Europea y los «hedge funds»: ¿regulación o abandono del territorio europeo?», por Jean-Claude Paye, Red Voltaire, 12 de noviembre de 2010.

[2] «La FED va injecter 600 milliards de dollars dans l’économie américaine », por Audrey Fournier, Le Monde, 4 de noviembre de 2010.

[3] «La Banque centrale européenne prolonge ses mesures exceptionnelles de soutien», por Mathilde Farine, Le Temps, 3 de diciembre de 2010.

[4] «La BCE poursuit son programme de rachat d’obligations publiques», por Audrey Fournier, Le Monde, 2 de diciembre de 2010.

[5] «Les Etats-Unis à l’origine des tensions au sein de la zone euro», por Sebastien Dubas, Le Temps, 3 de diciembre de 2010.

[6] Ver: Manifeste des économistes atterrés. Crise et dette en Europe: 10 fausses évidences, 22 mesures en débat pour sortir de l’impasse, 14 de septiembre de 2010.

[7] «Moody’s envisage une nouvelle dégradation de la note de l’Espagne», Le Monde con AFP, 15 de diciembre de 2010.

Este es el título del que debería ser el libro de cabecera para comprender lo que ha acontecido estos últimos años en el que la burbuja financiera ha postrado a las democracias occidentales.

Por supuesto, es inevitable que tenga tintes políticos. No olvidemos que las repercusiones de la actividad financiera no se circunscriben a dígitos en una pantalla de plasma. Tiene efectos muy reales en las personas de carne y hueso. Tan reales como un terremoto o un tsunami.

Aquí les dejo esta obra de Juan Torres López, catedrático de economía.¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?

http://www.nytimes.com/2011/01/16/magazine/16Europe-t.html?_r=3&ref=magazine&pagewanted=all