Posts Tagged ‘Filosofía’

Comentari inserit al Diari d’Andorra

És una falàcia.
La proposta d’intercanvi de seguretat a canvi de llibertats personals és un bescanvi tan vell com ho és la civilització humana. Un home en estat salvatge mata, viola i roba sense que hi hagi llei ni puniment. En aquest sentit entenc que la correcta percepció de la llei és el iuspositivisme.
No és tasca del poder l’establir el marc de convivència i respecte, és una tasca de tota i cadascuna de les parts de la societat. D’altra manera és acceptar la irresponsabilitat del ciutadà i la necessitat d’establir la presència coercitiva de l’estat en l’esfera personal.
Per descomptat que cal un codi, una llei. Però les lleis no en garanteixen automàticament el compliment. El mateix passa amb els drets reflectits en qualsevol constitució, la andorrana mateix.
Seguint aquesta lògica, crec que els legisladors duerien bastir com una de les directrius bàsiques la separació entre l’esfera pública i la personal. Malgrat que em considero d’esquerres penso que en aquest punt l’ideari liberal, però el liberal de debò, no aquesta pantomima que arrasa el planeta, ens aporta la direcció correcta.
Un exemple pràctic. Si vull fumar és cosa meva, ningú pot negar-me el dret a matar-me a base de cigarretes. Però fumar a una benzinera sí, per què poso en risc als demés.

Este es el título del que debería ser el libro de cabecera para comprender lo que ha acontecido estos últimos años en el que la burbuja financiera ha postrado a las democracias occidentales.

Por supuesto, es inevitable que tenga tintes políticos. No olvidemos que las repercusiones de la actividad financiera no se circunscriben a dígitos en una pantalla de plasma. Tiene efectos muy reales en las personas de carne y hueso. Tan reales como un terremoto o un tsunami.

Aquí les dejo esta obra de Juan Torres López, catedrático de economía.¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?

Lobo estepario // Jan 16, 2011 at 10:19 pm

Yo también acabo de descubrir este blog. Me ha encantado el tono y el estilo… Bueno al grano.

¿Y qué hemos descubierto los idealistas como yo con todo esto? Que hay gente mala, Punset dice lo mismo así que ya no tengo dudas. Lo triste es que parece que invariablemente los malos son los que mandan.

Como Pelopaja ha indicado, la obra de Maquiavelo ha sido el manual del trepa in secula seculorum. Y si tener las manos limpias es requerido para sentarse a la mesa, no importa cuando se trata de mandar.

Y estoy con Pescadilla de que la culpa es nuestra, por permitirlo. Mire usted, las leyes se pueden cambiar si es necesario (lean a Hayek o Popper para más información), pero también se pueden vulnerar (deporte nacional). Yo estoy en la postura de que uno actúa de acuerdo con sus convicciones y deseos, nada más. No hay una justicia ni una ley que sean un muro infranqueable. Salvo las leyes naturales, que respeto profundamente (un muerto, está muerto).

Dicho esto se entenderá que no queda ya ningún obstáculo para hacer lo que propone Teodoredo. Yo lo haría, pero soy un cobardica. O quizás no estoy lo suficientemente hambriento y cabreado. Tiempo al tiempo.

Ahora dicen por ahí que los mercados son una amenaza a la democracia. Menuda chorrada. En un sistema de mercado capitalista la democracia es disfuncional. El problema estriba en que si hay una desigual distribución de la riqueza, automáticamente se crean relaciones jerárquicas. Eso no es democracia.

¿Y qué hacer?

Pues para mí, que no tengo nada más que preocupaciones, a la hoguera con todo. Pero me contentaría con aserrarle los dientes a los tiburones. Vaya, cargarse eso de los préstamos fiduciarios amén de otras medidas que castiguen severamente la usura. Actividad que sólo ejercieron los judíos hasta que se reinventó el comercio en el Renacimiento.

¿Seríamos más pobres? Sí. La verdadera democracia se lo pone muy difícil a los trepas para acumular poder y dinero (nótese que ambos términos son transmutables, casi sinónimos).

¿Saben? Cuando los siervos estaban hasta los cojones de aguantar a los señoritos en la Rusia imperial, se fugaban de sus “obligaciones” hacia las estepas de los cosacos. Dónde, por cierto, existía una democracia bastante más limpia que la nuestra… Hay un hermoso cuadro en el que los cosacos escriben una carta al sultán turco. Cómo me gustaría ver a unos cuantos españoles reunidos así mandando a freír espárragos al gobierno, a los mercados y al divino tesoro.

Para seguir los demás comentarios:

www.lapaginadefinitiva.com

No importan los métodos, lo que importan son los resultados. Quizás el señor Friedrich Hayek y yo mismo estaríamos de acuerdo en este enunciado. Me explicaré. Según Hayek las personas espontáneamente hemos ido creando un orden, una economía, unas leyes, de manera más o menos inconsciente y sin saber muy bien hacía dónde se dirigía la comunidad humana en el proceso. Esta idea del orden espontáneo es la que vertebra su crítica a cualquier intento de forzar la dirección que toma un conjunto de personas, como puede ser una nación. Hayek, es conocido por su crítica feroz a los regímenes comunistas, máximo exponente de la planificación, del intento de forzar las cosas en una dirección.

En realidad y hasta aquí estamos bastante de acuerdo. Una de las razones fundamentales que se esgrimen contra tal sistema es que los planificadores difícilmente pueden conocer todas las necesidades de cada uno de los miembros de la sociedad que dirigen. En clave económica esto se traduce en que las economías planificadas están abocadas al fracaso debido a que no son sensibles a las demandas reales de la población. Por contra, las economías liberales se autorregulan, y responden mejor a las necesidades y expectativas del ciudadano…

Hayek, también es conocido por ser uno de los pilares del pensamiento neoliberal, en especial en lo que atañe a la economía. Claro está que al decir economía estamos de una manera u otra implicando muchos aspectos de la civilización humana. Su política, su cultura, su idiosincrasia. En los años treinta del siglo XX, mantuvo un memorable duelo dialéctico con John Maynard Keynes, precisamente acerca de la necesidad de la intervención del estado en los asuntos económicos. En aquellos momentos se entendió que Keynes andaba más acertado y sus recetas se aplicaron para mitigar los efectos de la “Gran depresión”. Pero dejemos a Keynes, del que quizás escribiré otro día. Ya que más acuciante es analizar que ha sucedido los últimos años, en los que las tesis de Hayek se han impuesto. Especialmente en las naciones anglosajonas y que ha tenido en los neocon (por neoconservadores) sus más adelantados defensores.

Después de ochenta años de la Gran depresión, el mundo ha vuelto a resfriarse a causa de una serie de burbujas que se podrían englobar en una gran burbuja crediticia. La consigna de este periodo ha sido, y sigue siendo, un laissez faire en lo que a la economía se refiere. Con esto no pretendo decir que los gobiernos se hayan inhibido de regular el mercado. Pero la archiconocida globalización no habría sido posible de no haberse acordado una cierta relajación de las normas. Permitiendo una interconexión a nivel planetario de los mercados, en parte gracias a la red que también ha posibilitado que usted lea estas líneas.

Una vez consumado el estallido de la burbuja en 2008, ha vuelto a ponerse encima de la mesa la cuestión de cómo deben de funcionar los mercados. Hayek estaba en lo cierto al decir que sin intervención estatal la economía encuentra su camino. Yo no conozco a fondo las teorías económicas de la llamada Escuela austríaca, pero sé lo suficiente para entender que con menores regulaciones se facilita la fluctuación de bienes y capitales. Y no menos importante, que el valor de las cosas es subjetivo, es decir, que está sujeto a múltiples factores muy cercanos al individuo, lo que dificulta, si no imposibilita, que desde un actor externo se trate de anticipar o imponer una regla o un precio al desconocer este el valor real de tal bien.

En realidad no está mal la idea, si no fuese porque estamos en un mundo real con personas reales. Del mismo mal que murió el comunismo, morirá el capitalismo. Ciertamente parece que las sociedades dirigidas no han funcionado hasta ahora. Pero, ¿y ahora?

La crisis del 2008 ha sido la puntilla, simplemente para hacer saltar un resorte en mí y plantearme cómo deberían ser las cosas para una sociedad mejor. Por ejemplo y acerca del comunismo, Hayek dijo que el marxismo fue un intento con buenas intenciones, de raíces hondamente cristianas, en una sincera preocupación por el bienestar de los obreros que impulsó a Karl Marx a tratar de crear un proyecto, una hoja de ruta, que liberaría a sus congéneres del yugo capitalista. Pero un proyecto que llevaba en su simiente la génesis del fracaso. Ya he explicado que según Hayek las sociedades dirigidas no se desarrollan adecuadamente porque castran la libertad y supongo que extendería el asunto hasta la propia felicidad del individuo…

Es importante señalar aquí la aportación del pensador Karl Popper, en especial en su obra más conocida La sociedad abierta y sus enemigos. En esta obra escrita en plena 2ª Guerra Mundial, crea una división que puede arrojar bastante luz acerca del tema que nos ocupa. Popper y Hayek coincidían en algunos puntos y parece ser que de hecho se influenciaron mutuamente… Pero volvamos a nuestra división. Popper sostenía que a lo largo de la historia han existido básicamente dos maneras de enfrentar la realidad. Una visión representada por pensadores como Parménides o Sócrates y otra defendida por Aristóteles y otros. ¿Y en qué se diferencian? Pues quizás pecando de simplista lo resumiré en que mientras unos aceptan la falibilidad humana (hasta el extremo en que Sócrates afirma no saber nada), los otros creen competente al ser humano para llegar a un conocimiento espistemológico. Esto aunque parece que nos aleja del tema, en realidad nos lleva al meollo de la cuestión. Ya que siguiendo la lógica del razonamiento acerca de lo afirmado por estos últimos, podemos entender como Platón se atrevió a diseñar una sociedad perfecta, la Polis platónica. Para un pensador como Popper, intentos de ese tipo son precisamente los más nocivos, ya que al establecerse algo como verdadero puede también ser inmutable… de ahí al pensamiento único hay sólo un paso. Precisamente, Platón, Hegel o Marx son los tipos que resultan peligrosos. Pues aunque trataran de proporcionar al mundo un modelo justo, en realidad su soberbia lo que propone es el camino a una dictadura.

Y no me cabe duda, que este canto a la libertad es el guante que recoge Hayek y emplea en su teoría económica…  Y esta teoría es la que sustenta las tesis neocon acerca de lo que debe ser la economía, que en un mundo capitalista y globalmente interconectado equivale a enunciar cual ha de ser la manera en que este afronta este siglo entrante. Llegados a este punto, es dónde yo, a pesar de estar de acuerdo con muchas de las cosas que he expuesto anteriormente planto mi bandera y digo: no pasarán.

Para complementar mi postura debería referirme aquí al solipsismo anarquista de Max Stirner. Stirner, afirmaba que lo único que existe de verdad es uno mismo, como referencia a todo lo demás. En todo caso, las leyes, la moral, las clases sociales… todas esas cosas a las que tanto alude por ejemplo Marx, son invenciones humanas y en realidad no existen. Sólo existe el yo y sus decisiones… Bien, este “yo” frente al mundo, viene a ser el mismo “yo” de Popper o de Hayek. En este sentido hemos de entender el gran atractivo que para muchos liberales, como algunos miembros del Tea party, tienen estas ideas. El problema es que en realidad me parece que muy pocas personas se han planteado dichas ideas en toda su dimensión, o mejor dicho, se han planteado seriamente hacerlas extensivas al resto de la humanidad a parte de mi “yo” y acaso añadiría “los míos”.

El neoliberalismo, los neocon y muchos otros de la misma ralea se llenan la boca citando a Hayek entre otros. ¿Pero en realidad es sincera esa oda a la libertad? En mi modesta opinión, en absoluto. El Laissez-faire no ha hecho un mundo mejor, ni más justo. Ha permitido que unos pisoteen a otros, quizás no directamente, pero sí se ha permitido que otros lo hagan en provecho propio. Me refiero a colonialismo económico, que ahora mismo está devastando medio planeta, en favor del otro medio. ¿Alguien aduciría que las no-normas del mercado libre sirven de algo en este caso? Me pregunto si la invasión de Iraq propiciada por un neocon consumado como Bush, a la búsqueda del petróleo como todo el mundo sabe, se corresponde con una acción de libre mercado, o si quiera de respeto a la propiedad privada.

En realidad, tal como sentencié anteriormente, el capitalismo ha de morir de lo mismo que el comunismo. La causa son las propias personas. Del mismo modo que se puede defender un orden espontáneo, yo deduzco un egoísmo, en el sentido peyorativo del término, latente, genético. Si Marx viviera en nuestros días, estoy seguro de que tendría esto muy en cuenta y El Capital tendría un aspecto muy diferente. Precisamente con el triunfo del solipsismo moral, ya libres de ataduras como la religión o la ética marxista se ha engendrado un hornada de humanos que ya parecen no necesitar prácticamente de coartadas moralistas para sus fechorías. Aquí en España, desde dónde escribo, podemos encontrar un ejemplo patente en cómo se desenvuelven muchos políticos conservadores englobados en el Partido Popular, muchos de los cuales afirman ser defensores del liberalismo y de las tesis de Hayek.

También debo apostillar aquí que en realidad se me hace un poco difícil deglutir el hecho de que los mismos defensores de la libertad creen lobbies para influenciar y hasta controlar gobiernos. Es para mí tan paradójico como el hecho de que se pregone que existe igualdad de oportunidades en el mercado libre, mientras se usan estos resortes de poder o se mantienen fórmulas de propiedad privada tan antiliberales como la herencia.

Este laissez-faire, en realidad y aplicado a la humanidad adquiere tintes dramáticos. Se podría mencionar la superpoblación, el agotamiento de recursos, la contaminación, el cambio climático… Realidades que a mi entender cuestionan la conveniencia de continuar por este camino.

El pensamiento de izquierdas, la izquierda hegeliana, el marxismo, incluso parte del anarquismo parecen haber perdido fuelle las últimas décadas. El derrumbe del bloque socialista pareció indicar el fin de los modelos perfectos, de los proyectos de una sociedad más justa más allá de las democracias occidentales. Efectivamente. colegio con Churchill cuando dijo que las democracias son el menos malo de los regímenes… pero en estos momentos en los que se empiezan a ver grietas en todo el edificio de esta cosa que es la civilización humana, me pregunto si estas democracias y su laissez-faire económico son suficiente respuesta ante lo que quizás, y digo sólo quizás, convendría hacer o dejar de hacer. Tema que me propongo tratar en otro post.

No, las tesis de Hayek han fracasado, porque nunca se han dado las circunstancias en las que estas podrían funcionar. Y no estoy seguro, pero quizás Popper esto lo percibió en su momento, y quizás por esto mismo desconfió de la libertad de los mercados.

No voy a extenderme acerca del significado y la historia del concepto de propiedad privada. Aquí podréis encontrar algunos detalles sobre el tema.

Lo que sí me gustaría indicar desde buen principio es mi inclinación a pensar que justamente este concepto es la piedra angular sobre la que se asienta nuestra sociedad. La posibilidad de poseer a título personal bienes, tierras, y títulos o promesas de estos bienes y servicios es lo que mueve la economía del mundo. Bueno, quizás no toda, puesto que no siempre ha sido así. En algunas sociedades y en otras épocas la propiedad privada no tuvo exactamente las mismas características que conocemos. En algunos casos ni siquiera existió, como en algunas tribus primitivas donde se entendía que todo era comunitario, y acaso los enseres personales una especie de uso particular.

¿Por qué he escogido este tema en primer lugar? Pues porque entiendo que nuestro concepto de propiedad privada es nocivo. Las circunstancias de nuestro mundo han variado drásticamente desde el momento en que se pusieron en marcha las primeras máquinas cuya energía no provenía del esfuerzo humano o animal. Y la actual sociedad necesita desesperadamente cambiar algunas reglas si no queremos vernos abocados a un periodo de tinieblas. Permitidme que justifique este punto más adelante.

Haciendo simplemente un repaso a los últimos treinta años veremos que efectivamente la humanidad ha desarrollado vigorosamente su actividad, espoleada por el deseo de poseer. Esto es, de retener como propiedad privada la mayor cantidad de esos bienes a los que he aludido antes. Pero lo cierto es que en este momento ya se hace patente que por mucho que se intente, nadie puede poseer todo lo que quiera. Independientemente de la fuerza de su deseo o del esfuerzo aplicado en verlo cumplido.

Y las razones son dos. Una, la propia limitación de esos bienes. La Tierra es finita, y por tanto no alberga una infinidad de bienes de ningún tipo, acaso, como dijo Einstein, sí podríamos acordar que lo único ilimitado es la estupidez humana. A lo que yo añadiría que infinita también es su codicia. Solamente así se explica la creciente disparidad entre los que poseen mucho y los que nada tienen.

Cualquiera podría indicar que esto es así en virtud del inalienable derecho a la propiedad privada. Pero yo me pregunto si esa propiedad está por encima de algo como una vida humana. De una forma u otra, siempre terminaremos en este punto. Puesto que esa distribución heterogénea de bienes finitos significa invariablemente que unos tienen que vivir privados de casi todo para que otros naden en la opulencia.

En la historia moderna Marx y Engels fueron algunos de los que cuestionaron este derecho al observar las relaciones que se establecían entre unos y otros. Tampoco voy a ahondar en sus tesis, pero más o menos deberíamos tener claro que debe de ser un tema importante, ya que ocupó buena parte de la vida de estos dos hombres cultivados e informados.

Lo cierto es que todos los intentos para tratar de cambiar nuestra norma sobre la propiedad privada han fracasado. Aquí debo incidir en que en el momento de poner en práctica todas esas nuevas ideas el procesó se pervirtió. Y mi conclusión es porque nunca se pudo eludir algo que de sobras deberíamos conocer en nuestros días: la codicia humana no tiene límites.

Cuando se instauraron regímenes en los que la propiedad privada quedó prácticamente abolida, esta en realidad no se “repartió” equitativamente entre todos los miembros de la sociedad. En lugar de esto, los mecanismos de poder en dichos regímenes quedaron en manos de unos pocos, de manera que a efectos prácticos los bienes eran más suyos que de nadie más. Es más, ante la perspectiva de no poder nunca disponer que esos apetecibles bienes, muchas personas que no pertenecían a esa elite de dirigentes se sintieron desmotivadas para trabajar más y mejor. Una buena referencia a este proceso la encontramos en “Rebelión en la Granja” de George Orwell.

Entonces ¿hay que dar rienda suelta a nuestros instintos codiciosos? Para la oleada de teóricos conocidos como neocon, sí, ya que cualquiera de ellos lo señalará como el motor que mueve el mundo. Pero precisamente, en este momento triunfante, en el que suenan las trompetas loando la victoria de “yo quiero, yo tengo” nos sobreviene una crisis de espanto. ¿Qué ha sucedido?

Pues hablando claro, hemos tenido un empacho de codicia. Hemos querido comer más de lo que había en el plato. Al prestarse dinero indiscriminadamente unas instituciones a otras y estas a los ciudadanos, hemos asistido a un festín que no resultó ser tal, salvo para algunos afortunados.

Por esta razón y visto ya con un poco de perspectiva, parece ser que este rasgo tan humano como es la codicia acaba con desestabilizar cualquier sistema político o económico, por muy bien teorizado que este esté. Marx y Engels no tuvieron en cuenta que aunque elevado a la cumbre desde la base más humilde y proletaria, un tal Stalin ejercería como un tirano despótico más, la naturaleza humana es así. Y los paladines del libre mercado hicieron oídos sordos a los inquietantes sonidos que emanaban de la burbuja que estalló apenas hace dos años… quizás la consigna para estos asuntos es: coge el dinero y corre.

Humildemente, creo que así no se llega a ninguna parte.

Y ahora viene el momento de una sesuda teoría acerca de como evitar estos males. En realidad, la única manera cien por cien efectiva que se me ocurre para limitar los efectos económicos, sociales y ecológicos de la codicia humana, es que la humanidad no existiera. Pero como seguramente llevar eso a término levantaría alguna protesta habrá que pensar en otra solución. Lo cierto es que opino que es necesario encontrar o inventar algún mecanismo, algún límite, que impida la concentración de capital, de tierras, de poder político o de cualquier otra cosa que permita a unos cuantos decidir, disfrutar y hasta perpetuar este estado de cosas.

Clausewitz dijo que la guerra es un instrumento de la política. Muy acertadamente alguien dijo que hoy día, la política es un instrumento de la economía. Una cosa está íntimamente ligada a la otra.

Y esta es la pregunta que lanzo al aire. ¿Se debe limitar la propiedad privada? Y de ella se derivan no pocas. ¿Se debe abolir totalmente o parcialmente?  ¿En que forma y en que cuantía?  ¿Se debe reformar la representación política de los ciudadanos? ¿O es mejor abolirla? ¿Hay que democratizar las empresas? ¿Se debe repartir la riqueza? ¿En base a qué criterios?

Su turno…