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Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 29 de junio de 2011

Este artículo señala que la excesiva influencia del capital financiero en la estructuración de la UE y de la Eurozona ha configurado unas reglas de comportamiento que dificultan enormemente la recuperación económica de Grecia (y de España). Las medidas de austeridad son contraproducentes e imposibilitan el crecimiento económico y creación de empleo, condiciones para que se salga de la crisis. El artículo subraya que el hecho de que sean los países PIGS los que se encuentren en mayores dificultades se debe al dominio de las derechas en la vida política de estos países que han determinado unos estados muy pobres (que se han tenido que endeudar) como consecuencia ce unas políticas fiscales regresivas. La salida de la crisis requiere una profunda reforma fiscal que de pie a unas políticas expansivas de estímulo económico.
El mayor problema que tiene la economía griega no es primordialmente de carácter económico o financiero. Es un problema político. Tiene que ver con el enorme poder que la banca ha tenido, y continúa teniendo, en la estructuración de la Unión Europea y de la Eurozona, así como en la génesis de la deuda pública de los países llamados despectivamente PIGS, cerdos en inglés, (Portugal, Irlanda, Grecia y España). Ahora bien, este poder de la banca ha contado con un gran aliado y cómplice: las clases más adineradas de los países de la Eurozona, incluyendo las de los países PIGS.

Veamos los datos, comenzando por las reglas que los bancos escribieron sobre las cuales se establecería la Eurozona. Estas reglas son las responsables de que Grecia nunca podrá (ni tampoco España) salir de la recesión a través de las políticas que se están siguiendo. Una fue que los Estados, al incorporarse al euro, perdieron el control sobre su propia moneda. Es decir, que en momentos de recesión (cuando la economía está estancada), el estado griego no puede devaluar la moneda y con ello poder abaratar sus productos y venderlos más fácilmente al exterior, recuperándose a base de ello. Suecia y Noruega, por cierto, se han recuperado de la recesión mucho mejor y más rápido que Finlandia,  como consecuencia de que los dos primeros pudieron devaluar su moneda, lo cual no pudo hacer Finlandia al pertenecer al euro.

Otra regla es que, al integrarse al euro, los Estados dejaron de tener la potestad de imprimir dinero y establecer el precio del mismo. Cuando un país está en recesión, su Banco Central imprime dinero y/o abarata el precio del dinero, disminuyendo así los intereses bancarios, facilitando que tanto los ciudadanos como los empresarios puedan conseguir préstamos con los cuales consumir bienes y servicios e invertir, y así producir empleo y estimular la economía. Negarle al estado que tenga control sobre el crédito es imposibilitarle el poder estimular la economía. Una función de un Banco Central es, precisamente, la de garantizar el crédito, lo cual funcionó bien en la mayoría de países europeos hasta que llegó la moda neoliberal con el Presidente Reagan de EEUU y la Sra. Thatcher de Gran Bretaña, que hicieron creer a muchos gobiernos europeos que desregular el crédito era bueno para un país. El último caso que vimos fue Islandia, que  conllevó un enorme problema, como también lo creó en los otros países que desregularon el crédito (que fueron la mayoría).

Y, por si fuera poco, la tercera regla era que un país no podía seguir políticas expansivas de gasto público. Es decir, un estado no podría gastar mucho para estimular la economía, pues el estado, según el criterio de Maastricht, no podía tener un déficit estatal mayor del 3% del PIB y una deuda publica mayor del 60% del PIB. Claro que el criterio no decía cómo debía bajarse el déficit para alcanzar el número mágico del 3%. Pero insistieron en que los estados bajaran los impuestos como manera de estimular la economía, considerando erróneamente que los ricos, que eran los máximos beneficiarios de los recortes de impuestos, consumirían más que ahorrarían (de hecho, invirtieron en sectores especulativos). Esta insistencia en que el estado bajara los impuestos no dejaba al estado otra alternativa que la de recortar el gasto público. Esto eliminó la posibilidad de que el estado pueda estimular la economía mediante, por ejemplo, inversiones en áreas de creación de empleo.

Estas tres reglas hacen muy difícil, casi imposible, para Grecia  (y para España), salir de la crisis. En realidad, estas reglas fueron muy importantes para que la crisis se presentara en Grecia con la gravedad con laque se ha presentado.
¿QUÉ PASA EN GRECIA? LA ALIANZA DE LA BANCA CON LOS RICOS

Una característica de Grecia, que comparte con España, es que ha estado gobernada por la ultraderecha por muchos años. La dictadura de los coroneles fue (como lo fue también la dictadura de los generales en España) una dictadura de los ricos en contra de las clases populares. Ello ha determinado que los ricos no tienen la costumbre de pagar impuestos. El fraude fiscal ha sido enorme, consecuencia de la laxitud del estado, que ha continuado controlado por los ricos durante la democracia que siguió a la dictadura. En 2010 sólo 15.000 griegos, de un total de once millones de ciudadanos, declararon al estado ingresos superiores a 100.000 euros al año, lo cual contrasta con la existente concentración de la riqueza y de las rentas, visible en los suburbios de las ciudades griegas. Se considera que casi la tercera parte de la renta nacional (la poseída por los ricos en su mayoría) no se declara.

Ello ha forzado al estado griego a endeudarse hasta la médula para pagar los gastos del estado (en infraestructura y en servicios públicos, así como en gastos militares que significan una carga muy importante en el presupuesto nacional). Esta deuda recoge también la deuda incurrida por los gobiernos militares, no elegidos democráticamente, y cuyo gasto militar lo tiene que pagar ahora el estado democrático. Éstas son las causas de que el estado griego tenga un problema de déficit del estado (12% del PIB) y de deuda pública, todavía mayor (150% del PIB). Pero esta realidad quedó, en parte, ocultada por el estado con la ayuda del banco Goldman Sachs. El diario alemán Der Spiegel descubrió las ocultaciones de las cuentas nacionales que el estado griego (gobernado por las derechas) había realizado con la complicidad de aquel banco estadounidense (que recibió un pago por ello de 800 millones de euros). Es imposible que la Comisión Europea (cuya mayoría son de partidos de derechas), no lo supiera. Por cierto, el que era Vicepresidente para Europa del banco Goldman Sachs, que realizó operaciones financieras con el gobierno conservador griego para ocultar la situación real del déficit público del estado griego, el Sr. Mario Draghi será el nuevo Presidente del Banco Central Europeo, poniendo a la cabeza de este Banco (que es un lobby de la banca, en lugar de ser un Banco Central) a la persona que ayudó más al desfalco de las cuentas públicas del estado griego.

Cuando el gobierno socialista salió elegido descubrió estos problemas, indicando que el déficit y la deuda eran mucho mayores de lo que el gobierno conservador había indicado. El estado está enormemente endeudado. Los bancos alemanes y franceses, pero también los bancos griegos (donde los ricos griegos depositan su dinero) han comprado la deuda pública a unos intereses abusivos. Por cierto, la mal llamada ayuda a Grecia es para asegurarse que el estado griego pagará a tales bancos. Y la enorme austeridad impuesta a la población griega por parte del estado (77.000 millones de euros, de los cuales 28.000 millones serán en recortes de gasto público y 50.000 millones en privatizaciones del patrimonio nacional) es para poder pagar a los bancos.

EL EURO Y LA CRISIS

Este endeudamiento del estado griego es beneficioso para los bancos y también para los ricos que no pagan impuestos, forzando al estado a endeudarse aún más. Pero es también beneficioso para los ricos y para los bancos extranjeros, pues el estado se siente en la necesidad de privatizar sus propiedades (a unos precios irrisorios) con lo cual vemos una enorme demanda de euros por parte de bancos de inversión para comprar tales propiedades. En realidad, en contra de lo que constantemente se dice y se alarma, el euro está en muy buena salud (demasiado buena para los empresarios españoles que tienen problemas para exportar), y ello se debe a la enorme demanda de euros con los cuales se compra la privatización de los bienes públicos de Grecia (y de España). Véase el caso de las cajas de ahorros españolas, que se están vendiendo a unos precios muy bajos. Y todo ello con la ayuda del Estado. De ahí que las privatizaciones sean una estrategia impuesta por la banca a los países del euro como manera de conseguir la venta del patrimonio y servicios muy rentables de los países periféricos.

Vemos así como el enorme dominio de la banca explica que los estados periféricos estén estancados en su deuda sin poder salir de ella, lo cual no ocurre por incompetencia, sino por diseño, pues así consigue introducirse y conseguir mayor rentabilidad al comprar a precios muy bajos lo que antes era público. Cualquier lector de este artículo debiera indignarse. Por cierto, este artículo fue enviado a algunos de los medios de mayor difusión del país, ninguno de los cuales consideró oportuno publicarlo. Agradecería al lector que lo distribuyera lo más ampliamente posible.

Anuncis

Interesante artículo sobre la especulación con la deuda soberana.

Enlace al artículo original

Después de Grecia, Irlanda…
Siguen los estragos de la crisis del euro
por Jean-Claude Paye*

Están cayendo las fichas del dominó. La crisis financiera irlandesa reproduce el esquema de la que ya tuvo lugar en Grecia y abre el camino a las que vendrán, en Portugal y en otros países. Para pagar sus guerras en Afganistán e Irak, Estados Unidos ha decidido monetizar su deuda pública, o sea encajarle sus propias facturas al resto del mundo. Esa afluencia de liquidez permite a las élites capitalistas devorar presas cada vez más opulentas. Habiendo saqueado ya el Tercer Mundo, ahora pueden emprenderla con el euro. Sin embargo, observa Jean-Claude Paye, lejos de impedir que lo hagan, el Banco Central Europeo las favorece a expensas de los pueblos europeos, a quienes imponen políticas de austeridad.

Una frase que se atribuye a Marx nos enseñó que si la historia no se repite, por lo menos tiene tendencia a tartamudear. Ese diagnóstico ilustra a la perfección el nuevo ataque contra el euro. Ante la crisis irlandesa, los mercados financieros han puesto en escena un guión similar al de la ofensiva contra Grecia [1]. Se trata del desplazamiento de una causa externa: la política monetaria expansionista de la FED (Federal Reserve). De la misma manera, la ofensiva de los mercados tendrá también el apoyo de Alemania.

Al igual que durante los meses de abril y mayo de 2010, el anuncio de una futura inyección masiva de liquidez por parte de la Reserva Federal estadounidense no ha hecho bajar el valor del dólar sino que ha reactivado el asalto especulativo contra la eurozona. Alemania también ha dado origen, en parte, al acelerado incremento de las tasas de interés de las obligaciones irlandesas, así como de las portuguesas y las españolas.

Las recientes declaraciones, pese a todo puramente formales, de Angela Merkel sobre la necesidad de obligar a los acreedores privados a tomar parte, en caso de reestructuración de la deuda de ciertos países de la eurozona, ha acentuado la desconfianza de los mercados hacia los países más débiles.

El objetivo de la FED: una creación ininterrumpida de burbujas financieras

La frase de John Connally, secretario del Tesoro de la administración Nixon en 1971, de que «El dólar es nuestra moneda, pero es problema de ustedes», cobra hoy más actualidad que nunca. Hasta ahora la monetización de la deuda estadounidense le crea menos problemas a Estados Unidos que a sus satélites. El arbusto de la degradación financiera de Grecia ya había bastado para disimular el bosque deficitario estadounidense.

De la misma manera, durante este fin de año la deuda irlandesa eclipsó el anuncio de un nuevo programa de compra masiva de bonos del Tesoro por parte de la Reserva Federal estadounidense. Esta maniobra de «quantitative easing» consiste en hacer bajar las tasas de interés sobre las obligaciones del Estado y debe permitir, a razón de 75 000 millones de dólares, una inyección de 600 000 millones a la economía estadounidense.

La FED ya había introducido una suma de 1 700 millardos [1 millardo = 1 000 millones] de dólares en el circuito económico estadounidense. Este nuevo programa de inyección de liquidez nos demuestra que esa política ha fracasado, puesto que ahora hay que recurrir a una nueva serie de compras. Pero lo más importante es que nos indica que el «quantitative easing» ha dejado de ser una política de carácter excepcional. Ahora parece destinada a mantenerse y se convierte en un procedimiento normal [2].

Contrariamente a lo que declara el Departamento del Tesoro, el objetivo de la creación de moneda a la que recurre Estados Unidos no es permitir que los bancos concedan créditos a los particulares y a las empresas. Dada la coyuntura económica, esa demanda es actualmente reducida y las instituciones financieras disponen de importantes reservas.

Ya hay abundancia de liquidez. Agregar más no resolverá el problema actual, que en realidad reside en la desconfianza de los bancos ante la falta de solvencia de los posibles candidatos a recibir nuevos préstamos, o sea en cuanto a la rentabilidad de sus inversiones.

¿De qué puede servir entonces esta inyección permanente de liquidez en un mercado ya saturado? Para responder a esa pregunta basta con observar los efectos de esa política: formación de burbujas especulativas y alza desmesurada del valor de los activos, afluencia de capitales hacia los países de fuerte crecimiento, como China o la India, y ataques especulativos, sobre todo contra la eurozona.

La política estadounidense de monetización de su deuda pública resulta actualmente poco inflacionista porque gran parte de los capitales está saliendo de Estados Unidos para ir a situarse en los mercados emergentes, razón por la cual no está alimentando la demanda interna en Estados Unidos.
Tampoco provoca una fuerte caída del dólar porque las compras adicionales de activos –oro, materias primas y petróleo– que esa medida está provocando se están efectuando con dólares estadounidenses, lo cual sostiene la cotización de esa moneda. Los especuladores estadounidenses hacen sus compras con su propia moneda, mientras que los «inversionistas» extranjeros, incitados a seguir el movimiento de alza inducido por esa política, están cambiando sus monedas nacionales por dólares para comprar «activos».

El objetivo del BCE: transferir a los bancos los ingresos de los trabajadores

En lo tocante a la Unión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) anunció la continuación de su política de compra de obligaciones soberanas. También ha decidido prolongar su dispositivo de refinanciamiento de los bancos, ilimitado y con una tasa fija, por un nuevo periodo de al menos 4 meses.

Aquí también se hace patente un cambio de actitud: ya no se presenta esa política como un hecho excepcional sino con carácter permanente [3].
La modificación de la política del BCE reside en su compromiso en cuanto a la duración. «En tiempos normales, el BCE compra títulos a corto plazo: 3 semanas, un mes, más raramente 3 meses. Pero, desde la crisis, el BCE se puso a comprar títulos a un año de plazo, algo nunca visto.» [4]

Ese cambio invierte el papel del BCE, que de ser el prestamista a quien se recurre como último recurso pasa a convertirse en un prestamista de primera línea. El Banco Central Europeo funciona así como una institución crediticia.
El BCE ha adquirido hasta ahora bonos sobre la deuda pública por un monto de 67 000 millones de euros [5], esencialmente en títulos de Estados que vienen afrontando dificultades, como Grecia e Irlanda. Estamos por lo tanto muy lejos aún de la compra de 600 000 millones de dólares que hizo la FED.

La política del Banco Central Europeo es diferente, no sólo en el plano cuantitativo sino también en el aspecto cualitativo, ya que esta institución ha decidido esterilizar su inyección de liquidez, disminuyendo en la misma medida los préstamos que efectúa a los bancos privados.

El objetivo del Banco Central Europeo es tratar de retrasar lo más posible una reestructuración de la deuda griega, de la irlandesa y de la portuguesa… porque los grandes bancos europeos están seriamente enfrascados en su propio financiamiento. Se trata, ante todo, de salvar las instituciones financieras y de tratar de que la factura la paguen los trabajadores y los ahorristas.

Para lograrlo, la Unión Europea y los Estados miembros han entregado a los mercados financieros la llave del financiamiento de los déficits. Los Estados tienen que obtener préstamos a través de las instituciones financieras privadas, que a su vez obtienen fondos a bajo precio del Banco Central Europeo.

Aunque la media de los déficits de los Estados miembros de la Unión Europea es del 7%, o sea muy inferior al 11% que déficit de Estados Unidos [6], la Unión Europea ha emprendido una brutal reducción de los gastos públicos.
La Comisión Europea quiere imponer a los países un largo tratamiento basado en la austeridad para volver a una deuda pública inferior al 60% del PIB y ha abierto procedimientos por déficit excesivo contra los Estados miembros. A mediados de 2010 prácticamente todos los Estados de la eurozona estaban sometidos a ese tipo de procedimientos.

La Comisión les ha pedido incluso que se comprometan a volver a situarse por debajo del límite del 3% antes de 2014, sin importar cuál sea la evolución de la situación económica. Los medios previstos para alcanzar esos objetivos no consisten en la imposición de un gravamen a los altos ingresos o las transacciones financieras sino más bien en una disminución del salario directo e indirecto, o sea en aplicar políticas salariales restrictivas y reducir o eliminar sistemas públicos de retiro y de salud.

Complementación entre las políticas de la FED y del BCE

La política monetaria fuertemente expansionista de Estados Unidos consiste en comprar en el mercado secundario obligaciones soberanas a mediano y largo plazo, de 2 a 10 años, para que las nuevas emisiones que debe hacer la FED encuentren quien las adquiera a una tasa de interés relativamente poco elevada, o sea soportable para las finanzas públicas estadounidenses.

Esa política no sólo es la que conviene a los intereses del capital estadounidense sino que corresponde además a los intereses del capitalismo multinacional. Es el principal instrumento de una práctica de tasas de interés muy bajas, por debajo del nivel real de la inflación. Se trata de permitir, no sólo a Estados Unidos sino también a Europa y Japón, que puedan enfrentar su montaña de deudas aplicando tasas mínimas.

Todo aumento del rendimiento de las obligaciones llevaría a esos Estados a la bancarrota. Además, a mediano plazo, esa práctica laxista tendrá un efecto inflacionista que reducirá el valor de esas deudas públicas y disminuirá, en términos reales, la carga que representan.

Dado el lugar tan especial que ocupa el dólar en la economía mundial, la Reserva Federal estadounidense es el único banco central que puede darse el lujo de adoptar ese tipo de política, y sobre todo que puede aplicarla a tan gran escala. Cualquier otra moneda nacional se vería inmediatamente bajo el fuego de los mercados y fuertemente devaluada. La FED es el único banco central que puede darse el lujo de fabricar dinero y lograr que los agentes económicos extranjeros lo acepten.

La monetización de la deuda estadounidense permite, al proporcionar municiones a los mercados financieros, emprender ventajosamente operaciones de especulación contra la eurozona. Esto coincide con los objetivos de la Unión Europea, ya que permite movilizar los mercados y presionar a los pueblos europeos para obligarlos a aceptar una drástica disminución de su nivel de vida.

El efecto de las políticas presupuestarias que los Estados miembros han puesto en marcha no será otro que impedir el redespegue económico, fragilizando aún más las finanzas públicas y reclamando nuevas transferencias de los ingresos de los trabajadores a los bancos y las empresas. La crisis del euro continuará prolongándose. Y la voluntad ya expresada por la agencia estadounidense Moody’s de reducir nuevamente la nota de las obligaciones del Estado español, debido a sus «elevadas necesidades de refinanciamiento para 2011» [7], confirma este diagnóstico.

Jean Claude-Paye

1] «La Unión Europea y los «hedge funds»: ¿regulación o abandono del territorio europeo?», por Jean-Claude Paye, Red Voltaire, 12 de noviembre de 2010.

[2] «La FED va injecter 600 milliards de dollars dans l’économie américaine », por Audrey Fournier, Le Monde, 4 de noviembre de 2010.

[3] «La Banque centrale européenne prolonge ses mesures exceptionnelles de soutien», por Mathilde Farine, Le Temps, 3 de diciembre de 2010.

[4] «La BCE poursuit son programme de rachat d’obligations publiques», por Audrey Fournier, Le Monde, 2 de diciembre de 2010.

[5] «Les Etats-Unis à l’origine des tensions au sein de la zone euro», por Sebastien Dubas, Le Temps, 3 de diciembre de 2010.

[6] Ver: Manifeste des économistes atterrés. Crise et dette en Europe: 10 fausses évidences, 22 mesures en débat pour sortir de l’impasse, 14 de septiembre de 2010.

[7] «Moody’s envisage une nouvelle dégradation de la note de l’Espagne», Le Monde con AFP, 15 de diciembre de 2010.

Últimamente se está discutiendo acerca de casi todos los aspectos que rigen la actividad política y la económica. Pero con como telón de fondo y denominador común la crisis. Una crisis que parece arreciará en 2011, y en la se juega nada menos que el futuro del euro, y por ende, el de la UE. Un aspecto importante de lo que acontece hoy en España es que el mundo tiene sus ojos escrutando la deriva del país. Como he dicho, está el futuro de Europa en juego. La caída de España en forma de rescate probablemente tendría repercusiones a escala global. Por esta razón hay que coger con pinzas y microscopio cada gesto, cada palabra que se proyecta en el ámbito público. Asimismo un servidor se pregunta qué parte de la historia es la que no vemos, que es lo que se nos oculta. Hay mucha incertidumbre, hay miedo.

Esta semana el tema de moda está siendo el modelo de estado. Aznar en unas declaraciones incendiarias señaló que el modelo autonómico es inviable, achacando a las comunidades autónoma (CCAA) el lastre del déficit presupuestario. Toma ya.

Algunos se han apresurado a recoger el guante. En Libertad Digital se apunta un posible regreso de Aznar a la palestra. Y no sería de extrañar,  pues no se explica de otra manera el problema que le ha creado a Rajoy con semejante afirmación. Recordemos que varias de las CCAA más endeudadas están gestionadas por el PP. La respuesta de estas ha sido claramente contraria a seguir las indicaciones de Aznar. Cosa perfectamente comprensible. Tenemos el ejemplo de Valencia. Con un presidente que a pesar de sus imputaciones sigue campeando a sus anchas. Con unos medios de comunicación totalmente domesticados, y lo que es más importante, con perspectivas de una reelección.

Para los partidarios de un refuerzo del poder central, vamos a llamarlos jacobinos, la admonición aznariana ha sido como una bendición para abrir la caja de pandora: El modelo de estado. Un modelo que hasta ahora sólo la más rancia derecha y algunos centralistas en la órbita (aplaudan) socialista se habían atrevido a cuestionar públicamente. El debate está servido.

Quizás esté de acuerdo en que el modelo es inviable. Pero las razones aducidas, duplicación de servicios, incompetencia de los administradores, etc., suelen quedarse cortas. Ya que, privatizaciones aparte, se pide que sean la CCAA autónomas quienes mayormente reduzcan su peso en la administración. Obviando, intencionadamente opino, el hecho que algunas de estas comunidades son entidades nacionales que no van a renunciar fácilmente a su cuota de autonomía. En todo caso sí resulta coherente que en el ideario neoliberal, tema del que hablo en este post, se abogue por un adelgazamiento del estado. ¿Pero y este ataque furibundo a las CCAA?

En realidad es un torpedo en la línea de flotación de la identidad nacional de Catalunya, Euskadi o Galicia. Y Aznar lo sabe. Es por esta razón que la sugerencia de volver a un modelo centralizado ha jaleado a las bases del PP. Ya que es bien conocido el éxito de la estrategia de que “la unidad de España se rompe” para movilizarlas.  Por contra, la cara triste, los barones regionales, están lógicamente disgustados y ya han negado públicamente su intención de ceder competencias. Aznar parece que nos está diciendo algo así: “Si mandara yo, aquí iban a cambiar muchas cosas, y todos a callar”.

En realidad, y dado el inequívoco carácter plurinacional del estado español, un modelo federal sería mejor que este café para todos de las autonomías. Mi inclinación personal pero, es el de la confederación. La Confederación Ibérica. Sé que suena extraño, pero este es realmente el encaje para todos los miembros del estado. Y posiblemente Portugal se adhiriese a la idea.

En una confederación sus miembros tienen rango de nación. Autonomía suficiente para decidir si quedarse o partir. Con amplias competencias respecto de su legislación, dejando para el poder central sólo algunas y de común acuerdo. Por ejemplo defensa o política exterior.

La insostenibilidad del estado español, paradójicamente, hay que buscarla en las condiciones que permitieron el crecimiento del gasto público. Es decir, en el tiempo de la burbuja económica. Que coincide básicamente, aunque no es una coincidencia, con las dos legislaturas de Aznar.

Dicha expansión del gasto siguió aumentando con la presidencia de Zapatero. Hasta que sobrevino el pinchazo económico. Las divergencias entre gasto público e ingresos, es decir el déficit,  se acentuó enormemente a partir de entonces. Exacerbado a causa del aumento de desempleados o la disminución de ingresos provenientes de la actividad inmobiliaria,  entre otros muchos factores. Visto así, sólo un milagro hubiese impedido el actual estado de cosas. Ya que ni bancos centrales, ni agencias de rating, ni las propias entidades financieras quisieron ver el humo del incendio. Resumiendo, combustión espontánea

Finalmente señalar que la sospecha de insolvencia bancaria, la corrupción,  así como el importante peso de la economía sumergida y de la evasión fiscal, son entre otros, factores que han suscitado no poca controversia. Y me atrevería a decir que parte de la desconfianza que ahora mismo España despierta en el mundo. En este sentido, las declaraciones de Aznar resultan como poco demagógicas, puesto que añaden más presión a una nación al borde de la intervención. Con las repercusiones que ya he indicado.

Adicionalmente, el rescate multimillonario de las entidades financieras, prestándoles dinero público a bajísimo interés, ha sido a su vez empleado para que estas mismas entidades compren deuda soberana a intereses mucho más altos. De manera que se ha establecido un ciclo diabólico en el que el perro muerde la mano que le da de comer.

La puntilla a este estado de cosas ha sido la marcha atrás del gobierno en la ley de transparencia. Hecho cuyas connotaciones van más allá del simple formalismo, o lavado de cara. Consagran una opacidad que es precisamente lo que pone tan nerviosos a los mercados y a algunos ciudadanos como yo. Y que afecta tanto a la administración pública, como a empresas. Muy inquietante es el papel de los bancos. Recordemos que en los stress-test del 2009, los bancos irlandeses superaron las pruebas cuando de hecho estaban a punto de quebrar.

La solución central aznariana parece obviar estas consideraciones y tirar por un atajo directo a las bases más reaccionarias del PP, y a los desafectos con la la periferia, que no olvidemos cuenta con muchos partidarios entre los votantes del PSOE.

La dicotomía izquierda-derecha, federalismo-centralismo no tiene necesariamente que formar parejas fijas. Pero parece que el golpe de timón de Aznar va a polarizar posturas. Tratando a la izquierda federalista como causa del los problemas de España. Extendiendo un tablero de juego en el que no caben medias tintas. Conmigo o contra mí. La España roja contra la España negra. En un maniqueísmo que va dejando cada vez menos oxígeno para otras propuestas, para otras ideas.

Por estas razones, no es casualidad que haya colocado una bandera neorepublicana en el encabezado. Pues empezamos a vernos cada vez más a un lado u otro de las trincheras, aunque estas sean más simbólicas que reales. Aunque la lucha se dirima ya no en las calles, si no en la red.

http://www.nytimes.com/2011/01/16/magazine/16Europe-t.html?_r=3&ref=magazine&pagewanted=all