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Interesante artículo sobre la especulación con la deuda soberana.

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Después de Grecia, Irlanda…
Siguen los estragos de la crisis del euro
por Jean-Claude Paye*

Están cayendo las fichas del dominó. La crisis financiera irlandesa reproduce el esquema de la que ya tuvo lugar en Grecia y abre el camino a las que vendrán, en Portugal y en otros países. Para pagar sus guerras en Afganistán e Irak, Estados Unidos ha decidido monetizar su deuda pública, o sea encajarle sus propias facturas al resto del mundo. Esa afluencia de liquidez permite a las élites capitalistas devorar presas cada vez más opulentas. Habiendo saqueado ya el Tercer Mundo, ahora pueden emprenderla con el euro. Sin embargo, observa Jean-Claude Paye, lejos de impedir que lo hagan, el Banco Central Europeo las favorece a expensas de los pueblos europeos, a quienes imponen políticas de austeridad.

Una frase que se atribuye a Marx nos enseñó que si la historia no se repite, por lo menos tiene tendencia a tartamudear. Ese diagnóstico ilustra a la perfección el nuevo ataque contra el euro. Ante la crisis irlandesa, los mercados financieros han puesto en escena un guión similar al de la ofensiva contra Grecia [1]. Se trata del desplazamiento de una causa externa: la política monetaria expansionista de la FED (Federal Reserve). De la misma manera, la ofensiva de los mercados tendrá también el apoyo de Alemania.

Al igual que durante los meses de abril y mayo de 2010, el anuncio de una futura inyección masiva de liquidez por parte de la Reserva Federal estadounidense no ha hecho bajar el valor del dólar sino que ha reactivado el asalto especulativo contra la eurozona. Alemania también ha dado origen, en parte, al acelerado incremento de las tasas de interés de las obligaciones irlandesas, así como de las portuguesas y las españolas.

Las recientes declaraciones, pese a todo puramente formales, de Angela Merkel sobre la necesidad de obligar a los acreedores privados a tomar parte, en caso de reestructuración de la deuda de ciertos países de la eurozona, ha acentuado la desconfianza de los mercados hacia los países más débiles.

El objetivo de la FED: una creación ininterrumpida de burbujas financieras

La frase de John Connally, secretario del Tesoro de la administración Nixon en 1971, de que «El dólar es nuestra moneda, pero es problema de ustedes», cobra hoy más actualidad que nunca. Hasta ahora la monetización de la deuda estadounidense le crea menos problemas a Estados Unidos que a sus satélites. El arbusto de la degradación financiera de Grecia ya había bastado para disimular el bosque deficitario estadounidense.

De la misma manera, durante este fin de año la deuda irlandesa eclipsó el anuncio de un nuevo programa de compra masiva de bonos del Tesoro por parte de la Reserva Federal estadounidense. Esta maniobra de «quantitative easing» consiste en hacer bajar las tasas de interés sobre las obligaciones del Estado y debe permitir, a razón de 75 000 millones de dólares, una inyección de 600 000 millones a la economía estadounidense.

La FED ya había introducido una suma de 1 700 millardos [1 millardo = 1 000 millones] de dólares en el circuito económico estadounidense. Este nuevo programa de inyección de liquidez nos demuestra que esa política ha fracasado, puesto que ahora hay que recurrir a una nueva serie de compras. Pero lo más importante es que nos indica que el «quantitative easing» ha dejado de ser una política de carácter excepcional. Ahora parece destinada a mantenerse y se convierte en un procedimiento normal [2].

Contrariamente a lo que declara el Departamento del Tesoro, el objetivo de la creación de moneda a la que recurre Estados Unidos no es permitir que los bancos concedan créditos a los particulares y a las empresas. Dada la coyuntura económica, esa demanda es actualmente reducida y las instituciones financieras disponen de importantes reservas.

Ya hay abundancia de liquidez. Agregar más no resolverá el problema actual, que en realidad reside en la desconfianza de los bancos ante la falta de solvencia de los posibles candidatos a recibir nuevos préstamos, o sea en cuanto a la rentabilidad de sus inversiones.

¿De qué puede servir entonces esta inyección permanente de liquidez en un mercado ya saturado? Para responder a esa pregunta basta con observar los efectos de esa política: formación de burbujas especulativas y alza desmesurada del valor de los activos, afluencia de capitales hacia los países de fuerte crecimiento, como China o la India, y ataques especulativos, sobre todo contra la eurozona.

La política estadounidense de monetización de su deuda pública resulta actualmente poco inflacionista porque gran parte de los capitales está saliendo de Estados Unidos para ir a situarse en los mercados emergentes, razón por la cual no está alimentando la demanda interna en Estados Unidos.
Tampoco provoca una fuerte caída del dólar porque las compras adicionales de activos –oro, materias primas y petróleo– que esa medida está provocando se están efectuando con dólares estadounidenses, lo cual sostiene la cotización de esa moneda. Los especuladores estadounidenses hacen sus compras con su propia moneda, mientras que los «inversionistas» extranjeros, incitados a seguir el movimiento de alza inducido por esa política, están cambiando sus monedas nacionales por dólares para comprar «activos».

El objetivo del BCE: transferir a los bancos los ingresos de los trabajadores

En lo tocante a la Unión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) anunció la continuación de su política de compra de obligaciones soberanas. También ha decidido prolongar su dispositivo de refinanciamiento de los bancos, ilimitado y con una tasa fija, por un nuevo periodo de al menos 4 meses.

Aquí también se hace patente un cambio de actitud: ya no se presenta esa política como un hecho excepcional sino con carácter permanente [3].
La modificación de la política del BCE reside en su compromiso en cuanto a la duración. «En tiempos normales, el BCE compra títulos a corto plazo: 3 semanas, un mes, más raramente 3 meses. Pero, desde la crisis, el BCE se puso a comprar títulos a un año de plazo, algo nunca visto.» [4]

Ese cambio invierte el papel del BCE, que de ser el prestamista a quien se recurre como último recurso pasa a convertirse en un prestamista de primera línea. El Banco Central Europeo funciona así como una institución crediticia.
El BCE ha adquirido hasta ahora bonos sobre la deuda pública por un monto de 67 000 millones de euros [5], esencialmente en títulos de Estados que vienen afrontando dificultades, como Grecia e Irlanda. Estamos por lo tanto muy lejos aún de la compra de 600 000 millones de dólares que hizo la FED.

La política del Banco Central Europeo es diferente, no sólo en el plano cuantitativo sino también en el aspecto cualitativo, ya que esta institución ha decidido esterilizar su inyección de liquidez, disminuyendo en la misma medida los préstamos que efectúa a los bancos privados.

El objetivo del Banco Central Europeo es tratar de retrasar lo más posible una reestructuración de la deuda griega, de la irlandesa y de la portuguesa… porque los grandes bancos europeos están seriamente enfrascados en su propio financiamiento. Se trata, ante todo, de salvar las instituciones financieras y de tratar de que la factura la paguen los trabajadores y los ahorristas.

Para lograrlo, la Unión Europea y los Estados miembros han entregado a los mercados financieros la llave del financiamiento de los déficits. Los Estados tienen que obtener préstamos a través de las instituciones financieras privadas, que a su vez obtienen fondos a bajo precio del Banco Central Europeo.

Aunque la media de los déficits de los Estados miembros de la Unión Europea es del 7%, o sea muy inferior al 11% que déficit de Estados Unidos [6], la Unión Europea ha emprendido una brutal reducción de los gastos públicos.
La Comisión Europea quiere imponer a los países un largo tratamiento basado en la austeridad para volver a una deuda pública inferior al 60% del PIB y ha abierto procedimientos por déficit excesivo contra los Estados miembros. A mediados de 2010 prácticamente todos los Estados de la eurozona estaban sometidos a ese tipo de procedimientos.

La Comisión les ha pedido incluso que se comprometan a volver a situarse por debajo del límite del 3% antes de 2014, sin importar cuál sea la evolución de la situación económica. Los medios previstos para alcanzar esos objetivos no consisten en la imposición de un gravamen a los altos ingresos o las transacciones financieras sino más bien en una disminución del salario directo e indirecto, o sea en aplicar políticas salariales restrictivas y reducir o eliminar sistemas públicos de retiro y de salud.

Complementación entre las políticas de la FED y del BCE

La política monetaria fuertemente expansionista de Estados Unidos consiste en comprar en el mercado secundario obligaciones soberanas a mediano y largo plazo, de 2 a 10 años, para que las nuevas emisiones que debe hacer la FED encuentren quien las adquiera a una tasa de interés relativamente poco elevada, o sea soportable para las finanzas públicas estadounidenses.

Esa política no sólo es la que conviene a los intereses del capital estadounidense sino que corresponde además a los intereses del capitalismo multinacional. Es el principal instrumento de una práctica de tasas de interés muy bajas, por debajo del nivel real de la inflación. Se trata de permitir, no sólo a Estados Unidos sino también a Europa y Japón, que puedan enfrentar su montaña de deudas aplicando tasas mínimas.

Todo aumento del rendimiento de las obligaciones llevaría a esos Estados a la bancarrota. Además, a mediano plazo, esa práctica laxista tendrá un efecto inflacionista que reducirá el valor de esas deudas públicas y disminuirá, en términos reales, la carga que representan.

Dado el lugar tan especial que ocupa el dólar en la economía mundial, la Reserva Federal estadounidense es el único banco central que puede darse el lujo de adoptar ese tipo de política, y sobre todo que puede aplicarla a tan gran escala. Cualquier otra moneda nacional se vería inmediatamente bajo el fuego de los mercados y fuertemente devaluada. La FED es el único banco central que puede darse el lujo de fabricar dinero y lograr que los agentes económicos extranjeros lo acepten.

La monetización de la deuda estadounidense permite, al proporcionar municiones a los mercados financieros, emprender ventajosamente operaciones de especulación contra la eurozona. Esto coincide con los objetivos de la Unión Europea, ya que permite movilizar los mercados y presionar a los pueblos europeos para obligarlos a aceptar una drástica disminución de su nivel de vida.

El efecto de las políticas presupuestarias que los Estados miembros han puesto en marcha no será otro que impedir el redespegue económico, fragilizando aún más las finanzas públicas y reclamando nuevas transferencias de los ingresos de los trabajadores a los bancos y las empresas. La crisis del euro continuará prolongándose. Y la voluntad ya expresada por la agencia estadounidense Moody’s de reducir nuevamente la nota de las obligaciones del Estado español, debido a sus «elevadas necesidades de refinanciamiento para 2011» [7], confirma este diagnóstico.

Jean Claude-Paye

1] «La Unión Europea y los «hedge funds»: ¿regulación o abandono del territorio europeo?», por Jean-Claude Paye, Red Voltaire, 12 de noviembre de 2010.

[2] «La FED va injecter 600 milliards de dollars dans l’économie américaine », por Audrey Fournier, Le Monde, 4 de noviembre de 2010.

[3] «La Banque centrale européenne prolonge ses mesures exceptionnelles de soutien», por Mathilde Farine, Le Temps, 3 de diciembre de 2010.

[4] «La BCE poursuit son programme de rachat d’obligations publiques», por Audrey Fournier, Le Monde, 2 de diciembre de 2010.

[5] «Les Etats-Unis à l’origine des tensions au sein de la zone euro», por Sebastien Dubas, Le Temps, 3 de diciembre de 2010.

[6] Ver: Manifeste des économistes atterrés. Crise et dette en Europe: 10 fausses évidences, 22 mesures en débat pour sortir de l’impasse, 14 de septiembre de 2010.

[7] «Moody’s envisage une nouvelle dégradation de la note de l’Espagne», Le Monde con AFP, 15 de diciembre de 2010.

Comentari inserit al Diari d’Andorra

És una falàcia.
La proposta d’intercanvi de seguretat a canvi de llibertats personals és un bescanvi tan vell com ho és la civilització humana. Un home en estat salvatge mata, viola i roba sense que hi hagi llei ni puniment. En aquest sentit entenc que la correcta percepció de la llei és el iuspositivisme.
No és tasca del poder l’establir el marc de convivència i respecte, és una tasca de tota i cadascuna de les parts de la societat. D’altra manera és acceptar la irresponsabilitat del ciutadà i la necessitat d’establir la presència coercitiva de l’estat en l’esfera personal.
Per descomptat que cal un codi, una llei. Però les lleis no en garanteixen automàticament el compliment. El mateix passa amb els drets reflectits en qualsevol constitució, la andorrana mateix.
Seguint aquesta lògica, crec que els legisladors duerien bastir com una de les directrius bàsiques la separació entre l’esfera pública i la personal. Malgrat que em considero d’esquerres penso que en aquest punt l’ideari liberal, però el liberal de debò, no aquesta pantomima que arrasa el planeta, ens aporta la direcció correcta.
Un exemple pràctic. Si vull fumar és cosa meva, ningú pot negar-me el dret a matar-me a base de cigarretes. Però fumar a una benzinera sí, per què poso en risc als demés.

Cuando he visto estos vídeos mi reflexión es esta: Saruman es el estado, porque Mordor es el capital.

Video 1

Video 2

Esta semana, los que somos partidarios de las libertades, los que no aceptamos de buen grado la autoridad ni los privilegios, estamos de enhorabuena.

Los tunecinos han decidido que ya está bien, y han echado a la dinastía del dictador Ben Alí y de su reina Leila Trabelsi. Que huyeron el 14 de enero.

El 7 de enero, Ayub Alhammi, un joven tunecino, se quemó a lo bonzo para protestar por haber perdido su puesto de venta de verduras. Único ingreso de este estudiante universitario. Fue como una mecha que hizo explotar el polvorín del descontento popular. Especialmente ante el aumento de precio de artículos de primera necesidad como el pan.

Esto no es nuevo, siempre han existido levantamientos cuando la población percibe que se ha traspasado cierto umbral de humillación, de desesperación. A esta revuelta se la ha llamado del hambre.

Lo que sí es nuevo es que se ha producido en un estado musulmán. Una revuelta desprovista totalmente de rasgos religiosos que sin embargo cuenta con numerosos simpatizantes y emuladores en todo el occidente islámico. También es nuevo el papel de la red, que ha servido como punto de reunión, discusión y organización para los insurgentes. Hecho que encumbra más aún a la red de redes como un espacio de libertad, ante el que las autoridades y demás poderes son impotentes. Hecho del que personas como yo nos alegramos profundamente.

¿Pero es casualidad que ahora y aquí se haya producido este levantamiento?

Sí y no. En sí es un hecho imprevisto. Como imprevisto era, hace apenas un año, que el coste de algunos artículos básicos escalaría hasta los niveles actuales. En este sentido parece que la aleatoriedad ha favorecido la concurrencia de circunstancias que el dictador Ben Alí no pudo prever. Pero no es un hecho imprevisto en el sentido que las circunstancias actuales hacían, de una manera u otra, prever que en algún lugar del mundo podía explotar la presión de los mercados.

La presión de los mercados. Esa es la razón de fondo que explica la desesperante situación de los tunecinos. Más allá de la insoportable carga de Ben Alí y los suyos. Más allá de una dictadura encubierta y justificada en occidente. Recordemos que en agosto de 2010 un enorme incendio en Rusia devastó parte de la cosecha cerealística. Hecho ante el cual el Kremlin decidió prohibir las exportaciones, al menos temporalmente. Esto de hecho ya anunciaba una escalada en los precios del cereal, ya que Rusia es uno de sus principales productores. Lo que no estaba anunciado era que en los mercados de inversión se leyó este desastre como una oportunidad de oro para invertir en commodities como cereales, trigo o petróleo.

Y esta es la razón en última instancia que ha propiciado la caída de Ben Alí. El oportunismo de unos mercados que recordemos mantienen en estos momentos sojuzgado a prácticamente todo el planeta. Incluyendo a España. Sí alguna conclusión hemos de extraer de este episodio es que los mercados no funcionan como una máquina engrasada para redistribuir la riqueza y aumentar el bienestar de los ciudadanos. Los mercados son una máquina engrasada para producir beneficios desestabilizando o destruyendo todo lo que se le pone por delante. Es la prueba fehaciente de que este invento liberal de los mercados desregulados es una bomba de relojería para la estabilidad del planeta.

Dado que las medidas políticas tomadas tras el colapso financiero de 2008 han dejado incólume el poder y la movilidad de los capitales especulativos. Es de esperar que volveremos a asistir a nuevos episodios en los que la tensión provocada por los mercados estalle en algún punto del planeta. No se trata ya de una pugna por liberarnos de personajes funestos como Ben Alí. Si no de romper la perversa lógica que hace que los ciudadanos estemos encadenados a las decisiones de unos privilegiados, que deciden sobre la vida y la muerte de los demás.

El triste e hipócrita papel de nuestras democracias debería ser un aviso para todos de que no hay nada en estos momentos que detenga el papel depredador de los mercados.

Túnez ha sido como la Bastilla. Las circunstancias mantienen asombrosos paralelismos. Cuando estalló el 14 de julio de 1789 la revuelta en París, las razones no eran estrictamente políticas (liberté, egalité, fraternité), si no que la precariedad de los pobres se había vuelto insoportable tras una serie de malas cosechas. Así mismo, como hoy, había una clase de privilegiados que miraban hacia otra parte ante el sufrimiento de los desfavorecidos. Una clase que no dudaba en dejar morir de hambre a los ciudadanos si eso les permitía seguir con su opulento nivel de vida.

Del mismo modo, había una justificación ideológica al atropello. Dicha justificación se articulaba de la siguiente manera: Si los nobles disponen de riqueza, estos generan demanda con su dispendio. Con su consumo y sus inversiones dinamizan la economía, dando empleo a la burguesía y al pueblo llano. ¿No encuentran asombrosas las equivalencias?

Siguiendo este razonamiento entenderán que hoy, la Bastilla puede ser cualquier lugar del mundo. Los bruscos cambios en los flujos de inversión se han convertido en un volátil explosivo que en manos de los mercados puede hacer zozobrar tanto dictaduras como democracias. Todo ello en nombre de la rentabilidad que en 2008 estuvo a punto de hacer caer en el abismo a occidente.

Dos años después seguimos en un escenario inestable. España está al borde de ser rescatada por los mismos que han provocado su postración. Y la pregunta que me hago es cuando va a empezar el siguiente capítulo de esta tormenta. Porque dado que no se ha hecho nada para apaciguar las aguas, estoy seguro de que vamos a asistir a más hechos como los de Túnez.

Este es el título del que debería ser el libro de cabecera para comprender lo que ha acontecido estos últimos años en el que la burbuja financiera ha postrado a las democracias occidentales.

Por supuesto, es inevitable que tenga tintes políticos. No olvidemos que las repercusiones de la actividad financiera no se circunscriben a dígitos en una pantalla de plasma. Tiene efectos muy reales en las personas de carne y hueso. Tan reales como un terremoto o un tsunami.

Aquí les dejo esta obra de Juan Torres López, catedrático de economía.¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?

Últimamente se está discutiendo acerca de casi todos los aspectos que rigen la actividad política y la económica. Pero con como telón de fondo y denominador común la crisis. Una crisis que parece arreciará en 2011, y en la se juega nada menos que el futuro del euro, y por ende, el de la UE. Un aspecto importante de lo que acontece hoy en España es que el mundo tiene sus ojos escrutando la deriva del país. Como he dicho, está el futuro de Europa en juego. La caída de España en forma de rescate probablemente tendría repercusiones a escala global. Por esta razón hay que coger con pinzas y microscopio cada gesto, cada palabra que se proyecta en el ámbito público. Asimismo un servidor se pregunta qué parte de la historia es la que no vemos, que es lo que se nos oculta. Hay mucha incertidumbre, hay miedo.

Esta semana el tema de moda está siendo el modelo de estado. Aznar en unas declaraciones incendiarias señaló que el modelo autonómico es inviable, achacando a las comunidades autónoma (CCAA) el lastre del déficit presupuestario. Toma ya.

Algunos se han apresurado a recoger el guante. En Libertad Digital se apunta un posible regreso de Aznar a la palestra. Y no sería de extrañar,  pues no se explica de otra manera el problema que le ha creado a Rajoy con semejante afirmación. Recordemos que varias de las CCAA más endeudadas están gestionadas por el PP. La respuesta de estas ha sido claramente contraria a seguir las indicaciones de Aznar. Cosa perfectamente comprensible. Tenemos el ejemplo de Valencia. Con un presidente que a pesar de sus imputaciones sigue campeando a sus anchas. Con unos medios de comunicación totalmente domesticados, y lo que es más importante, con perspectivas de una reelección.

Para los partidarios de un refuerzo del poder central, vamos a llamarlos jacobinos, la admonición aznariana ha sido como una bendición para abrir la caja de pandora: El modelo de estado. Un modelo que hasta ahora sólo la más rancia derecha y algunos centralistas en la órbita (aplaudan) socialista se habían atrevido a cuestionar públicamente. El debate está servido.

Quizás esté de acuerdo en que el modelo es inviable. Pero las razones aducidas, duplicación de servicios, incompetencia de los administradores, etc., suelen quedarse cortas. Ya que, privatizaciones aparte, se pide que sean la CCAA autónomas quienes mayormente reduzcan su peso en la administración. Obviando, intencionadamente opino, el hecho que algunas de estas comunidades son entidades nacionales que no van a renunciar fácilmente a su cuota de autonomía. En todo caso sí resulta coherente que en el ideario neoliberal, tema del que hablo en este post, se abogue por un adelgazamiento del estado. ¿Pero y este ataque furibundo a las CCAA?

En realidad es un torpedo en la línea de flotación de la identidad nacional de Catalunya, Euskadi o Galicia. Y Aznar lo sabe. Es por esta razón que la sugerencia de volver a un modelo centralizado ha jaleado a las bases del PP. Ya que es bien conocido el éxito de la estrategia de que “la unidad de España se rompe” para movilizarlas.  Por contra, la cara triste, los barones regionales, están lógicamente disgustados y ya han negado públicamente su intención de ceder competencias. Aznar parece que nos está diciendo algo así: “Si mandara yo, aquí iban a cambiar muchas cosas, y todos a callar”.

En realidad, y dado el inequívoco carácter plurinacional del estado español, un modelo federal sería mejor que este café para todos de las autonomías. Mi inclinación personal pero, es el de la confederación. La Confederación Ibérica. Sé que suena extraño, pero este es realmente el encaje para todos los miembros del estado. Y posiblemente Portugal se adhiriese a la idea.

En una confederación sus miembros tienen rango de nación. Autonomía suficiente para decidir si quedarse o partir. Con amplias competencias respecto de su legislación, dejando para el poder central sólo algunas y de común acuerdo. Por ejemplo defensa o política exterior.

La insostenibilidad del estado español, paradójicamente, hay que buscarla en las condiciones que permitieron el crecimiento del gasto público. Es decir, en el tiempo de la burbuja económica. Que coincide básicamente, aunque no es una coincidencia, con las dos legislaturas de Aznar.

Dicha expansión del gasto siguió aumentando con la presidencia de Zapatero. Hasta que sobrevino el pinchazo económico. Las divergencias entre gasto público e ingresos, es decir el déficit,  se acentuó enormemente a partir de entonces. Exacerbado a causa del aumento de desempleados o la disminución de ingresos provenientes de la actividad inmobiliaria,  entre otros muchos factores. Visto así, sólo un milagro hubiese impedido el actual estado de cosas. Ya que ni bancos centrales, ni agencias de rating, ni las propias entidades financieras quisieron ver el humo del incendio. Resumiendo, combustión espontánea

Finalmente señalar que la sospecha de insolvencia bancaria, la corrupción,  así como el importante peso de la economía sumergida y de la evasión fiscal, son entre otros, factores que han suscitado no poca controversia. Y me atrevería a decir que parte de la desconfianza que ahora mismo España despierta en el mundo. En este sentido, las declaraciones de Aznar resultan como poco demagógicas, puesto que añaden más presión a una nación al borde de la intervención. Con las repercusiones que ya he indicado.

Adicionalmente, el rescate multimillonario de las entidades financieras, prestándoles dinero público a bajísimo interés, ha sido a su vez empleado para que estas mismas entidades compren deuda soberana a intereses mucho más altos. De manera que se ha establecido un ciclo diabólico en el que el perro muerde la mano que le da de comer.

La puntilla a este estado de cosas ha sido la marcha atrás del gobierno en la ley de transparencia. Hecho cuyas connotaciones van más allá del simple formalismo, o lavado de cara. Consagran una opacidad que es precisamente lo que pone tan nerviosos a los mercados y a algunos ciudadanos como yo. Y que afecta tanto a la administración pública, como a empresas. Muy inquietante es el papel de los bancos. Recordemos que en los stress-test del 2009, los bancos irlandeses superaron las pruebas cuando de hecho estaban a punto de quebrar.

La solución central aznariana parece obviar estas consideraciones y tirar por un atajo directo a las bases más reaccionarias del PP, y a los desafectos con la la periferia, que no olvidemos cuenta con muchos partidarios entre los votantes del PSOE.

La dicotomía izquierda-derecha, federalismo-centralismo no tiene necesariamente que formar parejas fijas. Pero parece que el golpe de timón de Aznar va a polarizar posturas. Tratando a la izquierda federalista como causa del los problemas de España. Extendiendo un tablero de juego en el que no caben medias tintas. Conmigo o contra mí. La España roja contra la España negra. En un maniqueísmo que va dejando cada vez menos oxígeno para otras propuestas, para otras ideas.

Por estas razones, no es casualidad que haya colocado una bandera neorepublicana en el encabezado. Pues empezamos a vernos cada vez más a un lado u otro de las trincheras, aunque estas sean más simbólicas que reales. Aunque la lucha se dirima ya no en las calles, si no en la red.

PARALOSDEPP…

Posted: 17 gener, 2011 in Humor, Política
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El título hay que leerlo con la melodía de McDonalds…

Siento no escribir más. pero por otra parte os libro de mis disertaciones acerca de lo malos que son casi todos.

Esto, es una desternillante selección de las gracias de Aznar I el Profeta (en desiertos no tan lejanos).

Como botón de muestra, esta perla: “Me encanta inspirarme en el silencio, como Leonardo da Vinci. Leonardo amaba el silencio, y los resultados de su silencio fueron maravillosos”. (Sobre el silencio y un tal Leonardo Da Vinci .4.7.99)

Comentario insertado en la Trinchera Digital

Efectivamente se debe reconocer que en algunos casos la duplicidad de administraciones implica una onerosa carga al contribuyente. Situación que debería corregirse amén de las circunstancias actuales. Un ejemplo claro es el de las diputaciones provinciales que opino deberían suprimirse.

Dicho esto, indicar que en algunos casos es necesario un cierto autogobierno. Ya sea por razones culturales, como en los casos de Nafarroa, Euskadi, Galiza o Catalunya. Ya sea por otras razones, como el caso de Andalucía o Canarias. Por supuesto que pesa mucho el concepto de “café para todos” en la génesis del estado autonómico. Pero echo en falta una estructura más clara. Una mayor responsabilidad fiscal y política. Se trata de dotar a cada territorio de un mayor protagonismo en sus asuntos.

Siempre señalo como ejemplo el de los lands alemanes. Aunque si me preguntan, personalmente me inclino por un modelo confederal al estilo suizo, por ser más democrático y participativo. Se trata aquí de restar argumentos al victimismo nacionalista periférico, justificado o no, así como al nacionalismo españolista, que no tolera otras realidades nacionales.

La península ibérica, sus pueblos, tienen heredados una idiosincrasia particular. Así lo atestiguan observadores externos desde la época del Imperio Romano. La construcción de la nación española fue una imperfecta unión, por asimétrica, que se quedó a medio camino entre el centralismo francés y la atomización italiana. 300 años después de los decretos de Nueva Planta, 35 años después del sombrío régimen, he aquí que siguen esas pulsiones vivas y coleando.

Una última cosa, tanto el gobierno central como los territoriales deberán estar dispuestos a su vez a ceder parte de sus prerrogativas, si es que están por la labor de construir una Europa fuerte. En todo caso, el proyecto paneuropeo está en la cuerda floja, a la vista de las presiones que sufre por parte de gobiernos y mercados. En este sentido, me entristece observar que se está muy lejos de lograr algo valorable por parte de sus ciudadanos. Parece que en esta Europa sólo se encuentran cómodos los fondos de inversión y algunos privilegiados.

Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Intervención del ex-coordinador de IU, Julio Anguita, en el espacio 59 Segundos.

No importan los métodos, lo que importan son los resultados. Quizás el señor Friedrich Hayek y yo mismo estaríamos de acuerdo en este enunciado. Me explicaré. Según Hayek las personas espontáneamente hemos ido creando un orden, una economía, unas leyes, de manera más o menos inconsciente y sin saber muy bien hacía dónde se dirigía la comunidad humana en el proceso. Esta idea del orden espontáneo es la que vertebra su crítica a cualquier intento de forzar la dirección que toma un conjunto de personas, como puede ser una nación. Hayek, es conocido por su crítica feroz a los regímenes comunistas, máximo exponente de la planificación, del intento de forzar las cosas en una dirección.

En realidad y hasta aquí estamos bastante de acuerdo. Una de las razones fundamentales que se esgrimen contra tal sistema es que los planificadores difícilmente pueden conocer todas las necesidades de cada uno de los miembros de la sociedad que dirigen. En clave económica esto se traduce en que las economías planificadas están abocadas al fracaso debido a que no son sensibles a las demandas reales de la población. Por contra, las economías liberales se autorregulan, y responden mejor a las necesidades y expectativas del ciudadano…

Hayek, también es conocido por ser uno de los pilares del pensamiento neoliberal, en especial en lo que atañe a la economía. Claro está que al decir economía estamos de una manera u otra implicando muchos aspectos de la civilización humana. Su política, su cultura, su idiosincrasia. En los años treinta del siglo XX, mantuvo un memorable duelo dialéctico con John Maynard Keynes, precisamente acerca de la necesidad de la intervención del estado en los asuntos económicos. En aquellos momentos se entendió que Keynes andaba más acertado y sus recetas se aplicaron para mitigar los efectos de la “Gran depresión”. Pero dejemos a Keynes, del que quizás escribiré otro día. Ya que más acuciante es analizar que ha sucedido los últimos años, en los que las tesis de Hayek se han impuesto. Especialmente en las naciones anglosajonas y que ha tenido en los neocon (por neoconservadores) sus más adelantados defensores.

Después de ochenta años de la Gran depresión, el mundo ha vuelto a resfriarse a causa de una serie de burbujas que se podrían englobar en una gran burbuja crediticia. La consigna de este periodo ha sido, y sigue siendo, un laissez faire en lo que a la economía se refiere. Con esto no pretendo decir que los gobiernos se hayan inhibido de regular el mercado. Pero la archiconocida globalización no habría sido posible de no haberse acordado una cierta relajación de las normas. Permitiendo una interconexión a nivel planetario de los mercados, en parte gracias a la red que también ha posibilitado que usted lea estas líneas.

Una vez consumado el estallido de la burbuja en 2008, ha vuelto a ponerse encima de la mesa la cuestión de cómo deben de funcionar los mercados. Hayek estaba en lo cierto al decir que sin intervención estatal la economía encuentra su camino. Yo no conozco a fondo las teorías económicas de la llamada Escuela austríaca, pero sé lo suficiente para entender que con menores regulaciones se facilita la fluctuación de bienes y capitales. Y no menos importante, que el valor de las cosas es subjetivo, es decir, que está sujeto a múltiples factores muy cercanos al individuo, lo que dificulta, si no imposibilita, que desde un actor externo se trate de anticipar o imponer una regla o un precio al desconocer este el valor real de tal bien.

En realidad no está mal la idea, si no fuese porque estamos en un mundo real con personas reales. Del mismo mal que murió el comunismo, morirá el capitalismo. Ciertamente parece que las sociedades dirigidas no han funcionado hasta ahora. Pero, ¿y ahora?

La crisis del 2008 ha sido la puntilla, simplemente para hacer saltar un resorte en mí y plantearme cómo deberían ser las cosas para una sociedad mejor. Por ejemplo y acerca del comunismo, Hayek dijo que el marxismo fue un intento con buenas intenciones, de raíces hondamente cristianas, en una sincera preocupación por el bienestar de los obreros que impulsó a Karl Marx a tratar de crear un proyecto, una hoja de ruta, que liberaría a sus congéneres del yugo capitalista. Pero un proyecto que llevaba en su simiente la génesis del fracaso. Ya he explicado que según Hayek las sociedades dirigidas no se desarrollan adecuadamente porque castran la libertad y supongo que extendería el asunto hasta la propia felicidad del individuo…

Es importante señalar aquí la aportación del pensador Karl Popper, en especial en su obra más conocida La sociedad abierta y sus enemigos. En esta obra escrita en plena 2ª Guerra Mundial, crea una división que puede arrojar bastante luz acerca del tema que nos ocupa. Popper y Hayek coincidían en algunos puntos y parece ser que de hecho se influenciaron mutuamente… Pero volvamos a nuestra división. Popper sostenía que a lo largo de la historia han existido básicamente dos maneras de enfrentar la realidad. Una visión representada por pensadores como Parménides o Sócrates y otra defendida por Aristóteles y otros. ¿Y en qué se diferencian? Pues quizás pecando de simplista lo resumiré en que mientras unos aceptan la falibilidad humana (hasta el extremo en que Sócrates afirma no saber nada), los otros creen competente al ser humano para llegar a un conocimiento espistemológico. Esto aunque parece que nos aleja del tema, en realidad nos lleva al meollo de la cuestión. Ya que siguiendo la lógica del razonamiento acerca de lo afirmado por estos últimos, podemos entender como Platón se atrevió a diseñar una sociedad perfecta, la Polis platónica. Para un pensador como Popper, intentos de ese tipo son precisamente los más nocivos, ya que al establecerse algo como verdadero puede también ser inmutable… de ahí al pensamiento único hay sólo un paso. Precisamente, Platón, Hegel o Marx son los tipos que resultan peligrosos. Pues aunque trataran de proporcionar al mundo un modelo justo, en realidad su soberbia lo que propone es el camino a una dictadura.

Y no me cabe duda, que este canto a la libertad es el guante que recoge Hayek y emplea en su teoría económica…  Y esta teoría es la que sustenta las tesis neocon acerca de lo que debe ser la economía, que en un mundo capitalista y globalmente interconectado equivale a enunciar cual ha de ser la manera en que este afronta este siglo entrante. Llegados a este punto, es dónde yo, a pesar de estar de acuerdo con muchas de las cosas que he expuesto anteriormente planto mi bandera y digo: no pasarán.

Para complementar mi postura debería referirme aquí al solipsismo anarquista de Max Stirner. Stirner, afirmaba que lo único que existe de verdad es uno mismo, como referencia a todo lo demás. En todo caso, las leyes, la moral, las clases sociales… todas esas cosas a las que tanto alude por ejemplo Marx, son invenciones humanas y en realidad no existen. Sólo existe el yo y sus decisiones… Bien, este “yo” frente al mundo, viene a ser el mismo “yo” de Popper o de Hayek. En este sentido hemos de entender el gran atractivo que para muchos liberales, como algunos miembros del Tea party, tienen estas ideas. El problema es que en realidad me parece que muy pocas personas se han planteado dichas ideas en toda su dimensión, o mejor dicho, se han planteado seriamente hacerlas extensivas al resto de la humanidad a parte de mi “yo” y acaso añadiría “los míos”.

El neoliberalismo, los neocon y muchos otros de la misma ralea se llenan la boca citando a Hayek entre otros. ¿Pero en realidad es sincera esa oda a la libertad? En mi modesta opinión, en absoluto. El Laissez-faire no ha hecho un mundo mejor, ni más justo. Ha permitido que unos pisoteen a otros, quizás no directamente, pero sí se ha permitido que otros lo hagan en provecho propio. Me refiero a colonialismo económico, que ahora mismo está devastando medio planeta, en favor del otro medio. ¿Alguien aduciría que las no-normas del mercado libre sirven de algo en este caso? Me pregunto si la invasión de Iraq propiciada por un neocon consumado como Bush, a la búsqueda del petróleo como todo el mundo sabe, se corresponde con una acción de libre mercado, o si quiera de respeto a la propiedad privada.

En realidad, tal como sentencié anteriormente, el capitalismo ha de morir de lo mismo que el comunismo. La causa son las propias personas. Del mismo modo que se puede defender un orden espontáneo, yo deduzco un egoísmo, en el sentido peyorativo del término, latente, genético. Si Marx viviera en nuestros días, estoy seguro de que tendría esto muy en cuenta y El Capital tendría un aspecto muy diferente. Precisamente con el triunfo del solipsismo moral, ya libres de ataduras como la religión o la ética marxista se ha engendrado un hornada de humanos que ya parecen no necesitar prácticamente de coartadas moralistas para sus fechorías. Aquí en España, desde dónde escribo, podemos encontrar un ejemplo patente en cómo se desenvuelven muchos políticos conservadores englobados en el Partido Popular, muchos de los cuales afirman ser defensores del liberalismo y de las tesis de Hayek.

También debo apostillar aquí que en realidad se me hace un poco difícil deglutir el hecho de que los mismos defensores de la libertad creen lobbies para influenciar y hasta controlar gobiernos. Es para mí tan paradójico como el hecho de que se pregone que existe igualdad de oportunidades en el mercado libre, mientras se usan estos resortes de poder o se mantienen fórmulas de propiedad privada tan antiliberales como la herencia.

Este laissez-faire, en realidad y aplicado a la humanidad adquiere tintes dramáticos. Se podría mencionar la superpoblación, el agotamiento de recursos, la contaminación, el cambio climático… Realidades que a mi entender cuestionan la conveniencia de continuar por este camino.

El pensamiento de izquierdas, la izquierda hegeliana, el marxismo, incluso parte del anarquismo parecen haber perdido fuelle las últimas décadas. El derrumbe del bloque socialista pareció indicar el fin de los modelos perfectos, de los proyectos de una sociedad más justa más allá de las democracias occidentales. Efectivamente. colegio con Churchill cuando dijo que las democracias son el menos malo de los regímenes… pero en estos momentos en los que se empiezan a ver grietas en todo el edificio de esta cosa que es la civilización humana, me pregunto si estas democracias y su laissez-faire económico son suficiente respuesta ante lo que quizás, y digo sólo quizás, convendría hacer o dejar de hacer. Tema que me propongo tratar en otro post.

No, las tesis de Hayek han fracasado, porque nunca se han dado las circunstancias en las que estas podrían funcionar. Y no estoy seguro, pero quizás Popper esto lo percibió en su momento, y quizás por esto mismo desconfió de la libertad de los mercados.