Posts Tagged ‘Propiedad’

El abucheo a la ley Sinde, las revueltas de Túnez y Egipto, hasta las revelaciones de Wikilieaks, tienen como nexo común que son historias que en parte o en su totalidad se han forjado en la Red.

La importancia de Internet se ha afirmado con rotundidad estos últimos meses. para todos ha dejado de ser exclusivamente un lugar de ocio, de comunicaciones o de trabajo. Internet es eso, y mucho más.

En un interesante artículo en el New York Times, se hace eco del uso que los estados represores hacen de la Red. Países como China, Irán, Rusia o Siria. Agentes del gobierno hacen el seguimiento de disidentes, rastreando su actividad en la red, introduciéndose en su entorno, e incluso empleando estos datos como prueba. Por ejemplo, una de las fuentes favoritas para empresas y estados es Facebook, dónde se puede no solamente conocer los datos básicos de un individuo, también valiosa información acerca de su entorno, su estatus social, etc.

Por ejemplo, se menciona que en China, existe un ejército de comentaristas pagados por el gobierno para que hagan campaña con sus comentarios en favor del gobierno. Por supuesto de este tipo de actividades no están exentas las democracias occidentales. En España esto ya es una realidad, pudiéndose observar que en muchos medios de comunicación digitales, así como en los blogs más populares escriben con regularidad personas que parecen vinculadas a alguno de los dos grandes partidos. De hecho se ha denunciado públicamente la existencia de estos agentes dentro del ayuntamiento de Valencia.

Más preocupante es el uso que se puede dar a nuestros datos personales o a la información que se puede extraer de nuestros blogs, comentarios, páginas en redes sociales, etc… En este artículo de Quo se hace un pequeño repaso a ejemplos de cómo se trabaja en este sentido. La Red es un espacio de libertad, sí, pero una libertad vigilada. Organismos estatales y empresas tienen ahora una amplia panoplia de recursos para saber de nosotros. Por desgracia la presunta privacidad de la que disfrutamos en casa se disipa en el momento en el que empezamos a navegar.

Por supuesto que el hecho de que no dispongamos de intimidad en la Red no ha de ser obstáculo para continuar haciendo uso de ella. Muy al contrario, es importante que todos asumamos esta realidad y actuemos en consecuencia. Siendo escrupulosos tanto en el apoyo como en el rechazo a gobiernos, empresas, amigos y enemigos. De momento nadie en España ha dicho que no se pueda opinar.

La red también es importante para contrastar la intoxicación informativa que sufrimos por parte de los grandes medios de comunicación. La existencia de una miríada de medios digitales que aportan otros puntos de vista o suben noticias que de otra manera nunca verían la luz es de vital importancia. En este sentido se aprecia cada vez una mayor distancia sobre el conocimiento de la actualidad que tienen los telespectadores habituales y los lectores de estas nuevas publicaciones. Los medios más potentes están casi invariablemente sometidos a la disciplina de un partido político o de un lobby económico. Ejemplos hay muchos y no es necesario explicitarlo pues seguramente usted ya tendrá alguno en mente.

Consejos:

Si quiere privacidad, nunca cree cuentas con sus datos reales, utilice siempre un seudónimo y nunca suba fotografías sobre usted o su entorno.

No cree cuentas en twitter, facebook o redes sociales similares, especialmente porque allí se encontrará con sus amigos y familiares, lo que indefectiblemente le identificará sin dar lugar a dudas. Además sus datos serán analizados por multinacionales como Coca-Cola o Nestlé. Asimismo entrará a formar parte de los archivos de la CIA. Si ya tiene una, bórrese. Es complicado hacer esto en Facebook, pero aquí hay una guía de los pasos a seguir.

No emplee chats masivos como Msn Messenger o Adium, pues presentan problemas de seguridad.

Ejemplos de empleo fraudulento de datos, sexyono

Problemas con la privacidad en Facebook. Más problemas.

 

 

Por cosas del azar me tropecé con un banner que me llevó directo a un paraíso… fiscal.

No cabe duda de que es una apetitosa invitación a que nuestros ilustres potentados evadan. En lugares como este nos ofrecen nada más ni nada menos que un menú personalizado de cómo va a ser nuestra sociedad evas… paradisíaca. Vaya, poco papeleo, cero impuestos… ¡Así no hay quién se resista!

Pero después de todo no es culpa de los isleños, que han encontrado en este negocio un complemento a la pesca con cayuco. La culpa es nuestra por permitir que el dinero circule alegremente. Por permitir que mientras nuestras nóminas son transparentes, las suyas no. El tontaina de Ben Alí tendría que haber metido sus ahorrillos aquí.

Este es el título del que debería ser el libro de cabecera para comprender lo que ha acontecido estos últimos años en el que la burbuja financiera ha postrado a las democracias occidentales.

Por supuesto, es inevitable que tenga tintes políticos. No olvidemos que las repercusiones de la actividad financiera no se circunscriben a dígitos en una pantalla de plasma. Tiene efectos muy reales en las personas de carne y hueso. Tan reales como un terremoto o un tsunami.

Aquí les dejo esta obra de Juan Torres López, catedrático de economía.¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?

No voy a extenderme acerca del significado y la historia del concepto de propiedad privada. Aquí podréis encontrar algunos detalles sobre el tema.

Lo que sí me gustaría indicar desde buen principio es mi inclinación a pensar que justamente este concepto es la piedra angular sobre la que se asienta nuestra sociedad. La posibilidad de poseer a título personal bienes, tierras, y títulos o promesas de estos bienes y servicios es lo que mueve la economía del mundo. Bueno, quizás no toda, puesto que no siempre ha sido así. En algunas sociedades y en otras épocas la propiedad privada no tuvo exactamente las mismas características que conocemos. En algunos casos ni siquiera existió, como en algunas tribus primitivas donde se entendía que todo era comunitario, y acaso los enseres personales una especie de uso particular.

¿Por qué he escogido este tema en primer lugar? Pues porque entiendo que nuestro concepto de propiedad privada es nocivo. Las circunstancias de nuestro mundo han variado drásticamente desde el momento en que se pusieron en marcha las primeras máquinas cuya energía no provenía del esfuerzo humano o animal. Y la actual sociedad necesita desesperadamente cambiar algunas reglas si no queremos vernos abocados a un periodo de tinieblas. Permitidme que justifique este punto más adelante.

Haciendo simplemente un repaso a los últimos treinta años veremos que efectivamente la humanidad ha desarrollado vigorosamente su actividad, espoleada por el deseo de poseer. Esto es, de retener como propiedad privada la mayor cantidad de esos bienes a los que he aludido antes. Pero lo cierto es que en este momento ya se hace patente que por mucho que se intente, nadie puede poseer todo lo que quiera. Independientemente de la fuerza de su deseo o del esfuerzo aplicado en verlo cumplido.

Y las razones son dos. Una, la propia limitación de esos bienes. La Tierra es finita, y por tanto no alberga una infinidad de bienes de ningún tipo, acaso, como dijo Einstein, sí podríamos acordar que lo único ilimitado es la estupidez humana. A lo que yo añadiría que infinita también es su codicia. Solamente así se explica la creciente disparidad entre los que poseen mucho y los que nada tienen.

Cualquiera podría indicar que esto es así en virtud del inalienable derecho a la propiedad privada. Pero yo me pregunto si esa propiedad está por encima de algo como una vida humana. De una forma u otra, siempre terminaremos en este punto. Puesto que esa distribución heterogénea de bienes finitos significa invariablemente que unos tienen que vivir privados de casi todo para que otros naden en la opulencia.

En la historia moderna Marx y Engels fueron algunos de los que cuestionaron este derecho al observar las relaciones que se establecían entre unos y otros. Tampoco voy a ahondar en sus tesis, pero más o menos deberíamos tener claro que debe de ser un tema importante, ya que ocupó buena parte de la vida de estos dos hombres cultivados e informados.

Lo cierto es que todos los intentos para tratar de cambiar nuestra norma sobre la propiedad privada han fracasado. Aquí debo incidir en que en el momento de poner en práctica todas esas nuevas ideas el procesó se pervirtió. Y mi conclusión es porque nunca se pudo eludir algo que de sobras deberíamos conocer en nuestros días: la codicia humana no tiene límites.

Cuando se instauraron regímenes en los que la propiedad privada quedó prácticamente abolida, esta en realidad no se “repartió” equitativamente entre todos los miembros de la sociedad. En lugar de esto, los mecanismos de poder en dichos regímenes quedaron en manos de unos pocos, de manera que a efectos prácticos los bienes eran más suyos que de nadie más. Es más, ante la perspectiva de no poder nunca disponer que esos apetecibles bienes, muchas personas que no pertenecían a esa elite de dirigentes se sintieron desmotivadas para trabajar más y mejor. Una buena referencia a este proceso la encontramos en “Rebelión en la Granja” de George Orwell.

Entonces ¿hay que dar rienda suelta a nuestros instintos codiciosos? Para la oleada de teóricos conocidos como neocon, sí, ya que cualquiera de ellos lo señalará como el motor que mueve el mundo. Pero precisamente, en este momento triunfante, en el que suenan las trompetas loando la victoria de “yo quiero, yo tengo” nos sobreviene una crisis de espanto. ¿Qué ha sucedido?

Pues hablando claro, hemos tenido un empacho de codicia. Hemos querido comer más de lo que había en el plato. Al prestarse dinero indiscriminadamente unas instituciones a otras y estas a los ciudadanos, hemos asistido a un festín que no resultó ser tal, salvo para algunos afortunados.

Por esta razón y visto ya con un poco de perspectiva, parece ser que este rasgo tan humano como es la codicia acaba con desestabilizar cualquier sistema político o económico, por muy bien teorizado que este esté. Marx y Engels no tuvieron en cuenta que aunque elevado a la cumbre desde la base más humilde y proletaria, un tal Stalin ejercería como un tirano despótico más, la naturaleza humana es así. Y los paladines del libre mercado hicieron oídos sordos a los inquietantes sonidos que emanaban de la burbuja que estalló apenas hace dos años… quizás la consigna para estos asuntos es: coge el dinero y corre.

Humildemente, creo que así no se llega a ninguna parte.

Y ahora viene el momento de una sesuda teoría acerca de como evitar estos males. En realidad, la única manera cien por cien efectiva que se me ocurre para limitar los efectos económicos, sociales y ecológicos de la codicia humana, es que la humanidad no existiera. Pero como seguramente llevar eso a término levantaría alguna protesta habrá que pensar en otra solución. Lo cierto es que opino que es necesario encontrar o inventar algún mecanismo, algún límite, que impida la concentración de capital, de tierras, de poder político o de cualquier otra cosa que permita a unos cuantos decidir, disfrutar y hasta perpetuar este estado de cosas.

Clausewitz dijo que la guerra es un instrumento de la política. Muy acertadamente alguien dijo que hoy día, la política es un instrumento de la economía. Una cosa está íntimamente ligada a la otra.

Y esta es la pregunta que lanzo al aire. ¿Se debe limitar la propiedad privada? Y de ella se derivan no pocas. ¿Se debe abolir totalmente o parcialmente?  ¿En que forma y en que cuantía?  ¿Se debe reformar la representación política de los ciudadanos? ¿O es mejor abolirla? ¿Hay que democratizar las empresas? ¿Se debe repartir la riqueza? ¿En base a qué criterios?

Su turno…