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Arbeit macht frei: “El trabajo os hará libres”, reza en la entrada de la eurocámara.

Trabajar cansa. La eurodiputada del PSOE Eider Gardiazábal lo sabe. Y quizás le produzca una lógica aversión al encontrarse en Bruselas, lejos de su Bilbao, seguramente en unas condiciones horribles propias de un campo de concentración. Por eso, tiene la costumbre de fichar los viernes para regresar a casa en el primer avión.

Lo único bueno es que por fichar cobra 300€, menos mal. Con lo caro que está todo, ¡sobre todo el puente aéreo! Claro está, que ella no es la única que tiene esta pesadumbre. A otros eurodiputados, según ella reconoce, les sucede lo mismo. De manera que parece que más de uno no puede soportar alargar su estancia en Bruselas.

Es curioso como sindicatos y partidos de izquierdas presumen de pasado obrero y trabajador. Los de ahora sí que se dejan la piel en el empeño. Los 6.000 cochinos euros de sueldo, los 4.500 para la oficina, las míseras dietas de 300€. Todo eso no es suficiente para aplacar la fobia irracional que despierta Bruselas en algunos eurodiputados. Un lugar áspero, de lenguas extrañas y horarios imposibles. Demasiado poco se premia tan mal trago.

Y aún hay quien se atreve a criticar a los políticos por trabajar poco. Poco trabajan los españoles, que parecen tan contentos con un montón de gente sin pegar palo al agua. Un poco de arbeit les daría yo…

Entrada directamente inspirada por Popota

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El caso de las prejubilaciones mediante EREs falsos en Andalucía es ya como la gota que colma el vaso. Robar está mal, pero hacerlo a cuenta de fondos para gente que lo puede necesitar desesperadamente es ya el no va más. Parece a fin de cuentas que es lo normal, el caso Gürtel, los pucherazos en la era Matas, el caso Palau, la miríada de ayuntamientos salpicados por el dinero del ladrillo, etc. Como un buen amigo me dijo un día “España es un país rico, por más que se roba siempre queda algo”.

Los casos de corrupción parecen repartirse bastante equitativamente en cuanto a que se roba en función de la caja de caudales que se controla. En muchas ocasiones se puede hablar directamente de delito, pero un muchas otras se cambia la normativa si es necesario para lograr unos fines muy concretos, que normalmente van en la dirección de obtener un sobresueldo o alguna otra prebenda. En este informe de la organización Transparency International vemos que España no es ni mucho menos percibida como la más corrupta de las naciones. Pero dista bastante de vecinos como Dinamarca y en cambio se acerca a niveles de Rumanía. TABLA SINTÉTICA DE RESULTADOS POR SECTORES

De esto se deduce que la corrupción no es un mal endémico español, ni siquiera es la causa de nuestros problemas, si no más bien un síntoma. Un síntoma que percibo como el contraste fluorescente que señala a las células cancerosas de esta sociedad, cuya proliferación resulta alarmantemente, peligrosa. Ese cáncer no es otro que la falta de ética. La interacción entre agentes económicos, poderes públicos y particulares debería discurrir por unos cauces que muchas veces no se respetan. Se inventan normas para impedir teóricamente estos atropellos, pero sin grandes resultados. Y es que no es una cuestión de formas, es una cuestión de fondo, del espíritu con el que se acomete el quehacer diario.

Si uno observa con detenimiento el documento de Transparency International se percatará de que la corrupción no parece hacer distinciones entre capitalismo y socialismo, entre blancos y negros o entre democracias y dictaduras. Ejemplo de ello es la similitud en los altos niveles de corrupción percibidos en EEUU o Nigeria, cuando uno esperaría una notable ventaja del primero sobre el segundo. Quizás debería uno preguntarse hasta que punto estos datos son fiables, en tanto que aparentemente la libertad de prensa americana podría explicar que la corrupción allí sea cualitativamente más llamativa que en Nigeria. En todo caso, lo cierto es que en general los datos son muy sintomáticos de que estamos ante un problema irresuelto de mala praxis.

En España si algo es de destacar es la aparente clemencia con la que se acoge cada nuevo caso conocido. Muy llamativo es que según algunos estudios la corrupción no sea un factor determinante en las decisiones de los votantes ante las urnas. Pero me pregunto hasta qué punto el elector es consciente del daño a la confianza en las instituciones y de los efectos reales sobre la sociedad que esta tiene. Posiblemente este ultimísimo escándalo de las prejubilaciones con falsos EREs aporte un poco de luz en esta dirección. Pues por una parte demuestra que nadie está a salvo de las salpicaduras de la corrupción. Y por otra que lo sustraído debería haber llegado a otros destinatarios.