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El gobernador de Wisconsin, Scott Walker

En Estados Unidos parece que algo se mueve y desde hace cuatro semanas han empezado unas protestas en el estado de Wisconsin a raíz de los planes del gobernador, Scott Walker, de eliminar en la práctica el poder de los sindicatos de empleados públicos. Entre otras medidas propone la supresión de la negociación colectiva o ciertas ventajas como seguros médicos. Un relato de lo acaecido aquí.

En estas semanas, las protestas han ido in crescendo, y ahora mismo han centrado la atención de los medios norteamericanos, polarizándose las posiciones básicamente entre los pro-Walker y los anti-Walker. Las medidas que promueve el gobernador van encaminadas a reducir el déficit del estado, afectado por la crisis económica. Pero estas medidas contrastan con otras que reducen notablemente los ingresos al condonar pagos a grandes empresas tal y como apunta este excelente análisis.

Así, republicanos y conservadores del Tea Party apoyan al gobernador, advirtiendo de la importancia de esta batalla en la que se materializa la tesis neoliberal de que hay que reducir el peso del estado. Mientras que los demócratas apoyan las protestas arguyendo que hay otras maneras de reducir el déficit. En el fondo, me parece a mí, que se ejemplifica como nunca la pugna de clases por mantener su statu quo. Ríanse si quieren, pero estas protestas ya se están contagiando a otros estados. Así que en realidad esto no acaba más que empezar.

Mi crítica a proyectos de ley como este es que no van acompañados de sincera preocupación por el bienestar de los ciudadanos. Efectivamente hay alternativas, que no son fáciles, pero que tarde o temprano habrá que tomar, si de verdad se quiere una democracia saneada. Aumentar la carga impositiva sobre las rentas más bajas, recortarles servicios tan vitales como la sanidad o la educación, son retrocesos de la civilización sin apelación posible. En este sentido el programa liberal convierte al mundo en poco más que un negocio, chantajeando por doquier con deslocalizaciones, empleando el dinero para financiar voces sin autoridad moral, tratando de eliminar resistencias como el sindicalismo. Es la mejor receta para conducirnos a una desestabilización como la que se vive en las naciones árabes.

Por supuesto que no me gusta el hecho de que un empleado público disfrute de privilegios que el empleado en el sector privado no tiene. Pero esta lógica de las tijeras nos lleva al paradigma chino. En el que la falta de libertad, así como una política económica liberal, combinadas, han permitido que los grandes negocios prosperen en detrimento de sus feudos en las naciones occidentales. Así que en realidad ese es el futuro que nos espera, si se permite que personas como el gobernador Walker dobleguen las voces que no están contentas con el cambio.

Lo cierto es que el PIB mundial está en estos momentos creciendo. Eso quiere decir que en realidad hay más riqueza hoy que ayer. Pero hay una obstinada resolución por parte de los reaccionarios de hacernos pagar a los ciudadanos por los errores que cometieron algunos. Una cerrazón a admitir que el liberalismo ha fracasado en sus intentos de mostrar como benigno el laissez faire en los aspectos más importantes de los servicios a los ciudadanos: sanidad, educación, vivienda, información, energía. Por que la consecuencia final de facto es la concentración empresarial en oligopolios, que son el talón de Aquiles de nuestras democracias, a las que socavan constantemente con sus insidias. Ayudadas por administraciones corruptas, que en el caso español, no dudan en contravenir a sus ciudadanos con el fin de mantener privilegios y de obtener beneficios a cambio.

No me parece mal que se apele a un consumo responsable. Pero sí que me parece irresponsable pedir que los ciudadanos se aprieten más el cinturón mientras unos cuantos viven a cuerpo de rey gracias a ello. Así se harán negocios, se sanearán cuentas, pero así también se plantan las semillas para un cambio en nuestras democracias.

España sigue batiendo récords de paro en Europa. 4,3 millones de desempleados arroja el mes de febrero. Una cifra que dice el gobierno que crece más despacio, pero que sin embargo no deja de crecer.

Por más que se reducen prestaciones sociales y derechos las cifras presentan una resistencia contumaz a los positivos. Los únicos que parecen disfrutar de esos positivos son grandes empresas, como las entidades bancarias, que presentan espléndidos números de beneficios y de dividendos para sus cúpulas. Aunque yo pongo en duda esas cifras, que como en tiempos pasados, puede que no sea más que maquillaje para ocultar la sífilis.

Llega un punto en el que uno ya no sabe si merece la pena seguir el rastro de este via crucis de la política económica, vaya, la política, que parece que es incapaz de enderezar la situación. Las contradicciones entre la teoría y la praxis en el campo específico de la macroeconomía, pero también en nuestro día a día ponen en entredicho, al menos para mí, la autoridad del poder público y de los poderes económicos.

El ejemplo más patente es que los economistas andan a la greña acerca de si es conveniente la política de recortes. En un grupo podríamos encuadrar a los neokeynesianos. Piden manga ancha para endeudarse para engrasar la economía. Aquí el estado tiene un papel importante, de manera que con un Plan E, pero en mayúsculas, se podría poner en marcha la adormecida economía española. En otro están los monetaristas neoliberales, que siguen los postulados de Milton Friedman. Piden precisamente lo contrario. El estado debe menguar su papel, especialmente como regulador del interés del dinero mediante los bancos centrales. También abogan por las medidas de austeridad que estamos padeciendo actualmente.

Las preguntas que me asaltan son para cada una de las partes. A los keynesianos les preguntaría si se puede permitir un endeudamiento ilimitado. España no tiene una deuda pública muy abultada. Pero a la vista de las maniobras del sector privado, especialmente del financiero, me pregunto como de fea debe de ser la deuda privada que con planes como el reflote de las cajas se ponga en duda la capacidad de absorber esa deuda. Y no hablemos de los EEUU, dónde parece que le han pillado el gusto a eso de endeudarse hasta las cejas. Da igual que manden republicanos o demócratas. Un repaso a los años recientes convence a cualquiera que en realidad allí se ha hecho cualquier cosa menos contención o racionalización.

A los monetaristas les preguntaría cómo se puede esperar a la creación de empleo si con sus medidas lo primero que pasa es que se deprime aún más la economía. Especialmente ante un panorama de estaflación como el actual. Dónde estaban cuando se rescató a los bancos. Cuando es bien sabido que una de las reglas del liberalismo es no ayudar a los procesos ineficientes. Vaya, si evaporar los ahorros de millones de inversionistas no es ineficiente, que venga el santo que usted prefiera y lo vea.

Entre unos y otros, y la casa sin barrer. Alguien ha escrito en la red (siento no tener el link) que lo de crear un banco malo con los valores tóxicos de la banca estaría bien, a condición de que se enviase allí también a los directivos tóxicos. En fin, ese banco tendría más directivos que soldados rasos. Siento la conspiranoia en la nuca. Me da la impresión de que en realidad lo que hay es miedo a los cambios drásticos. A una desestabilización social. Y muy especialmente, hay miedo de perder prerrogativas para quienes ahora mismo las detentan. Como en el Titanic, los de primera clase han ocupado las chalupas, y desde esa seguridad dan instrucciones a los de tercera, nosotros, sobre como gobernar la nave mientras se hunde.

Las medidas neoliberales quizás sí que salven a algunas empresas. Pero si examinamos el conjunto de la sociedad vemos que esas bondades no llegarán necesariamente a la tercera clase. Es decir, que los buenos datos macroeconómicos no tienen por qué reflejarse en una mejoría de las economías domésticas.

En este estupendo artículo Paul Krugman entre otras cosas dice esto: En la reseña de 1965 sobre Monetary history, de Friedman y Schwartz, el fallecido premio Nobel James Tobin acusaba levemente a los autores de ir demasiado lejos. “Considérense las siguientes tres proposiciones”, escribía. “El dinero no importa. Sí que importa. El dinero es lo único que importa. Es demasiado fácil deslizarse de la segunda proposición a la tercera”. Y añadía que “en su celo y euforia”, eso es lo que muy a menudo hacían Friedman y sus seguidores.

Efectivamente, si el dinero es lo único que importa yo no me haría muchas ilusiones si usted es un parado de veinte o de cincuenta años. Por que en realidad para los abanderados del neoliberalismo usted no importa. La cosa cambiaría, claro está, si tuviese dinero. Pero por el dinero en sí, no por usted como persona, esta es la cruda realidad.

Las pretendidas bondades de la empresa privada ya las he cuestionado en posts anteriores, poniendo como ejemplo más flagrantes la desastrosa sanidad estadounidense, que sin ser la mejor es exponencialmente la más cara. O el corporativismo de ciertos estratégicos, como la energía o las telecomunicaciones, pactando precios en detrimento del consumidor. Precisamente empresas que no hace mucho eran públicas y que ahora, en plena crisis, colaboran aumentando aún más la presión sobre nuestros bolsillos.

Claro está, que la gestión pública no se queda a la zaga. Promoviendo incentivos a empresas privadas que no benefician a nadie, más que los empresarios agraciados. Encuadrando en puestos privilegiados a los allegados del administrador de turno. Pero el pato lo terminan pagando funcionarios, autónomos, PYMES y asalariados… vaya, la tercera clase.

El caso de las prejubilaciones mediante EREs falsos en Andalucía es ya como la gota que colma el vaso. Robar está mal, pero hacerlo a cuenta de fondos para gente que lo puede necesitar desesperadamente es ya el no va más. Parece a fin de cuentas que es lo normal, el caso Gürtel, los pucherazos en la era Matas, el caso Palau, la miríada de ayuntamientos salpicados por el dinero del ladrillo, etc. Como un buen amigo me dijo un día “España es un país rico, por más que se roba siempre queda algo”.

Los casos de corrupción parecen repartirse bastante equitativamente en cuanto a que se roba en función de la caja de caudales que se controla. En muchas ocasiones se puede hablar directamente de delito, pero un muchas otras se cambia la normativa si es necesario para lograr unos fines muy concretos, que normalmente van en la dirección de obtener un sobresueldo o alguna otra prebenda. En este informe de la organización Transparency International vemos que España no es ni mucho menos percibida como la más corrupta de las naciones. Pero dista bastante de vecinos como Dinamarca y en cambio se acerca a niveles de Rumanía. TABLA SINTÉTICA DE RESULTADOS POR SECTORES

De esto se deduce que la corrupción no es un mal endémico español, ni siquiera es la causa de nuestros problemas, si no más bien un síntoma. Un síntoma que percibo como el contraste fluorescente que señala a las células cancerosas de esta sociedad, cuya proliferación resulta alarmantemente, peligrosa. Ese cáncer no es otro que la falta de ética. La interacción entre agentes económicos, poderes públicos y particulares debería discurrir por unos cauces que muchas veces no se respetan. Se inventan normas para impedir teóricamente estos atropellos, pero sin grandes resultados. Y es que no es una cuestión de formas, es una cuestión de fondo, del espíritu con el que se acomete el quehacer diario.

Si uno observa con detenimiento el documento de Transparency International se percatará de que la corrupción no parece hacer distinciones entre capitalismo y socialismo, entre blancos y negros o entre democracias y dictaduras. Ejemplo de ello es la similitud en los altos niveles de corrupción percibidos en EEUU o Nigeria, cuando uno esperaría una notable ventaja del primero sobre el segundo. Quizás debería uno preguntarse hasta que punto estos datos son fiables, en tanto que aparentemente la libertad de prensa americana podría explicar que la corrupción allí sea cualitativamente más llamativa que en Nigeria. En todo caso, lo cierto es que en general los datos son muy sintomáticos de que estamos ante un problema irresuelto de mala praxis.

En España si algo es de destacar es la aparente clemencia con la que se acoge cada nuevo caso conocido. Muy llamativo es que según algunos estudios la corrupción no sea un factor determinante en las decisiones de los votantes ante las urnas. Pero me pregunto hasta qué punto el elector es consciente del daño a la confianza en las instituciones y de los efectos reales sobre la sociedad que esta tiene. Posiblemente este ultimísimo escándalo de las prejubilaciones con falsos EREs aporte un poco de luz en esta dirección. Pues por una parte demuestra que nadie está a salvo de las salpicaduras de la corrupción. Y por otra que lo sustraído debería haber llegado a otros destinatarios.

En estos tiempos de crisis, se ha puesto en duda la eficacia del modelo de bienestar europeo por no ser competitivo. En una economía globalizada, el ascenso de países que parten de condiciones muy competitivas, como China, India o Brasil, obliga a Europa a adoptar alguna estrategia que no la deje marginada en términos económicos.

En estos momentos la postura predominante es la neoliberal, que apuesta por una mejora de la productividad y la competitividad. Mejorar la productividad significa que cada hora de trabajo, el tiempo invertido en proporcionar un servicio o un producto, ha de redundar en un mayor beneficio. La competitividad atañe simplemente al coste para obtener dicho servicio o producto.

Para lo economistas liberales, la primera medida que viene a la cabeza es la reducción de los salarios, que redunda inmediatamente en una mejora de la competitvidad. Que en el fondo, es lo que más preocupa a las empresas en Europa. La argumentación es que se necesita un sacrificio primero para permitir disfrutar después de los réditos al desbancar a la competencia. Lo que ocurre es que Europa, acostumbrada a su alto nivel de vida, parece que está poco dispuesta a sacrificarse por tal finalidad.

Una de las fundamentales críticas neoliberales a la socialdemocracia es que el modelo de redistribución forzada de la riqueza, vía intrusión del estado en la esfera económica repercute negativamente en la consecución de los objetivos de competitividad y productividad. Se podría resumir en que lo que proponen las izquierdas es un “reparto de la pobreza”.

Siguiendo esta lógica, se propone una reducción del peso del estado en términos económicos. Es decir, adelgazarlo para que también se relaje la fiscalidad, atrayendo inversiones y estimulando la iniciativa privada. ¿Pero esto es exactamente así?

Habría que matizar muy mucho estas afirmaciones. Para empezar porque esta situación se debe a que en un mundo con diversas naciones pugnando por la riqueza, y en el que las relaciones son planetarias, se ha establecido una carrera para resituarse en ventaja frente a los demás en vistas a una futura salida de la crisis. Esta fue la apuesta de Alemania, cuando se adoptaron medidas de rigor presupuestario, de contención del gasto público y de la mejora de la competitividad reduciendo sueldos, y de la productividad, invirtiendo en I+D.

La cuestión es que evidentemente no todas las naciones, ni siquiera los lands alemanes son uniformes. Algunas naciones están del todo imposibilitadas para obtener resultados en esta dirección, simplemente por que no reunen los requisitos para ello. Las recetas neoliberales, de hecho, condenan a los más desfavorecidos a condiciones infrahumanas, ya que entre otras cosas permiten intercambios comerciales totalmente desventajosos para una de las partes. Frecuentemente con el apoyo de regímenes totalitarios que son subvencionados a tal fin.

El estallido de la crisis en 2008 puso de relieve que sin mecanismos de control la economía neoliberal trasciende cualquier lógica o ética, poniendo en peligro a la estructura en toda su extensión. Pero hay que tener en cuenta el papel de los estados en esta crisis, que en general favorecieron actividades fraudulentas y que a día de hoy siguen sin proponer un escenario de estabilidad a largo plazo.

La socialdemocracia frente al espejo

La debacle socialdemócrata en occidente hay que interpretarla desde su incapacidad de conjugar el estímulo económico al tiempo que la cohesión social. Es un dilema en el que se ha visto atrapada pues desde un punto de vista capitalista liberal la competitividad pasa necesariamente por la contracción salarial. El problema es generalizable a casi toda Europa, pero en España esta realidad tiene además un componente explosivo debido a una alarmante tasa de paro y de economía sumergida.

El PSOE está ahora mismo implantando medidas que se pueden equiparar a las de cualquier gobierno conservador del entorno. En este sentido, parece que se aceptan las tesis neoliberales sobre cómo afrontar los peligros de la crisis.

La crítica que hago yo a esta postura es que la contención salarial efectivamente mejorará la competitividad, pero que estructuralmente no significa ningún cambio substancial en lo que se refiere a la estabilidad económica a largo plazo. Algunos de los países avanzados que mejor están soportando la crisis lo han conseguido con medidas de este tipo, sí, pero también con una mejora de la productividad y de la innovación tecnológica. Campos en los que todavía pueden presentar batalla a la competencia. Pero que en todo caso la tónica es la de ir degradando las condiciones del ciudadano medio para no perder comba en esta frenética carrera que creo que no lleva a ninguna parte.

En el mercado internacional se producen numerosos intercambios en los que desde unas naciones se compran bienes y servicios a otras. Las diferencias competitivas entre unas y otras determina qué naciones tienen superavit y qué naciones tienen déficit. Por el momento, no se me ocurre cómo todas y cada una de las partes pueden tener superavit. A las naciones que tienen superavit se las puede en general englobar en un grupo que llamaremos de exportadores. Entre los que destacan China, Japón y Alemania. El caso norteamericano es diferente pues desde hace tiempo abandonó el superavit y se financia de otra manera, que en pocas palabras se podría definir imponiendo su masa económica e importancia política como condicionante en las relaciones internacionales.

La pugna de los grupos geopolíticos por la competitividad

Justamente, Estados Unidos, China y Europa son los polos geopolíticos de la nueva realidad económica. Por su volumen e importancia determinan el camino de toda la humanidad. Aunque el clima en general es relativamente bueno, no hay que olvidar que hay movimientos en cada bando para tratar de mantener o aumentar sus ventajas en el mundo. Pero de lo que no cabe duda de que ha sido el creciente papel de China el que está marcando la agenda económica. Precisamente a causa de su gran competitividad, basada en unas condiciones laborales que a día de hoy resultan intolerables para la mayoría de europeos. Ese es el modelo que se pretende combatir y en muchos casos tratando de emular, en especial en lo que atañe a la contención salarial. Dicho de otro modo, se pretende crear riqueza quitándosela a quien la tiene en una cierta medida. Lo que podríamos identificar como las clases medias occidentales.

A pesar de que he mencionado que naciones como Alemania, o Japón, apuestan por la innovación tecnológica como herramienta para mantener su atractivo, lo cierto es que poco a poco China va asumiendo cuotas de mercado que antiguamente estaban reservadas al resto de naciones avanzadas. En este sentido me pregunto, si a la larga, eso no significa que en occidente la carrera por la competitividad nos va a llevar a asumir las condiciones laborales de China. Y de si estas se podrán implementar pacíficamente o las resistencias generadas van a suponer un peligro real de desestabilización.

En todo caso me gustaría recalcar que el papel de exportadoras netas no puede ser asumido por todas las partes. Alguna ha de consumir más de lo que produce para que el sistema funcione. Esto es especialmente importante para con los polos económicos, ya que retirando el estímulo del consumo en todos ellos vía contención, la lógica me dice que eso significará una menor actividad y por tanto creciemiento tanto en el consumo como en la actividad.

Precisamente algunos economistas argumentan que la carrera por la competitividad puede llevar a una contracción global de la economía. Desde un punto de vista ecológico esto es totalmente deseable, y nadie debería asustarse si existiesen mecanismos compensatorios para prevenir que la contracción no perjudica en exceso a la población.

La falacia de la creación de riqueza

Pero lo cierto es que estos mecanismos son muy desiguales dependiendo de que nación estemos hablando. Es más, la necesidad de ser competitivos está en estos momentos reduciendolos en casi todo el planeta. Si bien es cierto que la actividad económica estimula la creación de productos y servicios para la población, la realidad es que estos solamente son disfrutados por una fracción de la misma. En este sentido no me tiembla la mano al afirmar que el sistema funciona, pero de forma injusta y nada equitativa.

Existe la concepción de que es el sector privado el que crea riqueza, idea que sustenta la argumentación para reducir la legislación económica y el papel de los estados. Pero los hechos creo que evidencian que esto es una falacia. Primera y fundamentalmente por que presupone que la actividad privada beneficia a todos. Lo que es una verdad a medias. La actividad privada en general beneficia a unos en detrimento de otros. Esto se ve claramente en cómo se interpreta el juego de la bolsa, en donde el objetivo único es el de la rentabilidad económica, siendo esta posible creando o no riqueza. El extremo de esta afirmación es la especulación, en el que una parte obtiene pingües beneficios sin aportar absolutamente nada a la creación de dicha riqueza, por ejemplo cuando existe una escasez de un bien concreto. Una circunstancia que más adelante señalaré como uno de los peligros reales para que el edificio capitalista se desmorone por completo.

Un ejemplo palmario es el de los planes de salud o de jubilación privados, que a día de hoy demuestran ser totalmente ineficientes, ya que el objetivo de las empresas que los gestionan no es el de dar un mejor servicio, si no de proporcionar réditos económicos a los gestores de dichos fondos. Es un contrasentido que nos explicó a la perfección Michael Moore en su documental Sicko (2007).  Precisamente y atendiendo a datos tan básicos como el de la esperanza de vida, veremos que es prácticamente idéntica en naciones tan dispares como E.E.U.U. y Cuba, mientras que el gasto sanitario por habitante del primero es exponencialmente mayor en el segundo.

¿Significa esto que en los E.E.U.U. se vive mejor? Contrastando otros datos vemos que aunque E.E.U.U. gasta el doble en sanidad que la mayoría de naciones de la OCDE resulta que en realidad hay razones objetivas para pensar que no, que todo lo contrario. Por lo tanto, las conclusiones a las que llego son que el sector privado genera beneficios, pero no necesariamente riqueza, y que desde luego, vivir en un entorno contaminado y estresante mata más aunque nos atiborremos a pastillas.

La falacia de la competitividad

Hace unos días leí en algún lugar la reflexión de un bloguero acerca del absurdo que resulta que en occidente el modelo capitalista que propugna la libre competencia como medio para opimizar bienes y servicios. Puso un ejemplo de cómo a lo que asistimos es a una concentración empresarial que nos lleva a retratos grotescos, como el que muchos compremos los mismos muebles en Ikea, bebamos Coca-Cola o compremos la ropa en Zara.

Por supuesto que en estas elecciones hay que valorar aspectos psicológicos como el estatus social así como la objetividad de los precios y calidad de productos. Pero esa no puede ser la unica explicación para que en el panorama actual la importancia de las multinacionales está empezando a ser cuando menos inquietante ya que apenas 200 empresas aglutinan el 26% del PIB del planeta… 200 empresas.

Como se puede intuir ha habido un crecimiento espectacular en el número de transnacionales que operan en el este asiático. Pero este crecimiento no solamente se debe a la propia iniciativa de China o Corea, si no que se observa una importantísima presencia de inversores extranjeros, principalmente de Europa y Estados Unidos. Dicho de otro modo, el dinero de las ganacias no se reinvierte en los países occidentales, si no que lógicamente buscan la rentabilidad que proporciona el mercado asiático. Es cierto que esto a permitido a China crecer y que ha mejorado la calidad de vida de sus ciudadanos. La pregunta que me hago es si este crecimiento espectacular se corresponde con la mejora real de la vida de un trabajador.

En la mente de todo empresario hay dos máximas o leyes a las que se subyugan el resto de consideraciones. Aumentar beneficios y reducir costes. La explosión de la economía asiática obedece en todo a estas afirmaciones. Y no puede pasar desapercibido para nadie que actualmente se están produciendo cambios en el seno de las grandes corporaciones en la búsqueda de mejores condiciones para su producción o su fiscalidad. Aspectos ambos que pasaré a examinar en el siguiente post.

 

Ilustración de Kikelin.

Merkel habla a España

La Canciller alemana Angela Merkel está de visita en nuestras tierras, pero antes concedió una importante entrevista a RTVE en la que se habla del contexto económico actual y de lo que hay que hacer para salir de la crisis.

Bien, lo dicho por Merkel tiene mucha tela para cortar. Para empezar cuando dice que hay que mejorar la competitividad puesto que ahora mismo las naciones emergentes están siendo una dura competencia al mercado de la exportación. Sin relacionarlo directamente, también dice que las subidas salariales tienen que ir parejas al aumento de los beneficios. Esto sobre el papel queda muy bien, pero en la práctica supone que en un contexto de crisis va a ser difícil que los sueldos suban. Es más, dado el papel de Europa como principal mercado mundial es de esperar que la reducción del consumo aparejada a la contención salarial contagie al resto de economías, tal como acertadamente apunta Walden Bello en un estupendo análisis de las perspectivas económicas para 2011.

Merkel explica que no ve todavía una armonización fiscal en el horizonte. Esto ya de por sí echa por tierra cualquier intento de coordinar adecuadamente las economías de la zona euro. De hecho, uno de los puntos flacos de la economía actual señalado por economistas keynesianos y otros que no pertenecen al ámbito neoliberal, es que sin una pronunciada progresividad fiscal (esto es, que los ricos paguen mucho más que los pobres), no va a ser posible recomponer la prosperidad de Europa. La crisis del 29 se superó en gran parte gracias a la asunción de que los capitales debían pagar. Desde un punto de vista macro económico eso significa inyectar capital para hacer todo lo necesario para salir de la crisis. Un apoyo que con la desregulación de mercados y los privilegios al gran capital ya no se tiene.

Por tanto, con la contención salarial y una distribución injusta de las cargas fiscales va a ser muy difícil, si no imposible, salir de esta crisis.

Merkel recalca que la solidaridad, la estabilidad financiera y la competitividad van a ser el camino para ver la luz al final del túnel. Pero lo que no dice es que precio social se va a tener que pagar para llegar a los ratios de productividad de un chino o un japonés. Recordemos que la economía alemana es netamente exportadora. Ha basado su mejora económica en los últimos años en productos tecnológicos de calidad, que no sólo se compran en el resto de Europa (un 60% de su mercado), también China o Brasil adquieren productos alemanes para su floreciente industria.

Tampoco es favorable a la emisión de eurobonos, con lo cual el argumento de la solidaridad se queda en una palmadita en la espalda, ya que a efectos prácticos significa hacer una clara distinción entre deuda alemana o española por ejemplo. No soy partidario de expandir la deuda indefinidamente, pero lo cierto es que la política económica de Europa está demostrando pocos reflejos. Principalmente porque la integración política de sus miembros es muy pobre.

Visto así, sin una armonización fiscal y sin una política claramente coordinada veo muy difícil que los PIGS y el resto de naciones europeas más desfavorecidas lleguen a progresar lo más mínimo, a causa de su endeble estructura económica y las enormes disparidades de renta. El argumento de que hay que relacionar sueldos con beneficios puede estar bien en Alemania, especialmente en estos momentos que está en crecimiento. Pero en un país dónde se estima que el 20% de la economía está sumergida y en el que el ex presidente de la patronal tiene múltiples causas abiertas por mala praxis empresarial, sería como darle una lata de gasolina a un pirómano. Por supuesto que sería deseable implicar a los trabajadores en la obtención de beneficios. Pero eso sólo es posible si el comportamiento de la empresas es ético, hecho que a todas luces no es generalizable ni mucho menos. Al menos en España.

Especulación y commodities

En un plano internacional, la relajación de las normas para los capitales ha permitido entre otras cosas la inversión especulativa en una volumen y una velocidad sorprendentes. En otro post expliqué que a causa de la mala cosecha de cereales en Rusia el año pasado, así como de las incertidumbres económicas, estamos asistiendo a movimientos que buscan refugio en las commodities, como el oro, los cereales o los hidrocarburos. Esta especulación se está traduciendo en un importante incremento de los precios al consumo, ya que se suma al crecimiento en la demanda en las naciones emergentes. Esta especulación se calcula que representa más del 50% del total del incremento. Lo que explica los problemas que padecen países cuyas poblaciones tienen las rentas más bajas, entre otros Túnez.

Por tanto estamos ante un panorama de estancamiento, cuando no de contracción económica en la eurozona y sin embargo asistimos a una subida importante de precios. Esto en el argot económico se llama estaflación. Lo que supone que el rigor presupuestario que impone Merkel a los PIGS va ser mucho más duro de lo esperado. Es más, si no se toman medidas esto puede provocar momentos problemáticos a lo largo de este año. Un año en el que sólo Alemania parece que va a sonreír en Europa.

P.D. Un link interesante:

http://blogs.tercerainformacion.es/iiirepublica/2011/02/04/el-diktat/